El sueño de Alisa. Follow story

juanfranconde Juan F. Conde

¿Puede un sueño convertirse en realidad? ¿Puede una realidad superar a un sueño? A veces no sabemos si la realidad supera a los sueños o los sueños nunca son superados, aunque en esta historia el sueño se hace realidad al menos en el cuerpo de la protagonista. Basada en hechos reales, está es la historia de uno de los miles de sueños que tiene ella. ®Todos los derechos reservados.


Erotica For over 21 (adults) only. © Juan F. Conde. Todos los derechos reservados.

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El sueño de Alisa. Primera parte.

Hoy era una tarde como todas las que ella estaba en su puesto de trabajo, aunque hoy parecía que los clientes no tenían ni calor ni ganas de tomarse nada, por tanto, se tomó un descanso en su puesto, y como no, se puso a mirar el fondo de las vistas, en donde se veía una playa tranquila, llena de gente, tanto bañándose como jugando con las olas.


Eran las seis de la tarde. El sol estaba empezando a dejar de dar sus martirios rayos solares, solo que apenas se notaba que lo hiciera, porque la verdad seguía haciendo mucho calor y si en la sombra se podría dar el caso de derretirse un helado y posiblemente hacerse un huevo crudo a frito, pues las personas que estaban allí, tanto tumbadas en sus toallas como las que estaban sentadas en sus sillas de playa y que no estuvieran cubiertas por una sombrilla o por un sombrero playero o cualquier prenda para quitarse de los rayos solares, pasarían de estar casi como el huevo o el helado, dicho de otra manera, pasando de un estado normal a un estado de freírse o derretirse.


Pero ella no entendía el comportamiento de las personas, porque si hacia breves instantes había tenido la barra llena de personas pidiendo tanto copas de distintas marcas de alcohol o de zumos o de cualquier bebida para apaciguar esa sed que el calor del sol produce en los cuerpos, pues ahora no había nadie, pero vamos, que parecía más una barra de bar de playa desierta en el mes de noviembre que lo que realmente era, en pleno mes de agosto, en el cual no es que no haya nadie en la playa, no, al contrario, es que no se encuentra ni diez centímetros limpios de gente. Pero la cuestión es que ella, estaba tranquila, ya que había recogido todo, y ahora se podía poner a mirar el horizonte, el cual siempre pasa lo mismo, da por pensar en sus cosas, como todas las personas que nos quedamos mirando en algún momento de nuestra vida, las olas del mar o el horizonte marino, con esas bellas puestas de sol o esas bellas vistas que nos hacen recordar momentos maravillosos, o simplemente recordar cosas.


Por ello se relajó tanto, que no se acordó de que tenía que llegar el técnico de mantenimiento, que le había llamado por la mañana, indicando él que hasta las seis no podría pasarse para comprobar porque la máquina que estaba conectada a la cubitera de hielos, que hacia los hielos especiales en no derretirse en menos de una hora, no estaba haciendo esos cubitos de hielo, y claro, con eso, no podía hacer los cócteles famosos que hacia ella, en los cuales, era el auge de ese bar.


Tenían una promoción de las cuales, ningún otro bar de playa podía competir contra ellos, o contra ella, ya que la formula no era fácil de copiar, y en este mundo en el que las improvisaciones y que los clientes estén refrigerados por bebidas que no se derretían los hielos, era lo que hacía que tuvieran tanto éxito y tanta clientela, pero hoy la maquina había dejado de funcionar, y por ello le había hecho que perdieran un valioso tiempo, pero el técnico llego, como siempre pasa en personas educadas, silencioso y sin apenas hacer ruido y ella no se lo podía creer que fuera ese señor el que hiciera que la maquina funcionara en un tiempo récord para poder así hacer que la hora feliz congelada, como la habían llamado a la hora o la promoción que tenían de éxito en dicho bar de una cadena de bares de playa, que no eran chiringuitos, sino bares a pie de playa, por tanto, y viendo la silueta de ese compañero que apenas veía al cabo de los meses, ya que solo venia para el montaje de máquinas especiales o para su mantenimiento, pues ella estaba como asombrada por quien había llegado, ya que se pensaba que vendría cualquier otro compañero de mantenimiento, pero no este hombre, porque aunque no lo parezca, venia totalmente vestido con el uniforme de la empresa, solo que el color de su vestimenta era azul marino, y eso a ella en un principio la hizo sorprenderse, no mucho, ya que no era de gesticular sus expresiones, pero si el quedarse un poco callada, no por timidez, sino porque ella así era como demostraba el recibir la información y transmitirlo a los demás.


