Simplemente Suya Follow story

esconfundida Lyz O.

"Simplemente Suya" es la historia de dos personas, dos mujeres que se atrevieron a enamorarse, a pesar que la época les decía que no debían. Debbie y Simone se ven envueltas no solo en una época violenta y difícil , también en la más dulce y poderosa historia de amor.


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#amor #amadonervo #LGBT #elvis #love me tender
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Simplemente Suya

Hoy es el día más triste de mi corta vida, sin embargo es probable que ella, que está a mi lado y con la mirada perdida, tiene la herida más profunda que cualquiera, ¿qué tan doloroso es perder al amor de tu vida?, no me lo puedo imaginar. Es una sensación extraña, tener a alguien y después "poof" simplemente desapareció y solo nos quedan recuerdos, quiero patalear, gritar, llorar y ya no me quedan energías, pero igual no serviría de nada, ella no volverá, se ha ido una de las personas más importantes de nuestras vidas.

En el velorio de alguna forma una parte de mí no lo asimilaba, pensé mil cosas, que era una pesadilla, una alucinación, una broma de mal gusto, de alguna forma aparecería de otro lugar o despertaría y diría que volvamos a casa y sé que no era la única que se sentía así, sin embargo hoy en el entierro fue como si la verdad viniera de golpe, realmente no había retorno y tuvimos que caer en la realidad, no la veríamos más, definitivamente se había ido. El cajón entraba en ese profundo hoyo y poco a poco íbamos arrojando puñados de tierra, mientras las chicas de la escuela de Teatro "Perkins" cantaban compungidas "melody unchained", "Can't Help Falling in Love" y "Love Me Tender", su canción, ella no pudo más, se quebró en mis brazos y a mi se me partía el corazón, al fin y en contra de cualquier deseo, la muerte las ha separado.

– Ella se ha ido primero, porque no hubiera sido justo que despidiera a otra persona que amaba, ahora yo debo ser fuerte por ella, algún día nos encontraremos en algún lado, cuando sea mi momento, entonces, con suerte, El Rey hará un concierto para nosotras – fue lo único que dijo cuando llegamos a casa.

Su pequeña sonrisa hacía juego con sus ojos hinchados y comencé a pensar en todas aquellas veces que me había sentado en su regazo para escuchar sus historias, sobretodo mi favorita, la mejor historia de amor y lo que siempre me ha gustado es que pasó realmente.




A finales de 1958 Debbie O'Reilly recientemente había egresado de la universidad y tras una larga lucha contra sus padres, llegó a Nueva York escapando del furioso sur que cada vez se presentaba más violento por la lucha contra la segregación racial, aunque el Dr. King había logrado grandes avances, el camino por recorrer aun era largo. La joven de 23 años sabía que en un pueblo pequeño como el suyo no tenía grandes oportunidades y era casi imposible hacer entender a alguna de sus "amigas" y a su propia madre que la universidad no era un método para conseguir marido y que por el contrario, era lo que menos deseaba en ese momento, ella quería ser escritora y estaba esperanzada en que en la gran ciudad lograría algo más que escribir sobre limpieza o cocina en una pequeña columna hasta rendirse para ser un ama de casa ejemplar.

Linda King era su mejor amiga desde la infancia y la hija de su nana quien había fallecido recientemente, ella era cocinera en una cafetería y le había conseguido un trabajo en lo que se establecía.

– El señor Williams es bastante amable y el trabajo no es difícil, solo debes acostumbrarte, la mayoría son clientes frecuentes, así que te irás aprendiendo poco a poco lo que cada uno pide.

– Gracias Linda, espero que no sea por mucho tiempo, pero esto me ayudará mucho.

– Tranquila, todo saldrá bien, estoy segura que pronto tendrás un puesto en un gran periódico – le sonrió.

Linda había leído desde chica lo que Debbie escribía y siempre pensó que tenía un gran talento.

– Eso espero, Linda, eso espero.

