_zdream_ Z Dream

¿Sería capaz una simple adolescente sin demasiados amigos de luchar contra un cruel y enorme ente que controla las líneas temporales? Ayden es una adolescente poco integrada con su entorno. A través de su pasión, la pintura, conoce a Meghan y Cassie dos particulares chicas nuevas en la ciudad. Una historia que se recrudece cuando se ve arrastrada a los crueles designios del Claroscuro, un ente que controla las líneas temporales a través del arte. Una historia de lucha, magia y desenfrenados viajes entre universos paralelos. ___________________________________________ Es la primera vez que publico algo por aquí y espero que podáis disfrutar tanto como yo lo disfruto imaginando y escribiéndolo 💚📖 Sería todo un halago para mí que aunque fuera tan solo una persona pudiese disfrutar de mi historia✨


Science Fiction Time-travel Not for children under 13.

# #adolescente #distopia #instituto #drama #LineasTemporales #terror #novela #amor #romance
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Óleo sobre lienzo (Parte 1)

Claroscuro: contraste que se produce entre las sombras y la luz en una obra.—

Ayden disfrutaba enormemente de sus tardes libres. No tenía demasiados amigos así que casi siempre eran "tardes libres". Cuando conseguía alejarse de todo lo que tuviese que ver con estudios, aprovechaba para sacar su caballete y dejar volar su intrépida inspiración. El garaje de su casa era su taller de trabajo y las gotas de pintura que había ido dejando día tras día en el suelo así lo atestiguaban. Disfrutaba de darle alas a su imaginación y expresar todo lo que rebosaba en su interior. Últimamente sus obras se habían ido oscureciendo. El bosque sombrío, el señor de gorro y capa que una y otra vez se presentaba en sus cuadros... Todo al negro. O al gris. O al azul cobalto. Daba igual, pero la tonalidad predominante en su mente no era especialmente luminosa.

«¡Te he dicho mil y una vez que utilices la alfombra, Ayden!»

La voz de su madre resonó en su cabeza mientras observaba la dichosa alfombra enrollada en un rincón. Le causaba una enorme pereza tener que ponerla y quitarla cada vez que pintaba. No entendía por qué a Laura, su madre, le molestaban tanto aquellas manchas de pintura en el gris y desolado suelo del garaje. Desde su punto de vista, las gotas le daban un toque de vida a aquel inerte lugar. Quizás incluso le vendría bien a la destartalada furgoneta de su padre, que llevaba allí aparcada casi sin moverse desde que decidió dejarlo todo por su compañera de trabajo. Acababan de celebrarse las navidades y ni una sola llamada. Su madre evitaba hablar del tema y Ayden odiaba que tratase de hacer como si nada hubiese pasado, como si ni ella ni su hermano hubieran notado la falta de su progenitor. «Es como si se lo hubiese tragado la tierra», murmuraban en el vecindario sin saber la verdadera historia. -Se lo está tragando una diez años más joven que mi madre, señora. -dijo Ayden para sí misma en voz alta rompiendo en una sonora carcajada. Su sarcasmo era el mejor escudo contra el dolor que realmente le había causado toda aquella situación.

Cayó en la cuenta que se había despistado de nuevo del objetivo principal en ese momento, tomar el pincel y ponerse a pintar. Su mente iba de un lugar a otro con demasiada facilidad y por más que intentaba corregirlo, le era imposible evitarlo. Tomó aire, respiró hondo e impregnó el pelo del pincel de pintura magenta para mezclarla en la paleta con el recurrente negro. El trazo se volvió profundo y con un ágil movimiento de muñeca, plasmaba las vetas de un cielo morado al atardecer.

El vibrar del teléfono en el bolsillo del pantalón la sacó de aquel trance.

«Fiesta de iniciación esta noche en el parque de Bright Hills. No faltéis. 19:30 p.m.»

En su instituto o "el estercolero" como lo llamaba Ayden, solían hacer esto cada inicio de año. Lo común era hacerlo en agosto cuando comenzaba el curso lectivo, pero necesitaban una excusa más para emborracharse así que desde hacía unos años habían decidido hacerla también a finales del mes de enero. Para los despistados y despistadas que faltaron a la primera.

