nefilimsoul Nefilim Soul

Cuánto sacrificio, de cuánto fueron despojados. Cuántas opciones arrebatadas por un destino que no eligieron. Uno viviendo en la oscuridad, el otro en la luz. Años más tarde, la magia les llevó a reencontrarse. El universo de Harry Potter, así como de los personajes pertenecen a J.K. Rowling. El argumento, la historia y los diálogos son de mi autoría.


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Io sí




Caminaba por el pasillo de piedra del último piso del castillo. Cabizbajo, meditabundo, solitario... Siempre solitario.



El día parecía traer consigo un ambiente tan lúgubre que el aire se volvía más denso. Tan similar a aquel día.

Resultaba imposible, para todo aquel que fue testigo o partícipe del histórico evento, no reavivar los olores, los sonidos, los sentires... Los trágicos y pesarosos sentires.

Parecía irreal que hubieran transcurrido algunos años ya. Dos, cinco, diez, no lo sabía a ciencia cierta. Había dejado de tomarle importancia al paso del tiempo. Es lo que sucede con los individuos que han perdido su centro, su bastión... Su futuro.

Futuro... ¿Qué futuro?... Un futuro que fue forjado bajo los designios y estatutos de terceros que no buscaban más que su propio beneficio. No. Eso no era, ni sería alguna vez un futuro prometedor para su vida. A quién quería engañar. Nunca tuvo opciones y, las escasas que tuvo, fueron siempre en detrimento de sus intereses.

Porque sí, tenía intereses propios. Tuvo intereses que, lejos de los que todos pensaban, no distaban mucho de lo que cualquiera desearía a su edad y viviendo bajo las circunstancias que él vivió. Intereses que, primordialmente, no iban más allá del querer mantener con vida a sus seres amados. Sin importar el precio que tuviese que pagar para conseguirlo, incluso si ese precio consistía en pagar con su vida.

Lo hizo... Lo hizo... Pagó y, todavía pagaba el precio.

Esa día, esa fecha en particular, se había convertido en un recordatorio del destino para que no olvidase jamás que, desde su nacimiento, fue marcado con una abrumadora herencia de sangre. Marcado con una tradición arcaica; marcado con el peso de una familia milenaria. Marcas que, en conjunto, no hicieron más que coartar su libertad, su libre albedrío... Sus opciones.

Opciones que finalmente terminaron en el mismo lugar que su futuro y la vida de sus seres amados... En el fondo del oscuro vacío que llenaba el abismo del olvido... Del olvido... Y el dolor.


Llegó hasta la primer ventana ciega, una de las secciones recién restauradas del castillo. Todavía existía mucho daño por reparar de la antiquísima estructura. El viento soplaba fuerte, inundando cada rincón con aquella combinación de aromas veraniegos típicos de Escocia, aunados al aroma de la cera consumiéndose, el incienso, la mirra, la pólvora de los fuegos artificiales y, el característico olor de la magia: Ozono y azúcar quemada.

Apoyó el hombro en el muro, a un paso del arco de la ventana, aunque manteniéndose oculto bajo la sombra de éste. No deseaba que su presencia fuese notada, sin embargo, la curiosidad se impuso a la razón. Terminó por ceder y asomarse un poco.

Desde esa ubicación, alcanzaba a vislumbrar la muchedumbre que se congregaba en el patio del vestíbulo; muchedumbre que continuaba aumentando conforme la larga procesión que venía, a pie o en carruaje, llegaba a su destino.

No entendía cómo es que tenían ánimos de celebrar, mucho menos entendía el porqué se empeñaba en celebrar en esa área en específico. Ahí, donde la magia oscura pereció; donde la sangre de tantos magos, inocentes y no inocentes, fue derramada. Él no podía cruzar el sitio sin sentir náuseas, escalofríos, una enorme opresión en los pulmones. Era una sensación similar al experimentado cuando visitaba la cripta familiar.

Respiró profundamente intentando despejar la avalancha de recuerdos, sentimientos y pensamientos tétricos. No lo logró. No del todo. Ya se sentía lo bastante abrumado y ni siquiera estaba próximo a la congregación. Respiró profundamente un par de veces más, cerrando sus ojos. Necesitaba tranquilizarse, mantener el control.

Un inesperado crepitar en el ambiente le hizo envararse y abrir los ojos. Fue una oleada de sensaciones electrizantes, muy sutiles; pequeñas chispas que recorrieron su piel, le acariciaron e hicieron despertar su propia magia. Como un llamado. Un llamado al que su magia respondió mecánicamente, vibrando a la par. No recordaba haber experimentado algo semejante.

Agudizó sus sentidos buscando el origen de dicha magia. Vagamente recordó que sí, alguna vez, tiempo atrás, ya lo había sentido. Años antes, cuando todavía un crío aprendiendo de lo que se traba la vida... Sobreviviendo a los escollos impuestos por el destino.

No pasaron más de unos minutos, entonces se percató de dónde, mejor dicho, de quién provenían las llamaradas, cada vez más acusadas, de magia.

A unos metros de su posición, sobre el muro contiguo al acceso a las escaleras, un hombre con uniforme de Auror apoyaba su espalda en la piedra fría; frotaba su rostro y cabello con frustración, para después, encorvarse y abrazarse a sí mismo luciendo abatido, cabizbajo. Llevaba un pergamino arrugado que dejó caer al tiempo que él resbalaba por la pared lentamente hasta el piso. Abrazó ahora sus rodillas, apoyando la frente sobre ellas, ocultando su cara y apretó las manos en puños.

Observó a todos lados buscando si alguien acompañaba al desconocido, quien se veía francamente mal, a punto de perder el control de su magia. Lo comprobó cuando los marcos y los cristales de las ventanas de alrededor comenzaron a crujir, los candelabros se tambaleaban; el techo y los muros comenzaron a agrietarse dejando caer una lluvia ligera de polvo grisáceo. Tenía que intervenir antes de que dejara atrapados entre los escombros a los pocos alumnos que se veía todavía iban saliendo al patio, y a ellos mismos.


Quando tu finisci le parole
Sto qui
Sto qui


Se aproximó rápidamente, sin reparar en la identidad del mago descontrolado. Ni siquiera pasó por su mente el detenerse a analizar quién podría poseer una magia tan poderosa como para afectar una edificación cuya magia propia era más antigua que su árbol genealógico familiar.

-Hey, disculpe... Auror, ¿todo bien? ¿puedo ayudarle en algo?- Inquirió.

Estaba tan enfrascado en no ceder a la desesperación, que se olvidó de las formas al saludar a un representante de alto rango de la autoridad. El color del uniforme y las insignias lo delataban. Se sentó en cuclillas frente al desconocido y posó ligeramente una mano sobre el hombro contrario. Una corriente de magia le alcanzó dejándole un poco aturdido.

Antes que recibiera una respuesta, una voz femenina resonó en el interior del castillo desierto. Una voz que le hizo desviar su atención hacia las escaleras, de donde provenía el sonido. La voz decía:

-¡Harry!...¡Harry!... ¡¿Dónde te metiste? Ya casi es la hora!...¡Harry!-

La realización le llegó de golpe, ¿acaso el Auror era...?

Despacio, con movimientos medidos y estudiados, resultado de la educación recibida desde niño, tornó su vista al afectado. Nada lo preparó para semejante descubrimiento.

Ahí, frente a él, luciendo como un ciervo asustado por las luces del tren, estaba Harry... Ese Harry... Potter. El aire escapó de sus pulmones de la impresión.

¿Realmente había pasado tanto tiempo desde la última vez que le vio? ¿Tanto como para no reconocerle? Porque de no ser por esos peculiares y llamativos ojos verdes jamás hubiese adivinado su identidad, además de la cicatriz.

Potter lucía...Diferente. Más alto, más ancho, más musculoso, más masculino, más aguerrido, más... Todo.

-Potter...- Musitó sin saber qué más decir, la mente le había quedado repentinamente el blanco. Los únicos detalles que sí pudo procesar, fueron que Potter se había tensado, cual cuerda de violín, al escuchar a la mujer que clamaba su nombre y, que su magia se había estabilizado sin causar mayor daño.

El grito femenino se dejó oír nuevamente, esta vez más cerca, captando la atención de ambos y logrando que el aludido se tensara todavía más, si es que esto era posible. De seguir así, rompería el uniforme con sus músculos endurecidos.

Suspiró profundamente antes de devolver sus vista a esas esmeraldas que le observaban con una combinación de desolación, angustia, tristeza infinita, pero, con un toque de esperanza. Ojos verdosos que brillaban anegados de lágrimas contenidas. Más tarde, en las soledad de su habitación se detendría a analizar con detenimiento, cómo es que repentinamente había adquirido la don de leer las emociones en los ojos del Salvador del Mundo Mágico.

-Estás... ¿Necesitas ayuda? ¿Quieres que llame a alguno de tus conocidos? Te buscan fervientemente.- Dijo.

No recibió una respuesta, al menos no una verbal. Observó impactado el instante en que una lágrima solitaria escurría por la mejilla de piel dorada.

Forse a te nescervono due sole
St
o qui
St
o qui


Su pecho se estrujó ante la inesperada imagen. A la primera lágrima le siguió otra y otra, ahora ambos ojos eran los que derramaban humedad iniciando un llanto silencioso; aunque, el semblante estoico del Auror no cambió.

La voz de la mujer resonó más cerca, estaba aproximándose a su posición. Potter dirigió su mirada hacia las escaleras con desesperación.

-Potter...- Susurró llamando la atención del pelinegro, cuando la obtuvo, añadió: -No quieres que te encuentren, ¿verdad?- Esperó hasta que el otro negó lentamente con un movimiento.

