haven to hell Follow story

m.e.g Eugenia Pereira

En un mundo en donde todo esta podrido, y los codigos se desgastan con el tiempo, una joven prostituta comienza a perder la fe en el ser humano; Yura, un joven romantico en la flor de su primer amor, buscara la forma de desligarse de todo lo que lo ata a su familia. Sin importarles los prejuicios que los rodean, con el paso del tiempo aprenderan que del cielo al infierno puede no haber ningun paso.


Drama Not for children under 13. © MEG

#drama #haventohell #meg
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PRELUDIO

   Una mañana, estaba en la cama con fuertes contracturas. Lo primero que se me vino a la mente, agarrar el celular. Ese que me dejaba sobre la mesa de luz todos los días que venía a mi lecho. Pero mis brazos eran cortos, y el dolor intenso, al punto que mi cuerpo se doblaba en dos logrando sentir mi estómago tan cerca de mi cabeza. El teléfono cae al suelo, rompiéndose inmediatamente por el impacto del cemento.

El dolor crecía como el fuerte veneno de una serpiente, al instante en que clava sus finos colmillos en su víctima. Mi mente se vaciaba de pensamientos, de ideas, y de ilusiones en cuestión de segundos.

   De pronto, mientras me retorcía en dolor hacia fuera de la cama, sentía como algo suave y tibió se libraba de mí, abandonándome lentamente. Levanté las sábanas que envolvían mi impuro y corrupto cuerpo, si es que se le puede llamar de esta forma, para así contemplar en silencio, aunque algo desesperada por dentro. No dejaba de preguntarme como aquello a lo que supe amar como ser humano, en ese momento se dignaba a salir, casi sin forma, pero con corazón. Siempre lo sentí fuerte y claro motivándome, hasta que decidió dejar de hacer dulces melodías para alguien de mi profesión.

   Cada pequeña parte de su pequeño cuerpecito lo veía claramente, como si él hubiese estado su estadía completa conmigo, aprendiendo a ser humano. Lo veía en cada momento de su vida, y era lo único que iba a tener de él, una visión. Siempre supe que alguien como yo jamás tendría a quien enseñarle a vivir, andar, a respirar. Que sería una corta y solitaria vida en este mundo, que no habría nadie por quien ser amada o que me enseñe el verdadero significado de ello. Pero, cuando se nos presenta una oportunidad así, a nosotras; sentimos que alguien quiere darnos una segunda oportunidad de renacer, de escapar. Era por todo eso, que esos minutos se grabaron de la peor manera en mí. Ver en este caso no sería la mejor definición, sino imaginar. Exactamente eso fue lo que hice, me dediqué a imaginar cada uno de sus deditos, sus piecitos, sus ojos, su todo.

   Hay quienes dicen que el tiempo no nos pertenece, más bien somos nosotros los que les pertenecemos. Sin embargo, esos largos minutos fuero sola e intensamente míos, de nadie más. Puede que nunca vuelva a tener algo tan cerca de mí y poseer el derecho pertenecía sobre ello, así que, con arrogancia, mucha, puedo decir que el tiempo me perteneció a mí.

Ya no sentía dolor, tampoco su rápido y cortó latir dentro de mí. Me sentía vacía y mis lágrimas continuaron saliendo, manteniendo su ritmo por unas cuantas horas. Cada una de estas gotas de agua, las cuales caprichosamente abandonaban mi cuerpo cayeron en mis rojas mejillas como las filosas y frías gotas de rocío que caen en las pequeñas hojas de los árboles, quitándoles todo color y vida a su entornó.

   Fue entonces cuando la puerta de calle se abrió, dejando entrar el aire de la ciudad, entre otras cosas. Apareció ante mí, tapándose con un pañuelo su boca, mirándome con despreció y soberbia. A cuantos habrá ofrecido la misma mirada, era lo único que pude pensar por unos segundos.

Cuando nuestros ojos se encontraron un escalofrío recorrió mi cuerpo recientemente vacío, al tiempo que me sentía desterrada de todo derecho como ser humano ante él. Sus escalofriantes ojos, recorrieron todo mi cuerpo hasta el final de la cama. En donde parecía que no hace mucho había ocurrido una masacre.

Y sus últimas palabras no me resultaron tan frías como de costumbre. Es que después de haber tenido una noche como esa, inclusive mi alma me había abandonado.  "¡Inútil!". fue el comienzo, sé que había más, solo no pude recordarlo y luego de desahogarse se marchó entre quejas mientras quedaba sola, ahogándome en mi anhelo.

   Mi cuerpo ya no sentía dolor y aunque así fuera, la herida ya estaba marcada a fuego. La carne viva, débil, se encontraba desprotegida y fresca. Nada podía remediar lo que ya estaba hecho. Pero un segundo, ese segundo en el que él estaba de pie a mi lado, deseé, anhelé, desde lo más profundo de mi alma, si es que tenía ese derecho; que me ayudará, que me salvará o al menos se encargará de mis miedos deshaciéndolos a un lado. Pero que podía esperar de una persona que es igual que los copos de nieve que inundan las calles en pleno invierno. Pequeño, frío y fugaz.

   Pasada una semana, después de estar postrada en una cama vieja y gastada. Mi habitación se parecía cada día más a una morgue, y con razón. El olor asqueroso de toda la sangre que había perdido; lo que quedaba de un proyecto de persona se descomponía; las ratas, a las que tanto aborrecí por años, se volvieron mis compañeras de piso. No encontraba ni fuerzas, ni voluntad para pararme e ir al baño siquiera, mi olor no era diferente al que sentías al abrir la puerta. Sabía que de seguir así acabaría como mí, lo que fuera; descomponiéndome en silencio.

Sin embargo, en la noche del 21 de junio, la más oscura y fría de lo que iba del invierno, interrumpió en la habitación un hombre, blanco como la luna con intensos ojos azules y una capa en sus brazos. Me miró con esos ojos, los cuales me hicieron sentir ultrajada. Quizás fue aquí donde entendí el significado de esa palabra. Me sentía desnuda y débil, pero extrañamente muy a gusto. Luego del instante de intenso gozo, él se acercó un poco más a la tenue luz del alba que quería asomarse entre las persianas de mí habitación.

Pude apreciar su hermoso rostro, el cual en más de una ocasión pude admirar en mi antigua habitación.

El venía por mis servicios todos los viernes, cuando el sol se encontraba queriendo dar sus primeros pasos. Pero jamás me pedía nada, solo se sentaba en una silla mientras bosquejaba a la luz de la vela. En más de una ocasión acabe rindiéndome al cansancio, y cuando despertaba me encontraba arropada, en silencio y con una nota debajo de un iris blanco.

   Esa noche envolviéndome en su capa, me tomo en sus fornidos brazos y me sacó de esa asquerosa madriguera. Una vez dentro de su carruaje, me habló con una suave voz al oído

            – Pobre criatura – susurró – no tienes por qué temer conmigo, solo te llevare a un lugar mejor. Yo me encargare de protegerte siempre que me lo permitas. – mientras acomodaba mi cabello dorado.

Estuve a punto de responder, pero solo pude dar un último bocado de aire antes de caer en un largo sueño entre sus manos, su aroma dulzón y su manto de protección. No lograba recordar cuando fue la última vez que pude dormir profunda y relajadamente al lado de alguien.

Jan. 20, 2018, 3:18 a.m. 0 Report Embed 0
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