Matando para sobrevivir (Serie Convirtiéndome en zombi II) Follow story

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En este relato conocerán un poco más sobre la situación familiar de Danna García. Quien, aunque evidentemente nos mostró que era una joven decidida, terminó convirtiéndose en Zombi, cayendo en las manos de un cobarde al igual que ella… Marcos. ¿Danna una cobarde? ¿Cómo podríamos aceptar eso? Esas preguntas serán respondidas en…: Matando para sobrevivir. Hundámonos juntos, en el comienzo de todo este apocalipsis zombi.



Post-apocalyptic Not for children under 13.

#horror #Muerte #zombi #muertes #zombies #drama #terror #zombis
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Cambio de realidad

Eduardo, entró a la habitación de su hermana Danna dando tumbos tropezando con todo el desastre de ropa y zapatos que ella siempre mantenía en su habitación.

—Danna… ¡Danna! Levántate —exigió el joven atemorizado.

—¿Quééé? deja de joder Eduardo… déjame dormir ¿Qué te pasa? —Danna se tapó la cara con la sabana, no sin antes ver que eran las cinco de la mañana.

—Danna… las noticas… ¡Dios levántate! —gritó Eduardo, mientras la zarandeaba con insistencia. El miedo salía de su cuerpo en gotas de sudor por todo su rostro.

—Salte de una jodida vez de mi habitación, antes de que aparezcas en las noticias… como el chico que amaneció golpeado brutalmente por su hermana —le gritó Danna, ya molesta. Quería dormir, no le interesaban ninguna noticia a esta hora de la mañana.

—¡Danna levántate ya! —gritó su padre, entrando a la habitación. Del grito potente que le dio su padre, ella brincó y sintió como dejó de respirar por unos segundos.

—¿Qué pasa papá? Acaso yo te falto el respeto irrumpiendo en tu habitación y dando gritos —Danna se fijó en la cara de Eduardo, y notó que estaba pálido y sudoroso. Su padre estaba mortalmente serio y tenía un arma en la mano. Lentamente volvió a mirar hacia Eduardo y este tenía un cuchillo enorme, el más grande que ella recordaba haber visto en su gran cocina— Hey ¿me van asesinar? ¿Por qué cargan esas cosas en mano?

—Deja los malos chistes, te quiero abajo en cinco minutos, vístete bien como si fueras a un lugar frío —su padre salió de su vista, pero Eduardo permaneció paralizado observándola.

—¿Qué te pasa? —vio que estaba vestido hasta el cuello, tenía hasta una bufanda… y Cabimas no era un lugar frio, al contrario la temperatura eran de unos 37°C en el día durante todo el año— ¿a dónde vamos, viajamos a Mérida?

Eduardo solo negó con la cabeza. Danna se bajó de la cama y caminó al clóset. Se percató que había mucho ruido. A pesar de que su casa tenía un gran jardín en el frente y su cuarto estaba de último –es decir daba al fondo de la casa–, podía escuchar perfectamente los gritos que provenían de afuera. Corrió la cortina de su cuarto y observó gente corriendo despavorida de un lado a otro. Asombrada se dio la vuelta hacia Eduardo para quedar frente a él.

—¿Qué mierda pasa?

Casi se desmaya al escuchar la respuesta de su amado hermano. Él habló casi inaudiblemente… y tan lento… que sintió que todo era dicho en cámara lenta.

—Zombis… en las noticias dicen que hay un brote… se contagian con el aire… al… al… respirar… el virus está aparentemente en todos lados y unos se convierten de una vez, otros al ser mordidos… ya que son inmunes al virus… al olerlo… y… y —Eduardo se quedó en silencio, Danna caminó hacia él llevándose todo por delante, para poder agarrarlo con fuerza y moverlo por los hombros.

—Y… y… ¡¿Qué?! Habla de una vez —exigió Danna hiperventilando.

—Hay miles… millones de muertos vivientes en todo el mundo y solo han pasado aproximadamente siete horas desde que todo comenzó.

—¡Esto debe ser una maldita pesadilla! —Susurró Danna mirando hacia el suelo— ¡Si me estás jodiendo la paciencia te juro que te dejaré un ojo morado! No estoy para chistes… dime… ¿Qué está pasando en realidad?

A Eduardo no le dio tiempo de responder, ya que Danna escuchó el timbre de su celular al repicar. Brincó sobre la cama para caer al otro lado de ésta y sostuvo el aparato, para darse cuenta que en la pantalla decía: Mamá llamando.

—Es mamá, dame un segundo… quédate aquí conmigo Eduardo —él asintió y caminó para sentarse al lado de Danna sobre la cama.

—Hola mamá ¿Qué ocurre por qué llamas a esta hora?

—¿Hija estás bien?… Dios… no puedo —su madre lloraba histérica y tartamudeaba las palabras.

—¿Qué pasa mamá? No llores… ¿Qué ocurre?

—Asesiné… sí… sí… maté a Sergio… no sé… no sé cómo… pero el intentó morderme… y me quité… no era él… ¡No!… no… era otra persona… estaba extraño —su madre empezó a gritar, y a llorar aún más desconsolada, mientras que Danna dejaba de respirar al escuchar la trágica noticia— Ya sabes, me levanté a las tres de la madrugada, para ir al baño y noté que Sergio no estaba en la cama, lo busqué y estaba fuera del apartamento… en el jardín del edificio… intentaba entrar a nuestro hogar pero no podía, a su vez se tropezaba una y otra vez contra la puerta... estaba como ido… te juro que no era él —Danna se imaginó la escena y sintió miedo y a la vez un sentimiento de protección— lo dejé pasar, y no hizo más que atacarme, no entendía su comportamiento, me defendí como pude por varios minutos, pero cada vez se ponía aún más agresivo —Danna tenía los ojos como platos y la boca abierta, estiró el brazo y agarró la mano de su hermano con fuerza, y notó que él temblaba— En eso, no pude defenderme más… asustada y llena de adrenalina le golpeé la cabeza con un florero y al ver que seguía moviéndose, que no me hablaba por más que yo le preguntaba cosas, le incrusté en su cabeza uno de los pedazos de porcelana que quedaron regados en el piso. Fue ahí cuando dejó de moverse —Danna en completo silencio asimilaba todo lo que le acaba decir su madre, la escena contada por ella le parecía sacada de una película de terror— ¡Danna! ¿Estás ahí? Aló… hola —continuó Ángela por el otro lado del auricular, exigiendo la atención de Danna.

—Sí mamá, aquí estoy. Necesito que hagas algo por mí —el tono serio hizo que Eduardo se levantara de la cama y la viera asombrado— Agarra un cuchillo y vuelve atravesar la cabeza de Sergio… y quédate dónde estás… no salgas… ni dejes pasar a nadie, en un rato saldré e iré por ti.

—¿Hija que dices? —preguntó Ángela, asombrada al otro lado de la línea.

—Tienes razón mamá, él no era Sergio —Danna tragó saliva, haciendo una pequeña pausa— él era un zombi.

Jan. 19, 2018, 10:52 a.m. 0 Report Embed 2
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