Short tale
1
192 VIEWS
Completed
reading time
AA Share

August recordó la noche anterior

August caminaba por la calle desolada en una fría mañana en donde la lluvia golpeaba contra su rostro.

No le interesaba un paraguas, no lo necesitaba. Su recorrido sería corto y no le encontraba el sentido a llevar consigo el incomodo artefacto por unas cuantas gotas de agua. De todas formas, el agua le proporcionaba una sensación de paz que nada más le proporcionaba. Siempre había sido así, el agua del mar, ver la lluvia caer, escuchar el canto de un rio. El agua hacía que el ruido en su cabeza se silenciara.

Caminó sin mirar más que el cielo, no se fijaba en nada o nadie más, en su mundo August estaba solo, completamente. No había nadie que lo acompañara, pues dentro de su mente, su mundo perfecto era solo suyo. Poco a poco y con cada paso, el ruido iba disminuyendo y él se sentía más como el mismo.

Una pequeña sonrisa iluminó sus labios. La lluvia caía sobre su rostro, el silencio era maravilloso y finalmente podía pensar con calma en los eventos de la noche anterior. Un bar, un juego de miradas, una sonrisa fugaz. Ojos brillantes, eran de color café y brillaban gracias al alcohol. Él le había sonreído, justo cuando se marchó, sabía que no podía permitirse felicidad o cualquier sentimiento agradable. Y nadie, ni siquiera esa criatura hermosa de bellos ojos café podría hacerlo cambiar de opinión.

Así que hizo lo único que podía hacer, avanzar; dar un paso, luego el siguiente y así hasta que salió del bar, hasta que se alejó cien metros, luego doscientos, luego quinientos y finalmente olvidó parcialmente su rostro. Caminó por la misma calle desolada que ahora, con la diferencia de que hoy llevaba sus manos en los bolsillos y algo era diferente a la noche anterior. Había policías, muchos. Una cinta amarilla obstruía parcialmente el paso y bajo la lluvia varios agentes y detectives cubrían algo, ¿Un cuerpo, quizá? Él no trataba de no pensar en eso, pasó junto a la escena del crimen y cruzó su mirada preocupada con una mujer que inspiraba autoridad, siguió caminando y cuando se alejó finalmente pudo volver a sonreír.

Pudo hacerlo con esfuerzo, pues mantener la fachada preocupada frente a la misma inspectora a quien había visto con esta, diez veces era cada vez más difícil. Ni siquiera sabía quien era el hombre a quien había interceptado la noche anterior, no recordaba su rostro o el color de su cabello. Lo único que recordaba era la forma en la que suplicaba por su vida, pero August no le dio lo que tan desesperadamente pedía; no lo merecía, no lo hacía ninguno. Con este iban diez, diez personas que habían sido apuñaladas treinta y tres veces exactas, en el mismo lugar, con la misma fuerza y el mismo cuchillo, uno que descansaba pacientemente en su bolsillo. Lleno de sangre en una bolsa, nunca sería capaz de dejar a su más fiel compañero, el que lo había acompañado desde que vio como la garganta de su mejor amigo goteaba sangre mientras buscaba aire. Pero esa primera muerte, descuidada, desorganizada y sin planificación no había sido su culpa, fue de Sammuel, quien había descubierto su pequeño secreto, su pequeña colección de trofeos de sus primeras víctimas, las que había dejado atrás, en casa.

Desechó el pensamiento y dejó que la sensación de jubilo lo embargara de nuevo, habían sido diez y nadie había descubierto ni una sola conexión entre las victimas o con él, y esperaba que con la numero once corriera la misma suerte.


March 15, 2021, 9:41 p.m. 2 Report Embed Follow story
1
The End

Meet the author

Geova Fallas Keep your head in the clouds and your hands on the keyboard.— Marissa Meyer. Archaeologist, bookstagrammer, lover of books, illustrator. Let's talk about books: https://linktr.ee/Geovafallas

Comment something

Post!
Katherine Lira Katherine Lira
Teamo.💜 No hay mayor prueba que el tenerme aquí leyendo esto cuando soy bien cobarde, pero escribes precioso.💜
March 17, 2021, 03:54

~