Tal como lo había descrito su amiga, el trabajo no era complicado una vez que se acostumbró, aunque al principio fue difícil debido a que siempre tuvo quien la atendiera en casa y ahora a ella le tocaba atender a otras personas. El señor Andrew Williams, por otra parte, era efectivamente muy amable, él había sido un hombre con mucho dinero y gran posición, pero había vendido y donado casi todo para poner el café "Constanza" y dedicarse de lleno a su administración. Por lo que había notado no tenía ningún perjuicio con la gente de color ya que en su local no existía segregación ni por error, él había sido muy cordial a pesar de su torpeza inicial tanto como lo era con su amiga sin hacer distinción por el color de piel, sin embargo el hecho de que los meses pasaban y no encontraba ningún trabajo en lo que quería, comenzaba a frustrarla.

Los meses habían volado como las mariposas en primavera y el año 1959 había golpeado a sus puertas con diferentes acontecimientos, sin embargo Debbie no tenía ni una pequeña columna en el más patético de los periódicos Neoyorkinos.

– Feliz año nuevo, señorita, ¿qué puedo servirle? – saludó Debbie a una joven y hermosa mujer que se aproximó al mostrador. 

La joven de tez blanca sonrió mientras acomodaba uno de sus oscuros rizos, al parecer algo le había hecho gracia, aunque al mismo tiempo su expresión era amable, la miró atenta con sus preciosos y enormes ojos azules dispuesta a responder, sin embargo fue interrumpida por una fina voz de una presencia que no había notado hasta el momento y que en ese momento explotó eufórica:

 – ¡Abuelo!

Una pequeña con rizos de oro corrió hasta el señor Williams que salía de su oficina.

– Mi pequeña Stacy – la cargó en brazos – hija, que sorpresa que estén por aquí y que alegría verlas – se acercó a la mujer abrazándola y dándole un beso en la frente.

– Queríamos verte, justo le iba a preguntar a Debbie por ti – por un momento la joven pelirroja se sintió desconcertada, hasta que recordó que todas las camareras llevaban un pin con su nombre – Las funciones de Navidad fueron un éxito, pero estoy realmente agotada y necesito algo delicioso y caliente... lo necesitamos, ¿verdad, Stacy? – la pequeña asintió sonriente en los brazos de su abuelo.

– Les prepararé lo de siempre, señora Simone – intervino Linda desde la ventana de la cocina.

– Gracias, querida – al fin tomó asiento en la barra junto a su padre, mientras la pequeña había ido a colorear un poco más allá – ¿Has oído lo que ha pasado, verdad?

– Si, cariño... estoy algo preocupado.

– Yo estaría preocupada si tú hubieras viajado – se exaltó ligeramente, pero nuevamente cobró la compostura – Un golpe de estado no es cualquier cosa, dicen que ha sido un completo caos para los extranjeros que estaban allá, muchos estaban más que confundidos y solo han atinado a irse, aunque no hay mucha información... pero me alegro que no hayas ido.

– Le debía una visita a tu abuela...

– Ella lo entenderá, espero que pronto tengamos más información, por el momento si intentas comunicarte no sabemos que pueda pasar... imagínate que te acusen de comunista, no quiero ni imaginármelo.

– Estoy muy viejo para peleas políticas, hija, solo quiero estar tranquilamente cerca de mi familia y que esta cafetería sea un lugar donde todo el que quiera pueda pasarla bien y sentirse como en casa.

– Lo sé papá, es lo que mamá también hubiera querido, por ahora preocúpate solo de la cafetería y si me entero de algo te avisaré – le guiñó un ojo.

– Tal vez debí insistirle a tu abuela para que viniera con nosotros.

Simone sonrió con dulzura – la abuela nunca dejaría La Habana por Nueva York, además tal vez los cambios políticos sean buenos después de todo – suspiró – me encantaría tener a la abuela cerca, pero aunque las cosas acá no son tan violentas como en el sur, no es completamente seguro, esta no sería vida para ella...

– Tal vez tengas razón...

