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La sensualidad de su anfitrión es algo que Lyze no puede resistir. Ni quiere.


Erotic For over 18 only.

#Heiko #Lyze #Equinoccio a Solsticio #desilusión #amor #Romance
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Fantasía

—¿Dónde estoy? —dijo llevando la mano al pecho para aminorar sus latidos, por un momento desconoció el lugar

En silencio, Lyze, se sentó a la orilla de la cama.

—Por supuesto —se dijo— en la habitación de Heiko —.Agatha era demasiado ruidosa, no entendía como la soportaban, haciendo preguntas tontas, siempre afirmando y dando la razón a los demás. Era un fastidio ser su guarda espaldas, sin mencionar aburrido.

Lyze se había excusado diciendo que Heiko le había pedido ordenar algunas cosas, era cierto y además él mismo le había ofrecido su habitación como refugio a sus hermanos, le había dicho que a ninguno le gustaba ir allí, no era difícil imaginar por qué, para pasar primero había que atravesar el estudio llenó de frascos con venenos varios y un pequeño recibidor donde estaba su baño particular. Heiko había convertido uno de los salones de baile de la mansión en un pequeño apartamento en el segundo piso.

A él le pareció divertida su disponibilidad y por esa razón le había permitido usarlo si lo necesitaba, sin embargo ella cuidaba de ir solo cuando él no estaba, sería peligroso de otra manera.

Bostezó. La habitación era casi tan grande como el estudio, con una gran cama acomodada en el centro con sábanas blancas, un tocador con un espejo blanco y negro frente a la cama y un buró al lado de ésta con el mismo monocromo patrón, un closet y una puerta de cristal corrediza que daba a un pequeño y escondido balcón. En su opinión parecía de esos cuartos en los que graban escenas pornográficas para internet.

«Cómo si Heiko fuera de esa clase de persona» pensó riendo.

Era tarde, la chica se estiró un poco, se acomodó la falda del vestido rojo y salió de la habitación al recibidor que era una verdadera suite de lujo; en miniatura claro, el espacio tan poco era tan grande, mentira sí lo era «¿cómo habrá hecho para acomodar todo»; había una sala formada por unos dos sillones, una pantalla plana y una mesa de centro, a la derecha se hallaba una micro cantina junto a un gran ventana que estaba en lugar de una pared, al fondo la puerta que daba al estudio y el baño a la izquierda, de alguna manera la luz que entraba por la ventana le daba un toque singular a todo el conjunto.

Admirando el atardecer, un destello llamó su atención, provenía de la mesa de centro, era un vaso de vidrio con algunos hielos.

Un vaso con hielos.

—Eso no estaba aquí cuando llegué…

Se quedó fría. De pronto se percató del sonido del agua corriendo a su izquierda.

—Rayos —se murmuró, un rápido vistazo a la sala lo confirmó, la ropa aventada en el mueble le indico que en cuanto entró, el hombre se desvistió y fue directo a la ducha; internamente se agradeció el haberse quitado los zapatos de tacón para no hacer ruido— rayos ¿por qué llegó tan temprano?, todavía no anochece, está bien Lyze cálmate aún no sabe que estás aquí —se dijo.

Solo debía apresurarse y salir del lugar. El sonido del agua se detuvo, no llegaría a tiempo a la salida; demasiado nerviosa para pensar en algo entró a la habitación de nuevo «Que estúpida, que estúpida, es su cuarto ¿ por qué no habría de entrar después de ducharse?» La encontraría, no tenía excusa alguna ni la energía para enfrentarlo en el momento, tanto tiempo retándolo, siguiendo sus juegos, no iba a durar para siempre, no es amabilidad, él solo quiere información. Sus encuentros rara vez eran físicos pero, igual desgastantes, las miradas silenciosas buscando el control del otro, sin hablar, sin tocar, sin moverse, era la presión de quien se rinde primero, demasiada tensión para manejar esa tarde, de ser posible saldría sin causar conmoción alguna.

Los minutos pasaron. Uno. Dos. Tres. Cinco. Está bien, tal vez no iba a entrar a su cuarto, era su oportunidad. Si él aún seguía en la ducha ella podría salir sigilosamente por el estudio y nadie diría nada, como si nunca hubiera estado ahí.

Una vez armada de valor abrió un poco la puerta para analizar la situación, no vio a nadie, abrió la puerta un poco más, recorrió la estancia con la mirada y se detuvo, él estaba ahí.