Continuó:



-¿Puedo saber el motivo? Necesito entender para encontrar la manera más adecuada de asistirte.-

El Auror le miró fijamente a los ojos por un minuto entero; enseguida, señaló brevemente con un movimiento de su barbilla hacia el pergamino arrugado que yacía en el piso, al lado de sus zapatos.

Lo tomó entre sus manos. Antes de darle un vistazo, le dirigió una mirada, pidiendo con ésta un permiso silencioso para leer el contenido. Potter asintió con un movimiento, apenas perceptible.

Únicamente fue necesario leer la primera línea del texto, entendió a la primera de qué se trataba y el porqué de la huida.

-Obviamente no quieres hacer ésto... ¿Quién en su sano juicio querría?- Escuchó claramente el bufido burlón del pelinegro.

Porque sí, su pregunta resultaría tonta a cualquiera otro que le escuchase, pues, todos los magos presentes disfrutaban mucho ser el centro de atención y los beneficios de la popularidad; independientemente del rango de edad. Todos, menos ellos dos, por lo que pudo corroborar.

Asintió para sí mismo, pensando rápidamente en alguna forma de ayudarle. Si él estuviera en su situación similar, hubiera buscado cualquier pretexto para no asistir al evento, como mínimo.

¿Cómo era posible que sus propios amigos le hiciesen eso a él? Precisamente a él. Era una infamia.

-Si lo deseas, puedes venir conmigo... Mi habitación no queda muy lejos. Estoy ocupando la que pertenecía a mi padrino, Severus. Tiene chimenea propia, habilitada, puedes escapar por ahí.- Explicó entre susurros.

Los inigualables ojos verdes se abrieron desmesuradamente con un destello de ilusión.

Dedujo que significaba un rotundo "sí". Apuró:

-Anda, vamos, antes de que se den cuenta que estás aquí.-

Le ayudó a ponerse de pie, percatándose en ese instante de que Potter le rebasaba por unos cuantos centímetros de estatura y varios más en ancho de espalda ¿De qué carajo se había estado alimentando en todos esos años?¿De ambrosía?

Carraspeó ocultando su asombro, enfocándose en el asunto que apremiaba.

Se encaminaron hacia el otro extremo del pasillo, justo por donde él había accedido. Cedió el paso a su compañía para que se adentrara. Estaba por seguirle, cuando oyó una vez más el nombre de Potter siendo voceado insistentemente desde las escaleras, en los primeros escalones.

Éste se detuvo, quedando paralizado y mirándole con ojos suplicantes.

Exhaló resignado e instruyó:

-Bien, dame tu túnica. Te dejaré mi chaqueta, colócate la capucha. Adelántate a la habitación, ya conoces el camino. Para estas horas, no debería haber afluencia de alumnos o profesores con los que te pudieras topar. De cualquier forma, creo que eres lo suficientemente capaz de realizar un hechizo desilusionador o un glamur en caso de ser necesario, ¿cierto?... Yo me encargo de lo demás.- El otro asintió con gesto agradecido.

Acortó la distancia que había con el Auror, sin aviso; quedaron a un palmo de separación. Se inclinó otro poco invadiendo su espacio personal, y susurró rápidamente la contraseña de entrada de la habitación, además de la ubicación exacta de la chimenea... Fue inevitable notar el perfume.

¡Por Salazar! ¿Qué era eso? ¿Qué demonios traía encima? ¿Se perfumaba con Amortentia o qué? ¿Cómo, en el nombre de Merlín, alguien podía poseer ese aroma? Debía tratarse de alguna especie de hechizo o tal vez algún efecto causado por la pérdida de control de su magia, o la ambrosía que presuntamente ingería.

Potter, el muy... Olía... Olía como... Como... Como la pureza de la magia... Como el aroma nocturno que expedía el jardín de exótica flora mágica que solía cuidar celosamente su madre... Olía como todo lo bueno de este mundo... Un aroma indescriptible... Embriagante y... Seductor.

Retrocedió al instante. Tragó saliva audiblemente, perturbado. Carraspeó, agitó la cabeza lado a lado para despejarse, cuadró los hombros y fijó su vista en el rostro ajeno. El Gryffindor le sorprendió al brindarle una sonrisa pequeñita, apenas perceptible, que le dio luz a sus esmeraldas por un breve instante, provocando se vieran mucho más bonitas de lo usual.

-Menudo Auror estás hecho, Potter.- Masculló despectivo, arrastrando las palabras.

Vio que la sonrisa del otro se ampliaba un poquitito más, al mismo tiempo que le entregaba la pesada túnica negra, quedando solamente con una impoluta camisa blanca que le ajustaba a la perfección y los pantalones de piel de dragón. Él le entregó su chaqueta verde, que por fortuna era un par de tallas más grande; debajo portaba un suéter ligero, liso, gris claro; además de unos vaqueros azules desteñidos.

El Auror alzo las cejas sorprendido y le miró divertido. Él le devolvió la mirada con ojos entrecerrados:

-Sí, tus ojos no te engañan. Ahora soy un intento de muggle por vocación, ¿algún problema?- Preguntó queriendo sonar amenazante.

No le funcionó. Lo comprobó al ver a Potter mordiéndose el labio inferior para no reír, al mismo tiempo que alzaba ambas manos en gesto de paz.

Negó con un movimiento, apretó sus labios con el fin de ahogar la sonrisa que pugnaba por salir. Giró sobre sus talones dándole la espalda, sintiendo el rostro extraño. Había pasado un buen tiempo desde la última vez que sonrió o intentó sonreír.

Regresó sus paso sin mirar atrás. Llegó al punto medio del pasillo, dejó la capa colgada sobre la amplia base de piedra del ventanal, que hacía las veces de asiento, y la hoja arrugada al lado. Esperó hasta divisar de soslayo la figura que buscaba a Potter. Confirmó sus sospechas al girar su vista y verle aproximarse. Granger. Fingió acabar de arribar también a la ventana y revisar someramente las pertenencias.

-¿Malfoy?- Murmuró con sorpresa la recién llegada.

-Granger.- Respondió al intento de saludo.

-Eh, discul... ¿Esa es la capa de Harry? ¿Porqué la tienes en tu poder?- Inquirió, aunque más que sonar sospechosa, sonaba todavía más sorprendida.

-No la tengo en mi poder, propiamente dicho. Acabo de verla. Iba camino a la biblioteca y me tope con ella, pensaba tomarla y llevarla con la directora. Creí que pertenecía a alguno de los profesores o algunos de los visitantes.- Arguyó, adoptando una pose tan segura que no admitía duda.

-Oh, pues, no. La túnica es de Harry, tiene las insignias del Jefe de Aurores. Yo puedo llevármela, se la entregaré en el momento en que lo encuentre... Si lo encuentro. Gracias, de cualquier manera.-

-No hay de qué... Por cierto, también estaba este pergamino. Lo hallé al lado de la capa. No sé si sea propiedad de Potter; no me gusta leer la correspondencia ajena.- Entregó el pergamino maltratado.

La bruja lo extendió con el entrecejo frundido, extrañada. Sin embargo, conforme leía las primeras líneas, su cara se transformó adoptando un gesto compungido, triste.

-Ay, Harry... ¿Porqué no me lo dijo?- Susurró lamentándose y viendo a la nada por un momento. Recuperó el gesto afable, pidió suplicante:

-Malfoy, si llegaras a toparte con Harry podrías decirle que le estoy buscando, y... Y que no se preocupe por el discurso, por favor-

-Claro. Pierde cuidado.- Respondió.

Granger se despidió agradeciendo de nueva cuenta, se llevó la prenda, el escrito y bajó por las escaleras. Él la imitó yendo hacia el otro extremo del pasillo, a medio camino, oyó la voz de un hombre discutiendo con Granger. Wesley.

-¿Cómo que no está Mione? ¿Se fue? Pero, ¿porqué?- Exclamó el otro a viva voz.

-Te lo dije, Ron. Harry no iba aceptar hacer esto por propia voluntad. Ni siquiera ha asistido al evento los años anteriores al igual que nosotros... Tú no quisiste hablar, imagina lo que él...- La frase se perdió, dejó de escucharle. Seguramente bajó el volumen recordando que alguien podría husmear su conversación. Alguien como él.

Aun así, esperó por si captaba algo más.

-Pero si Ginny me dijo que...- Rebatía el otro.

-Hace tiempo que las prioridades de tu hermana cambiaron, Ron. Ha perdido el norte, lo sabes. Se ha dejado seducir por la frivolidad... Harry ya no es su...-

-¿Pero, es que cómo ella fue capaz de obligar...?-

-Afuera está lleno de víctimas, sobrevivientes, fanáticos y prensa, él no se negaría a dicha petición. No frente a ellos. Además...-

La conversación dejó de oírse por completo. Ahora tenía una idea más clara de lo sucedido. Vaya cosa.

Se encaminó al oscuro vestíbulo del pasillo, ansioso por volver a la seguridad de su habitación.

Por lo visto en su vida de ermitaño no se había perdido de mucho. La comunidad seguía igual de mezquina, egoísta y cerrada de mente; independientemente del bando elegido durante la guerra.

Tantas muertes, tanta destrucción, tanto sufrimiento habían servido para nada. La sociedad no mejoró, no cambio todo aquello que criticó, no evolucionó; era lo mismo pero pintado de otro color, con otros líderes, otros nombres.


Al arribar a su destino, pronunció la compleja contraseña de la entrada, creyendo que el interior ya debería estar vacío.

Pensó en quizá enviarle una breve nota a Potter mencionando las palabras de Granger y la conversación de la que fue testigo. Entró al recibidor hallándolo en penumbras. Se descalzó, colocando en su lugar unas pantuflas. Se dirigió hasta su escritorio, dispuesto a continuar con su trabajo.