– Sr. Williams – se acercó Debbie – ha terminado mi turno, debo irme.

– ¿Tienes una entrevista hoy? – preguntó el hombre sonriente a lo que ella asintió nerviosa y emocionada – mucha suerte pequeña Deb.

– Gracias, sr. Williams, mucho gusto Sra. Simone, hasta pronto – luego de eso salió apresurada para llegar a su entrevista.

La columna a la que aspiraba esta vez era pequeña, semanal y de poca importancia, pero para ese entonces lo más importante era al menos entrar en algún periódico.

– Simpática chica la que has contratado, papá – dijo mientras recogía un papel del suelo y ahogaba una risa.

– Vino del sur, de Mississippi y sueña con ser escritora.

– La similitud entre Nueva York y Los Ángeles es que muchos llegan con grandes sueños, pero al menos en el caso de las chicas, la mayoría termina como camarera o prostituta, aunque incluso después de eso algunas tienen suerte.

– Aun así, Nueva York tiene muchas oportunidades, incluso para las mujeres.

– Lo sé... – respondió distraída mientras revisaba la hoja que se le había caído a la joven pelirroja – y al parecer acá tenemos a alguien con talento...

– Debbie escribe desde pequeña, a mí me parece que tiene mucho talento, incluso ganó concursos – intervino Linda trayendo lo que habían pedido.

– ¿Concursos para niñas blancas en el sur? – sus labios se curvaron en una sonrisa, al parecer algo en eso le causaba gracia.

– Puede verlo de ese modo, pero incluso en la universidad...

– No dudo de su talento, pero por el momento si pregunta por esta hoja, no le digas que yo la tengo – Aunque Linda no sabía lo que la hija de su jefe tramaba, asintió, después de todo ella era una buena persona.

Los días pasaron y tanto Linda como el señor Williams habían olvidado el incidente con el papel y Debbie por su parte había perdido hasta la más mínima esperanza que la llamaran de algún periódico de la ciudad.

Ese día Simone entró muy animada al café y casi hace que la pobre camarera de Mississipi tirara una pila de platos, pero como si no se enterara de nada agitaba una hoja con una sonrisa en los labios.

– Debbie, justo contigo quería conversar – la detuvo – Quieres ser escritora, ¿verdad?

– S-sí, señora.

– Bien, tengo una oferta para ti, estaba en busca de un guionista, tengo un pequeño teatro no muy lejos de acá, la paga no es mucha, pero alcanza para vivir cómodamente en una ciudad como esta, no es Broadway, pero aun así creo que es una buena propuesta, ¿qué dices?

– Y-yo...

– Sé que no es exactamente lo que buscabas, pero si ganas experiencia como escritora en el medio podrías entrar a algún periódico, tal vez sacar algún libro... he leído esto – estiró la hoja que tenía en la mano – lo he hecho una y otra vez, tú eres la indicada, Debbie, dime por favor que aceptas el trabajo.

– No tengo experiencia en teatro...

– Tengo gente que puede guiarte, creo que con tu talento puedes lograrlo.

Debbie se mordió el labio nerviosa – está bien, acepto – respondió al fin sonriente.

Si bien estaba muy feliz por al fin tener una oportunidad, no podía dejar de jugar con sus manos, miró hacia atrás y desde la ventana de la cocina Linda alzó el pulgar, su apoyo era muy importante para ella.

– Parece que tenemos buenas noticias por acá – el señor Williams apareció de pronto.

– Para nosotras si, aunque para ti no tanto – rió – hoy te estoy robando una competente y carismática empleada, le he ofrecido a Debbie un trabajo en el teatro como guionista.

– Me parece fabuloso, aunque me da algo de pena que te vayas del café.

– Puedes verla cuando quieras en el teatro – rió Simone – bueno, por ahora me voy, he dejado a Stacy sola en casa, despertará en cualquier momento, te espero mañana a las 8 – apuntó en una servilleta la dirección del teatro.


