Basura Punk Follow story

jj Mick J

Nos llaman drogadictos, peleadores, flojos, estúpidos, imbéciles y culeadores. Pues la verdad, es que es cierto. Me vale un bledo como nos catalogan, a nosotros los Punks no nos interesa.


Drama Not for children under 13.

#Punk #Humor Absurdo #Capitalismo #Regeton #Drogas #Estupidez
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El inicio del caos

Ustedes, los cerdos capitalistas, ovejas esclavizadas, son solo la prole del sistema, son apenas una extremidad, un simple pulgar. Son títeres para los lideres quienes se alzan izando la falsa bandera del amor y la honestidad. Se tragan la basura de los noticieros desde el mugriento sofá mientras que devoran patatas fritas. ¿Es que no se dan cuenta? Ya están muertos. Descuiden. Nosotros los Punks cambiaremos esto, traeremos la revolución. Yo, Juan, me declaro líder de esta revolución. Yo y mis tres compañeros haremos ascender el féretro del punk y lo reviviremos como el mismo Jesucristo. Este sistema de mierda caerá.

Los rumores parecían ciertos. Una fiesta de regetoneros y chonis se celebraría en Banhouber, la ciudad de zinc ¿Quien lo diría?. Aquellos sí son los verdaderos flojos e inútiles, las escorias del sistema. Solo faltaban unas hora para la faena de golpisas. Nos estábamos preparando en el taller del padre de Jaime, cual llamábamos el centro de comando Punk.

Tomábamos unas pintas encima de la ruñosa caja fuerte del taller. En el cuarto apenas cabíamos los tres, pero después de todo, la bocina nos embebía con la sinfonía celestial de Eskorbuto. El taller no tenia ni una alma a excepción de nosotros, el padre de Jaime lo había perdido con la crisis del 2008. Mejor para nosotros, si no ¿donde seria nuestro cuartel?

-Esto no sabe a cerveza-dije.

-Puff, se me paso. Tuve que comprar la barata-dijo Miguel.

-¿Barata? ¿Que diablos te pasa?

-Cálmate, por satan. Freír hamburguesas no me da lo suficiente para comprar la cerveza cool. Ademas, subieron el precio este año.

-Maldito país, todo es culpa del gobierno.

-Venga, tampoco le eches la culpa ¿Tu que haces para ganarte el pan?

-Que que hago. Pues soy el líder de este grupo, yo doy las ideas, imbécil. Sin mi no existieran ustedes.

Miguel frunció el ceño. Giro la cabeza y continuo bebiendo la bazofia que tenia la lata. Jaime nos había ignorado; sus auriculares aislaban los gritos de nuestra pelea.

-Jaime, Jaime, coño, Jaime- le dije mientras le quitaba los audífonos- Joder quítate esta mierda. Eso te esclaviza ¿sabes?

-Lo siento.

Le moví la chamarra accidentalmente y una pequeña bolsita de desplomo de uno de los bolsillos. Unas piedrecitas se desparramaron.

Eh espera, eso no parece coca.

-Es nuevo, te lo iba a mostrar hoy. Dicen que es la bomba,.

-Genial, dáselas a Miguel.

Terminamos la discusión y nos sentamos en unas sillas plegables en la parte frontal del taller. Las patas plásticas se deslizaban en los restos del aceite espeso en el suelo. A nuestro alrededor columnas de edificios simbioticados con pequeñas chimeneas industriales escupían humo. La ciudad tenia vida a pesar de los tonos grises y el aire sésil. Cajas y barriles eran cargados por camellos llamados “obreros”. Sus caras eran pobladas por barbas y llevaban un monótono atuendo de plástico, decían que era para “protegerse”, bah la burocracia.

-Miren a esos esclavos. Ovejas del redil.

-Al menos ganan algo- dijo Jaime.

-¿Que ganan? Más pierden en las horas gastadas de su vida en sus malditos trabajos. ¿No crees? Son como seres maquinales, si Dios...

-Satan- repuso Miguel.