Cerró la puerta, inhaló y exhaló, inhaló y exhaló, necesitaba aire, la imagen nítida de él palpitaba en su mente. Debía huir, saldría por la ventana, sí eso haría, de inmediato abrió la puerta. Su cuerpo la traicionó vilmente. Para su alivio y ¿emoción? el aún se hallaba ahí, de pie, de espaldas a ella, miraba la ventana perdido en sus pensamientos, una pequeña toalla blanca colgaba de su cuello, deteniendo en vano las gotitas de agua que escurrían de su cabello mojado y llegaban al suelo; la única prenda que cubría su pálida piel.

Su delineada figura la capturó por completo; con voracidad lo miro, lo recorrió con los ojos memorizando cada detalle, cada músculo que no estaba tan definido, su espalda no tan ancha pero varonil, lo saboreó completo desde su cabello castaño casi rubio hasta el talón de sus pies. Las heridas finalmente habían desaparecido.

Lo veía todos los días, pero no así. Siempre intimidante, siempre posesivo y agresivo nunca se había permitido admirarlo, no como ahora.

Heiko dio unos pasos hacia atrás, agarró el vaso y se sirvió de una de las botellas de la mini cantina.

Lyze se tapó la boca. Por poco y hace la estupidez de pedirle que no se moviera.

Esa era su oportunidad, otra vez, así distraído no la notaría.

La puerta seguía abierta, él distraído.

Heiko dio un sorbo al vaso y lo dejó, se acomodó de espaldas a la cantina quedando en una posición ideal sin saberlo, lamió de sus dedos los restos de la fría agua del vaso, Lyze tenía una mano peligrosamente apretando uno de sus muslos, hacía calor.

Verlo lamer así sus dedos, observando su cuerpo ahora de frente completamente desnudo. No podía dejar de mirarlo. No iba a dejar de mirarlo.

Su rostro reflejaba tranquilidad, Heiko cerró los ojos, su mano izquierda peino su cabello, bajo por su cara rozando su mejilla y para sorpresa de la chica toco su pecho, se delineo a si mismo lentamente, bajando, sintiendo, bajando... bajando... tocando y subiendo de nuevo, despacio hizo el mismo recorrido, esta vez llegando más abajo, dibujando su torso, pasando la base del abdomen, bajando, desviándose por su pierna, moviendo sus dedos siguiendo líneas invisibles en su muslo, acercándose al interior de este, queriendo tocarse. Verlo mover los dedos sobre su propio cuerpo encendió a Lyze de inmediato, ese vampiro tan serio, tan reservado estaba tocándose frente a ella, disfrutándolo por completo.

Lyze juntó sus piernas, se frotó, la ansiedad corría por sus venas furiosas, sus piernas temblaban mientras el hombre se recorría a si mismo con sus dedos, la chica deslizó su mano bajo el vestido, dentro de la ropa interior, él se detenía, ella también, él se acariciaba las piernas, los muslos el abdomen, tentándose, centrado en sus propias sensaciones, ella atenta a él, a sus gestos, a sus gemidos, a su todo, no paso mucho tiempo, su miembro endurecido se levantó, Lyze separó un poco las piernas para dejar que su mano se moviera con facilidad, «demonios estaba en una posición tan incómoda», se recargó en el marco de la puerta, si Heiko abría los ojos la vería de inmediato, pero ya no importaba, su entera atención estaba en los movimientos del hombre, en su miembro firme y duro, en la mano que finalmente se rozó, acariciándose, en la gotita de blanca leche que brilló en la punta, Lyze quitó sus dedos húmedos de la entrepierna y los lamió, ojala pudiera ir y quitar esa gota con su lengua.

Heiko abrió los ojos sin mirarla a ella, dejó que el líquido se quedara en sus dedos y toco una vez más el extremo para tomarse después con la mano completa en un rítmico movimiento circular adelante y atrás. Lyze pensó que al contacto seria rápido y violento, en cambio resulto ser un toque lento, su mano lo recorría completo desde la base del abdomen hasta llegar a la punta, jalándose levemente, pero no era gentil consigo mismo se presionaba con fuerza, gimiendo, jadeando, respirando con dificultad, mas rudo de lo que ella hubiera podido hacerle, se estaba llevando justamente a donde quería llegar.

Sus gemidos eran sutiles pero constantes, Lyze introdujo dos dedos en sí misma imaginándolo a él, imaginando sus manos varoniles sobre ella, sometiéndola, sosteniéndola, recorriendo su cuerpo así como ella misma lo hacía, se imaginó su lengua lamiendo sus pechos, sus colmillos mordiendo sus pezones, sus caderas chocando, su voz susurrándole en el oído, él dentro de ella, se imaginó siendo suya por completo dejando que él hiciese lo que quisiera con ella, con su cuerpo.