Encendió con magia no verbal el fuego la chimenea del pequeño salón. Detuvo sus paso quedando paralizado al instante.


Quando impari a sopravvivere
E accetti l'impossibile
Nessuno ci crede
Io sí



Potter estaba ahí. Recostado, en posición fetal, abrazándose a si mismo sobre el sofá, que parecía diminuto respecto a la enormidad del cuerpo que contenía; estaba durmiendo.

Al parecer, había caído dormido mientras lloraba, tenía marcas en las mejillas. Pequeños surcos que dejan las lágrimas, él lo sabía bien.

Suspiró profundo. Se hincó en el piso, frente a su cara. Retiró suavemente los mechones negros que obstruían la apreciación del rostro durmiente. Suspiró otra vez.

Él mejor que nadie entendía lo que esa fecha traía consigo, el cuánto afectaba, el cuánto dañaba. La avalancha de recuerdos, la lucha constante entre el sentimiento de alivio y el dolor de la desolación, de la pérdida. Las pérdidas, en plural.

No podía imaginar cómo era para él, el protagonista de la historia, el líder del bando de la luz. El Salvador profético. El que dio fin a la gran Guerra.

El Héroe... Cuánto sacrificó el Héroe, de cuánto fue despojado, cuántas decisiones le fueron vedadas. Cuántas opciones arrebatadas, por un destino que no eligió. Cuánto, solo por haber sido marcado desde su nacimiento. Marcado por su herencia. Marcado por su familia. Marcado por su sangre... Marca de la que continuaba pagando el precio... Marcado, igual que él.

El nudo que se alojó en su garganta desde inicio de semana, se apretó considerablemente; a la par, sus ojos picaron anunciando lágrimas inminentes.

Uno viviendo en la oscuridad, el otro en la luz... Y sin embargo, ambos padecían de la misma pena.

Tragó pesadamente el nudo. Apretó los ojos un segundo para alejar las lágrimas, se negaba a llorar, aunque, a estas alturas ya no le quedaban lágrimas qué derramar.


Distraídamente peinó con una de sus manos la suave y abundante cabellera negra, más larga de como la recordaba. Acarició una vez, a penas un toque efímero con la yema de su dedo, la famosa cicatriz. Mientras tanto, retiró las botas del Auror, agrandó el sofá y atrajo una manta con su magia no verbal. Le arropó, se puso de pie, decidió mantener el lugar únicamente iluminado por las llamas del fuego para dejarle descansar.

Un día agotador, sin duda.

Se dirigió, ahora sí, hasta su escritorio a continuar con su labor. Encendió una vela, abrió el diario de su padrino en la página que dejó previamente marcada, e inició con la lectura. Necesitaba mantener su mente ocupada en algo útil.


Horas más tarde, un par de sonidos a su espalda interrumpieron su concentración.

Potter se incorporaba de golpe, quedando sentado en el sofá, al tiempo que jalaba aire desesperado; miraba a todos lados asustado, con ojos desorbitados. Probablemente despertaba de una pesadilla.

"Malditas pesadillas." Maldijo internamente. Se colocó rápido de pie y se aproximó hasta quedar frente a él.

-Potter... Hey, Potter... Harry.- Susurró intentando llamar su atención sin alterarle más.

Cuando el otro fijó su mirada en él, dijo:

-Estás en mi habitación, en Hogwarts, ¿lo recuerdas? A medio día te envíe aquí para que pudieras escapar por la chimenea; no obstante, te quedaste dormido en el sofá-. Continuó con los susurros.

Vio el entendimiento cruzar por los ojos verdes, todo él se fue destensando poco a poco, incluso su respiración se regularizó.

-Tuviste una pesadilla.- Afirmó más que preguntar. El otro asintió, y bajó su mirada a sus manos; éstas estrujaban la manta, todavía afectado por el horrible sueño.

-¿Qué hora es?- Musitó el pelinegro, elevando de nuevo la mirada y clavándola en la suya intensamente, luciendo serio. Suprimió el estremecimiento que la voz grave y masculina le provocó.

¿Qué le sucedía el día de hoy? Todo en Potter parecía afectarle sobremanera... Siempre le afectó sobremanera. Tal vez se debía a la falta de contacto con otro adulto que no fuera la directora.

-Hora de la cena... Ya debe haberse puesto el sol.- Agitó su mano para que las velas en los candelabros iluminaran la habitación y señaló en dirección al reloj colgado en la pared.

Potter asintió sin ver el reloj, y sin quitar la mirada de su rostro. Él tragó saliva nervioso por el escrutinio, decidió preguntar:

-¿Te sientes mejor?- Potter asintió con una sonrisa pequeñita, similar a la de medio día.

Insistió, más tranquilo, al notar el cambio de semblante:

-¿Tienes hambre?- Apretó los labios para no mostrar la sonrisa que le provocó al ver en primer plano el puchero disgustado del Auror, como el de un niño pequeño enfurruñado, arrugando la nariz.

-Alimento, no, entendido... Entonces ¿Agua? ¿Té?- Potter asintió al oír la última opción. Con un chasquido de dedos atrajo la taza de té que había preparado para sí, minutos antes; la mantuvo caliente con un hechizo.

Potter jadeó y abrió los ojos, luciendo sorprendido.

-Puedes hacer magia sin varita.- Murmuró fascinado mientras tomaba un sorbo del líquido.

Esta ocasión no logró controlar el estremecimiento al escuchar su timbre de voz. Carraspeó, se puso de pie y se sentó en el sofá de una plaza ubicado al lado.

-Así es. No entiendo por qué te sorprende tanto. Estoy seguro que tú también lo haces, y mucho mejor... Te vi un par de veces, hace muchos años.- Mencionó atrayendo para él otra taza de té.

-No tantos años, en realidad... La sorpresa es debido a que no conocía a alguien, además de mi, que pudiera hacerlo. No con tan buenos resultados.- Explicó entre sorbos.

-Bueno, es el resultado de la necesidad.- Alzó los hombros, restándole importancia.

-Necesidad, palabra compleja... ¿Puedes hacer dos hechizos a la vez? Uno simultáneamente al lanzar otro con la varita, quiero decir.- Inquirió curioso.

Su humor se ensombreció por un segundo, creyó que se burlaba de él, sin embargo, al percibir verdadera y limpia curiosidad, decidió no dejarse llevar por pensamientos negativos y le dio una respuesta clara:

-No tengo varita propia, por lo tanto, no sé decirte si puedo o no. Pero, en cualquier caso, suelo realizar únicamente hechizos básicos, poco complejos, de uso doméstico más que nada. No me interesa llamar la atención de las autoridades dejando mi huella mágica aquí y allá, no quiero problemas.-

-¿Cómo que no tienes varita? ¿Porqué? ¿Y qué es eso de problemas con las autoridades?- Preguntó impactado.

¿Porqué?... Era el jefe de los Aurores, ¿cómo podría no saberlo?... ¿Acaso se lo habían ocultado? Y de ser así, ¿qué otras cosas le pudieron haber ocultado? Aunque, recordando el suceso de la mañana, le quedaba claro que su vida no era miel sobre hojuelas. Le compadeció por un momento.

Suspiró profundamente previo a explicar:

-Es parte de mi sentencia, Potter... Desde el juicio me quitaron la varita, me prohibieron el uso de la magia. Me fue prohibido también salir del territorio mágico, fue una especie de arresto domiciliario; el asunto es que yo no tenía domicilio a dónde ir, pues habían incautado todas las propiedades de la familia, incluyendo las cuentas en Gringotts. La mía no la incautaron como tal, pero, de cualquier manera, me impidieron hacer uso de ella hasta no cumplir con mi sentencia... Me quedé en la calle. Blaise, mi amigo, me alojó en su hogar unos meses, hasta que llegó el turno de su famila para ser enjuiciados. Les exiliaron, apesar de no haber recibido la marca oscura, ni comprobarles su participación como Mortífagos, y, yo me quedé de nuevo en la calle... Por fortuna, McGonagall me ayudó e intercedió por mi. No supe cómo se enteró de mi situación, ni el porqué quiso ayudarme después de mi lamentable comportamiento...-

Potter intervino en su narración.

-Te viste obligado a tomar decisiones con las que no estabas de acuerdo, lo sabes. Ambos lo sabemos... Además, yo jamás me enteré de todo esto... Si lo hubiera sabido...-

-No tenías porque... Ya habías hecho suficiente por mi, por mi familia... Por todo el mundo, en realidad... Había que pagar las consecuencias de las malas decisiones tomadas. Créeme, no me quejo. No me estoy quejando ahora. Solo te doy la explicación que, desde mi punto de vista, mereces.- El Auror asintió.

-¿Cuándo termina tu sentencia?¿Y qué haces aquí de todos modos? ¿Eres profesor?- Insistió curioso.

Soltó un bufido burlón.

-No tengo idea de cuándo termina mi sentencia. Hace años que dejó de importarme, de hecho... Como te decía, Minerva dio conmigo al siguiente día de la partida de Blaise. Me dijo que Severus me había nombrado como heredero único de sus bienes, de los cuales había gran parte aquí el colegio, en su habitación, en su despacho en el laboratorio, y en el sótano... De sus bienes, lo más preciado era, desde mi punto de vista y el de Minerva, sus investigaciones e invenciones en el área de pociones, así como la invención de varios hechizos... Seguro recuerdas el Sectumsempra. Bueno, ella abogó ante el Ministerio para que me otorgaran el permiso de hacerme cargo de la clasificación, interpretación, documentación y réplica de semejante acervo de conocimiento. Arguyó que yo era el único con la capacidad y conocimiento el la materia para hacerlo, mi padrino expresó lo mismo en su testamento... El Ministerio aceptó. Fue un ganar-ganar para todos... Yo tenía casa y comida, el Ministerio creía que me vigilaba y controlaba a través de la directora; y ésta recibía más conocimiento para engrandecer ciertas clases en el colegio.- Concluyó con otro alzamiento de hombros, como si hubiera contado la historia de alguien más, no su propia historia.

