Esclavo del deseo Follow story

mrslevine92 R. Crespo

En el momento en el que te dejas esclavizar por el deseo que sientes hacia otra persona, pierdes cierta libertad para tomar tus propias decisiones. Solo eres capaz de atender a tus deseos más primarios y animales. Cuando Anou conoce a Lis, no llega a sospechar que su atracción por ella se incrementará con cada encuentro. Pero lo tendrá difícil, pues la chica está enamorada de un locutor de radio anónimo. Sin embargo, la pasión que nace entre ambos cada vez es más fuerte y, por si fuera poco, ninguno de los dos es capaz de resistirse a los encantos del otro. Pero ¿qué sucedería si Lis conociera al locutor misterioso del que cree estar enamorada?


Erotic For over 18 only. © R. Crespo. Todos los derechos reservados.

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Capítulo 1

Todo el que conocía a Lis sabía lo enamorada que estaba del locutor de Frecuencia B. No lo conocía, pero tampoco hacía falta para suspirar cada vez que oía su voz en la radio. Eso tenía que ser amor, sin lugar a dudas. Y lo estaba desde hacía más de un año, cuando una de las chicas de su círculo le contó que había una nueva emisora en funcionamiento. Cada vez que recordaba la primera vez que oyó su voz, los escalofríos parecían ser mucho más intensos.


—Antes de despedirme, me gustaría dedicar a todos mis fieles oyentes la siguiente canción...


La voz del locutor fue sustituida por la música. Lis cerró los ojos y disfrutó del jazz pensando en la voz sexy del hombre al que creía admirar. Imaginó algunas palabras susurradas en su oreja con voz ronca y sintió que se humedecía por completo. Se tumbó sobre la cama con los brazos bajo la cabeza y miró al techo concentrada en lo que imaginaba. Sería fantástico poder estar con él en la emisora para así poder contemplarlo por horas, pero ni siquiera sabía cómo era su aspecto. Era conocido como el locutor misterioso, lo que atraía mucho más a Lis.


Cuando terminó la emisión, apagó la radio, la luz e intentó dormir.


No obstante, su mente le jugaba malas pasadas con imágenes poco apropiadas, pero a la vez adecuadas para ese momento de la noche. Acarició su cuerpo por encima de la ropa imaginando que se trataba de su locutor misterioso. Solo conocía su nombre, o al menos el que daba en la radio: Gabriel. En ese instante pensó en lo divino de su nombre y en lo pecaminoso de su acción, pero no le importó. Hacía mucho que Lis no satisfacía sus necesidades y esa noche estaba siendo idónea para ello.


Una pena que se terminara la emisión del programa antes de tiempo esa noche.


Cerró los ojos y continuó con la exploración de su cuerpo, tocando con distinta intensidad conforme se acercaba a zonas clave, como sus pechos. Levantó la prenda dejando al descubierto su piel y la rozó con los dedos. Avanzó hasta el valle entre sus pechos y se entretuvo un rato antes de levantar el brazo hacia uno de ellos y acercar el otro al que quedaba libre. Empezó a acariciarlos con suavidad imaginando que eran las manos de él las que lo hacían. Llevó su dedo hacia los labios y lo mojó de manera seductora, tal como ella imaginaba que lo haría para él. Volvió al que quedó libre de su tacto e hizo círculos alrededor del pezón para humedecerlo. Al instante se endureció y procedió a hacer lo mismo con el otro. En su mente, Gabriel lamía sus pezones con intensidad, humedeciéndolos tal y como ella lo estaba haciendo. 


Jadeó varias veces en el proceso y notó que la humedad se acrecentaba en su entrepierna. Bajó la mano derecha hacia ella y la introdujo bajo la prenda. Notó lo mojada que estaba y sacó la mano para quitarse los pantalones y las bragas. Aprovechó e hizo lo mismo con la camiseta que usaba de pijama, quedando completamente desnuda sobre la cama. Gimió al notar su vulnerabilidad frente a sus compañeros de piso, aunque sabía que todos estarían durmiendo a esas horas de la noche. Cerró los ojos y retomó la actividad justo por donde la había dejado. Volvió a acariciar sus senos con tranquilidad, sin ninguna prisa, disfrutando de las sensaciones que estaba sintiendo. ¿Podría haber algo mejor que eso? 


