minrain MinRain

Un joven repleto de traumas y amante de componer música, conocerá a las personas que cambiaran su vida para siempre... o tal vez no. Descubrirá cosas que nunca antes había sentido y... ¿Cómo reaccionará su cabeza? ————— Seo Changbin, Park Jihoon, Kim Taehyung, Hwang Hyunjin, Jaehyun... muchos nombres que probablemente reconoceréis pero... ¿Acaso alguno de ellos conseguirá ser feliz en algún momento de su vida? ¿Podrán recuperar su aliento después de las desgracias pasadas? ¿Lograrán reconstruir su corazón por desamores del pasado? ¿Conocerán lo que es amar y ser amado de verdad? ¿Mantendrán sus vidas estables o tan siquiera llegarán a conocer lo que es eso? Pero lo más importante... cada uno esconde oscuros pasados, secretos que si salieran a la luz su vida actual se arruinaría. Las historias de estos chicos tienen mucho que contar. ————— Historia con buena ortografía. Contenido adulto, sexual y sensible. Personajes trabajados. Historia basada en rol. ————— Inicio de publicación: 2021/03/31 Finalización: En emisión ————— TODOS LOS DERECHOS DE AUTOR RESERVADOS. HISTORIA 100% ORIGINAL. ————— Toca muchos temas profundos como depresión, soledad, ansiedad, fobias, violación, drogas, alcohol, suicidios, enfermedades, muerte y mucho más. Si eres sensible a algo de lo anteriormente mencionado, lee la historia bajo tu propia responsabilidad.


Drama All public. © MINRAIN

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El principio del fin

En la sala de parto se encontraba una mujer haciendo el último esfuerzo para dar a luz a su hijo, mientras, junto a ella, estaba su marido, quien inconscientemente también se encontraba haciendo fuerza por el nacimiento de su hijo, aunque sirviera más bien de poco.


Minutos después, se escuchaban por primera vez los llantos de ese bebé tan deseado por sus padres. El pequeño, ya sintiendo el calor del pecho de su madre, cesó el llanto y durmió.


Los días pasaron, tras ello las semanas y sin darse cuenta, habían pasado meses desde que los jóvenes padres habían recibido la mayor alegría de sus vidas.


—Cariño, Binnie está llorando, mira a ver qué le pasa —Alertó la mujer a su marido, pues esta se encontraba terminando un importante documento para su trabajo.


—Sin problema —Comentó el hombre, pues quería a su niño con todo el corazón.


Este dejó los platos que estaba fregando en la cocina y subió las escaleras hasta el segundo piso, lugar donde estaba la habitación del bebé, y se acercó a ver porqué de su llanto. El pequeño niño resultó tener hambre y ganas de jugar, con sus ya nueve meses de edad, parecía querer dar sus primeros pasos, pero lo único que lograba llegar a hacer era caerse una y otra vez con cada intento de ponerse de pie, a lo cual sus padres reían, su niño estaba muy sano y eso era lo más importante para ellos.


Un par de meses después, recibieron la noticia de que esperaban otro bebé, esta vez, una niña. Emocionados con la noticia, comenzaron a hacer reformas en la casa para que sus hijos pudieran crecer en un ambiente mucho mejor, haciendo un jardín enorme y precioso con columpios y mil flores donde estos pudiesen jugar con total libertad y remodelando en su totalidad el segundo y tercer piso de la casa para darles unas buenas habitaciones a cada uno.


Por suerte para la familia, ambos padres contaban con buenos empleos que les permitían vivir una cómoda vida, además de que en contadas ocasiones, también les permitía trabajar desde casa. Lo cual era una ventaja para no perderse el desarrollo de sus hijos.


—¡Apa! —Llamaba el niño a su padre, con los brazos estirados hacia arriba, esperando ser cargado en brazos.


—¿Qué pasa, campeón? —Le revolvió el pelito sonriendo— ¿Quieres estar en los brazos de papá viendo como trabaja? —Preguntó, pues su hijo parecía tener un gran interés por lo que estaba haciendo en aquel portátil.


—¡Shi, quero veh cómo tabajah apa! —Apenas era capaz de decir una frase completa bien pero, con su sonrisa de oreja a oreja, se ganaba el corazón de todos, y su padre no fue la excepción.


El infante reía sentado sobre las piernas de su padre con mayor felicidad que antes, su padre era su mayor referente, siempre lo quería imitar en todo. Muy por el contrario, la pequeña de la casa, apenas había comenzado a caminar semanas atrás y ya estaba haciendo trastadas a todas horas, era inseparable de su hermano, quien, junto a ella, eran un caos total.


—Sohyun, ¿Quieres ayudar a mamá a hacer la cena? —La pequeña negó con la cabeza y se fue corriendo con una risita que resonaba por toda la casa, ella prefería mil veces quedarse jugando en el salón con los juguetes de su hermano, ya que a este no le molestaba que los cogiese.


Los años fueron pasando con alegría para la familia, los pequeños comenzaron a ir al colegio y cada día tras volver del colegio hacían sus deberes y después se pasaban la tarde jugando juntos. Sus padres habían sido ascendidos a cargos más altos en sus trabajos y empezaron a invertir en pequeños negocios con aquel dinero extra que tenían.


Todo parecía ir bien, nunca había pasado algo fuera de lo habitual en aquella casa pero lo que no sabían ninguno de ellos cuatro es que aquellas inversiones les saldrían mucho más caras de lo que esperaban.


Un día, el mayor de los hermanos, ahora contaba con siete años de edad y su hermana cinco, se encontraba contando con los ojos cerrados apoyado en una pared. Les encantaba jugar al escondite aunque se supieran ya cada rincón de la casa, cada día era un nuevo mundo para los pequeños y se adentraban en nuevas aventuras en sus propios universos.