La iniciación en cuestión se trataba de beber alcohol hasta que el cuerpo aguantase y para los interesados en ingresar en alguno de los clubes sociales, como reto debían bañarse desnudos en el lago. Si conseguían esquivar la hipotermia, eran aptos para entrar en un club. Estos clubes no eran los típicos que el instituto impulsaba como actividades extraescolares o deportes. Estos estaban organizados por los estudiantes más "populares" de último curso. Ingresar en ellos suponía ser aceptado por el resto como uno más de las manadas organizadas. Y quedarse fuera suponía vivir al margen de cualquier acontecimiento social o relación con la mayoría de compañeros.

Poco le importaba esto a Ayden, pues nunca había estado interesada en encajar dentro de lo que supuestamente debía. No tenía muchos amigos, pero tampoco creía necesitarlos. Estaba claro que no asistiría, no tenía motivos para ello, así que ignoró el mensaje como siempre solía hacer. Intentó concentrarse de nuevo en la pintura y de esta manera prosiguió su tarde, como prácticamente cada una de sus tardes en los últimos meses.

Durante la cena, su hermano Leo acostumbraba a tener las manos pegadas al teléfono móvil que su padre le había regalado antes de marcharse. Era un fan incondicional de los videojuegos y para fastidio de su madre, le era casi imposible despegarse de cualquier aparato electrónico.

Puré de patatas y pollo al horno. Laura no era una gran cocinera pero ambas recetas que esa noche se encontraban en la mesa eran su "especialidad", lo que significaba que algo importante iba a acontecer. Lo normal era que Ayden cenara en su habitación alguna pizza precocinada o sus mac 'n' cheese de Chef Boyardee. No eran las mejores opciones para cenar, pero a ella le encantaban.

—¿Puedes soltar el teléfono de una vez, Leo? —dijo Laura con un suspiro de hastío. Era la cuarta vez que su madre se lo pedía y el niño, refunfuñando, lo soltó por fin. —¿Puedo ya empezar a comer?—preguntó Ayden. Durante la cena no solo el pollo podía cortarse a cuchillo, también la tensión. A la joven le costaba cada vez más relacionarse con su madre y su hermano, por más que Laura lo intentase. Cenar en familia suponía hablar, contar, expresar... Cosas que Ayden detestaba.

—¿Cómo va ese cuadro? ¿Le queda mucho todavía? Tengo muchas ganas de colocarlo en la entrada?—dijo Laura esforzándose por mostrar interés en la pasión de su hija. —Nomamá, aún no está acabado. Y ni siquiera creo que lo acabe. —respondió sin levantar la mirada del plato mientras removía el puré con las púas del tenedor. —¿Por qué no? Seguro que te está quedando genial. Mi pequeña es una gran artista.

No llevaba demasiado bien que la adulasen, de hecho le incomodaba. No estaba acostumbrada a oír sus virtudes. Ella pintaba porque le apasionaba el hecho de plasmar paisajes, momentos y situaciones que había imaginado en su cabeza. Era como vomitar sobre el lienzo sus pensamientos y que de alguna manera, se hiciesen realidad. No buscaba cumplidos ni reconocimiento por ello.

—He estado pensando que quizás deberías presentarte al concurso que organizan en la escuela. Te llevarías el primer premio de calle. — dijo Laura. —Mamá, ya lo hemos hablado. No voy a presentarme a ningún concurso y menos si proviene de ese sitio.

La frustración de Laura aumentaba por momentos. No sabía cómo hacer cicatrizar de una vez la brecha que se había abierto entre su hija y ella. Por más que intentaba contentarla, acababa siempre dándose de bruces con la frialdad de Ayden.

—Bueno cariño. Piénsatelo. Tienes un potencial enorme.

«¿Qué sabrás tú?» pensó. El interés por el talento de su hija había surgido con mucha más fuerza tras el abandono de su padre. Quizás intentaba con ello tapar la enorme herida que había provocado aquello en la familia y que aún seguía supurando. Laura no tenía mucha idea de arte. Para ella eran simplemente "bonitas pinturas", aunque algo oscuras para su gusto. Sin embargo Ayden había devorado durante horas libros sobre arte y el historial de búsquedas de su ordenador estaba repleto de obras pictóricas y sus autores.