-¿Y cómo haces para trabajar las pociones en el laboratorio si no tienes varita?-

-Minerva me presta alguna de las extraviadas por los alumnos durante la guerra... Al principio colocaba hechizos de seguridad o rastreo, obligada por el Ministerio. Conforme pasó el tiempo, el Ministerio bajó el acecho y Minerva se relajó también, ya le tenían harta con sus tonterías, no soporta su presencia, según sus propias palabras.- Una de sus comisuras se alzó un poco en señal de sonrisa, al recordar la sarta de improperios dichos por la bruja siempre tan estoica.

Oyó el jadeó indignado de Potter, quien, pasaba por un fuerte debate interno aparentemente, abría y cerraba la boca sin emitir palabra alguna.

-No deberías agobiarte por algo que claramente no es tu culpa y que además ya sucedió en el pasado- Murmuró, sintiéndose un poco reconfortado por su empatía.

Potter... Siempre haciendo gala de su enorme corazón Gryffindor, un corazón de oro.


Non lo so, io
Che destino è il tuo
Ma se vuoi
Se mi vuoi
sono qui

-Es que no es justo. No está bien... Si yo lo hubiese sabido... A saber cuántos más vivieron semejantes atropellos... No imagino qué más hicieron y continúan haciendo a mis espaldas... Di la vida por todos y no sirvió para mucho. La sigo poniendo en riesgo, ¿y todo para qué? El mundo está igual o peor... Me siento más inútil que nunca.- Espetó tallándose la cara y el cabello con frustración.

-Potter...- Susurró lastimosamente, afectado de verle así, no supo qué otra cosa decirle.


El aludido hizo caso a su llamado ocultando su rostro entre sus manos, con los hombros hundidos, apoyando los codos en las rodillas; adoptó casi la misma postura en que le encontró en la mañana.

-Me tiene harto.- Le oyó mascullar, sonando ahogado por permanecer oculto.

Su pecho se contrajo, él no debía estar padeciendo los errores de los otros. Él no. Se trasladó al sofá en que Potter estaba sentado, quedando a su lado. Sin meditarlo mucho, pasó uno de sus brazos por hombros amplios en un gesto reconfortante.

Susurró de mecánicamente:

-Harry...-

-Estoy harto de todos... De todo... Ya no puedo... Ya no puedo más.- Musitó con la voz quebrada, bajó las manos, le miró con las esmeraldas nubladas por las lágrimas. De repente, se giró hacia su cuerpo abrazándose a él fuertemente, envolviendo su torso delgado y ocultando el rostro en la curvatura de su cuello esbelto. Sintió la humedad del llanto silencioso mojando su piel, el borde del suéter.

Torpemente, terminó por envolverle también con sus brazos, sobre los hombros; después optó por dar largas pasadas por la espalda que subía y bajaba a destiempo a causa de las lágrimas que fluían sin parar. Él, mientras tanto, se limitó a perderse en sus propios pensamientos tormentosos, sintiendo sus propios ojos picar. Definitivamente su reserva de lágrimas se había extinguido.

Pasaron largos minutos antes de que el Auror se calmara.

De un momento a otro, se alejó rompiendo el abrazo, cabizbajo.

-Creo que es hora de que me vaya... Ya no dejé fueras a cenar.- Murmuró con voz tomada debido al llanto, luciendo abatido y un tanto avergonzado, le vio de soslayo un segundo, a la par que empezaba colocarse las botas.

-No te preocupes, no tengo por costumbre cenar en el gran comedor, lo hago aquí. Yo preparo mis propios alimentos, al estilo muggle, cabe aclarar- Mencionó más por cambiar de tema y disipar un poco el ambiente incómodo.

-¿Tú cocinas, de verdad?- Le observó asombrado, boquiabierto.

-Por supuesto.- Respondió conteniendo una sonrisa.

-¿Y cuándo me invitas a cenar? Necesito comprobar eso con mis propios ojos.- Señaló, a la par que se ponía de pie.

Esa petición no la esperaba. Se obligó a responder.

-Cuando gustes, yo siempre estoy aquí. En todo caso, eres tú quien tiene mayor restricción de horario.- Potter le dedicó una sonrisa deslumbrante que le cortó la respiración por un segundo e hizo tropezar el latido de su corazón.

-Gracias, te voy a tomar la palabra, tenlo por seguro.- Afirmó sin retirar la sonrisa.

Potter se disculpó por haber interrumpido sus actividades del día e invadir su habitación, se disculpó aún más por haberse quedado dormido en su sala sin haber sido invitado. Además le agradeció el apoyo, la paciencia y el té. Él le quitó importancia al asunto, le obsequió varios frascos de una versión mejorada de la Poción para Dormir sin Sueños, más efectiva para las pesadillas, para que las compartiera con los otros miembros del Trío Dorado por si también la nacesitaban, y le llevó hasta el sitio donde estaba la otra chimenea con los polvos flú.

Justo antes de que el Auror lanzara los polvos a la chimenea, se animó a expresarle una idea que cruzó por su cabeza mientras le mantenía abrazado y atravesaba la catarsis emocional.

-Potter...- Llamó su atención. El otro giró hasta quedar frente a frente, con una sonrisa de lado, respondió:

-Harry... Llámame Harry, Draco.-

Asintió, mordió su labio inferior; tomando valor, prosiguió:

-Harry... Hay un claro, en el centro del bosque prohibido, cerca del lugar donde se reúnen los unicornios. Es un lugar muy apacible... A veces salgo a volar ahí, por las noches. Me ayuda a despejarme y, a pensar con tranquilidad... Si te apetece podríamos ir a volar, en alguna oportunidad que tengas libre .-

Nuevamente la sonrisa cegadora se hizo presente.

-Oh, sí, me encantaría, Draco, gracias. Nos ponemos de acuerdo en estos días, ¿de acuerdo?.- Respondió animoso.

Asintió, dudó un poco antes de agregar lo demás que quería decirle.

Harry, al ver que no añadiría algo más, lanzó los polvos a la chimenea, voceó una dirección en el Valle de Godric, probablemente de su hogar. Le vio inclinarse para adentrarse en el fuego verdoso, y entonces, inesperadamente, se aventuró a externar las palabras que tenía atoradas en la lengua:


Nessuno ti sente
Ma io sí


-Y, Harry... Estoy aquí... Estoy aquí... Siempre.-


"Si necesitas hablar, llorar, despotricar contra el mundo, para lo que necesites, estoy aquí", quiso añadir, no obstante, su boca falló al último momento. La malsana costumbre de guardar sus sentimientos y pensamientos desde que tenía uso de razón.

Harry le miró con una emoción reflejada en sus ojos que no pudo descifrar. Sin embargo, supo que había captado el significado verdadero de sus palabras, el destello de entendimiento en su mirada lo demostró. Luego, le sonrió pequeñito y se despidió con un:

-Gracias, Draco... Gracias, por todo... Gracias, de verdad.- Reticente, se dio la vuelta y desapareció.


Un par de minutos más tarde de que el visitante se hubiese ido, con movimientos mecánicos, volvió a su escritorio a continuar con su lectura.

Apagó las velas dejando únicamente encendida la de la mesa. Apareció una taza con café, bebió el primer sorbo degustando el sabor único; hizo un repaso de los sucesos del día.

Los recuerdos de una fecha similar, ocurrida cuando aún era un adolescente, y las memorias de los días posteriores a éste en el trancurso de ese mismo año, año que terminó por sellar el sombrío futuro que ahora vivía, le golpearon con saña, indolentes, despiadados.

Su mente reanudó con ello la actividad principal de esa rutina autoimpuesta, flagelarse con dichas memorias, punirse con los detalles grabados a fuego... Una rutina que únicamente había sido rota por el Ya no tan Niño que Vivió... Él, siempre Él, sacudiendo los cimientos de su vida... Por supuesto que solamente Él poseería tal poder... Potter... Harry.

Dejó ir un suspiro tembloroso, situó la taza sobre el platillo. Notó entonces que debía cambiar el pergamino para comenzar a escribir, un par de gotas le habían estropeado. Gotas que escurrieron de su mentón... Gotas que no eran de café.

"Al final resultó que si guardaba unas cuantas lágrimas de reserva", pensó amargamente, sintiéndose más solo que nunca.



~*~



"-Y, Harry... Estoy aquí... Estoy aquí... Siempre.-"

Esa frase rebotaba en su mente de un lado a otro.

-Harry...- Oyó otro susurro vago, el timbre de voz cosquilleó en su memoria.

Estaba completamente perdido en sus pensamientos, específicamente, en el recuerdo de la conversación llevada a cabo la semana anterior.

Todavía no lograba entender, cómo Él, el superviviente por excelencia, el mago más inteligente y talentoso de su generación, el Dragón de Slytherin, le había hablado en esos términos, con un dejo de desinterés, de resignación... De abandono.

Repasaba a detalle cada fragmento de dicha conversación, la más profunda de todos sus encuentros, en la cual sintió que, por primera vez Draco confiaba en él.


Quando tu non sai più dove andare
Sto qui Sto qui



"-Entonces, ¿has pensado qué harás cuando tu sentencia concluya y tus bienes te sean devueltos?-" Preguntó mientras ambos sobrevolaban despacio en sus escobas los límites del bosque prohibido.

Esa noche el cielo estuvo despejado, sin nubes. Inclusive la característica neblina que cubría el bosque de día y de noche, esta vez no se presentó. Pudieron observar a los unicornios conviviendo, juguetear entre ellos, alimentar y mimar a sus crías. En tanto el resto de los habitantes se unían creando una sinfonía extraordinaria de sonidos nocturnos.

