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HACKEANDO AL GENIO

Apenas podía divisar algo, pero estaba seguro que el bus había partido sin él. Sentía un fuerte dolor en la cabeza y no atinaba a hilvanar ningún pensamiento coherente. ¿Cuánto tiempo había permanecido allí? Se acomodó la camisa en la nariz para evitar que se le siga metiendo la arena y trató de abrir un poco más los ojos. Alcanzó a ver un objeto que sobresalía de la superficie de arena que cubría todo el paisaje, quizás era su cámara fotográfica, no podía distinguir así que optó por acercarse.

Recogió del suelo una especie de lámpara de metal corroída por el tiempo y no atinó más que a desilusionarse. La tormenta estaba terminando tan abruptamente como había empezado, era lo clásico en esa carretera y era precisamente por lo que la gente tomaba el bus. La tormenta era el atractivo turístico de ese recorrido. Una carretera recta interminable en medio de un desierto con ese fenómeno impredecible de pocos minutos que podía cubrir de arena el asfalto y frenar el escaso tráfico vehicular por horas.

Miró la lámpara y se imaginó protagonizando el cuento de Aladino.

—No mames —dijo cuando se sorprendió a sí mismo frotando el aparato.

La leve sonrisa que le provocó semejante acto de locura terminó inmediatamente cuando al terminar la caricia al artefacto escuchó una voz en su cabeza.

— ¡Yuuuuuuujuuuuuu!, gracias mi queridísimo humano, has liberado a un prisionero —escuchó Carlú— Ahora si me quieres sacar de tu cabeza solo debes pedirme tres cosas, solo dilas en voz alta, cualesquiera que sean, acto seguido yo te las concederé y podré disfrutar de mis treinta años de libertad. Vamos, vamos, dime tus deseos.

Carlú seguía confundido, la voz en su cabeza lo tenía desorientado.

—Estoy esperando... —decía la voz.

— ¿Qué? ¿Quién dijo eso? —decía Carlú medio desorientado.

—Ya, ya, tranquilízate, concéntrate y dime tus putos deseos que quiero irme a disfrutar este corto período de tiempo que me ha concedido tu curiosidad.

Carlú empezó a entender la situación luego de pasar por tesis como “esto es un sueño”, “el golpe debió dejarme en coma e imagino cosas” y hasta el clásico “estoy loco”. Sin duda era una anomalía que le había sucedido al acariciar la lámpara y como se sabía el cuento decidió seguirle la corriente al ente que en esos instantes pululaba en su cabeza.

—Y… tienes algo que ver con Aladino —preguntó Carlú para empezar a aclarar las cosas.

— ¿Deseas saberlo? —preguntó a su vez la voz.

—No, no. Es algo sin importancia de hecho, solo quería romper el hielo —dijo Carlú entendiendo la jugarreta de la voz.

—Cómo que sin importancia, fue ese infeliz el que arruinó mi trabajo, ahora todo el mundo sabe de lo que soy capaz —se desató la voz dando detalles— Jamás entenderé a los humanos, pidió cosas estúpidas y cuando despilfarró todo, decidió contarle al mundo su supuesta historia de la lámpara mágica ¡Infeliz, mal nacido! —continuó la voz— Así que te aclaro, hay reglas y debes cumplirlas. Número uno, no debes pedir más deseos solo son tres; sí sí sí… me han tocado algunos pendejos a lo largo de la historia con ese truco. Número dos, no le puedes hacer daño a nadie con los deseos que se te ocurran. Número tres, no se puede viajar en el tiempo, créeme ya lo he intentado para partirle la madre al tal Aladino pero no… se… puede… —dijo pausadamente la voz— y finalmente, no puedes escribir una historia de esta experiencia, ni ahora ni mañana ni pasado ni nunca o revertiré los deseos que pediste, claro que la mayoría de ilusos pierden las cosas por si solos, no es necesario que los ayude, solo me siento en un rincón a ver como la riqueza desborda su ser —culminó de decir la voz.