Así Debbie O'Reilly y Simone Perkins se habían conocido a principios del 59 y poco tiempo después empezaron a trabajar juntas, la dueña del teatro no se había equivocado al traer a su nueva escritora a bordo.

Simone era una joven de 29 años, Hija de Andrew Williams y Constanza García, una mulata preciosa que Andrew conoció en uno de sus viajes de negocios a la Habana, ambos perdidamente enamorados se casaron inmediatamente gracias a la posición de Andrew y comenzaron su vida en Nueva York. La joven, que era blanca y de ojos azules como su padre, pero de cabello oscuro y ojos grandes como su madre, la perdió cuando tenía tan solo 10 años debido a una enfermedad.

Poco tiempo después de cumplir los 19, Simone conoció a Bob Perkins, quien había crecido dentro de una gran tradición teatral y muy joven había comprado su propio teatro. Bob era un hombre alegre, sociable, amable y le llevaba nada menos que 12 años, pero Simone lo había fascinado, guapa, con clase, hija de uno de los hombres más ricos de Nueva York, excelente bailarina, perspicaz, inteligente, siempre con la última palabra y aunque lo último solía espantar a la mayoría de los hombres, que solo querían una muñequita que exhibir y que les brindara una buena posición social, al joven eso simplemente lo había flechado, Simone también estaba encantada, por lo que no tardaron en casarse, su matrimonio fue feliz, se querían y se entendían, sin embargo la tristeza se apoderó de ellos cuando la joven luego de un año de casados perdió a su bebé con solo 2 meses de embarazo, fue difícil, pero poco a poco lo superaron y se concentraron en sacar el teatro adelante, así que de vez en cuando Bob viajaba en busca de talentos. Finalmente tras 7 años de matrimonio nació la pequeña Stacy, todo era felicidad para los Perkins, tenían una hermosa hija y el teatro estaba mejor que nunca, sin embargo la tragedia los golpeó nuevamente poco tiempo después cuando Bob sufrió un accidente en uno de sus viajes, parecía que el destino de los Williams era la viudez.

Debbie poco a poco fue sintiendo una enorme admiración y respeto por Simone, a pesar de todo lo que le había pasado, sacó el viejo teatro adelante, no era como las mujeres que había conocido en su antiguo hogar, era decidida, inteligente y sin miedo a decir lo que pensaba, si, se había casado joven, pero no porque era en lo único que pensara, sino porque había caído perdidamente enamorada de su esposo y no se había perdido en una vida de apariencias, por el contrario, había luchado sin descanso para llegar hasta donde estaba.

La joven pelirroja proveniente del sur era tímida, le era difícil expresarse abiertamente al menos que estuviera escribiendo y aun se sentía algo intimidada por la gran ciudad de Nueva York, pero sentía que había avanzado mucho y que jamás lo habría logrado sin los Williams y Linda, pues ahora también escribía una pequeña columna semanal en un periódico, además de su trabajo en el teatro.


El 31 de diciembre de diciembre de 1959, a poco más de una hora para entrar en la década de los 60, Debbie y Simone estaban aun en el teatro luego de una larga y gran temporada de Navidad y fin de año.

– Querida, me siento como si te estuviera explotando, hubieras podido volver a tu hogar para fiestas – dijo la mayor mientras llegaba con una botella de champán y 2 copas.

– En cierta forma extraño a mis padres, pero no me siento preparada para volver, prefería quedarme trabajando.

– Bueno, bueno, cambia esa expresión, Stacy está durmiendo, las funciones de fin de año han sido un éxito, esto merece un brindis y una sonrisa – sirvió las dos copas sonriente, estaban sentadas al borde del escenario, las luces tenues apenas iluminaban los asientos que hasta hace pocas horas habían estado llenos – Gracias por trabajar conmigo, Debbie, este teatro... lo que has hecho, significa mucho para Stacy y para mí.

– Gracias a usted por darme la oportunidad, Simone.