Draco miraba hacia el frente, meditando su respuesta. Llevaba la cabellera larga suelta, de forma que las hebras doradas ondeaban por el viento reflejando la luz de la luna. Sus ojos convertidos en dos gotas de mercurio que lanzaban destellos luminosos en cada ocasión que un haz de brillo lunar les golpeaba, al igual que su piel. Adoptando la apariencia etérea de un fae, de una ninfa, de algún dios mitológico.

"-Nada, Harry. No he pensado en ello, si te soy sincero... Como te mencioné la vez anterior, no tengo idea de cuándo finalice o si es que algún día lo hará. Dejó de tener importancia para mi justo el mes previo a cumplir el primer año de sentencia... No obstante, si llegase a suceder, tal vez me vaya a Francia, Suiza, Italia, España, Japón, tenemos residencias en varias partes del mundo. Incluso en el mundo muggle existen varias propiedades... O tal vez me quede aquí hasta terminar con el trabajo de Severus... O...-" Dejó Inconclusa la frase, alzó un hombro restando importancia al tema, pero, en su lugar lucía abatido.

Intentó no hacer evidente el cuán afligido le hizo sentir su respuesta, su semblante alicaído. El pensar en la posibilidad de que se fuera y le perdiera el rastro, hacía que su estómago se contrajera desagradablemente. Le embargaron unas ansias terribles de abrazarlo y llevarle consigo a su hogar, de protegerlo y cuidarlo.

Respiró profundo para despejarse, tragó saliva y siguió con la plática:

"-Cuando dices que no sabes cuándo termine, ¿es en sentido figurado?-

-No, Harry, en sentido literal.-

-Pero, no lo entiendo ¿No te lo dijeron ese día? Debieron darte también una copia de la sentencia por escrito.-" Insitió confundido.

El rubio negó suavemente con un movimiento, tenía la vista clavada en el cielo; estaban cerca de la entrada bosque.

"-Realmente no conozco el tiempo de duración o la fecha específica de término. No es algún tipo de broma, te lo aseguro... Ese día no preste atención, en aquel momento los guardias acababan de entrar con mi madre esposada, era su turno de ser juzgada... El documento que citas, nunca lo recibí.- Dijo"


Scappi via o alzi le barriere
Sto qui Sto qui

Notó el instante preciso en que su semblante cambió. Fue después de mencionar a su madre. A partir de ahí, su rostro se tornó serio, duro, con la mandíbula y labios apretados; los ojos fríos, sin brillo.

"-Draco, ¿cómo está tu madre?-" No había encontrado rastro de información acerca del paradero de la bruja. La buscó porque no le parecía congruente que ella hubiese engañado a Voldemort so pena de morir por proteger a su hijo, y ahora se hubiese desentendido de él.

Fue testigo del cómo el rubio alzaba capas y capas de muros inexpugnables a su alrededor. Muros que no dejaban entrever un atisbo de emoción, ni buena, ni mala. Era la viva imagen de la típica belleza helada de los Malfoy y su furia calma.

"-Ella está bien, gracias por preguntar.-" Respondió monocorde.

"-¿Sigue aquí, en Londres? Si es así me gustaría hacerle una visita o por lo menos enviarle una carta, para saludarla. Le debo la vida, al igual que a ti.-" Finalizó en un susurro, no sabía qué tan bien sería recibidas sus palabras.

Draco le dedicó una larga mirada, pose recta, los hombros tensos.

La intensidad de las emociones que se agolparon en esos ojos tormentosos le dejaron enmudecido. De un segundo a otro, Draco rompió el contacto, volvió su atención al castillo y añadió en el mismo tono impersonal:

"-No nos debes nada, Harry. Por el contrario, estamos, y estaremos siempre en deuda contigo por salvarnos del yugo de un demente... Se hace tarde. Es tiempo de que regrese al castillo, no desearía que la directora se agobiara si llega a percatarse de mi ausencia... Gracias por la cena y el paseo, Harry. Que pases buena noche.-"

Salió volando a toda velocidad. En unos segundos dejó de ver el punto luminoso alejándose. Le hubiesen inquietado sus palabras si su tono fuese despectivo, molesto, o cualquier otra cosa. Sin embargo, logró captar con su ojos de Auror entrenado, que la careta Malfoy había flaqueado durante un segundo, exactamente antes de que virara el rostro. La desolación, el inmenso vacío y la tristeza que mostraron le dejaron impávido.

¿Qué acababa de suceder? ¿Porqué huyó el Dragón Albino?

Y... ¿Porqué se sentía tan dolido por su partida?


Quando essere invisibile
È peggio che non vivere
Nessuno ti vede
Io sì


No. Aquello no encajaba. No iba con él, con su personalidad tenaz... Porque Él era más. Draco siempre fue más para él, siempre fue el estandarte que alcanzar, el prototipo de mago perfecto, el mejor rival a vencer... El príncipe de las serpientes al que siempre admiró en secreto.

Suspiró abatido.


-Harry...- El mismo murmullo sonó a lo lejos

-¿Harry?- Otra vez alguien llamaba, la voz se oyó más nítida, más cercana, aunque en esta ocasión el tono era más grave.

Tampoco reparó en él, siguió sumergido en las profundidades de su mente.

Necesitaba hablar con Él otra vez y de paso, idear un nuevo pretexto para verle. Aquello de insistir en aprender a cocinar un buen ratatouille francés, coq au vin, o cualquier otro platillo francés tradicional que pasó por su cabeza, pues, como que ya no sonaba muy convincente. Al principio lo había comentado como una broma, pero, Draco se lo había tomado muy en serio, casi como un reto y, pues él no iba a desaprovechar la oportunidad de tener más de cerca al fascinante Dragón, tanta veces como pudiese.

Todavía alucinaba un poco acerca de ello. Verle moverse con tanta soltura en la pequeña cocina de su habitación en Hogwarts; concentrado, midiendo la cantidad precisa de cada ingrediente, era cuanto menos alucinante.

Pero, sin duda, los detalles que le habían dejado bastante aturdido, tanto, como para pasar noches en vela, eran: Sus dedos, sus labios y... Su magia.

Sus dedos moviéndose con destreza para manipular cada herramienta, cada ingrediente. Nunca había sentido tanta envidia por un trozo de carne hasta la tarde que le observó esparcir, con total reverencia, la mezcla de sal y especias sobre una pechuga de pato usando esos dedos largos, elegantes, de piel imposiblemente blanca, se movían de un extremo a otro creando una danza hipnótica... Jamás en su vida deseó tanto transformarse en un trozo de carne comestible, hasta ese maldito instante.

Y sus labios... Joder con sus labios. Eran pequeños, definidos, un poquito delgados, pero apropiadamente abultaditos en el centro; presumían además un hermoso tono de rosa que combinaba a la perfección con el tono de su piel, con su cabello... Con sus ojos.

La realidad es que solía ser bastante distraído con esas cosas, si no tenía motivo de sospecha o desconfianza, pues, no acostumbraba enfocar sus sentidos en un individuo. Sin embargo, nada más fue verle la primera vez probando la salsa en turno para darle el visto bueno y, su cerebro se estropeó. Ahora no podía dejar de estar pendiente de cada ínfimo movimiento, cada fracción de segundo.

La forma en que esos labios rosas se abrieron para dar paso a la cuchara, se cerraban sobre ella y arrastraba el líquido, casi le hace babear. Aunque, el casi, está en duda después de ver la puntita de su lengua salir a retirar los residuos que se pudieron haber quedado en el centro de su labio; ese centro abultadito y moldisquable. Joder.

Y como si no fuera suficiente, esa vez giró el rostro en su dirección, le observó con esos luceros plateados refulgiendo, asintió en gesto de aprobación y le regaló un atisbo de sonrisa, al mismo tiempo que, con sus dedos elegantes, colocaba detrás de su oreja un mechón rubio que había escapado de la coleta. Le dijo con voz suave:

"-Enhorabuena, quedó perfecta, Harry.-"

Casi se derrite. Otra vez, casi.

Tenía una forma de pronunciar su nombre que... Arrastraba las palabras sibilinamente, cualquiera juraría que también hablaba pársel. Para colmo de sus males, tenía una manera de modular sus labios al vocalizar el "Ha" y el "Po", que le provocaban pensamientos muy inapropiados. Muy.

Desde que eran niños tenía ese efecto en él, cada ocasión que pronunciaba su apellido, primero lo atontaba y luego le hacía bullir la sangre. Aunque, en su inexperiencia, confundió el ardor interno con rabia. Y ahora, bueno... Ahora ya no era inexperto. Ahora ya no había confusión.

Su Dragón había madurado para convertirse en el arquetipo de belleza masculina. El mago sangre pura que muchos, si no es que todos, aspiraban a ser... O a aspirarían a tener, si vieran su aspecto adulto.

Draco era educado, caballeroso, masculino, enigmático, amable (¡"Amable", por Merlín! Nunca creyó que le definiría con ese calificativo en particular), inteligente, buen conversador, gracioso (mantenía ese humor ingenioso y un poco negro que a él le encantaba), talentoso, fuerte, elegante (aún con ropa urbana muggle, absurdamente guapo... Poseedor de una magia que hacía vibrar la suya.

Todavía podía sentir los chispazos de energía sobre hombro cuando le tocó por primera vez en su reencuentro... Muy parecida a la sensación que le dejó cuando eran jóvenes y le dio la mano para salvarle del fuego, sensación que se extendió al sentirle abrazado a su espalda... Y luego estaba esa, cuando le envolvió entre sus brazos, mientras él se refugiaba en su cuerpo buscando consuelo... Sintió que era cubierto por un manto cálido, luminoso, pacífico, reconfortante. Se sintió protegido, querido... Su magia llamando a la suya, atrayéndole, bailando una alrededor de la otra, seduciéndole, haciéndola crepitar, bullir, cantar... ¡Merlín! ¿Cómo era eso posible?