—No deberías dejar que la pintura se te seque en la piel. Puede que salga con un poco de alcohol. —dijofrotando con el pulgar una mancha de pintura en la mano de Ayden.

—¿Puedes parar? ¿Vas a explicarnos enalgún momento por qué has preparado todo esto? —respondió airada apartando ruscamente la mano. En el fondo sabía que su madre no se merecía ese trato, pero no podía evitar estar en guerra con el mundo. —Tiene razón, mamá. Desde que papá se fue ya nunca cenamos juntos. —dijo Leo con una melancolía latente en su voz.

Las manos de Laura comenzaron a sudar y su corazón se aceleró. Patrick y ella eran una pareja normal, con sus problemas, no demasiado sexo, pero se querían. O eso pensaba ella.

—Veréis... De vuestro padre quería hablaros.

Era la primera vez que hablaban juntos del tema. Ayden lo había utilizado como reproche en más de una discusión, pero jamás habían tenido una conversación sobre aquello, por más necesaria que fuese. —No quiero andarme con rodeos. —Ya has dado bastantes, ¿no crees? —interrumpió la hija con un tono tan sarcástico como triste.

El nerviosismo de Laura aumentaba por segundos y a su respiración le costaba ocultarlo. Cómo iba a contarles que su padre, la persona que les había dado vida ahora pretendía arruinársela.

—Está bien. Seré directa. Vuestro padre quiere que vendamos la casa. Ayer recibí esta carta donde me reclama la parte que le corresponde.

Un jarro de agua fría acababa de caerle en la cabeza a Ayden mientras leía de soslayo aquella hoja de papel. Podía entender que el amor se hubiese acabado, incluso que se enamorase de otra persona, pero ellos eran sus hijos y hasta el momento, nunca fue un mal padre. Leo parecía totalmente aturdido y sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas. Su madre se incorporó de la silla y se lanzó a darle un abrazo que fue bien recibido por el pequeño. La mente de la chica comenzó a llenarse de posibles situaciones. Mudanza, el pequeño sueldo de su madre, nuevo colegio, nueva gente... No le gustaba su entorno, pero más valía malo conocido que bueno por ser conocido. O eso decían.

—¿Ahora lo abrazas? Leo lleva necesitando ese abrazo desde hace meses. Y yo también.

Laura intentó alcanzar con el brazo que le quedaba libre a su hija, pero esta se apartó sin dudarlo. —No quiero un abrazo. Quiero que dejéis de joderlo todo con vuestra historia. —continuó cada vez alzando más el tono de su voz. La madre afeó su comportamiento y su vocabulario. —Ayden, ya basta. Yo no tengo culpa de lo que hizo. Yo sigo aquí, con vosotros y él es el que se ha largado.

Las palabras de la madre hicieron sollozar de nuevo al niño que ya tenía sus mejillas rosadas y húmedas. —Tú nunca tienes la culpa de nada. Pero has estado meses ignorando nuestro dolor, sin querer siquiera tocar el tema, porque eres una egoísta y prefieres no hablarlo para no tener que revivirlo. —sentenció Ayden con un reproche que cada vez estaba más afilado. Laura no supo responder.

Ante aquella escena la joven tampoco sabía cómo continuar. Se sentía mal por todo lo que había dicho pero no pensaba que le faltase razón. Salió del comedor y se dirigió al perchero junto a la puerta. Tomó su chaqueta y comprobó si su paquete de tabaco estaba en el bolsillo. Salió apresuradamente de la casa dejando atrás la voz de su madre que intentaba retenerla.

Sacó un cigarro y calada a calada, paso a paso comenzó a caminar calle abajo. El humo que se desprendía de su boca se mezclaba con el vaho y sus pensamientos chocaban entre sí a una velocidad frenética.