—Entiendo —dijo Carlú con un poco de satisfacción, había encontrado una cualidad de la voz que le serviría para salir de ese lugar solitario y árido —Así que muchos han perdido lo que les has concedido, vaya… pidieron más de lo que su cerebro podía manejar —acotó para seguir la conversación.

—Muy cierto pero no te me hagas el loco, dime tus tres deseos que esto debe terminar aquí.

—No es así, esa no es una de las reglas —dijo Carlú— Me acabas de decir que mucha gente pierde lo que pide así que debo pensar bien qué pedirte y en estas circunstancias, así todo sudado y lleno de arena no puedo pensar bien. Espera a que llegue a mi destino y pueda estar más cómodo para empezar con este embrollo, ¿Te parece? —preguntó Carlú a la voz disponiéndose a caminar

—No seas pendejo, enserio vas a caminar hasta la próxima ciudad, son como doscientos kilómetros —dijo la voz.

—Así es y deberías tratar mejor a tus clientes; tampoco quiero desperdiciar mi deseo en algo que puedo hacer por mis propios medios, tengo dos piernas capaces de llevarme a casa —contestó Carlú.

— ¡What!... ¡Debes estar loco si crees que te voy a acompañar en esa aventura! —inquirió la voz.

—Bueno, te recuerdo que eres tú el que está en mi cabeza así que a caminar se ha dicho —dijo resuelto Carlú mientras empezaba a dar unos pasos sobre lo que se podía distinguir de la carretera.

De pronto sintió como un torbellino a su alrededor. Incluso pensó que era otra de esas repentinas tormentas de arena que había llegado sin que él se dé cuenta por estar atendiendo este raro asunto que se desarrollaba en su cabeza. Pero no era nada de eso, Carlú apareció en el recibidor de su casa como por arte de magia, bueno de hecho era magia y ahora estaba convencido de lo que podía hacer la voz.

—No seas bruto, mi esposa no me espera hasta después de una semana y no podría explicarle mi repentino regreso y en estas fachas —dijo Carlú espantado y corriendo hacia la puerta para salir a la calle y alejarse de su vivienda.

—Definitivamente son una especie rara —dijo la voz— Sigo esperando tus deseos.

—Te dije que debo sentirme cómodo no espantado, como se te ocurrió meterme en mi casa, que loco que estás —le dijo Carlú al tiempo que aparecía en una habitación lujosa— ¡Ya párale con esta mierda! Me estás poniendo nervioso cambiando el escenario tan bruscamente, te advierto que así no podre jamás concentrarme para pedir mis deseos.

—Está bien —dijo la voz— Has lo que tengas que hacer, dúchate, come, descansa que yo estaré aquí esperando. Que manía de hacer todo de la manera más lenta —se lamentó finalmente la voz como dispuesta a darle un respiro al pobre Carlú que para ser humano había manejado muy bien este primer encuentro.

Carlú se duchó, comió y descansó como dijo la voz que hiciera y luego de unas horas cuando estuvo más relajado se acercó a la ventana principal de la habitación y pudo ver toda la grandeza de la ciudad y como que se inspiró y sintió que estaba listo para pedir su primer deseo.

—Quiero saber —le dijo Carlú a la voz.

— ¿Qué ocurrencia es esa? ¿Qué quieres saber?

—Todo, me acabas de decir que muchos de tus clientes perdieron las cosas que les diste, pues yo quiero conocimiento, estoy seguro que sabiendo de todo, podré conservar lo que te pida en mis otros deseos —dijo con seguridad Carlú.

—Que locura, como dices tú, nunca uno de mis clientes llegó a semejante conclusión —dijo la voz— Concedido —siguió— Pero dime algo, ¿Cómo llegaste a esa conclusión?

