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Vida en pareja

-Amor, te veo a las seis-Dijo Sebastián, ondeando alegremente la mano cuando salía por la puerta.


-Sí, vida mía-Respondió Silvia, sin mucha alegría, no le gustaba quedarse sola y cuando Sebastián se iba no tenía mas compañía que los discos de LP que atesoraba. Puso la plumilla de su viejo tocadiscos, y este empezó a girar a la vez que sonaba una canción de la época en la que conoció a Sebastián, era aquella canción que escucharon como banda sonora en aquella película de comedia romántica a la que Sebastián accedió a ver en lugar de sus acostumbradas películas de acción, con tal de complacerla.


Silvia sentía una soledad que se le manifestaba como una enfermedad crónica, no es que tuviera depresión, pero si que estaba triste, la semana pasada se le había ocurrido lo que ella creyó una buena idea, pues le había pedido a Sebastián que compraran un perro pequeño, para que le hiciera compañía, pero el había respondido.


-Silvia, sabes de mis alergias a las mascotas, definitivamente no podemos, es decir no debemos comprar un perro.


-Bueno tengamos un hijo entonces-Fue la respuesta inmediata de Silvia.


-Silvia, si te digo que no a un perro, entonces dices que quieres un bebé, pero ese solo es un capricho tuyo y lo sabes ¿Cuántas veces te dije, tengamos un hijo? y tú ¿Qué me contestabas? Que no querías atarte a un hijo y que querías crecer profesionalmente, ahora no por que no tengas trabajó, quieras un hijo. Madura Silvia.


Sí, le había llamado inmadura y tal vez tenía razón, veía las mismas películas de dibujos animados sobre princesas que cuando niña y siempre soñaba en viajar al viejo continente para conocer los impresionantes castillos, donde seguro que vivieron princesas reales. Su personalidad soñadora y un tanto infantil era lo que le había atraído en principio a Sebastián de Silvia, pero ahora se quejaba de que no había madurado, vaya cambio.


Pero Silvia se decía así misma, que va a saber la gente de lo que es madurez si no estaban en los zapatos de ella, pues si que se requiere madurez, para adaptarte a nuevas circunstancias, en las que la búsqueda de empleo no se te da bien, ahora adquieres el rol de "ama de casa" al menos así es como la asumían sus conocidas y amistades y a Silvia le irritaba esa designación para referirse a lo que ahora hacía. Y no es que a Silvia le entusiasmara de manera desmedida la idea de regresar a trabajar, pero si era algo que extrañaba unos días y otros necesitaba. una porque le reportaba cierta satisfacción poder llevar ingresos a su casa, además de que era el pretexto ideal para arreglarse y verse bonita para Sebastián.


Silvia no tenía muchos ánimos desde hace meses, pues desde que fue despedida de su ultimo empleo el que por cierto no amaba tan siquiera, pero le daba lo que buscaba libertad financiera y respeto, contrario a lo que ahora tenía y que la hacía sentir un poco inútil, menospreciada por su suegra, quien pensó correcto para Silvia que vendiera postres de casa en casa, cuando Silvia tenía una Licenciatura terminada. Además ahora que se dedicaba únicamente a su casa, el tiempo le parecía muy largo mientras Sebastián, no estaba, además no se sentía con ganas de retocar su apariencia.


Seguro que hoy sería otro de esos días en que Sebastián llegaría a casa, la cual encontraría limpia y ordenada y claro también encontraría a Silvia, aunque digamos un poco con la cabellera más desaliñada y aun con la pijama, la cual no era un camisón con transparencias, sino un pantalón deportivo holgado y una camiseta de tirantes delgados y no es que Silvia no se aseara, con seguridad había tomado ya una buena ducha, pero no quería arreglarse el cabello y veía innecesario vestirse con otro tipo de ropa si iba a estar en casa todo el día. No es que a Sebastián le molestará verle así, él siempre la veía guapa, pero sabía que la que no estaba a gusto era Silvia.


Después de otro día donde Silvia se pregunta el por que de las cosas y se preparaba para limpiar la casa, una pluma color amarillo cae sobre su nariz, ella la tomo al sentir una ligera sensación de cosquilleo descendiendo por su cara. Cuando Silvia vio la pequeña pluma busco su origen, pero no duró mucho tiempo su búsqueda, pues de la ventilación empezaron a salir pequeños canarios, que volaron alrededor de ella, haciéndola sentir un poco como en un cuento de princesas de los que ella tanto gustaba. Las aves continuaron rondando a Silvia por unos instantes más, para después desaparecer por el mismo lugar por donde llegaron. Silvia volvió a sus actividades pero con más energía y más contenta y con ganas de que Sebastián llegara para contarle lo sucedido. Pudo llamarlo en ese preciso instante, pero a Silvia no le gustaba hablar rápidamente sino que se extendía en su conversación y por eso había decidido no llamar nunca más al trabajo a Sebastián, pues este por complacerla no le decía tampoco cuando era tiempo de terminar la llamada.


Las seis de la tarde y la puntualidad con la que se iba Sebastián era la misma con la que regresaba a casa y hoy no era la excepción y como casi todos los días encontraría la casa limpia y a Silvia en pijama, pero había una variante.


-Vida mía has regresado-Dijo Silvia entusiasmada-Tengo Algo que contarte.


-Así es amor, estoy de vuelta, te extrañe ¿sabes? dime lo que quieras.


Silvia entonces procedió a contarle lo ocurrido esa mañana, pero Sebastián no creyó la historia. Silvia se molestó entonces, pues no veía por que no creerla.


-¿Que estarían haciendo unos canarios en la ventilación?


-Tal vez son de algún vecino.


-Silvia, Silvia. No es que no te crea, pero eso de que te rodearon como en una danza, ya deja de ser tan infantil ¿quieres?


Silvia, se sintió herida ante el comentario de sus esposo, así que se recostó sobre un costado en la cama y oculto su rostro entre sus manos, pues sus ojos se le habían anegado.


Sebastián se sintió mal por ser brusco, se había prometido no serlo. Cuando de repente por la ventilación entraron los mismos canarios que en la mañana y estos empezaron a dar vueltas sobre Sebastián, el cual no podía dar crédito a lo que veían sus ojos y entonces dijo:


-Amor, discúlpame por favor, tenias razón aquí están los pequeños canarios-Silvia levanto la mirada entonces y en un jubilo autentico empezó a reír y contagio con esta risa a Sebastián, quien la abrazo por la cintura y ambos continuaron contemplando el espectáculo y entonces se tumbaron de espaldas sobre la cama.









May 3, 2021, 9:09 p.m. 0 Report Embed Follow story
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