-Pues Satan, coño. Él nos creo para vivir en los bosques, como los chimpancé. Follábamos, comíamos, dormíamos. Eramos felices. Pero... Mira... ¿Acaso somos humanos?

-No creo...-dijo Jaime con un tono casi inescuchable.

-No seas marica. Tienes que estar seguro de ser un Punk -hice la mano cornuta-. Esto, que ves es el futuro. Que esos babosos no te engañen. Pronto controlaremos el futuro.

Seguimos bebiendo la cerveza vomito. Los autos pasaban y nosotros seguíamos parloteando. Pasábamos la velada, pero cuando el sol moría fuimos trastocados por el espíritu originario del guerrero nihilista, de seguro que el indomable Albert Camus nos daría la victoria por primera vez. Agarramos unos bates de la casa de Michael y pintamos nuestras crestas puntiagudas de rojo súper escarlata. Vestimos las intocables chamarras y unos vaqueros malgastados.

Para cuando nos excitábamos con unos pocos snifeos de cocaína Miguel nos arrojo la extraña bolsita. La sonrisa que esbozaba era digna de un demente.

-Bam, hermano- dijo Miguel, apuntándome con los dos dedos indices.

- Vuelvo a preguntar ¿Que es esta mierda?

-Esa mierda, si la succionas te convertirás en un perro indomable. Bro, dicen que te manda al mismísimo infierno. ¿No lo habías visto antes? Joder, que son sales de baño.

-Con tal de que me pete, me lo meto por el culo.

Concordamos con que no succionaríamos las sales para estrenarlas en la noche. Proseguimos mascullando las sobras que quedaron del trabajo de Miguel. No sabia tan mal, unas hamburguesas rancias y una soda sin gas sirven para hacer dieta. La noche se hizo, los punks nacieron.


Perdíamos la esperanza. Dábamos vueltas por las estrechas calles de Banhouber y aun no parábamos de toparnos con edificios derruidos. De vez en cuando una rata se aproximaba al auto y aprovechábamos para atropellarla. Es divertido ver como los sesos salen despedidos; el neumático les comprimía el cerebro como naranjales.

Del mostrador de la carcasa oxidada de Miguel emanaban unos nubarrones de humo que nos asfixiaban. Tosíamos como demonios, nos ahogábamos. Aun así el humo no era suficiente para exterminar al nido de cucarachas debajo de los asientos. Les clavaba el trasero y saltaba encima del cojín, pero ninguna moría. Solo se asomaban para reírse y bailar de alegría. Me robaban los restos de patatas que me quedaban en el bolsillo. Podía escuchar como las malditas perreaban con el regeton debajo del cojín, no se si era por las anfetas, pero se los puedo jurar. Odiaba ver como bailaban y chocaban sus caderas contra sus entrepiernas, la algarabía era infernal. Tras eso reían, no cesaban, decían, bramaban mi nombre... las malditas... el enjambre crecía, aumentaba, era una bola chorreante de heces que se dirija en tumulto hacia... me llamaban, querían acariciar mi mejilla para unirme a su festín, no faltaría pronto, eran angelicales no me importaba como eran ellos me amaban, me proclamarían su rey omnipotente, seria el rey de las cuca, rey inmortal...

-Juan... Juan... Coño Juan llegamos.

-Ah, que, las cuca.

-Rápido, los regetoneros están perreando con la música de Bryan Myerz.

¿Como pueden tragarse esa música? No lo se. Es repetitiva, monótona, es la mierda. Es como si grabaran la diarrea de un yonqui en plena avenida. Mágicamente todos amaban la melodía y tal como mi sueño de el rey cuca, los “seres” chocaban contra las entrepiernas. Era como una profecía, solo que ya no quería ser el rey.

Sacudían las piernas sobre un lodazal pueril en medio de un desguasadero abandonado. Se las ingeniaron para traer un equipo de luces neon y unas bocinotas que ni mi papa en otra vida podría comprar. Esto claramente podía haber sido el inicio de la odisea Punk. Tiempos atrás los Punks hubieran estado aquí gobernando, escupiendo escupitajos de ácido, planeando el próximo golpe, moviendo las cabezas de arriba a abajo y abajo arriba. Moviendo los sesos al unisono al ritmo de The Clash.