Se imaginó siendo ella la que lo estaba complaciendo en ese momento, ser ella la que estuviera a sus pies tocándolo, lamiéndolo, masajeando cada parte de su piel, besando su pecho, sus labios…

Desde la puerta Lyze lo seguía atenta, impaciente, quería que llegara, sabía que estaba a punto de hacerlo, Heiko no había dejado de mirarse, su pecho se movía con rapidez, la mano subía de intensidad, cada vez más aprisa, su otra mano se colocó en su frente sosteniendo algunos mechones, arqueo la espalda levemente recargándose no completamente en la pared, moviendo su cabeza hacia atrás, levantando la cadera, agitado, buscaba aire entre cada gemido y pequeño grito que escapaba de su garganta extasiada, a la distancia ella podía ver lo duro que estaba, la fuerza con la que se apretaba, la furia con que se jalaba, necesitaba desesperadamente llegar al clímax.

Sus músculos se tensaron, callada, sin distraerse, hipnotizada por la ardiente imagen de él lo disfruto completamente, sin perderse un solo momento, no se perdió cada instante en que el movió su cadera hacia adelante en conjunción con su voz diciendo 'si' repetidamente, cada segundo que su mano frenéticamente se movía mientras embestía al aire intensamente, dejando salir brillante y blanquecino néctar llenándose de éste, manchando el piso. Hasta que finalmente se soltó. Tenía una clara sonrisa de satisfacción, terminó recargándose por completo en la pared, recuperándose, respirando lento con manos temblorosas, poco a poco su pecho se calmó. Con ambos brazos a su costado cerro los ojos y descanso algunos minutos.

Casi había llegado la noche, los pocos rayos de luz solar que quedaban eran lo único que iluminaba el recibidor, era casi como observar una pintura, era imposible que fuera real, pensaba Lyze; el hombre de quien se había enamorado allí recargado en la pared tomando lentamente de un vaso, las gotas de sudor resplandecían con la luz de la ventana cual diminutos diamantes en su pecho, resbalando por su abdomen.

—¿Disfrutas la vista?

—¿Qué… —Heiko uso una mano para aprisionar las de Lyze encima de su cabeza— Heiko yo…

—No te he dado permiso para usar mi nombre a secas —dijo mostrando los colmillos en una sonrisa— ¿cómo debería castigarte?

—Ya… ¿ya dejamos las formalidades Heiko? —estaba demasiado cerca.

El vampiro acercó el rostro a su pecho descubierto y lo mordió con fuerza. Lyze se tragó el dolor, no tenía fuerzas para quitárselo de encima y lo más importante, no quería.

Sorpresivamente Heiko no bebió demasiado, en verdad, Lyze esperaba desmayarse por pérdida de sangre.

Sin hablar, el joven cerró la puerta de su habitación dejando a la chica afuera.

Pasaron unos minutos, Lyze se acomodó como pudo la ropa antes de que Heiko volviera a salir por esa puerta.

¿Qué acaba de pasar? Todavía no acababa de registrarlo en su mente cuando Heiko apareció.

¿Y ahora qué? ¿Qué podría decirle? Es más ¿por qué demonios seguía ahí?

El sonido de alguien tocando la puerta deshizo el incómodo silencio que se había formado.

—Señorita Agatha —dijo Heiko.

Agatha llegó con un vestido entallado que resaltaba la poca figura que tenía.

—Joven Heiko prometió acompañarme esta noche a la cena ¿recuerda?

—Por supuesto, ¿por qué no me espera en la entrada? Dejo algunos papeles firmados y nos vamos, le explicaba a la señorita como acomodarlos ¿cierto?

—S… sí —era una suerte que Agatha no fuera tan fijada en este tipo de cosas pensó para así Lyze, o habría notado su nerviosismo.

Agatha asintió y se fue tarareando.

—Sí espero que acomode los papeles señorita Lyze y…— dijo pasándole un bonche de hojas— hay que hacerlo juntos la próxima vez.

Lyze sonrió.

—Que cruel, ¿intenta emocionarme aun cuando no puedo tenerlo? Sabe que si ella se entera perderá todo.

Heiko tomó las manos de la chica y la besó en los labios.

—No puedo…

—Lo sé.

La conversación se detuvo ahí. Al final de la noche Lyze sabe que Heiko nunca dejara que ella se interponga en sus intereses. Eso está bien. Ella nunca lo perdonaría si lo hiciera.

Oct. 8, 2017, 2:06 a.m. 0 Comments Report Embed 1
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