Se lamentó con un sonido mezcla de gemido, resoplido y gruñido, a la par que dejaba caer la cabeza sobre la madera del escritorio sintiéndose miserable.

Estaba jodido, rebien jodido. Menos de un mes. Tardó menos de un mes, viéndole esporádicamente, para caer redondito por él. Maldita sea. Joder con su suerte de mierda... ¿Así o más complicado? Solo a él se le ocurría engancharse de una persona con la que no tenía ni una sola posiblidad.

-¡Harry!- El grito de una voz masculina y una femenina, al unísono, junto a un estruendo ocasionado por el golpe de una manotazo sobre la mesa donde él se lamentaba le hicieron brincar asustado.

Los atacantes, por supuesto, eran sus dos mejores amigos. Los veía con ojos desorbitados, todavía sentía el corazón latiendo fuertemente en los oídos.

-¿Qué demonios les pasa? ¿No pueden llegar como personas normales y llamar a la puerta antes? ¿O enviarme un aviso?... Joder, me metieron un susto de muerte.-

-Serás cabrón... Que nosotros te metimos un susto, ¿y tú qué?... Tu secretaria estuvo tocando a tu puerta por cinco minutos seguidos para anunciarnos y no dabas señales de vida. Se asustó y nos dejó intentarlo a nosotros por un par de minutos más obteniendo idéntico resultado. Luego entramos y te vemos con cara de... Con cara de idiota. Pensamos que estabas hechizado o algo. Te llamamos por tu nombre y tú estabas en la putas nubes, seguramente pensando en vida sexual de los bowtruckles.- Vociferó Ron con la cara del color de su cabello. Mirándolo con ojos asesinos.

-Bueno... No precisamente de los bowtruckles.-Dijo y ambos se echaron a reír, olvidando el asunto y el enojo.

-Ustedes dos son imposibles.- Sancionó Hermione moviendo la cabeza, aunque también sonreía.

-Bien, ¿y a qué debo el honor de su estrepitosa visita?-

-No te va a funcionar lo del cambio de tema, no te vas a escapar. Sin embargo, te daremos unos minutos de prórroga... Hay un asunto apremiante que debo tratar contigo.- Enunció Ron adoptando un gesto serio.

-Yo también.- Agregó Hermione.

Extrañado, hizo una seña vaga con una de sus manos, dando pie a que hablara cualquiera de los dos. Fue Ron quien tomó la palabra:


-Pues, resulta, "Jefe", que durante su ausencia de ayer por la tarde, Shakelbot le envió una citación a su oficina, con caracter de urgente. Como ya era tarde y su asistente ya había terminado su turno, yo le repondí en su lugar explicando su ausencia, sin dar detalles, pues acaba de entrar aquí a dejarle el reporte de la última misión... Segundos después, tenía al mismísimo Ministro entrando aquí, interrogándome acerca de si habías estado presentando un comportamiento sospechoso y patrañas similares, porque al parecer, el Departamento de Misterios te tiene la mira-

-¿Qué? ¿Porqué?- Preguntó descolocado.

-¿En serio te vas a hacer el ingenuo conmigo, con nosotros? Tengo pruebas, Harry. El Ministerio te abrió una investigación, Shakelbot tiene el expediente y él me lo mostró.-

-¿En qué te metiste ahora, Harry?- Se lamentó la bruja cerrando los ojos y sosteniéndose el puente de la nariz con los dedos.

-No es el qué lo que verdaderamente me preocupa, Mione... Sino la posible existencia de un quién, y su origen.-

-¿Un quién?¿Tiene esto qué ver con el expediente que me pediste te consiguiera?- Inquirió ella con ojos entrecerrados. Ron adoptó el mismo gesto.

Él se limitaba a ver de uno a otro. Le habían atrapado, lo que faltaba.

-¿Cuál expediente?- Masculló el pelirrojo sin dejar de analizarle a él detenidamente. Hermione respondió a la par que arrojaba hacia el centro de la mesa el archivo del caso Malfoy.

Como era de esperarse, Ron lo abrió encontrándose la foto de un joven Draco en la primera hoja. Lo cerró de golpe. Sin embargo, lejos mantener su pose de auror enojado, sus labios se apretaban exactamente igual a las veces que ponía toda su esfuerzo en no reírse.

-¿Tiene qué ver o no Ron?- Instó la bruja muy seria.

El aludido la miró de soslayo por un segundo, enseguida fijo sus ojos azules en los suyos y preguntó a bocajarro:

-¿Para qué sacaste del almacén de pruebas el anillo familiar de los Malfoy y el fistol de oro de Narcisa Black, que además de todo, también es una antiquísima reliquia familiar de los Black?-

-¿Qué?- Musitó la secretaria del Ministro.

Gimió mortificado y volvió a darle un golpe a la mesa con su frente. Se oyeron las risas bajitas de los otros dos.

-Ahora entiendo todo.- Comentó la bruja con un brillo malicioso en los ojos mientras sonreía.

-La misma historia de obsesión fatal de nuestro sexto año en Howarts, en versión para adultos. Ver para creer... Con razón hace rato ni oías la puerta, a saber qué cosas estarías recordando, si hasta babeabas y todo.- Pico el Auror con la misma expresión burlona.

-Por favor, no es lo que creen, ¿de acuerdo? Juro que no es lo que parece.- Explicó manoteando, sonrojado hasta la coronilla para terminar alborotando su cabello.

-Pues entonces empieza a cantar, pajarillo. Porque aquí la próxima Ministra y yo poseemos una mente muy, muy, muy activa.-

-Son los peores amigos, que lo sepan... Ya les conté lo que ocurrió en la celebración del fin de la guerra y todo eso, ¿recuerdan?- Esperó a que ambos asintieran para proseguir: -Bueno, pues, a partir de ese día, he seguido viendo a Draco.-

-Así que ya es "Draco".-

Tragó grueso, poniendo todo de sí para no desviar la mirada, ni seguir sintiendo la cara caliente o le estallaría en llamas.

-Sí... Y, bueno, la convivencia ha dado pie a que la confianza se fortalezca poco a poco... Por ende, ha surgido, entre nosotros, una especie de amistad... O al menos eso creo, eso espero... Draco es una persona increíble que, al igual que nosotros, ha tenido que pagar y continúa pagando las consecuencias de los errores de otros... Entonces, se me ocurrió que, como dentro de una semana será su cumpleaños, pues... Creí que sería un bonito detalle, obsequiarle el anillo distintivo de su familia y, el fistol de su madre... Aunque, más que obsequio sería una devolución justa, ¿están de acuerdo- Explicó titubeante.

-Todo sonó muy bonito... Ahora empieza de nuevo y, esta vez, por favor, cuéntanos la verdad.-

-Ya, Ron, no lo hagas sufrir al pobre... No ves que podría escaparse volando, de nuevo, montado en su Increíble Dragón Albino.-

-¿Tú también, Mione? Los odio... Voy a cambiar de amigos, están advertidos.- Trató de sonar amenazante, pero, no lo fue tanto si sus amigos se echaron a reír a carcajadas.

Apoyó los brazos cruzados sobre el escritorio y escondió la cara en ellos. Se sentía profundamente abochornado, como cuando era un adolescente tímido e inseguro.

-Muy bien, Señor Salvador de Hurones caídos en desgracia, deja de lamentarte y andar llorando por los rincones como escoba vieja; vamos a idear un plan para sacarte de tu miseria, ¿cierto, Mione?-

-Claro que sí. No obstante, primero deberás soltar la sopa, jovencito; porque eso de solo querer concretar una linda amistad con él, ni tú lo crees.-

-¿Soy tan evidente?- Musitó compungido.

Hermione estiró una de sus manos llegar hasta él y comenzó a peinar su cabello tiernamente.

-Claro que no, querido. Sin embargo, nosotros somos tus amigos. Conocemos esa cara que pones cuando alguien te interesa no solo para unas horas... Lo que nos sorprende es que no la habíamos visto desde que retomaste lo tuyo con Ginevra después de la guerra. Cuando terminaste con ella un año más tarde, no volvió a aparecer en tu cara ni por un segundo, hasta ahora... Y por Malfoy ni más ni menos... Aunque no te culpo, los años le sentaron de maravilla, y el nivel intelectual que posee, según lo que cuentas, lo vuelven todavía más atractivo.-

Salió de su escondite, suspiró profundamente, vio directamente a los ojos de uno y otro por unos segundos. Entonces, se animó a derramar sus entrañas frente a sus amigos, procuró ser muy cuidadoso en no revelar mucho acerca de lo confiado por su Dragón.

Porque sí, ya era "su" Dragón, aunque nunca le correspondiera.


~*~


Non lo so, io
Che destino è il tuo
Ma se vuoi
Se mi vuoi sono qui
Nessuno ti vede
Ma io sì


Estaba oculto bajo la Capa de Invisibilidad, en un extremo del mismo pasillo donde volvió a verle.

Se sentía vibrando por las emociones contenidas; dividido entre la expectación, la ilusión y el temor... Temor de que fuera la última o una de las últimas ocasiones en que le vería. Aun así se sentía satisfecho consigo mismo por haber conseguido para él esa sorpresa, con ayuda de sus amigos por supuesto.

Todavía se sonrojaba de recordar todas burlas que le hicieron y las puyas. Fue una situación muy divertida, en realidad, pensó que se opondrían o se volverían un poco locos, pero, nada de eso ocurrió. Por el contrario, lucían incluso aliviados de que al fin hubiera puesto los ojos en alguien que le interesara lo suficiente como para intentar una relación más seria, lo suficiente como para querer abrir su corazón. Con el intento se daban por bien servidos, según dijeron.