Lastimosamente la realidad no era así. El lodazal o la “pisa de baile” albergaba a al multitud de puercos que se retorcian sobre el lodo. Y me vino otra vez el maldito olor a cerveza barata. ¿Es que ya nadie compra la mejor?

Nos metimos en la pista. Nos miraron feo. Una encrucijada de miradas formo una campaña bestial, Regetoneros vs Punks. De a suerte teníamos los bates escondidos dentro de nuestros uniformes, se dibujaban un poco pero los muy imbéciles no lo notaban.

-Es momento de estrenar las sales-dije.

-Ah¿No te escucho?

-Que me des la puta bolsa.

Snife la hija de puta esa. Joder. Me estampe hacia el firmamento de las estrellas cósmicas. Era un granito de arena en el universo, un alma. Figuras incongruentes e inconexas se tiñeron en mis retinas y se proyectaban como hologramas Cyberpunk. Ahora volví y caí en la tierra, en el infierno.

Mis ojos solo captaban el color sanguinolento. Sentí unas iras increíbles, quería despedazar a alguien por la mitad y comerme sus ojos hasta dejarlo sangrando por una vereda en un vertedero toxico de radiación electromagneticahipotemporal. Matar, golpear, coger. No me aguantaba. Tantísimos hijos de perra bailaban y daban codazos contra mis mejillas, me apartaban.

Cuando volví abrir los ojos ya había hundido el pico del bate de hierro en la cara de un maldito choni. Le volé un diente y escuche el crack al dislocarle la mandíbula. La sangre pintaba alegremente la tierra con figuras de niños. Por mi parte, yo, daba de comer la suela de mi zapatos a unos regetoneros de pacotilla. Pensaba que estaban muertos, pero seguían moviéndose, daban sus ultimas boqueadas en el suelo, los malditos gusanos aun se estremecían en el fango, pero ha llegado el cerdo mayor para despedazarlos con sus colmillos.

Perdía paulatinamente el control. Primero los dedos, luego las demás extremidades. Mi ritmo cardíaco aumento, y pronto me vi confundido en un marejal de sangre, colores chirriones y un aura de diversión me embriagaba. Esa maldita tonadilla de regeton se turno en Nightclubbing. Mis drugos no se perdían la diversión. Hasta el más tímido, Jaime, era ya un lobo salvaje que chupaba de la sangre de los canis.

Arrojamos gargajos sobre los que estaban en el suelo, los demás corrieron tras su vida como los cobardes que son. Los reyes eramos nosotros, el Punk había regresado.

-Hijos de puta ¿quieren más?- y les señale- Cobardes, ¡el punk ha vuelto!

Entre la multitud un monstruo lerdo y gigante se abría a puñetazos. Tatuado hasta el culo y en mini shorts, sonrió; los dientes eran una aleación entre oro y metal barato. El monstruo tenia un cuerpo fornido, capaz de reventarle el cráneo a uno con un solo puñetazo.

-A este nos lo cargamos fácil chicos.

Otros siete sujetos más se entrecruzaron de brazos a la par del monstruo. Armados hasta los dientes; llevaban desde navajas hasta palos de escobas . La piel se me puso de gallina, el efecto de las hijas de puta ya se había pasado.

-Muchachos...

-Vamos a patearles el culo a estos imbéciles- dijo Miguel.

-Yo quiero una costilla como souvenir- dijo Jaime exacerbado.

-¿Oigan, acaso no saben contar? Son siete contra tres... ¡Corran!

No me entendieron. Iban a embestir pero las sales se les pasaron. La carrera por la vida comenzó. El monstruo rechoncho y fornido no se movía por su obesidad mórbida. Aprovechamos y salimos disparados como sementales dopados hasta el ano. Mi visión era un vórtice oscuro y un vomito se me subió hasta lo mas alto de la garganta, quizás hasta las fosas nasales. No recuerdo como hice pero pude volver a tragarme toda esa mierda.