Pero estando en su trance de relajación mental mirando el horizonte marino y viendo que la hora congelada hoy no podría realizar por culpa de la avería de la máquina de realización de cubitos de hielo duraderos de una hora, pues se le puso como una pequeña sonrisa en su gesto al verlo, pero aún así estaba molesta por la tardanza, así que se conformó con que este hombre, este señor mayor que ella, estuviera allí.


La hora congelada era una propuesta para el verano, de la cual solo lo sabían a través de una llamada sonora que se realizaba con un sonido especial, la bocina de un barco, estilo transatlántico, vamos que hasta una persona que estuviera mal del oído, lo oía, y esto es lo que hacía que la gente se dirigiera a dicho bar, para pedir su consumición y comprobar durante una hora que los cubitos de hielo, dentro de las bebidas que hubieran elegido, fueran cuales fueran, en una hora no se derretían. Bien es cierto que para un bar lo importante es el consumo, por tanto, parece incluso algo ilógico que tuvieran esta oferta, ya que lo que se intenta es tener el mayor beneficio en consumo, pero esta oferta había llamado la atención de la gente que le gusta tomarse sus bebidas tranquilamente, mientras hacen cosas como leer, escuchar música en sus aparatos digitales o mucho más interesante, para las personas que se tuestan en sus toallas y necesitan que sus bebidas aguanten al menos media hora frías sin tenerlas que tener en una nevera portátil. 


Tanto era el conocimiento de aquella oferta, que a ella le habían venido empresas importantes de alimentación para adquirir la formula, pero ella se debía a un contrato en el cual le permitía tener ciertos privilegios que otros trabajadores no tenían, y como era una mujer de palabra, pues cuando acepto dicho trabajo, les indico que su fórmula era patente de ella, y solo con una máquina y un par de trucos, solo se servirían en dicho local en el que estuviera, y las ganancias de dicha oferta serian al cincuenta por ciento para la empresa y el otro cincuenta para ella, a lo que la empresa acepto ya que no creían que tuvieran tantas ganancias. Pero cuando ocurre algo que hace que miles de personas adquieran diariamente un producto, pues suele llamar la atención de otras compañías, y ella, aunque fuera una mujer callada, sabia como tratar a las personas que solo se querían beneficiar de esa fórmula, y las trataba como les correspondía, es decir, con la indiferencia que se le debe de dar, pero ella ante todo, nunca había perdido la compostura en su trabajo, era tan profesional como atractiva, era lo que todo jefe de empresa quisiera tener de empleada, una mujer con experiencia y con atractivo, sin llegar a deslumbrar por su fisonomía pero atrayendo con su mirada y su manera de servir.


Su compañero de mantenimiento era todo lo contrario, en el sentido de que aunque tampoco hacia que se fijaran en él, si hacía que su manera de portar su cuerpo y la elegancia con su caminar, de un señor, pues que la gente no se fijara nunca en él, no por ser un hombre mayor y apenas hacer que se notara, sino que además cuando hablaba con alguna persona que no lo conociera, parecía que hubiera salido de un despacho de abogados o de una reunión de empresa, por sus dotes de comunicación, pero sin embargo con la gente que lo conocía, les daba el trato de ser una persona muy amigable, como si fueran amigos de toda la vida, y eso a veces no es fácil de transmitir en los tiempos que corren. Él incluso, a sus jefes los trataba como si fueran amigos de toda la vida, y eso le hacía tener un compañerismo poco normal, ya que siempre los jefes que le habían tocado, querían que se mantuviera ese lazo de jefe y empleado, pero él no consideraba que eso fuera efectivo, ya que realmente donde tenía que demostrar su experiencia, era en su trabajo diario, por tanto, este hombre, hacia todos los días lo mismo, trabajar, sacar las averías y poner las maquinas en funcionamiento, y luego algunas risas y charlas, porque todo trabajo que no se pueda charlar, no es tan ameno. Pero él hoy, había llegado al puesto de ella, y cuando la vio, como apenas tenía contacto con ella, pues lo que hizo fue sencillo.