—Un amigo mío se ganó el primer premio de la lotería y empezó a gastar el dinero a manos llenas, en fiestas, lujos innecesarios y mujeres. No hizo nada productivo. Al final perdió su hogar además del dinero ganado; estoy seguro que el desconocía lo necesario para mantener su inesperada fortuna —dijo con melancolía Carlú.

—Por lo que veo era muy cercano a ti ese amigo —continuó la voz.

—Era mi padre —dijo Carlú.

—Carajo, te concedo otro periodo de descanso por hacer preguntas pendejas.

—Tranquilo, quizás esa fue la mejor enseñanza que él me pudo dar antes de suicidarse.

— ¡Positivo nivel dios! Que belleza de gente que eres —dijo la voz para cambiar el giro melancólico que había tomado la conversación— Tenías el pretexto perfecto para ser un amargado, un borracho o un suicida, pero tenías que ver la parte linda del problema.

—Sí, tengo esa virtud —dijo Carlú queriendo salir de ese capítulo también— Ahora cuéntame tu historia —le propuso a la voz.

—Deseas saber mi historia —intentó la voz.

—En realidad no, es evidente que hiciste algo mal para que no puedas vivir tu propio destino y debas estar en este juego de los tres deseos. Aburrido. Voy a dedicar el resto del día a pensar mi próximo deseo —dijo Carlú evadiendo la trampa de la voz.

—De hecho no considero que mi acción fuera mala, solo me entrometí en el camino de los dioses en favor de la humanidad —dijo la voz.

—Carajo eso está intenso, eso te pone al nivel de los dioses si no me equivoco —continuó Carlú.

—Sí, pero un dios castigado no se vale. Enki quería destruirlos a ustedes y favorecer la evolución de los dinosaurios y Enlil los quería puros genéticamente; en medio de esa disputa fue cuando se me ocurrió la idea de poner una porción reptil en su cerebro, una parte instintiva que los haga más fuertes y más capaces de sobrevivir. Al final fui quien dirigió la órbita del cometa en contra de los dinosaurios y el que contamino el experimento con los humanos. Estos dos personajes se quejaron con su padre Anu quien me condenó a vivir en las cabezas de los humanos por la eternidad para que vigile la dirección que tomaba este planeta al cual dejaron a la deriva porque perdieron su interés en él —contó la voz.

— ¿Eres el creador? —preguntó asombrado Carlú.

—No no no no, nada de eso. Ese es otro rollo en el que no quiero estar enredado. Con el pasar del tiempo me he acostumbrado a ustedes y a como toman sus decisiones, así que hice llevadero el castigo —dijo la voz.

—Y cómo lo hacemos, viendo cómo va el mundo creo que decidimos medio mal —le hincó Carlú para que siguiera hablando.

—Son bien graciosos, nunca se dan cuenta que las decisiones las toman con la porción instintiva del cerebro o con la porción emocional y pasan el resto de la vida usando la porción lógica para justificar lo actuado —dijo la voz.

—Entonces lo que hiciste con nosotros nos confundió —le recriminó Carlú.

—De ninguna manera, su diseño tenía fallas que solucioné poniendo algo de automatización para ciertas acciones. Por ejemplo, si una piedra va directo a tu cara, instintivamente tratarás de apartarte de la trayectoria porque eso significa daño para ti. Si esa acción fuera emocional o lógica jamás tendrías el tiempo para evitar el golpe. Era un software tan rudimentario pero tan importante y ellos no lo habían considerado —explico la voz— Claro que cuando una chica te dice que "no" cuando eres un adolescente, no te conviene activar tu cerebro instintivo pues te va a decir que las chicas provocan dolor y que debes apartarte de ellas y te aseguro que la vida sin chicas es muy aburrida —culminó la voz.

—Entonces te dedicas a enseñarnos cómo usar esas tres porciones del cerebro, esa es tu tarea —le dijo Carlú.

—Sí, un poco de guía cuando se puede.