Me arroje despavoridamente sobre el auto. Mis compatriotas aun eran perseguidos por la oleada de simios. Encendí el auto y para cuando gire la cabeza ya se habían subido. Luego los escobazos llovían sobre el auto como un vendaval. Rompían ventanas y una escobazo me incrusto un clavo que sobresalía del palo. Pise el acelerador y tiramos de ellos. El que estaba en el techo del auto cayo de bruces contra el suelo. Yo aproveche el momento y les saque el dedo a todos.

Camus nos bendijo. Salimos victoriosos de las trincheras, los regetoneros mueren, los punks viven. Fue un milagro salir de Banhouber, no todos sobreviven. Le llamábamos la ciudad del regeton, de los escombros y las escorias. Viven en cajetas gigantes de zinc y solo sabían perrear. Uno de ellos podía tener más de siete hijos, quienes luego crecían y se convertían en más escoria. Por las horas nocturnas salían de las hendiduras de los inodoras a reproducirse y a bailar la plena para tontos. Cogían entre si, la mujer del otro es la del vecino, y la del vecino la del otro vecino, era una comuna hedonista.

Pero esta vez dejamos el estandarte punk en alto. La próxima vez necesitaran más cucarachas rasas para acabar contra nosotros. Lo mejor es que salimos impune porque a los cacos le daba igual que sucedía en Banhouber, eso es tierra de muertos, un basural que se extiende por hectáreas, acaso la ley ¿quiere defender a un par de simios?

Mas no recuerdo como llegamos al taller. A la mañana siguiente desperté vomitando las hamburguesas con sangre incluida. Sentía unos pinchazos que me atravesaban la fina capa de la piel y solo me podía arrastrar por el suelo, aun sintiendo una columna de dolor que se erigía por mi columna. Bañado en aceite del suelo, cogí una cerveza que sopese y sentí lo suficiente para darle unos deliciosos sorbos. Pero sentí que la hija de puta estaba más agria que ayer.

-¡Es culpa de la mierda esa... las malditas sales!-dije- Tengo sed y la estúpida no me deja tomar nada.

Miguel despertó al tiro. Dormía en el suelo de la recepción que quedaba a unos metros de la parte frontal del taller.

-¿Que pasa?-inclino la cabeza con nauseas-.

-A eso me refiero, dime, por tu Satan, ¿que coño snifeamos?

-Yo que se... Todos decían que era la bomba. Pero ahora tengo ganas botar mi estomago a los perros-dijo Miguel.

-Verga...

Proseguimos con nauseas y vomitas. Teníamos migraña y Jaime aun no aparecía. Era un niño de mama y papa, o no se. Tal vez un choni se lo devoro. Ojala, porque la basura que nos trajo nos despedazaba el estomago hasta hacerlo tiritas de carne. Le llame con mi nokia y me respondio, justo en su dormitorio. La pasaba igual que nosotros.

Vaya, era verdad. Las sales en serio te envían al infierno. Te tornas en un animal viviente, asesinas todo lo que esta a tu paso y de ultimo la droga te da una fuerte patada en el culo. Te deja más rojo que cuando tu mama te azotaba en el culo por los fracasos escolares. Creía que no sobreviviría, pero una noticia me lleno de vigor.

El periódico menos fidedigno del país pero el más vendido tenia como primicia con grandes letras de tinta contorneada de rojo<<Punks masacran en Banhouber, los asesinos siguen sueltos>>. Pruebas que nos delataran no había, los matones no dijeron nada. Tan solo tenían el testimonio de un extraño, y no era muy creíble. Pero lo que me lleno de orgullo fue la cita en grande <<Líder de banda exclamo “morirán, el punk ha vuelto, perras”>>. Mal tergiversado como suele hacer el planfetillo del diario, pero allí estaba, mi frase, inmortalizada. Unas cuantas cucarachas muertas y yo enfermo pero feliz, fumándome unos puros junto a una gran sonrisa.

July 24, 2017, 4:31 p.m. 0 Report Embed 0
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