Hay que indicar que cuando el bar no tenía la oferta congelada, era como cualquier otro bar de las costas de este país, es decir estaba normalmente medio lleno, pero cuando sonaba la bocina que alertaba de la hora congelada desde el altavoz que tenían encima del tejado, ese sonido indicaba a todas las personas que se encontraban alrededor en una circunferencia de más de seis cientos metros, que movieran sus cuerpos, que una avalancha humana se dirigiera sedienta y con ganas de tener entre sus manos cualquier bebida que pidieran pero que no se derretiría en una hora, todo bajo certificación de sanidad y de todas las autoridades sanitarias y de alimentación, así que, hoy solo hacía falta que funcionara correctamente y no lo estaba haciendo, por ello cuando el mecánico llego, a ella se le ilumino un poco su rostro, más bien sus ojos, porque no era uno de los críos que hay en mantenimiento, que solo van a verla por su hermoso cuerpo, que les hace que sus hormonas se aceleren, y sin embargo en este caso, el hombre no era uno de esos críos, era él, el que iba a realizar la obra de que ella no parara de trabajar en al menos una hora como nadie, porque eso sí, nunca se había visto servir tanta copa, tanta bebida y tanto refresco con una naturalidad y rapidez que ni cuatro bármanes especializados podrían hacerlo.


Entro en la caseta y cuando la vio a ella, no pudo hacer otra cosa que quedarse mirándola como estaba ella, apoyada con sus brazos y codos en la barra del bar, con sus piernas algo separadas y con ese trasero que insinuaba que estaba relajada y tranquila, aunque el rostro de ella estuviera fijado en la vista de las olas del mar.


Ver a una mujer, en esa posé hace que cualquier problema que haya en el mundo, pueda esperar al menos unos minutos, para poder contemplar la belleza de mujer, esa belleza de cuerpo y esa belleza de silueta que en otro momento pudiera ser la diosa del Amor, pero en este momento era la diosa de la barra del bar.


Ella noto como si alguien la mirara todo su cuerpo, y giro su cuello un poco, para que su melena le hiciera de velo en su rostro pero pudiendo ver como un hombre de unos cuarenta y tanto años, le estuviera mirando con ojos de deseo pero sin demostrarlo, y entonces apartándose con un dedo un mechón de su melena, le dijo:
―Ahora vienes, muy bonito, ¿y por qué no te pones a hacer lo que te ha mandado el jefe en vez de estar mirándome y desnudándome con tu mirada?
―Joer, como eres. No dejas que un hombre se dé un descanso y contemple la belleza de tu silueta, en fin, sabes cómo cortar mis pensamientos pecaminosos por tu cuerpo, mujer. Ains.
―Tú mira lo que tengas que mirar, pero solo te digo una cosa, tengo parada la barra, porque como veras, no hay nadie pidiendo, y en pocos minutos, esto debería de estar lleno no, lo siguiente, así que, ponte a realizar tu trabajo y cuando acabes, colapsado, que no se pudiera ver la barra de tanta gente pidiendo, así que, ponte a ello, y cuando acabes me lo dices, para firmarte el parte, de que lo has conseguido, porque los hielos no se fabrican en cinco minutos, y al menos, hoy tardaré una hora más en sacar la hora congelada, y como vengan quejándose los clientes, te aviso que yo no me voy a comer la bronca del jefe, eso serás tú, que te avise esta mañana a las 11 de la mañana, te recuerdo.
―Vale, vale, me pongo con ello, pero tranquila, que he estado toda la mañana en casa del jefe, con un problema con una misma máquina que la que tienes aquí, y allí si era problemático, porque no se a quien se le ocurrió poner ginebra en el conducto de aire que alimenta la máquina, y casi la rompe entera.