—Siete, ocho, nueve... ¡Y diez! —El niño salió corriendo del comedor buscando por toda la casa a la infante, quien tenía un don especial para esconderse, además de la ventaja de su tamaño.


Debajo de las camas, no estaba. En la ducha, no estaba. Detrás de los árboles del jardín, no estaba. El mayor, ya cansado de llevar un cuarto de hora buscando sin tener efecto, decidió darse por vencido y dar un grito avisando para que la menor lo escuchase y saliese del escondite. Cuando este vio dónde se había escondido se quedó anonadado. Vaya, sí que quedaban sitios nuevos para esconderse, pensó.


—Binnie tonto~ —La menor disfrutaba molestando a su hermano, era hasta gracioso lo que hacía cada día por conseguir una cara molesta del mayor, pero este jamás se enfadada con ella. Al revés, se reía.


—Es peligroso meterse ahí, boba —La niña miró con ojos tristes y un puchero a su hermano tras la regañina— Sabes que papá y mamá no quieren que nos escondamos en sitios así porque nos podemos quedar encerrados y ahogarnos —Advirtió preocupado por la pequeña, pues era muy protector con quien él quería.


—Vaaale... no volveré a esconderme en la caja de juguetes... —Soltó con voz bajita a regañadientes, no quería preocupar a sus padres ni a su hermano pero, era un alma libre y siempre acabaría haciendo lo que quisiese de todas formas.


Volvieron al juego, ahora siendo el turno de esconderse para el mayor. Este se escondió en un armario pese a todo lo que acababa de decirle a su hermana. Sí, ambos eran bastante cabezones. El armario estaba en una esquina del salón, pues más que un armario era un mueble que utilizaban a veces para guardar cosas, aunque ahora se encontrase vacío.


De pronto, un gran estruendo invadió el silencio de la casa. Segundos después de ello, se escucharon los gritos de la madre y tras ellos los de la niña mientras eran arrastradas al salón, donde se encontraba el pequeño escondido en el armario, escuchando todo desde dentro y viéndolo desde una pequeña rendija en el mueble.


El niño no sabía qué hacer, estaba en silencio sin moverse, aterrorizado sin saber quiénes eran los hombres que estaban agarrando con tanta agresividad a su familia. El padre apareció en la escena siendo también arrastrado por otro par de hombres, ¿Qué estaba pasando justo en aquel preciso momento?


—Vaya, nos volvemos a ver, señor Minwoo, señora Jihyo —Comentó con fanfarroneo el que parecía ser el jefe de todos los presentes, también uno de los más mayores, no llegaría a cuarenta años todavía— Veo que tenéis una preciosa niña, ¿No teníais también un hijo? —Preguntó buscando al niño con la mirada.


—Está en clases extraescolares —Mintió la madre, a sabiendas de lo que pasaría si descubrían también al pequeño.


—Oh, una pena que no vaya a poder despedirse de su querida familia —El señor caminaba por el salón riendo, estaba loco, era como si no tuviese ningún tipo de remordimiento por nada de lo que estaba haciendo— Empezad matando a la madre —Ordenó, y segundos después estaba el cadáver de esta sobre uno de los sofás con dos puñaladas en el pecho.


—¡NOOO, MAMÁAAA! —Gritó la niña, llorando mientras veía morir a su madre.


—Bien, ahora que ya sabes lo que pasa cuando no me pagan cuando lo pido, ¿Tienes ya el maldito dinero? —Le preguntó al padre, que estaba paralizado por la repentina muerte de su mujer.


—Tú... ¿¡QUÉ MIERDA ACABAS DE HACER, HIJO DE PUTA?! —Estalló en gritos, con furia por todo lo que aquel hombre estaba haciendo. Ver a su esposa fallecida por su culpa hacía que le hirviese la sangre.


—Te he preguntado si tienes el puto dinero, no que montes un espectáculo. No te lo voy a volver a repetir —Amenazó sin ningún rastro de amabilidad. Pero todo lo que obtuvo fue un silencio que encrespó sus nervios— Muy bien, tú lo has querido, matadlo —Un tiró fue lo último que se escuchó antes de que una bala le atravesase la cabeza.


—Jefe, ¿Qué hacemos con ella? —Señaló a la niña, la cual la tenía prisionera en sus brazos— ¿Nos la llevamos como mercancía? —Preguntó sin saber muy bien si podría ser un producto interesante.


—No, nadie pagaría por ella, matadla junto a sus padres —Ordenó con frialdad.


Y allí, en aquel salón, murió todo rastro de la felicidad que en algún momento existió.


El pequeño cuerpo sin vida de la infante se encontraba tirado en el suelo en un gran charco de sangre proveniente del cuello de esta, el cual estaba cortado. Esa escena era una de las mas tristes que alguien podría ver nunca, y un pequeño de siete años lo había visto todo desde un armario.


—Supongo que con el dinero de la casa y lo que tengan en el banco será suficiente para pagar la deuda, una pena que haya tenido que terminar esto así —Se encendió un cigarro, retirándose poco después todos del lugar.


El niño, todavía escondido en el armario, estaba traumatizado, aterrado, sin saber porqué aquellos señores le habían arrebatado a sus padres por dinero, sin entender porqué nunca más podría jugar con su hermana. Y allí se quedó. Su infancia y felicidad se quedaron escondidos en ese armario, esperando ser encontrados por su hermana para siempre.


Mamá, papá... Sohyun... no me dejéis solo, por favor.

March 31, 2021, 5:19 p.m. 0 Report Embed Follow story
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