Sí, que fuera Gabriel quien realmente la tocara. 


Tuvo la tentación de avisar a alguno de sus compañeros para que le hiciera un apaño, pero se conformó con ser ella misma quien se diera el gusto. Después de todo dormiría bien tras tener el orgasmo, que presentía que sería más que placentero. 


Volvió a lo que estaba haciendo, bajando hacia su humedad y rozándola con los dedos, que se mojaron al instante. Ahogó un gemido en su garganta mientras pensaba en si hundir o no un dedo en su intimidad. Hasta que sintió que todo su cuerpo ardía de deseo y no aguantó más. Lo hizo. Introdujo uno, y luego dos, para sentirse plenamente satisfecha. Los dejó ahí un rato para notar lo caliente que se encontraba, pero también para deleitarse con las sensaciones. Unos segundos después, deseosa por continuar, los sacó e imaginó que Gabriel la penetraba haciéndolo ella misma con sus dedos de nuevo. Esa vez no pudo contener sus gemidos mientras se iba dando placer, y realmente le importaba poco que alguien pudiera descubrirla. Con un poco de suerte, se uniría a su pequeña fiesta, y sino... Tampoco esperaba que se escandalizara, al fin y al cabo era algo normal y que, según ella, debía practicarse más para que la gente no fuera tan amargada. 


Aumentó la intensidad de sus movimientos y, en un momento dado, introdujo el tercer dedo en su interior. Al día siguiente tendría que poner las sábanas a lavar, pues esa noche estaba más húmeda de lo normal. Lo notaba. Quizá porque minutos antes se había excitado con la voz de Gabriel, o tal vez porque en su imaginación, estaba teniendo buen sexo con él. De ese que te deja sin aire y sin fuerzas debido a las embestidas y a la pasión puesta en cada uno de los movimientos. 


Lis se incorporó sobre la cama, con los dedos aún dentro, e imaginó que empezaba a moverse sobre el locutor. Lo retrató en su mente como un hombre con el torso firme y libre de vello, con los brazos fuertes y la melena un poco por encima de los hombros. ¡Le encantaban los hombres así! Y estaba a punto de llegar al clímax de esa forma, dándose placer con los dedos de una mano, y con la otra enredando los mechones de su cabello. Se desplomó sobre la almohada justo a tiempo de ahogar sus gemidos con ella. No dejó de tocarse en ningún momento y, de no ser por el cansancio que empezaba a sentir tras el orgasmo, hubiera continuado mimándose y experimentando cosas nuevas. 


Otra noche volvería a dejarse llevar de esa forma si eso significaba sentirle cerca. 




Al día siguiente, Lis descubrió que uno de sus compañeros de piso se marcharía a continuar sus estudios fuera de la ciudad, por lo que entre todos tuvieron que idear algo para conseguir lo antes posible a un nuevo inquilino que les ayudara con el alquiler. Algunos deseaban a una nueva chica, pero ella solo ansiaba que fuera otro chico con el que coquetear o iniciar una nueva relación de amistad. No sintió remordimiento alguno al pensar en lo primero, sabía perfectamente que lo que sentía por Gabriel era algo platónico. Ni siquiera estaba segura de poder conocerle pronto, por lo que no pasaría nada si se buscaba a alguien con quien divertirse. 


—A ver, condiciones —dijo el más veterano del grupo, el que llevaba la batuta en estos asuntos. 


—Que sea limpio y ordenado —se apresuró a decir el mejor amigo de Lis, Fran—. Aunque paguemos a una limpiadora una vez a la semana, no podemos tener la casa echa un desastre siempre. 


—Hecho —dijo el veterano, Raúl, que apuntó con rapidez lo sugerido por Fran. 


—Por favor, que no sea un fumador de hierbas ni se drogue —pidió Lis. No solía meterse mucho en esos asuntos, pero si le daban a elegir prefería a un compañero que preservara la salud de todos. 


—Y que no sea mal estudiante, no queremos a ningún vago —concretó Raúl. 


En vista de que nadie más decía nada, terminó de escribir y dejó que todos se dispersaran. Se sentó frente al ordenador para preparar el anuncio mientras Lis y Fran se alejaban rumbo hacia la habitación de la chica. Cuando llegaron y ella cerró la puerta, se giró para encarar a su amigo, que estaba sentado sobre la cama desecha. 


