¡Sufre Jack! Follow story

don-godo Amadeu Isanta

Jack, un carcelero desalmado, después de mucho tiempo retoma la relación con una prima que tenia olvidada.


Erotica For over 18 only. © copyright

#jack #carol #essex #jersey city #carcelero
Short tale
0
7975 VIEWS
Completed
reading time
AA Share

¡Sufre Jack!

Cierto tiempo atrás, Jack había conseguido un trabajo como guardia carcelero en la prisión del Condado de Essex, y con los años se había ganado una buena fama entre los convictos. Su falta de escrúpulos hacía que toda la cárcel conociera las represalias que tomaba con quien no pasara por el aro. No transgredía las normas pero se valía de sus habilidades en la manipulación psicológica para embaucar a cabecillas de los clanes, para tenerlo todo bajo control. Los manejaba con destreza y así conseguía vejar y humillar al que hiciese méritos suficientes. Nunca intervenía directamente y precisamente eso es lo que más temían de él.

Como todo el mundo, Jack tenía aspiraciones. Después de unos cuantos años viendo las mismas celdas ocupadas por las mismas caras, quiso progresar y buscó un ascenso, un cambio de aires. La prisión del condado se le había quedado pequeña. Entonces puso el foco en el estado vecino de Pennsylvania y se inscribió en una convocatoria abierta para cubrir plazas de jefe de área. Creía que con su experiencia superaría los exámenes y conseguiría una plaza de jefe en el corredor de la muerte. En ese estado las leyes sobre la pena capital eran plenamente vigentes y New Jersey no ofrecía la posibilidad de acceder a ese puesto. Pensó que podía materializar un sueño, tener el poder de administrar una inyección letal o una descarga eléctrica. Ser el que pulsara el botón, el que pusiera la jeringuilla en el brazo del condenado y empujar el extremo final para acabar con su vida. La mente de Jack procesaba una filosofía de lo más fascista: <<todos tenemos una sentencia de muerte, por tanto debe ser un humano quien aplique el castigo y decida cuándo ha de llegar ese momento para los condenados>>.

A principios de verano, mientras esperaba el resultado de las pruebas de acceso, recibió una llamada de Carol para invitarle a comer. Le comentó que hacía mucho tiempo que no sabía nada de él y podían aprovechar las fiestas del cuatro de julio para reunirse.

Carol era una prima suya que vivía sola en Jersey City. No se habían relacionado prácticamente desde la adolescencia y ahora a Jack le sorprendía bastante esa proposición. Recordaba de ella un par de cosas, que era un poco tonta y que estaba muy buena.

Jack aceptó la invitación con la única intención de tener la oportunidad para echar un polvo a costa de su primita, y gratis. Eso le vendría bien, pensó, para apaciguar el ansia de una sequía que solo remediaba pagando.

Así pues, acicalado y repeinado, se presentó a media mañana en casa de Carol dispuesto a pasar una jornada agradable y quizá con final feliz. Antes de comer hubo tiempo para dar unos paseos por Lincoln Park, muy cerca de su casa. Aprovecharon el magnifico día que hacía mientras charlaban de lo poco que recordaban de la infancia.

En la comida, Carol le hizo un resumen de su intrascendente vida. Vivía sola en aquella casita típica americana, de un barrio típico americano de clase media. Como cosa algo notable es que tenia un trabajo de enfermera que le permitía ganarse bien una vida que a su vez no la empleaba en experiencias muy excitantes. En su tiempo libre le gustaba hacer punto y ver la tele. Y ya está, eso era todo y así de sencillo.

No es que hubiera contado mucho, pero el caso es que Carol dio muchos rodeos para explicarse, no tenía capacidad de síntesis, y aún siendo un vano resumen se había alargado durante toda la comida. Jack quiso derivar aquel monólogo hacia una conversación en varias ocasiones, donde él pudiera contar algo, pero no hubo forma.

El calor les llevó a seguir con el postre en el porche y una vez allí, intentando apreciar un poco de aire, Jack pudo intervenir en lo que ya se pareció más a una tertulia. Le habló de sus cosas, de los intentos en promocionar en su profesión de carcelero mientras Carol asentía con monosílabos. No se vio impresionada por el tema del corredor de la muerte, incluso mostraba satisfacción y parecía orgullosa de las aspiraciones de Jack.

La cálida brisa de la tarde transformó la reunión en una agradable velada vespertina. Mientras, la ayuda inestimable de una sucesión de copas hizo el trabajo adecuado para que Jack decidiera que ya era el momento de lanzarse a por algo más que cháchara. Vio a Carol en el punto adecuado para ser asaltada por una libido que quería encontrar la salida y evitar estallar en el interior de sus pantalones. Pero al acercarse a ella, convencido de su receptividad, la sorpresa fue mayúscula al ver a Carol levantarse dispuesta a recoger la mesa. Le quedó claro que debía sufrir un poco antes de conseguir el fruto deseado. Jack se quedó sentado, mirando la calle. Con una media sonrisa observaba de reojo a Carol mientras iba y venía de la cocina, el juego de seducción estaba controlado por ella, con la elegancia y sutileza propias de una mujer.

Entre idas y venidas, Carol ejecutaba una coreografía perfectamente estudiada. Se acercaba a la mesa por detrás de Jack, flexionaba ligeramente el cuerpo para recoger platos, dejaba un leve roce de los pechos en su espalda al incorporarse y regresaba a la cocina dejando otro leve roce de caderas en su antebrazo. Y así hasta tres o cuatro veces, y era el tercer o cuarto paseo de Carol restregándole los atributos femeninos, y así Jack casi muerto por una fogosidad a la cual no le hubiera hecho falta todo aquel ceremonial, se levantó cogiéndola por el brazo y le preguntó:

-¿Cuando dejarás de jugar?, ¿no crees que ya es hora de echar la carne a esa barbacoa que has encendido?

-Tranquilízate, puede que más tarde..., si te portas bien. - Respondió Carol con los ojos entornados. - ¿Que te parece si salimos a cenar?, conozco un sitio muy agradable donde preparan unos bocadillos increíbles. ¡Venga, vamos!, se me ha abierto el apetito.

Por un momento Jack, casi abandonado a sus instintos más primitivos, estuvo a punto de perder los papeles, pero pudo reprimir a tiempo el impulso de abordar a Carol por debajo de las nalgas y empotrarla contra la pared. Sin duda, contribuyó la expresión angelical de Carol buscando una enternecedora complicidad en algo que debía esperar.

Jan. 27, 2018, 4:55 p.m. 0 Report Embed 0
The End

Meet the author

Comment something

Post!
No comments yet. Be the first to say something!
~