Draco estaba sentado en el alféizar de la ventana central de dicho pasillo. Estaba con las piernas flexionadas hacia sí, las envolvía con sus propios brazos, mientras mantenía la espalda y la cabeza apoyada en el muro de piedra. Su mirada estaba enfocada en el exterior. Seguramente admirando el paisaje húmedo que la lluvia ligera matutina había dejado.

Sonrió travieso al captar el aleteo de la lechuza blanca arribando hacia el rubio.

Draco abrió mucho los ojos, sorprendido al darse cuenta de que la lechuza llevaba un paquete dirigido hacia él. La lechuza soltó el paquete frente a sus pies, sobre el alfeizar y se posó después al lado, esperando que lo cogiese entre las manos, además de su agradecimiento.



Se trataba de su propia lechuza y sí, la tenía muy consentida, por lo que esperaba por lo menos un cariñito. Moría por ver lo que haría su Dragón con ella. Éste, titubeó para tomarlo con manos temblorosas. El ave ululó varias veces dándole ánimos, empujó el paquete con su pico un par de centímetros hacia él, quien soltó una risita.

-Ya voy, ya voy, pequeñita.- Le oyó decir en tanto acariciaba la cabeza del animal que pareció derretirse con las atenciones de esos bonitos dedos largos y elegantes. Cómo envidiaba a su mascota.

Draco sacó del bolsillo de su chaqueta un trocito de chocolate y se lo dio a "Coty" en el pico, que dio una vuelta sobre su eje, con sus patas, pavoneándose feliz mientras aleteaba. El rubio soltó una breve risita.

Había hallado a Coty en una misión en las afuera de Londres, la víctima tenía su propio criadero de lechuzas y se había visto atacado por delincuentes para robar; en el intento, destruyeron el criadero y lastimaron a la mayoría de ellas; descubrió a Coty debajo de los escombros del edificio, era apenas un polluelito; parecía una pequeña bolita de algodón, de ahí el nombre. La víctima, un mago de avanzada edad, le pidió se quedara con el animalito, tenía un par de semanas de nacido y la madre había fallecido, además él tendría su atención puesta en el resto de las lechuzas y la reconstrucción del lugar como para atender adecuadamente a la diminuta ave. Obviamente, haciendo caso omiso a las burlas de Ron, se la llevó consigo más que feliz.

-Con que además de mimada, eres una cosita muy dulce, ¿ah?... Me recuerdas a cierto león de melena negra.- Susurró acariciando de nuevo al ave, que hizo un par de movimientos graciosos y alzó el vuelo de regreso.

Sintió su pecho aletar al oirle y sonrió bobamente bajo la capa. Draco también pensaba en él. Suspiró soñador.



Su Dragón procedió, ahora sí, a abrir el paquete. Acortó la distancia lanzando un hechizo silenciador, no quería que le descubriera todavía, llegó hasta quedar a un par de metros de su posición. Necesitaba ver de cerca su reacción.

El Slytherin terminó de retirar el lazo color verde, luego hizo lo mismo con la envoltura plateada. Levantó las solapas de la caja, le vio fruncir el entrecejo con sospecha. La nuez de adán se movió de arriba a abajo al tragar grueso, lucía nervioso. Extrajo la carta escrita de su puño y letra, colocada sobre lo demás con toda intención.

Quería que supiese de quién provenían el paquete y el porqué de contenido, aunque sin revelarle a detalle en lo que consistía cada uno para no arruinar la sorpresa. Solo enunció el motivo.

Conforme leía sus tontos intentos de felicitación, el ceño fruncido se transformó en uno de asombro y terminó con una preciosa sonrisa de ojos brillantes que nunca le había visto. Sonrisa que se amplió más y más hasta que concluyó la lectura.

-Harry...- Susurró apenas perceptible. Dejó ir un suspiro entrecortado.

Enseguida, tomó el pergamino enrollado con el sello del Ministerio. Su sonrisa se borró de golpe. Las manos volvieron a temblarle en tanto lo desplegaba. Únicamente le bastó leer las primeras líneas para que sus ojos se ampliaran desmesuradamente a la par que soltara un jadeo.


Chi si ama lo sa
Serve incanto e realtà
A volte basta quello che c'è
La vita davanti a sé



Soltó el pergamino y se cubrió el rostro. Las hebras rubias cayeron a los lados cubriéndole parcialmente. El primer sollozo hizo eco en el solitario pasillo.

El corazón se le estrujó y las manos le picaron por las ansias de tocarle. Haciendo gala del arrojo Gryffindor se despojó de la capa mientras se aproximaba hasta quedar a su lado. Retiró el hechizo silenciador.

-Feliz Cumpleaños, Dragón.- Susurró al mismo tiempo que peinaba uno de los mechones dorados que tanto había ansiado tocar.

El aludido paró su llanto, descubrió su cara, giró en su dirección hasta quedar sentado frente a él, quien siguió de pie. Le miró con ojos muy abiertos.

-Harry... Harry... Soy libre... Oh, Harry...- Musitó conmovido.

Él le sonrió, enmarcó el hermoso rostro lloroso entre sus manos, limpió los restos de las lágrimas con sus pulgares. Añadió:

-Lo sé, lo sé. Felicidades por eso también... Anda, Dragón ¿Porqué no abres de una vez el resto de tus regalos? Devoluciones, mejor dicho.-


Non lo so io
Che destino è il tuo
Ma se vuoi
Se mi vuoi sono qui




El rubio asintió tímidamente, un bonito sonrojo entintó sus mejillas; sacó primero la caja larga y delgada, moviéndose lo menos posible para no perder el contacto con sus manos. Él se debatió internamente entre derretirse en un charco de amor y besarlo hasta que olvidase su nombre, solo por ello.

Draco jaló aire al percatarse de lo que llevaba dentro.

-Es... ¿Es mi...?- Susurró sin dejar de ver el objeto alargado.

-Sí, Draco, es tu varita... La he guardado todo este tiempo. De hecho, intenté localizarte para entregarla en tus manos personalmente, pero nadie supo darme seña de tu paradero... Aunque debo confesar que nunca se me ocurrió buscarte aquí, en Hogwarts, o preguntarle a Minerva.-

El celebrado agarró la varita con su mano derecha, sonrió pequeñito a la par que un par de lágrimas volvieron a derramarse de sus ojos cuando el trozo de madera de espino lanzó chispas de magia, reconociéndole.

-Te reconoce.- Susurró. El otro asintió mordiendo su labio inferior, con la mirada fija en la varita.

-Gracias, Harry... Gracias por guardarla.- Musitó.

-Gracias a ti por prestármela, nunca dejó de serte fiel; aún así, me sirvió bien y me ayudó a darle fin a la guerra... Tú, a través de ella, estuviste a mi lado en los momentos cruciales, me salvaste... Eres mi héroe.- Declaró continuando con los susurros.

Draco negó y soltó un bufido a manera de risa. Esta vez sí le miró directamente, alzando una ceja interrogante.

-Lo digo en serio. Te admiro muchísimo... Siempre lo he hecho, desde la primera vez que te conocí comprando las túnicas para el colegio. Apesar de nuestras peleas, de nuestros desacuerdos y, de todo lo demás.- Insistió para que le creyese.

-Y yo a ti... Mucho... Siempre... Siempre estabas en mi mente, por una u otra razón... Hasta hoy en día.- Musitó.

El aire quedó atrapado en sus pulmones. Las manos que enmarcaban el rostro ajeno resbalaron cayendo sin fuerza, las rodillas le temblaron. Boqueó varias veces sin poder idear una respuesta coherente. Se sonrojó. Estaba seguro de estar sonrojado como un colegial... Esa respuesta no la esperaba.

El Slytherin sonrió pequeñito, desvió la vista hasta los objetos faltantes intentando ocultar su propio sonrojo, y suspiró antes de decidirse a abrir las cajitas.

-No debiste tomarte tantas molestias, Harry. No era necesario... Tu carta y el hecho de que recordaras esta fecha era más que suficiente para mi. Ni siquiera yo lo recordaba.- Susurró segundos previos a elegir la primera de las pequeñas cajas.

-Tú te mereces todas atenciones, Draco. Mereces todo el esfuerzo... Tú te mereces todo.- Musitó casi voz.

El aludido quedó muy quieto, le vió con ojos levemente entrecerrados, analizándole, como si pretendiese ven dentro de él, de sus pensamientos... Muy tarde recordó que el Mago manejaba la Oclumancia y la Legeremencia con destreza.

Dejó de respirar del susto, a la par que su sonrojo se avivaba. No, Draco no sería capaz de leerle la mente sin permiso...¿O sí?

Éste desvió su atención de nuevo hacia la pequeña caja en su regazo, sopresivamente tomó la otra también y la colocó al lado. Apretó los labios conteniendo una sonrisa y dijo antes de abrir el primer objeto:

-Piensas en un volumen muy alto, Harry.-

Ambos quedaron sin palabras. Uno debido a la frase reveladora, el otro al ver el narciso de oro que adornaba la punta del fistol, y luego el anillo de los Malfoy.



A partir de ahí, el humor del cumpleañero se transformó radicalmente.