«Mierda —se dijo a sí misma— No he puesto a lavar las sábanas». Y su sonrisa delató sus pensamientos. 


—Anoche debiste gozarlo como nunca, ¿eh? Lo único que te faltó fue estar con alguien... ¿O es que te trajiste a alguien y ninguno nos enteramos? —Fran sonrió de medio lado esperando la respuesta de Lis. 


—No tuve que salir a buscarlo, uno de nuestros compañeros se unió a la fiesta cuando entró a ver si necesitaba algo y me encontró de esa guisa... —Hizo una pausa dramática escudriñando a su mejor amigo, para luego estallar en carcajadas— ¡Claro que no! Me satisfice yo solita, no me hace falta ningún hombre para darme placer. 


Sacó la lengua y se sentó a su lado, ignorando las muestras de lo que hizo durante la noche. 


—Sabes que si en algún momento lo necesitas, puedo sacarte de más de un apuro. —Le guiñó un ojo. 


Realmente no era algo que contemplara, y no porque solo fueran amigos, sino porque a pesar de ser bisexual le atraían mucho más los hombres. Sin embargo, estaba dispuesto a todo por ella, igual que ella lo estaba por él. 


De hecho, ambos perdieron la virginidad juntos, por eso su relación era tan especial para ellos. 


—Lo sé —respondió ella—, pero anoche solo quería experimentar cosas que hacía tiempo que no sentía... 


Porque con el estrés de los exámenes, hacía tiempo que no se daba un buen gusto. 


—Bueno, cuéntame, ¿pensaste en alguien mientras te tocabas? 


Lis recordó lo que su mente maquinó para hacerla disfrutar más. Gabriel y ella en la cama. En diferentes posturas. La sonrisa de tonta que se le dibujó en la cara fue lo que necesitó Fran para saber que su respuesta era afirmativa. 


—Supongo que se tratará de tu querido locutor de radio, ¿verdad? —insistió él. La chica solo asintió—. Pues debió ser brutal, tus gemidos no daban lugar para pensar otra cosa. 


— ¿Y por qué no te uniste? Hubiera sido un gran polvazo, ¿no crees? 


Fran gruñó. 


—Quizá por eso ni me acerqué. Habría caído en la tentación sin dudarlo. 


Ambos rieron a carcajadas y después Fran se despidió de ella con la excusa de terminar un trabajo que tenía que entregar la semana siguiente. Sin embargo, lo hacía por la excitación que sintió al recordar los gemidos de su mejor amiga a través de la pared que los unía. Quizá, si el insomnio no se hubiera hecho presente esa noche, ni siquiera la hubiera oído... 


Cuando Lis quedó sola entre sus cuatro paredes, encendió el ordenador y se sentó sobre la silla de escritorio a la espera de que todo cargara correctamente. Ella también tenía que terminar un trabajo, pero para esa misma tarde. 




A la mañana siguiente ya era sábado y por eso Lis se permitió salir con su mejor amiga, Marta, a dar una vuelta por el centro de la ciudad. Se detuvieron en una zona repleta de asientos y eligieron uno de ellos para sentarse. Fue el único que encontraron libre. Durante unos minutos, Lis estuvo contándole a Marta algunas cosas sobre su locutor misterioso, culminando con la gran sesión de auto satisfacción que tuvo a su costa. 


—Tampoco hacía falta que me contaras todos los detalles... 


—Pero sabes que si no lo hago no soy yo —replicó Lis. 


Touché —le concedió Marta. 


— ¿Sabes? Estamos buscando a un nuevo compañero de piso. Me gustaría que fuera otro hombre, por si fueran ya pocos los que me rodean en casa... Pero si quieres, puedes venirte a vivir conmigo. 


Marta sonrió mientras pensaba en cómo decirle a su amiga la novedad que consideraba más jugosa. 


—Lo cierto es que hace unos días dejé de buscar piso. Estaba esperando a que todo fuera un poco más oficial para contártelo... —Lis entrecerró los ojos a la espera de su respuesta, pero ya sabía de antemano lo que iba a decirle. La mirada de Marta no mentía— Mi pareja me ha pedido que me vaya a vivir con él y ya estoy instalada en su casa. 