Y con estas palabras bonitas entre mujer y hombre, el hombre mirando todavía el cuerpo de la mujer, que tenía solo la camiseta con el logotipo de la marca de bares y con una braguita de bikini puesta, pues se puso a sacar las herramientas que llevaba en su bolsa de trabajo, y se puso a meterse por entre el único espacio posible para poder entrar a donde estaba conectada dicha máquina. La verdad es que no estaba de un acceso fácil, por tanto, se tuvo que tumbar boca arriba y entrar casi en menos de 40 centímetros de espacio entre las máquinas, para así poder acceder, y en eso que le pidió a ella que le acercara la linterna, porque con tanta maquina en funcionamiento, tanto de neveras como de congeladores, eso estaba bastante oscuro, así que le dijo desde su posición:
―Alisa, cielo, ¿me haces el favor de acercarme la linterna que tengo en mi bolso, y me harías un hombre?.
―Ains, estos hombres maduros, que no saben tener sus herramientas cerca de ellas. Valeeee, te la acerco, pero no pidas más que como te deje que me pidas, eres capaz de pedirme hasta matrimonios.
―Jajajaja, no seas mala Alisa, que sabes que tienes a media empresa detrás tuya, y yo sé que nunca te fijarías en un maduro como yo, teniendo a tanto jovencito y cuerpos danone de los que reparten las mercancías o te traen las máquinas, así que, pásame la linterna y así empiezo a arreglar esto, que madre mía, aquí se podría crear un submundo nuevo, jajajaja.
―Jajajaja, mira que eres zalamero, joioooo, pero si yo a esos críos paso olímpicamente, que son eso, críos llenos de hormonas y no saben valorar a una mujer. Tú al menos, eres un caballero, aunque ahora, la verdad, la posición en la que estas, no te veo muy caballero, jajajaja. Andaaaa, toma, y empieza ya, que tengo que vigilar que no venga nadie y te vea metido aquí, debajo, entre mis piernas.
―¿Que dices Alisa? Jajajaja, ¿qué estoy entre tus piernas y yo sin saberlo ni verlo?, Eres mala, muy mala, jajajaja. El sueño de todo hombre, estar entre las piernas de una mujer, y más en esta pose, y yo sin poder verlo, jajajaja.
―¿Qué te creías que te iba a dar la linterna e irme a otro lado?, jajajaja, no, esto no se tiene todos los días en la vida de una mujer trabajadora, a un hombre tumbado debajo de ella, y arreglando las tuberías de una máquina para hacerla feliz, jajajaja, así que, alee, dale a donde tengas que darle, pero hazme feliz, que esto no volverá a pasarme en este año, jajajaja.
―Alisa, eres mala, no, eres peor. Jajajaja, solo de pensar en que estas encima mía, con las piernas abiertas, y apoyada con tus brazos y codos en la barra, me hace no concentrarme, jajajaja, anda, anda, voy a arreglar esto, antes de que algo de mi cuerpo quiera saludarte.
―Jajajaja, ahhhhhh, ¿pero todavía te funciona?, jajajaja, entonces con más motivo no me quito de aquí, jajajaja, que quiero ver si tiene vida alguna parte de tu cuerpo por mi culpa, jajajaja.
―Jajajaja, mala, mala, mala, eso es lo que eres, con lo buena que estas, y haces que un hombre esté en una posición indecorosa en la que ya he soñado más de miles de veces de estar para ti, porque eres el sueño erótico de muchos hombres, que lo sepas, jajajaja.