—Vaya, esto del rechazo me ha dejado pensando. Yo no soy muy bueno en las ventas porque es la actividad en que más rechazo se experimenta y trato de evitar una situación de ventas.

—Eeeeeh a que viene todo eso, uno aquí hablando de cosas trascendentales y me sales con las ventas —inquirió la voz.

—Bueno, todos los gurús de la riqueza dicen que si no sabes vender no llegarás lejos con tus conocimientos o habilidades —dijo Carlú.

— ¿Quieres ser el mejor vendedor del mundo? —preguntó la voz.

—No, quiero tener la valentía necesaria para enfrentar mis temores —dijo resuelto Carlú.

—Si me vieras te daría risa lo abierta que tengo la boca —dijo la voz— Concedido, pides pendejadas pero me da igual. Ahora dime tu tercer deseo pobre diablo —dijo la voz.

—Desearía que fueras libre de ese castigo que te impusieron —dijo Carlú.

La voz no dijo nada, un silencio profundo se apoderó de la cabeza de Carlú. De pronto empezó a materializarse un individuo frente a los ojos del humano, era muy brillante y alto, muy alto como de dos metros calculó Carlú y también demasiado delgado; tenía una posición solemne con su rostro mirando hacia arriba y los brazos abiertos a los lados unos cuarenta y cinco grados con las palmas de la manos extendidas y los pies un poco separados en el piso. Parecía que estaba en trance. Carlú permanecía en silencio para no interrumpir esa especie de postura de meditación cuando empezó a bailar… sí, la voz que ahora tenía forma aunque media etérea, bailaba. Y no solo eso, cantaba una canción que solo hablaba de libertad.

—Humano, ¿Qué has hecho? ¿Por qué me liberaste de mi castigo? ¿Por qué no aprovechaste y aseguraste tu miserable existencia con lujos y riquezas? —preguntó el ser brillante con tono jocoso.

—La aseguré —contestó confiadamente Carlú —con mi primer deseo tuve más SABER y con el segundo seré un mejor SER así que tendré muchos emprendimientos que HACER y créeme eso resultará en riqueza que no terminará nunca y que podré disfrutar y heredar de generación en generación. Además creo que me he ganado un amigo bastante influyente y con el que se puede hablar de cosas muy interesantes —terminó Carlú

—Sabía que tenía que apostar por ustedes y tú me has devuelto la fe en la raza humana. Estaré cerca de ti para ver cómo te salen las cosas con este par de inusuales deseos y para conversar de cosas interesantes si así lo quieres —decía la aparición con tono desconcertado y dando la vuelta como para seguir su camino.

Mientras se alejaba Carlú sintió la satisfacción de haber tomado una gran decisión.

—Antes de que te vayas ¿Puedes decirme quién eres? —alcanzó a preguntar Carlú.

—Soy lo que ustedes llamarían un genio —dijo el mágico ser volviendo el rostro— Has demostrado ser sabio y noble, así que te concedo el derecho de contar esta historia de la manera como la quieras contar.

Y se alejó rápidamente a través de la pared de la habitación del lujoso hotel.

El tiempo pasó y el genio siempre iba y venía a la presencia de Carlú para ver si a su amigo humano le faltaba algo. Aunque no tenía la obligación de hacerlo, estaba dispuesto a conceder a Carlú lo que le pidiera en cualquier momento, pero Carlú demostró que con los portentos que había pedido inicialmente Conocimiento y Valentía, podía lograr lo que quisiera tan fácilmente como lo hacía el genio. Cuando los cabellos de Carlú se volvieron blancos y cuando había compartido su fórmula de hacer y mantener riqueza con sus hijos y sus nietos, escribió esta historia tal como sucedió, la historia de cómo hackeó al genio de la lámpara y se ganó al mejor amigo que jamás alguien pudo conseguir.

Dec. 13, 2017, 4:57 a.m. 0 Report Embed 0
The End

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