– Solo brindemos – alzó su copa sonriente, lo que Debbie imitó – Dime, ¿qué fue exactamente lo que te motivó a venir a Nueva York?

Debbie tomó un sorbo de champán – Bueno... como sabe, fue principalmente porque quería ser escritora, cuando me gradué y llegué a casa me sentí totalmente fuera de lugar, era como si todos creyeran que mi título era mi carta de presentación para conseguir un esposo, la única en la que me podía refugiar era mi nana, Eugenia, la madre de Linda, pero ella falleció poco después de mi llegada, entonces un día mientras escuchaba en secreto la música de Elvis pensé que si el pudo entrar al ejército, yo podía venir a Nueva York... sé que suena tonto, pero...

– Para nada – la interrumpió sonriente – me parece genial, me alegra saber más de ti – tomó un sorbo de su copa – y por favor, ya no me trates tan formalmente, ¿sí?, ¿qué tal algo de música?, algo de Elvis, tal vez – la chica que se sentía más en confianza, asintió – Soy más de Jazz, pero admito que no me desagrada, mi esposo adoraba a Sinatra, siempre me cantaba "My girl" – dijo mientras "Hound Dog" empezaba a sonar.

Continuaron su conversación durante esa primera canción y la segunda, sin embargo al sonar "All shook Up" y ya que el tema del baile del cantante se había asomado, Simone no pudo evitar hacer un comentario:

– Si bailas como él, nunca te dejaré ir de este teatro, incluso te aumento el salario – nunca pensó que la tímida Debbie lo haría, por eso le había parecido divertido.

La pelirroja se paró con duda, sin embargo pronto agarró el ritmo y se contorsionaba intentando imitar al Rey.

– Veo que el ritmo es algo con lo que se nace si eres de Mississippi – comentó Simone divertida.

Cuando empezó a sonar "Heartbreak Hotel" ambas estaban inmersas en el adictivo ritmo del rock and roll y para "Jailhouse Rock" parecía que nadie las pudiera detener, sus cuerpos de pronto eran más ligeros, la champaña refrescaba sus gargantas secas por seguir el ritmo del Rey y era como si en el mundo solo fueran ellas, pero de pronto el ritmo era menos frenético con "Love me", aprovecharon para tomar otra copa de champán y siguieron bailando, esta vez más suave, como si sus cuerpos flotaran sobre nubes de algodón y cuando comenzó "Too Much", por alguna razón el contacto visual era irrompible, Simone movía los labios repitiendo la letra en silencio con una sonrisa escondida hasta que la música terminó.

– Cambiaré de lado – señaló con su pulgar, a lo que Debbie asintió y tomó la mitad que le quedaba en la copa.

Cuando sonó "Don't be cruel" volvieron a bailar a ritmo acelerado, pero cuando llegó "That's When Your Heartaches begin" Debbie pensó que tal vez debía sentarse.

– Oh, no cariño – le tomó el brazo – ¿sabes hace cuánto no bailo una canción lenta? – rio, la atrajo hacia ella y le tomó la cintura – creo que aún recuerdo como se hace, aunque siempre me habían guiado.

– Me siento torpe, nunca he bailado algo así.

– Si puedes bailar así el rock and roll, puedes seguirme en esto.

Ambas continuaron al compás y nuevamente volvió el contacto visual que habían tenido antes, irrompible, poderoso, cómplice. A mitad de esa maravillosa canción sus labios simplemente se atrajeron sin que pudieran pensar en nada más y al fin mientras empezaba "Love Me Tender", se entregaron a hacer el amor en medio del escenario.

Fue difícil manejarlo y procesarlo al principio, era una época en la cual aún las prácticas homosexuales eran consideradas delito, sin contar que también era un pecado y aunque ninguna era especialmente religiosa, sabían que vivían en una sociedad altamente conservadora, pero finalmente no había ningún té que las pudiera "curar", ellas se querían... se amaban, así las metieran a la cárcel o tomaran mil hierbas, eso no cambiaría los profundos sentimientos que tenían la una por la otra.