Lis no pudo más que alegrarse por ella. No conocía a su novio, pero si ella era feliz nada más le importaba. La abrazó y susurró en su oído: 


—No sabes lo mucho que me alegro por ti. Ojalá yo pudiera decir lo mismo, pero no me disgusta vivir rodeada de buenorros.

 

Se separaron y ambas sonrieron. 


—Ven, tenemos que celebrar este gran acontecimiento. Te invito a un refresco —propuso Lis sabiendo que su mejor amiga no bebía alcohol. 


— ¡Por mí estupendo! 


Entre risas se dirigieron hacia uno de los locales que solían frecuentar cada vez que salían. El camarero ya las conocía y, después de tantas visitas, se había convertido en un nuevo amigo. Al principio, pensaron que iba detrás de una de las dos, pero cuando le conocieron más supieron que realmente le interesaban los hombres. Lis pensó entonces en Fran y en organizarles una cita, pero hasta ese momento no lo recordó. Aprovechó entonces para tantear el terreno: 


—Tengo una duda desde que te conocemos, Héctor... ¿Tienes novio? Porque me encantaría conocerlo. 


—Más quisiera, encanto. Estoy más solo que la una, pero tampoco es algo que me atormente. Desde mi última relación no he querido saber más de hombres... No dan más que dolores de cabeza. 


Los tres rieron ante el último comentario del camarero, que al ver que sus bebidas estaban a punto de desaparecer de sus vasos, volvió a hablar: 


— ¿Otra ronda, chicas? 


— ¡Sí! —exclamaron ambas. 


En el otro extremo del local se encontraba un chico con melena conversando con otro que buscaba desesperadamente un lugar donde quedarse lo que quedaba de curso universitario. Los ojos los tenía fijos sobre la pantalla de su ordenador, que bajaba y bajaba por los anuncios en busca de alguno que le entusiasmara especialmente. 


—Creo que he dado con el correcto —dijo con una ancha sonrisa. 

 

—Pues no pierdas el tiempo, quién sabe si seguirán buscando compañero. Además... —El chico de la melena acercó su rostro a la pantalla del portátil para observar mejor las condiciones impuestas por los inquilinos actuales del piso— creo que eres el adecuado según sus exigencias. 


De inmediato, el otro, que se llamaba Alejandro, se puso en contacto con el dueño del teléfono que había en la descripción del anuncio. En unos minutos se puso de acuerdo con él para pasar por el piso al día siguiente y ser entrevistado. 


—Me han dicho que mañana me pase a ver si me interesa, pero cualquier cosa será mejor que el cuchitril donde vivía antes... —comentó Alejandro con una sonrisa. 


—Estoy seguro de que te elegirán a ti, ya verás. Te mereces vivir en un lugar mejor. 


Y no era porque viviera bajo el puente, pero la mujer que le alquilaba el piso decidió echarle cuando expiró el contrato y se quedó con una mano delante y otra detrás. Por suerte era cumplidor con los pagos, pero parecía que desde el principio no le había caído bien. Mejor para él, no estaba dispuesto a seguir aguantando sus malos gestos ni sus apariciones por sorpresa en casa. Ante todo tenía su dignidad y su paciencia. 


—Me acompañarás mañana, ¿verdad? Así podrás saber dónde vivo sin que tengas que preguntarme. 


—Claro, colega. 


Mientras tanto, al otro lado aún seguían las dos amigas conversando con Héctor. Al menos hasta que tuvo que despedirse un momento porque le reclamaban. 


—Disculpadme, esos bombones de ahí me están pidiendo la cuenta. Ahora vuelvo. 


Lis y Marta se giraron entonces la una a la otra sin prestar atención al comentario de su amigo. Tenían asuntos mejores que tratar.

 

—He pensado en juntar a mi amigo Fran con Héctor. ¿Qué te parece la idea? —dijo Lis de forma que solo Marta la oyera. 


— ¡Me parece estupendo! Ahora solo queda ver cómo te las apañas para que se crucen... ¿Piensas organizarles una cita a ciegas o qué?

 

—No lo había pensado, pero gracias por la idea.


March 12, 2017, midnight 4 Comments Report Embed 5
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