Caminando sin rumbo, comenzó a escuchar un bullicio no demasiado lejano. Inconscientemente, tras unos veinte minutos aproximadamente, había llegado a Bright Hills. La fachada del instituto de noche era aún más horrenda y simple para ella. No sabía por qué se había dirigido al sitio que más odiaba y probablemente era porque ahora odiaba más aún su casa. Era el camino que hacía todos los días y prácticamente el único, por tanto su mente como si de una autómata se tratase, la había llevado hasta allí.
Para colmo, el parque donde de celebraba la iniciación estaba justo al lado del colegio. Un grupo enorme de estudiantes bailaba, bebía, reía y armaba jaleo. Miró la hora, eran las ocho menos cuarto de la tarde, aquel aquelarre acababa de comenzar y era mejor evitarlo. Pollo con reproches, puré de patata y lágrimas y de postre un buen helador chapuzón en el estanque. «Ni de coña» dijo para sí misma.
Se dio la vuelta y se propuso abandonar el lugar a toda prisa. Echó en falta poder ir a casa de Wayne, su amigo de la infancia, como hacía antes bastante a menudo. Lo echaba de menos pero en el último año se había acabado volviendo un estúpido más que se pasaba el día subiendo fotos de sus abdominales a redes sociales. Conforme sus músculos y sus ganas de ligar habían ido aumentando, la amistad con Ayden había ido disminuyendo. Hasta el punto de que ya ni siquiera hablaban y se limitaban a dirigirse saludos incómodos y forzados por los pasillos.
Ensimismada de nuevo en sus pensamientos, una frase la sacó de la añoranza hacia Wayne.
—Óleo sobre lienzo.
Para su sorpresa, dos chicas que se dirigían camino a la fiesta, estaban debatiendo sobre pintura. No era lo normal en los adolescentes de Carson. Sólo algunos no demasiado integrados en el colegio podían mantener conversaciones sobre arte con Ayden y porque se pasaban el día con las narices en los libros.
Se fijó en las chicas que caminaban pero ya no era capaz de escuchar la conversación que mantenían.
Una de las chicas era alta, de pelo rojizo y portaba unas botas militares en los pies que hacían su paso majestuoso y decidido. A su lado, la otra chica tenía el cabello corto y oscuro y una sudadera con un enorme mandala impreso en la espalda. El estilo de ambas atrajo a Ayden como si de un imán se tratase. Lo poco que había logrado ver de sus caras no le era familiar. No eran compañeras de instituto, o eso creía. Pero el halo que desprendían y el rastro de personalidad que habían dejado a su paso, hizo que sintiera la enorme necesidad de conocerlas o al menos, entablar una conversación.

Se encaminó tras ellas sin saber muy bien qué hacía, pero la curiosidad había estallado y para ese momento, ya era irrefrenable. Volver al drama de su casa o sumergirse en conversaciones sobre lo que más le apasionaba. Elección fácil.

Jan. 2, 2023, 2:52 p.m. 11 Report Embed Follow story
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Samuel Alejandro Valencia Reyes Samuel Alejandro Valencia Reyes
Guau, la presentación de la prota me encanta, seguiré al tanto. :3
February 01, 2023, 15:19
Marcelo Farnési Marcelo Farnési
Parabéns! Sua narrativa é imensamente imersiva! Uma atmosfera inteligente e cativante.
January 04, 2023, 09:31

  • Z Dream Z Dream
    Obrigado💚 January 05, 2023, 15:34
Sine Nayr Sine Nayr
Me gusta como inicia, conocemos sobre la vida de la chica y un poco sus problemas.
January 04, 2023, 01:58

  • Z Dream Z Dream
    Espero que siga gustándote, gracias por la atención 🙏🏻💚 January 04, 2023, 07:59
Fantasma Escritor Fantasma Escritor
Buen inicio, lo seguiré leyendo.
January 03, 2023, 02:57

  • Z Dream Z Dream
    Muchísimas gracias 🙏🏻 January 03, 2023, 15:28
Revanchi Oficial Revanchi Oficial
Buen inicio, me llamo la atención. Espero con ansias el cómo implementas la magia con la pintura, además del origen de la entidad. Ánimo y sigue con tu escritura.
January 02, 2023, 17:26

  • Z Dream Z Dream
    Muchísimas gracias por el comentario y tu interés en mi novela. Nos leemos✨😀 January 02, 2023, 17:29
Kai Cantabile Kai Cantabile
¡Hola excelente historia! Verificada a partir de ahora que tengas un gran viaje de escritura!
January 02, 2023, 16:16

  • Z Dream Z Dream
    ¡Muchísimas gracias por la atención y el apoyo! Un saludo, nos leemos. January 02, 2023, 16:21
~

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