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milethpineda Mileth Pineda

Andrea García acaba de salir de su infierno personal, ella ya no desea saber más de lo hombres. Su único objetivo es olvidar su pasado y empezar de cero. Sin problemas, sin sufrimientos, sin volver a exponer su corazón. Javier Herrera pretende conquistar su propio cielo. Su sueño es el de manejar el imperio familiar. Solo hay algo que lo distrae; después de tantos años sigue sin poder olvidar esa mirada ámbar que lo hizo temblar como un adolescente. No huyas... atrévete a amar. © Registrada en SAFE CREATIVE


Drama For over 18 only. © Todos los derechos Reservados

#Romance #Herencia #Odio #Violencia-de-género #Chick-Lit #Divorcio #Póquer #Amor #Destino #Juego #Apuesta
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Capítulo 1

Diez años antes

Cinco minutos parecían ser demasiados para Andrea, la desesperación se apoderaba de ella para que el timbre que anunciaba el fin de las clases sonara de una vez por todas.

   Sonreía al observar la incomodidad de Lucía, la hermana menor de Alberto al notar su mirada y eso lo hacía más divertido. Había caído en su juego y ya no podía huir de su compromiso, era un hecho que ese día él se fijaría en ella. El famoso Alberto Villanegra sería su novio.

   Cuando el sonido estridente se escuchó por todo el edificio la euforia ocupó su lugar, saltó sobre su asiento asustando más a Lucía que por momentos parecía querer llorar.

   —No seas tonta Lu, solo tienes que presentármelo. No es como si fueras a hacer nada más, recuerda que gracias a mí no perdiste todos los puntos del proyecto —dijo divertida, halándola del asiento con fuerza.

   —No creo que sea buena idea Andrea, él no es para ti. Te lo he dicho muchas veces, hazme caso—sollozó su compañera quien parecía estar adherida a la silla escolar.

   —¡Qué sabes tú sobre eso, no seas tonta! Si nunca has tenido novio. No seas mala amiga.

   —No somos amigas —respondió, molesta por lo tonta que había sido al pedirle ayuda.

   —Pero podríamos serlo. —Sonrió al notar que la chica se ponía de pie, resignada.

   No odiaba a Lucía Villanegra, solo que no sabía de su existencia hasta que alguien mencionó su parentesco con el chico recién graduado. Se enamoró de él desde que le guiñó el ojo en la cafetería hacía tres años y aunque quiso ponerse en su mira por todo ese tiempo reconocía que era muy pequeña para que se fijara en ella. Pero ahora todo era diferente, él ahora trabajaba con nada más y nada menos que con el mejor amigo de su padre.

   Las estrellas se alineaban en su favor y no desaprovecharía esa oportunidad. Había trabajado durante semanas buscando una forma de entrar en la vida de Lucía pero nada parecía ayudar, era tan sosa, aislada e inteligente que no tenía posibilidades de aprovecharse, hasta el día anterior. Notó su cara de angustia al entrar al salón de clases y algo le dijo que esa era la carta que debía jugar. Se acercó a ella mientras escuchaba como le pedía ayuda a otra chica para que la integrara a su grupo, había faltado un par de días a la escuela y había perdido uno de los trabajos en equipo más valiosos.

   Estuvo a punto de ponerse de rodillas para agradecer al cielo su buena suerte, ella odiaba hacer los trabajos en grupo porque siempre terminaba haciendo todo sola, así que habló con el maestro y este le permitió hacerlo reconociendo su argumento. No tuvo que pensarlo demasiado, tocó su hombro y en cuestión de minutos todo estaba solucionado; ella agregaría el nombre de Lucía en su trabajo a cambio de ir a su casa y que la presentara a Alberto como su nueva mejor amiga. El profesor recibió el trabajo sin hacer preguntas y de esa forma el trato estaba por ser saldado.

   La música que se escuchaba desde el auto al que se dirigían sonaba tan fuerte que el que estuviera cerrado no hacía ninguna diferencia. Andrea sentía que las rodillas le temblaban a cada paso que daba, estaba tan cerca.

   —¿Dónde crees que vas? —Una mano atrapó con fuerza su brazo antes de que bajara de la acera.

   —¡Estás loca! —dijo Andrea sorprendida— Casi me matas del susto, Sara. Dile a mi mamá que llego después a la casa.

   —No, te vienes conmigo. ¿Y qué haces con la hermana de ese idiota? —susurró su hermana mayor cerca de su oído.

   —Tenemos un trabajo de la escuela —dijo chasqueando los dientes. Su hermana siempre le dañaba los planes.

   —Entonces que ella venga, no te acerques a Alberto, Andrea. Te conozco.

   —Déjame en paz, Sara. Lo que pasa es que estás celosa porque él nunca te hizo caso —La satisfacción se propagó en su pecho al ver a su hermana sonrojada. Era de dominio público que ella al igual que la mayoría de chicas del instituto tenían planes de conquista, pero muy pocas habían tenido el privilegio de ser besadas por él ya que acostumbraba a salir con mujeres mayores.