Y con esta charla tan amena, distendida, coloquial y riéndose los dos, siguieron con lo que hacían, pero claro, el hombre se puso a arreglar la máquina, casi riéndose, con la linterna y así pudiendo hacer sus apaños. Pero Alisa estaba hoy algo juguetona, y con esa conversación, pues quiso hacer algo más excitante, sabiendo que ese hombre siempre la había tratado como lo que es, una mujer, una compañera de trabajo, y nunca, aparte de sus bromas en las conversaciones, nunca le había faltado el respeto, no como otros compañeros, que incluso por causa de sus hormonas le habían dicho de irse al almacén para dar placer a sus cuerpos, vamos, lo típico en veinteañeros hormonados hasta las cejas y verla a ella, que con sus treinta y tantos, se conservaba como una veinteañera.


Y claro, ¿qué hace una mujer para calentar a un hombre, si el hombre está en una posición en la cual, apenas la ve, pero la siente, si las piernas de ella están cada una rozando ambos lados de la cadera de él? Pues muy fácil, ponerse abierta de piernas, cada una, rozando el costado de ese cuerpo de hombre, pero sin llegar a oprimir nada, solo el roce era suficiente. Y él no podía hacer otra cosa que intentar acabar el trabajo y poder salir de ese agujero en el que estaba para así darle una charla mientras hacen las pruebas de congelación de hielo y poder seguir con su trabajo diario de arreglar máquinas. Pero Alisa estaba moviendo lentamente uno de sus pies, por el lateral de la cadera de él, y claro, como no paraba de reírse él, pues ella, fijando la mirada en el horizonte de las olas del mar de la playa, y a la vez, sabiendo que no llegaba ningún posible cliente, se dejó que su mente hiciera acto de presencia.


Su compañero mecánico, seguía trabajando, por tanto, ella sin darse cuenta, entro en un sueño con los ojos abiertos del cual, la verdad, estaba hasta cómoda y a gusto. Empezó a sentir que su cuerpo se relajaba, aunque estuviera en una posición algo extraña para relajarse, pero ella hacia yoga y tantra, por ello sabia como dejar que su cuerpo se relajará en cualquier posición, así que ella se relajó, y su mente hizo algo que nunca se esperaría, la condujo a un lugar extraño pero conocida por ella.


Seguía estando en esa barra de dicho bar de playa, pero esta vez no había gente en la arena, tumbados en la playa, y no había nadie alrededor, por tanto, ella solo estaba en ese lugar, y noto como unos dedos empezaban a acariciar sus talones y sus pies, suavemente, para parecer una delicada caricia. Le gustaba esa sensación, ya que Alisa siempre ha deseado que le acaricien los pies, y de una manera relajada. Estaba con esa sensación cuando notaba que esos dedos y con la palma de cada mano, acariciando cada pierna, por lo que empezó a notar como iban subiendo por detrás, masajeando sus gemelos, y lentamente iba notando como esa caricia se convertía en una sedosa y relajante suavidad que iba transmitiendo pulsaciones a su cerebro para que ella sola estuviera en un trance relajado pero a la vez excitante.


Esas manos subían cada vez más lentamente hasta llegar a sus muslos, lo que hizo que ella sola separara un poco más sus piernas, porque le estaba gustando, y además su cerebro le hacía que sintiera esos dedos por cada poro de su piel, de tal forma que solo con llegar una de esas manos a los cachetes de su culo, saliera de la boca de ella un gemido.


Pero ella sabía que eso era un sueño, y como no quería despertar de lo cómoda que estaba, siguió sintiendo como esos dedos se metían dentro de su braguita de bikini, para así, uno de ellos llegara a los pliegues de sus cachetes, y otros llegaran a los pliegues de sus labios, notando como esos dedos gordos pero finos a la vez, iban mojando, iban jugando con sus labios, de tal forma que ella se dejó hacer y recibir.


Sentía Alisa como varios dedos jugaban ahora con sus labios, con su clítoris, que estaba algo endurecido y mientras algún que otro dedo entraba y salía entre los labios, por todo el fluido que tenía en dicha zona, notaba como otros dedos apartaban la parte delantera de su braguita para dejar que una lengua caliente y jugosa tocara y lamiera sus labios y su clítoris.