Nunca involucraron a Andrew, el padre de Simone, tal vez las hubiera apoyado, pero preferían no alterarlo, su salud era delicada y finalmente falleció a principios de la década de los 60, nunca pudo volver a la Habana por las complicaciones políticas y de su propia salud, pero hasta sus últimos momentos le repetía la misma frase a su hija: "Amanecer al lado de tu madre y ver su hermosa piel morena, era mejor que un café por la mañana". Por otra parte los padres de Debbie nunca lo aceptaron realmente, pero finalmente se rindieron al darse cuenta que ellas nunca se separarían.

Linda siempre las apoyó y cuando se sentían decaídas siempre les decía: "al menos una de ustedes no es negra, sería aún peor, una negra y una blanca como amantes, lesbianas en una relación interracial, en ese caso estarían realmente jodidas", lo decía de una forma que siempre resultaba graciosa, ella les tenía mucha estima.

A principios de los 90 se mudaron a Hawái, ellas sentían que ya no eran unas "chicas de ciudad", Simone vendió el viejo teatro de Nueva York, con lo cual Stacy que había crecido como una hermosa mujer que adoraba a sus madres y se había graduado con honores como abogada, estuvo de acuerdo. A Debbie le agradaba escuchar al rey mientras veía el mar para inspirarse, ese había sido su sueño desde que presencio en 1973 a través de televisión satelital "Aloha from Hawaii" y Simone puso un Teatro infantil, además de una escuela de teatro para niños y adolescentes a precios módicos, el cual llamó "Perkins" en honor a Bob.

Stacy había preferido quedarse en Nueva York, hasta que en una de las visitas conoció a Nikolao, mi padre, nací poco tiempo después, a finales del 91, y me llamaron Lucy, mi madre es fanática de los Beatles como mi abuela Debbie de Elvis. Mis abuelas pudieron acceder a ser reconocidas como pareja legal en el año 97, yo apenas tenía 6 años y no entendía por qué el estado "decía que no eran oficialmente pareja", pues a mí me parecían la pareja más bonita del mundo. Se casaron hace 2 años, en el 2013 apenas se legalizó el matrimonio igualitario en este estado, tenían 83 y 78 años respectivamente, luego de 53 años de amor puro e incondicional y aunque su cuerpo no era el mismo, bailaron "Love Me Tender" mirándose como quisiera que alguien alguna vez me mire.

Finalmente hace unos días mi abuela Simone ingresó al hospital y luego de 55 años junto a mi abuela Debbie, falleció. Ellas desde pequeña me contaron como eran las cosas antes, como tuvieron que amarse a escondidas y luego luchar, como hasta incluso poco antes de que yo naciera eran oficialmente "enfermas" y aunque ahora soy adulta aun no entiendo por qué la gente cree que puede decirte a quien amar.

Cada historia que escuché de ellas, cada mirada de amor y ternura de la que era testigo, cada hora en el teatro acompañando a la abuela Simone o en la playa escuchando al Rey con la abuela Debbie, marcaran mi vida por siempre y sé que también la de mi madre y todos los que compartieron un pedacito de sus vidas.

Hoy estoy triste, profundamente dolida, pero acompañaré a mi abuela, tal vez me cuente otra historia o simplemente se quede en silencio porque su compañera de vida, el amor de su vida, se ha ido y la está esperando, aunque haré un pedido egoísta, que me la deje mucho, mucho tiempo más.

April 25, 2017, 3:33 p.m. 0 Report Embed 4
The End

Meet the author

Lyz O. Remedo de escritora, futura productora, políglota en potencia, cínica sin remedio, romántica culposa, soñadora empedernida o simplemente demasiado terca... en resumen, no soy interesante, pero tengo internet ... *Un tema recurrente en mis historias es la diversidad en orientación sexual e identidad de género, así que si este tema te hace sentir incómodx definitivamente no soy la autora que buscas :) SOLO PUBLICO EN: WATTPAD, SWEEK e INKSPIRED

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