   —Eso no es cierto —murmuró molesta y avergonzada—. Además, tampoco se fijará en ti, eres una niña que aún huele a bebé —se burló.

   —No estoy buscando eso, Sara. Te dije que iba por un trabajo y si no me dejas ir le diré a mamá que Agustín subió a tu habitación por tu ventana y que no salió de allí al día siguiente.

   —Eres una…

   No escuchó lo que su hermana le dijo al final, con una sonrisa triunfal alcanzó a Lucía atravesando la calle y en lugar de sentarse atrás con su amiga tomó el asiento del copiloto para iniciar su plan.

   —¿Y tú quién eres? —preguntó Alberto al verla entrar y bajar el volumen de la radio con demasiada confianza.

   —Hola, mi nombre es Andrea García. Es un… placer —dijo inclinándose en exceso sobre él para darle un beso cerca de la comisura de la boca. Se emocionó al sentir su aroma varonil y no pasó desapercibido la sorpresa en su rostro, ni el recorrido mal disimulado que hacía de su cuerpo. —Soy la mejor amiga de Lucía.

   —¿Amiga? No te creo. Lucía es un caso perdido —se burló viendo a su hermana por el retrovisor y poniendo en marcha el auto. —¿Tienes novio?

   —Aún no —respondió juguetona.

   —¿Eres hermana de Efraín García?

   La pregunta no le sentó nada bien. No sabía qué responder, no había considerado que recordara el altercado que tuvo con su hermano hacía un año por culpa de la tonta de su novia cuando dijo que Alberto había intentado besarla a la fuerza, ella no creía en nada de eso. Conocía a su cuñada y sabía lo resbalosa que era.

   —¿Por qué preguntas, te gusta? —No supo porqué había dicho tal cosa, quería que la tierra se la tragase.

   La carcajada del conductor la sorprendió y más cuando al dejar de reír le dijo:

   —Te aseguro que me encantan las chicas. —Tomó una de sus manos y la acercó a su boca para darle un beso suave— Y más las osadas como tú.

   El aire le faltaba pero un coro celestial sonaba en su oído, eso podría jurarlo. Se veía tan guapo con su corbata medio suelta, el cabello oscuro bien peinado y esa altanería en su mirada café que se había hecho un poco más dura de lo que recordaba.

   Como todo un caballero ayudó a su hermana a bajar del auto para sorpresa de ambas. Cuando llegó el turno de Andrea la detuvo un instante cerca de la puerta, la observó por un momento que se alargó causando que se pusiese nerviosa.

   —Dame tu teléfono ¿sí?

   Le acercó el aparato y ella dudó un instante, lo quería para ella pero debía reconocer que le daba miedo no comportarse a la altura con un chico mayor.

   —¿Para qué? —respondió tímida, sintiéndose una boba colosal.

   —Eres la mejor amiga de mi hermana ¿no es así? —respondió con picardía—. Necesito tu número por si algo pasa.

   —Ah, claro —dijo decepcionada. Las manos le temblaban mientras tecleaba los dígitos.

   —¡Andrea! —gritó Lucía desde la puerta, provocando que Alberto tomara distancia.

   Ella se dio cuenta que retenía el aliento y se sintió confundida por aquel momento. Le entregó el teléfono y caminó un par de pasos cuando su móvil sonó. Andrea se quedó viendo la pantalla sin saber qué hacer.

   —No tienes que responder —se burló el chico desde su lugar—. Es para que tengas el mío, cualquier cosa que necesites puedes llamarme.

   La chica no se atrevió a voltear porque se habría reído de ella al notar la alegría que había dentro de su cuerpo. Sentía deseos de gritar y bailar a la vez. No se sorprendió al verlo rodear el auto y subirse de nuevo, por el horario era obvio que regresaría al trabajo.

   —Tu hermano es un sol —dijo emocionada cuando se reunió con la otra chica en el salón. La siguió a la cocina y buscaron comida para calentar.

   —Mi hermano no es bueno Andrea, aléjate de él o vas a sufrir.

   Decidió no hacerle caso, qué podía saber alguien como ella sobre los hombres. No es que ella fuera más experimentada pero hasta su padre que era casi un santo había cometido sus errores, no existía el ser humano perfecto, la tolerancia, la paciencia hacían milagros. Eso era lo que le decía su mamá, algo de razón debía tener si ya tenía tantos años dentro de un matrimonio.

   Desde esa misma noche iniciaron las llamadas, los mensajes, las escapadas y las mentiras para poder verlo.

   «No es bueno» con el tiempo esas palabras se habían quedado olvidadas en algún lugar de su memoria.

Jan. 15, 2018, 3:10 a.m. 1 Report Embed 1
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Mary Luna Mary Luna
La ostia que se va a dar veras....
June 2, 2018, 1:27 a.m.
~

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