Ella estaba empezando a gemir del placer, ya que esa sensación que te empiecen a lamer es una de las delicias que ella siempre había querido tener en su vida sexual, pero que por unos motivos u otros, nunca se lo habían hecho de tal manera, con esa delicadeza pero sin parar de tomar cada milímetro de su piel por esa lengua, solo algunos saben dar esas caricias, ya que casi siempre es un par de lamidas, y comprobar que esta húmeda para pensar rápido en que esta lista y preparada para una penetración, pero esta lengua no lo estaba haciendo así, ya que le daba con tanta delicadeza y el placer de sentir que ese musculo bucal la recorría lentamente cada labio suyo y su clítoris dándole esos espasmos que suelen dar si se sabe tocar correctamente y que pocas lenguas saben transmitirlo, hasta que noto como una de las manos que estaba jugando con los cachetes de su culo, la aprisiono y la empujo hacia delante, mientras esa lengua, la lamia, comía y absorbía todo lo que se encontraba por el camino que recorría, y no pudo hacer otra cosa que disfrutar de aquella juguetona sensación, ya que no todos los días tenía el placer de tener esa sensación que toda mujer en este mundo tiene derecho a experimentar.


La notaba como iba a su entrada y se metía dentro, para luego toda dura, salía y subía lentamente hasta llegar a su botoncito y darle un golpe de abajo hacia arriba, que solo con ese movimiento, la electricidad que produjo en su cuerpo, le subió desde coxis hasta sus cervicales, recorriendo toda su espina dorsal y haciendo que automáticamente sus pezones se pusieran duros, pero que encima al bajar de nuevo esa electricidad se plasmara en un resurgir de espasmos dentro de ella, que la hicieron tener una riada de jugos dentro de su vagina, y que además de tenerla muy mojada, quisiera que siguiera, pero no hacía falta decirle a esa lengua que lo repitiera, porque de nuevo bajo a la entrada de ella, se metió para mojarse más con sus jugos y volver a salir de ella, esta vez con ese manjar que tenía ella dentro, para volver a subir por sus labios y darle de nuevo un golpe duro y enérgico en su clítoris, de abajo hacia arriba, para que nuevamente esa electricidad que ya había sentido en todo su cuerpo, se realizara nuevamente, y así lo sintió varias veces, hasta que tuvo que agarrarse a la barra con sus brazos, y con sus gemidos que le salían de su boca, tuvo que hacer que no pasara nada, pero su cuerpo experimento un fuerte y mojado orgasmo.


Con ese orgasmo, ella misma se despertó del sueño en el que estaba, porque lo había vivido tan intensamente y no se creía que pudiera haber sido un sueño.


Miro alrededor, pero todo el mundo estaba en sus toallas, tumbados, o jugando en la playa, por tanto, nadie la había notado ni gemidos ni ruidos, de todas formas, la música de fondo que tenía el bar puesta, pues tampoco le dejaba que la hubieran oído cualquier gemido.


Al comprobar que el resto del mundo que estaba en esa playa, no se habían cambiado de posición, y tras comprobar que su compañero de mantenimiento seguía en la posición que lo había dejado escasos instantes, metido entre las máquinas, arreglando la que estaba estropeada, pues pensó que vaya pedazo de sueño había tenido, tan intenso y tan caliente, tan excitante y tan real. Aunque si es cierto que lo había sentido en su cuerpo, que incluso miro su pecho para comprobar que sus pezones estuvieran tranquilos, pero no lo estaban, ya que estaban duros, y se le marcaban un poco en la camiseta negra que tenía puesta aunque llevara sujetador, pero había traspasado ligeramente la erección de dichos pezones, por lo que quiso comprobar si su braguita estaba en su sitio y no estaba mojada, por lo que se separó de la posición en la que estaba y noto que estaba como antes de que llegara su compañero, es decir, puesta normal, pero si noto que estaba algo mojada.