Draco comenzó a respirar de forma rápida y superficial, había perdido todo color y ánimo, su cuerpo parecía estar peleando entre respirar, gritar, llorar y desmayarse. Se veía fatal, lucía como si le hubieran lanzado una combinación de maldiciones imperdonable, como si hubiera sufrido una de las peores torturas

Apoyó la frente en su pecho, sin fuerzas, estaba resollando. Él le sostuvo de los hombros temiendo que fuera a caerse, quedó momentáneamente estupefacto, no creyó que tendría esa reacción. Se obligó a reaccionar:

-Draco, hey, Dragón, tranquilo, respira conmigo... Vamos, Dragoncito, tu puedes... Respira conmigo, Precioso, por favor.- Lo acomodó hasta dejarle sentado en el suelo, con la espalda apoyada en el muro. Él se hincó frente a él, enmarcando su rostro, siguió llamando su atención hasta lograr que se enfocara solo en él. Le dio indicaciones para inhalar y respirar, empleando toda su paciencia y usando todo su esfuerzo en no enloquecer y llevárselo a San Mungo.

Poco a poco, el rubio retomó el control de sí mismo. Cando al fin lo logró, se lanzó hacia él, abrazándole por la cintura con todas sus fuerzas, escondió su rostro en su pecho y soltó el llanto más desgarrador del que había sido testigo en su vida, o tal vez solamente le afectó tanto porque se trataba de él, de su Dragón. Se limitó a abrazarlo de vuelta, le tenía prácticamente envuelto. Intentó darle el consuelo y protección que él mismo había recibido entre sus brazos semanas atrás.

Acarició su espalda, su cabello; repartió besos tiernos en su frente, en sus sienes, en la parte superior de su cabeza. Mientras tanto, Draco se deshacía en lágrimas, como si llevara cargando años y años de dolor sin poder dejarlo salir. Pasaron largos minutos en esa posición. Llegó un momento en que optó por sentarse apoyado en el muro, llevándose consigo al rubio que quedó sentado de lado sobre sus piernas. Ahora le abrazaba por los hombros y mantenía la cara oculta en su cuello. No había dejado de llorar, pero, al menos la intensidad había disminuido hasta quedar simplemente un llanto silencioso.

-Hey, Dragoncito, ¿qué pasa?... ¿Te ofendí al enviarte las pertenencias de tus padres? Si es así, perdóname. No era mi intención... Únicamente pensé que te haría feliz tener algo que les perteneciera y que por derecho es tuyo, para que les recordaras y sintieras siempre contigo.- Susurró dulcemente cerca de su oído, estaba muy angustiado de verle en ese estado, no pudo evitar soltar un par de lágrimas también.

El aludido soltó un sollozo bajito. Pasaron un par de minutos antes de que obtuviera una explicación:

-No, Harry... No es nada de eso... Estoy feliz créeme, te agradezco muchísimo el que me hubieras traído las joyas que mis padres adoraban, es solo que... ¿Sabes? La última vez que recibí una felicitación de cumpleaños fue de mis padres, un par de meses antes de que el Ministerio fueran por nosotros a la mansión... El día que llegaron los Aurores, fue la última vez que recibí un abrazo. De hecho, también fue la última vez que pude abrazar a mi padre mientras me pedía perdón por haberme arruinado la vida con sus errores... Ya no lo volvía ver, hasta el día de su ejecución, a mi madre y a mi todavía no nos juzgaban. Los guardias fueron a la celda por mi, sin darme explicaciones, me llevaron a rastras hacia una especie de ventanal resguardado por barrotes, desde ahí se podía ver el patio donde realizaban las ejecuciones... Fui testigo del momento en que el Dementor le arrebató le vida a papá... Y, enseguida, presencié la forma en que los guardias arrojaron su cuerpo al mar, entre burlas, tratándolo como un saco de basura... A mi madre la vi por última vez el día de mi juicio cuando los guardias entraban a la sala con ella. La exiliaron al mundo muggle, sin derecho a regresar a la mansión por sus pertenencias y yo me quedé aquí, teníamos prohibido comunicarnos, aunque Blaise me ayudó mucho en ese sentido, llevándole cartas mías y trayéndome cartas de ella; solamente lo hacía una vez por mes para no levantar sospechas y porque nosotros no quisimos ponerlo en riesgo, hasta que él también tuvo qué irse... Mi madre había ido a vivir a una de las casas que poseíamos en el mundo muggle, a las afueras de Londes, por fortuna, también tenía cuenta en el banco allá, fue un alivio para mi saber que no pasaría carencias... Acababa de cumplir el segundo mes aquí, en Hogwarts, le había pedido a Minerva el favor de enviarle una carta a mi madre informándole que estaba aqu. Minerva aceptó, le escribió, pero nunca recibimos respuesta... Un mes más tarde me llegó una carta del Ministerio informándome que mi madre estaba muerta... La habían asesinado a traición con un Avada mientras regresaba de las compras... El asesino jamás fue encontrado... Como nadie reclamó su cuerpo, la enviaron a la fosa común, así, sin más... Minerva se puso furiosa por el proceder de los Aurores, me acompañó al Ministerio. El señor Wesley se enteró de la situacción e intercedió para que me dieran el permiso de llevarme su cuerpo y sepultarla en la cripta familiar; no pudo hacer más, el Ministerio se puso muy estricto incluso para permitirle a él y a Minerva que me ayudasen a extraer el cuerpo...Debía sacarlo por mi mismo, con mis propios medios. .. Y lo hice... Lo hice... Escarbé entre montañas de cadáveres en descomposición... Busqué entre cientos de víctimas de la Guerra y otros cientos de cuerpos putrefactos de Mortífagos, familias enteras... A muchos de ellos los conocía, estuvieron en mi casa, varios fueron una presencia constante durante mi niñez... Y entre toda esa podredumbre estaba mi mamá... Quiero recordarla sonriente, hermosa, regia, como cuando me llevaba a su jardín... Pero no puedo... No puedo olvidar su cara destruída, la piel grisácea, hinchada a punto de... Lo mismo me sucede con papá, solo recuerdo el momento en que el Dementor le besó... Me dejaron solo, Harry... Me he sentido tan solo desde ellos se fueron... Ya no tengo a nadie que espere por mi, que me necesite, que me quiera... A nadie le importan si continúo con vida o no... Debieron haberme asesinado junto con ellos.- Susurró desolado, las lágrimas de dolor no cesaban.


-Para... Detente, Precioso, no sigas, no te hagas más daño... No estás solo, ya no más. Me tienes a mi... Me tienes a mi, aquí... Aquí estoy para ti, siempre... Aquí estoy mi Dragón... Aquí estoy yo para esperarte, para quererte... Yo te necesito, necesito que estés bien...Te necesito conmigo.- Balbuceó a la par que ceñía el abrazo, atrayéndole más cerca, sintiendo el corazón dolido de verle sufrir.


No fue consciente de sus palabras, tampoco de los múltiples besos cortos que repartía en su cuello, debajo de su lóbulo, en su hombro, en cualquier trozo de piel a su alcance.

Entonces... Draco decidió salir de su escondite aunque no dejó de abrazarle. Permaneció cerca, con su rostro a un palmo de distancia del suyo mientras le observaba detenidamente. Una atisbo de sonrisa que salió un poco triste, se instaló en su boca.

-Harry...- Musitó. A la par que peinaba con delicadeza los mechones negros detrás de su cuello.


Nadie debería lucir bien después de haber purgado su alma en unos minutos, sin embargo, él sí, aún lloroso y lleno de mocos se veía como el ser más hermoso del universo.

-Draco...- Musitó tambien.Subió una de sus manos, la posó sobre la mejilla blanca y tersa, donde se dedicó a acariciar con el pulgar el contorno de su ojo, la línea recta de su nariz, y terminó perfilando los labios rozados, se estacionó ahí, hechizado.

-Harry... Mi Valiente León... Mi Héroe.- Susurró con los ojos fijos en sus esmeraldas, ojos que quedaron atrapados en sus labios por varios segundo antes de volver a capturar su mirada.



Ambos acortaron la distancia unos centímetros, incoscientemente, atraídos por el magnetismo de otro.

No iba a desperdiciar la oportunidad. No sabía si era una invitación, un permiso u otra cosa completamente opuesta... Con su enigmático Dragón, nunca se sabía... Suspiró profundamente, reunió todo el valor que le quedaba y se aventuró a tirarse al vacío.

Sin más preámbulos, acorto la escasa distancia que les separaba, se detuvo sobre los labios ajenos y musitó:

-Draco... Mi Dragón Indómito... Mi Héroe.- Rozó sus labios al pronunciar cada letra.

No esperó un segundo más y le besó.

Le besó imprimiendo en el acto todo su sentir, toda su emoción, intentando transmitirle sin palabras sus intensiones, sus pensamientos:

"Me gustas."

"Te quiero para mi."

"Necesito tenerte a mi lado."

"Me estoy enamorando de ti."

"Voy a enamorarme más de ti. Profunda e irremediablemente."

"Acéptame."


"Quiéreme."

"Estoy aquí para ti, siempre."

"Estoy para caminar a tu lado."


Y Draco... Draco le sintió, le entendió, le aceptó y le correspondió. Se entregó a él sin medida, sin reserva.

Colocó en las manos de su Héroe de Luz los despojos de su corazón y su alma heridos.



Nessuno ti vede
Io sì


Nessuno ci crede
Ma io sì






~ FIN ~





**Nota aclaratoria:



La canción en la cual está inspirada la historia se llama "Io si" de Laura Pausini; de ahí también salió del título del fanfic... Se supone que sería un máximo tres mil palabras, pero, pues tomó vida propia, es la primera vez que escribo de sobre pareja. Espero haya sido de su agrado.


April 1, 2021, 3:12 p.m. 0 Report Embed Follow story
3
The End

Meet the author

Nefilim Soul Mis historias en su mayoría tienen como protagonista a dos personajes: Otabek y Yuri... son historias que cuentan la manera en que las vidas de estos dos se ven entrelazadas, en diferentes circunstancias, contextos, universos, diferentes tiempos... Historias que pueden ser la tuya, la mía, la de cualquiera. En AO3 puedes encontrar algunas pequeñas historias más con el mismo nombre de usuario: Nefilimsoul

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