Qué lindas piernas, que tiene Carolina! Follow story

teovillon Teofilo Villon

Novela policiaca por Teo Villon Barros


Crime Not for children under 13.

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Capítulo 1

I

Sentado en una banca del Parque Centenario, el hombre mira con desganada curiosidad la marcha que avanza por la Avenida Nueve de Octubre, desde el Malecón hacia Lorenzo de Garaycoa. Ve que son miles los obreros que desfilan, airosos y combativos, buscando llegar hasta el Monumento erigido a la memoria de los Próceres de la Independencia, esa imponente Columna de bronce y mármol que se levanta soberbia en el centro de la histórica Plaza, testigo de incontables gestas patrióticas a lo largo de la historia republicana del país, inaugurada cuando se cumplieron los primeros 100 años de la Gesta Libertaria de Octubre que emancipó a Guayaquil y que es, desde esa fecha, el escenario obligado de todas las manifestaciones de júbilo o de protesta de los indómitos porteños.

Interesándose más en el suceso, el hombre observa ahora con mayor atención la marea humana que se acerca hacia el lugar, empezando a escuchar los gritos de estentóreas consignas a favor del movimiento obrero; admira el airoso ondear de sus multicolores banderas; aprecia la convicción reflejada en los rostros de los aguerridos trabajadores. Y es en ese momento, por asociación de ideas, que cae en cuenta que es 1 de Mayo, la fecha consagrada mundialmente a la clase laboral.

Pero de golpe también recuerda que justo en este día - cuando el sol que es fama de Guayaquil brilla esplendoroso y la mañana porteña se manifiesta cálida y brillante - se cumple otro año del asesinato de Marco Antonio Espinoza

Ordóñez, el más carismático personaje que ha dado la farándula televisiva nacional.

“Nunca se sabrá quién lo mató, aunque las supuestas causas de su muerte ya son parte de la leyenda urbana”, se dice entonces, recordando un comentario leído en alguna publicación sensacionalista que se refería el tema, mientras observa a algunos camarógrafos de los noticieros de televisión, seguidos de sus jóvenes reporteros, así como decenas de periodistas de radio y prensa escrita, que se adelantan a la carrera hacia el redondel de la Plaza, buscando una ubicación adecuada para lograr los mejores planos de los líderes obreros y de los dirigentes políticos, para captarlos cuando coloquen las vistosas ofrendas florales a los pies de las estatuas de los patriotas señeros y pronuncien incendiarios discursos alusivos al histórico día, en vistosa ceremonia conmemorativa, bajo el colorido marco del ondear de las numerosas banderas.

“Seguro que lo recuerdan en los noticieros de la noche”- murmura para sí después, recostándose en la metálica banca de hierro forjado, entrecruzando las manos detrás de su cabeza, para empezar a evocar en su memoria, noticias, comentarios, chismes y suposiciones, detalles ciertos o inventados, relacionados con la vida y la muerte del más aclamado animador que jamás haya tenido la televisión ecuatoriana, mezclando en sus recuerdos la realidad y la fantasía, elementos que son desde ese aciago primero de mayo, cuando calló para siempre la alegría, los ingredientes de la leyenda urbana tejida alrededor del famoso personaje.

II

Marco Antonio Espinoza Ordóñez, que así se llamaba el singular personaje, empezó a hacerse conocido desde cuando era un mediocre estudiante de leyes ganándose la vida con eventuales trabajos de locución radial; actividad que le venía de familia, pues su padre había sido el radiodifusor pionero en su ciudad natal, ubicada allá en una provincia remota de la Sierra Central. De él, del maestro Sócrates Pompeyo Espinoza Miravalles, heredaron sus hijos no solo los rimbombantes nombres latinos que ostentaban sino también la vocación radiofónica que más tarde los haría famosos. Porque fue Plinio Apuleyo, el hermano mayor de Marco Antonio, a quien apodaban El Capitán, el primero de la familia en ejercer de locutor en importantes radioemisoras del Puerto principal, donde se radicaron los Espinoza Ordóñez desde el día que el patriarca creyó necesario emigrar a la Perla para que sus hijos recibieran una mejor educación que la que podrían recibir si hubieran seguido en la recoleta Ambato.

Fue esa circunstancia la que hizo posible que Marco Antonio, poseedor de una grave y timbrada voz, como las de su padre y su hermano, reemplazara alguna vez a Plinio Apuleyo en la lectura de las noticias del informativo de la prestigiosa Radio América - que era por esos tiempos la más renombrada de su género en la ciudad - cuando lo requirieron en un importante Canal de Televisión para poner voz a las promociones y avisos comerciales que se emitían en sus diversos programas, y el tiempo no le dio ya para laborar en jornada completa en la popular emisora radial.

Así fue como el futuro animador de televisión incursionó en el negocio de la comunicación y pudo explotar sus dotes de locutor en off por algunos meses, hasta que la puesta en escena de una nueva versión del famoso radioteatro musical, “El Hall de la Fama”, necesitó en el canal de un segundo locutor, pues Plinio Apuleyo no se alcanzaba para todos los programas de la emisora. Ahí fue que se le presentó a Marco Antonio la ocasión propicia para darse a conocer en el Mundo del Arte, como pomposamente se llamaba entonces a la incipiente programación transmitida por las ondas hertzianas.

Y sucedió que al poco tiempo, cuando su voz empezaba a crear fama, que el frustrado abogado tuvo que reemplazar a Plinio Apuleyo en el Canal, cuando el Capitán anunció que emigraría a España, dizque siguiendo a su última novia, aunque, “¿por qué no?, en busca de mejores oportunidades de supervivencia”, como dijo en su discurso de despedida, durante la cena que le organizaron sus compañeros de trabajo para decirle adiós y desearle suerte en su nuevo destino.

“Porque aquí me muero chiro, panas; así que mejor me voy a España, a ganar en euros”, había agregado Plinio Apuleyo Espinoza Ordóñez, justificando con esa frase su inquebrantable decisión de emigrar a la Madre Patria, sin sospechar que su ausencia significaría la oportunidad de triunfo para su hermano Marco Antonio.

Entonces fue la suerte, si es que ella existe, aunque más creo que fue el fino olfato profesional de un exitoso productor de programas de televisión, lo que

llevó al fallido buscapleitos a conducir un espacio de entretenimiento, que muy poco tiempo después sería el de más alto rating de sintonía que jamás alcanzara ninguna otra estación televisora del país.

March 16, 2015, 3:14 a.m. 0 Comments Report Embed 0
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