Ella, Alisa, entonces pensó que vaya sueño que había tenido, que la había hecho mojarse pero como estaba a gusto, y como seguía su compañero metido entre las maquinas, le pregunto para saber si había sido o no, un sueño:
―Nene, ¿te queda mucho todavía?
―Alisa, cielo, creo que en unos diez minutos, esto lo acabo, que ya estoy reparando el problema, pero no le metas prisa a un hombre cuando está metido entre máquinas, que eso es lo peor que le puedes hacer. Mujer, ni que tuvieras que correr para irte al baño, o si tienes que hacerlo, ya me salgo yo de aquí, y vigilo el puesto, pero si eres capaz de aguantar diez minutos, acabo y te vigilo el puesto de la barra.
―No, tranquilo, si no tengo ganas de ir al baño. Solo quería saber si tenías para mucho rato o si solo estas entretenido con tus cables y manguitos y tuercas. Jajajaja. Anda, acaba, que te voy a preparar un coctel de los míos, para que te lleves un buen sabor de boca de este trabajo tan “digno” que me estás haciendo en la máquina. Jajajaja.
―¿Serás puñetera? Jajajaja, y me dice un trabajo “digno”, jajajaja, anda, déjame que acabe, que ya estoy haciendo los últimos cambios de tubos. Jajajaja, que tía, jajajaja.



La respuesta de su compañero, la hizo pensar que había sido un sueño, pero vaya sueño, toda mojada que estaba ella, y ese hombre no le había ni tocado, no porque no quisiera, sino porque estaba metido medio cuerpo dentro de ese hueco entre las máquinas, y claro, no había posibilidad de que le hubiera hecho nada de aquello que ella había sentido en su cuerpo, o por lo menos, lo había soñado y sus subconsciente le había hecho creer que se lo habían hecho.


Por tanto Alisa, se puso de nuevo en la misma posición en la que había comenzado a soñar, y volvió a meterse en ese placer que había obtenido, porque como le había gustado, quería saber en qué acabaría, total, eran solo diez minutos, y eso no es nada en un sueño, o ¿sí lo era?


Se había quedado en que el juego de esa lengua le estaba haciendo, pero claro, volvió a notar como esa lengua, jugaba con su clítoris, con su entrada y con sus labios, y volvió a sentir como su cuerpo se estremecía con cada lamida hábil de dicha lengua, pero noto como un par de dedos entraban en ella cuando no estaba la lengua, y eso la hizo arquear un poco más su espalda, para así sacar su culo hacia afuera, y con la entrada de esos dedos, noto como uno de ellos, el más largo rozaba su pared vaginal, justo en la parte rugosa y que lo hacía tan lentamente que cada caricia que le daba dicho dedo en esa parte, ella la sentía en todo su cuerpo, esos movimientos lentos hacían que todo su cuerpo se retorciera de placer, tanto que noto como la electrificaban de nuevo su espalda, pero no quería parar, y notando como esa mano que estaba en su culo, la hacía que volviera a poner su cadera casi pegada al hueco que había entre las dos máquinas, mientras uno de los dedos de esa mano se metía entre sus cachetes para estimular su esfínter, ella no pudo aguantar por más, y le empezaron a temblar las piernas. Estaba naciendo dentro de su vagina un nuevo río de jugos, estaba naciendo un nuevo huracán de explosión que la transmitía ese placer que tenia de vez en cuando, cuando en sus momentos íntimos, se masturbaba y llegaba a su clímax. Estaba naciendo un nuevo orgasmo dentro de ella, pero esta vez quería aguantar más que antes, y se agarró a la barra, para seguir sintiendo como esos dedos que estaban dentro de ella, le daban placer entrando y saliendo más rápidamente, y como ese dedo que estaba en la entrada de su esfínter, le relajaba de tal manera, que hasta lo dejo entrar un poco, aunque no le gustaba que la tocaran ahí, pero el placer que estaba experimentando no quería que acabara, y más cuando la lengua volvió a darle esos martillazos en su clítoris.


Estaba a punto de soltar casi un gemido en forma de alarido, pero quería aguantar. Sus músculos de sus piernas, estaban tensos. Los músculos de su vagina empezaron a tensarse aún más. Sus pezones estaban duros, como sus senos. Alisa no aguantaba más pero le decía a su mente que aguantará, quería saber hasta dónde podía llegar.


Esa mano que la estaba perforando ahora en movimientos como un pistón hidráulico, entrando y saliendo, le hacían que de su vagina salieran o cayeran un líquido blanquecino, tanto, que ella se sentía en un derrame de jugos internos, y cuando ya no aguanto más, apretó todo su cuerpo, y moviendo su cabeza hacia abajo, para cerrar sus ojos y no ver nada, solo sentir, su cuerpo exploto en un fuerte orgasmo, tanto que la dejo temblando sus piernas y parte de su trasero y vientre más de un minuto.


Levanto la cabeza y abriendo los ojos, vio todo en calma, como si no hubiera pasado nada. Todo el mundo que estaba en la playa, seguía con lo que hacían, es decir, tumbados y puestos como boquerones en una parrilla.


Alisa entonces volvió a bajar su cabeza para ver si seguía su compañero tumbado, pero esta vez no se encontraba entre las dos máquinas. Giro entonces su cabeza de un lado hacia otro, para ver si estaba dentro de la barra, pero no se encontraba. Se giró hacia atrás, para ver si estaba detrás de ella, o dentro del almacén, pero no se encontraba. Aunque vio un papel encima de la caja registradora, y cuando fue a ver qué papel era, vio la factura de la reparación, y una nota al lado que la hizo quedarse con cara de asombro.


Le indicaba lo siguiente:
“Alisa, cielo, la maquina ya funciona.
Me he tenido que ir rápido porque ha surgido un problema en uno de los bares de la cadena, y es grave.
Otra cosa, mañana te traigo tu braguita que la has dejado completamente empapada de tus jugos, y no te preocupes, te he puesto un pantalón corto del uniforme de invierno, que he visto en el almacén, ya que no quería que te quedaras con el culo al aire, tras esos dos maravillosos orgasmos que me has regalado en mi boca.
Y no, no ha sido un sueño, pero un maduro sabe cómo dar placer a una Mujer como tú, solo que soy discreto. Si quieres, me llamas al móvil, si te queda alguna duda, y no te preocupes, nadie se ha enterado en la playa de lo que has soñado, así que, espero que te vaya bien la hora congelada.
Por cierto, me debes ese cóctel, pero si quieres, me lo haces un día que libremos los dos, porque el buen sabor de boca si me lo has dado, pero el coctel no.
Un beso guapa Alisa”.



Y ella, sin saber qué hacer, lo único que hizo fue levantarse un poco la camiseta y comprobar que sí, tenía puesto un pantalón corto, el que utilizan de uniforme de invierno, pero no sabía cómo se lo había puesto, si ella solo sintió un fuerte y enérgico orgasmo como nunca un hombre en su vida se lo había dado.


Alisa se quedó pensando un rato, de cómo era posible que su compañero, le hubiera hecho todo eso, mientras se suponía que estaba arreglando la máquina de hacer cubitos de hielo, y lo más importante, ese hombre como podía haberle dado tanto placer si ella lo había sentido como si fuera un sueño.


Con ese pensamiento, noto que la máquina de hielos, estaba preparada para realizar esos cubitos de hielos, y se puso a preparar todo, para la hora de congelación, y pudo concentrarse en dicha labor eso sí, notaba que sus piernas estaban cansadas y seguían temblando, aunque su cuerpo estaba como si le hubiera pasado una apisonadora, pero ¿fue un sueño o fue real lo que vivió y noto su cuerpo?, todo esto la tenía algo descolocada mentalmente, pero no afecto en su trabajo, ya que ante todo, Alisa, es una profesional.


Fin de la primera parte.
Nov. 12, 2017, 8:52 p.m. 1 Report Embed 1
Read next chapter Segunda parte. Final Primero.

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BL Begoña Llamas
Caliente, muy caliente
Jan. 11, 2018, 8:11 p.m.
~

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