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El joven detective Benedic Fletcher tiene entre sus manos la difícil responsabilidad de desentrañar la mente de un asesino serial autodenominado "El Noctámbulo" el cuál dejará pistas que Fletcher tendrá que analizar y posteriormente juntar como si se tratase de un rompecabezas. El Noctámbulo, sigiloso, deambula por las calles de Londres sediento de sangre. Tiene una mente brillante y una asombrosa habilidad para esfumarse en la espesura de la noche, además de una creatividad dantesca para elaborar las más horrendas escenas del crimen que se hayan visto jamás. Todos pueden ser El Noctámbulo, se parte de la historia y descubre el misterio...


Thriller/Mystery Not for children under 13.

#miedo #tension #epocavictoriana #detectives #asesinosseriales #misterio #suspenso
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Escándalo en Londres

Benedic Fletcher se bajó de un carruaje apresuradamente en un día torrencial. Con sombrilla en mano se dirigió hasta el prostíbulo más conocido y visitado de todo Londres.


Al llegar a las puertas del gran burdel, las autoridades alejaban a un tumulto de curiosos que intentaba obtener información de lo ocurrido en ese «alegre» lugar. Una vez que el muchacho de unos veintiocho años entró al recinto, fue recibido por el jefe de policía de la ciudad...


—¡Señor Fletcher! —exclamó con un tono entre alegre y preocupado—. Hace horas que lo esperábamos.


—Disculpe, señor... se me hizo un poco complicado venir en cuanto me lo pidieron... ya sabe, la distancia —dijo el joven, un tanto incómodo.


—Bueno, bueno... en realidad... lo que más nos interesa es que investigue acerca de lo que pasó aquí. Se dice que usted es el mejor detective de todo Liverpool, por tanto será mejor que dejemos este caso en sus manos. Necesitamos ayuda porque tenemos que reconocer que no podemos controlarlo. Verá, en Londres no había sucedido nada, ninguna escena violenta... hasta ahora —dijo el hombre con preocupación mientras los policías y las mujeres del prostíbulo, en ropa interior, caminaban de un lado a otro, evidentemente preocupados ante la presión que tenían que soportar por parte de los ciudadanos.


—¿De qué trata? —preguntó el muchacho, mirándolo con una expresión inquisitiva.


—Creo... que es mejor que lo vea usted mismo, señor Fletcher —dijo el hombre de pelo ralo, tomando a Benedic del brazo y arrastrándolo hacia un pasillo—; pero tiene que ver con los casos anteriores. Una vez procese la escena, le estaré esperando con los reportes que prometimos entregarle.


Benedic era un muchacho un tanto corpulento y un poco pálido, con cabello negro y ondulado, labios finos y ojos azul brillante

Benedic era un muchacho un tanto corpulento y un poco pálido, con cabello negro y ondulado, labios finos y ojos azul brillante. Nació y creció en Liverpool.


Fue educado en Londres para ser detective y gracias a ser bastante aplicado, se graduó con honores y posteriormente logró resolver muchos casos y atrapó a varios malechores en Liverpool.


Para Benedic, el caso que le habían encomendado en Londres era muy difícil, dado a que él no había pasado más allá de unos complejos casos de robos y estafas en sus investigaciones, sin embargo, su último caso resuelto fue uno de asesinato bastante difícil que sus superiores no pudieron resolver y que él lo hizo en cosa de seis meses cuando llevaba abierto más de dos años. Sus superiores estaban seguros de que él podía dar un paso más allá, así que le dieron un voto de confianza, otorgándole la responsabilidad de la investigación de un caso como éste. Se propuso resolverlo a toda costa como ya lo había hecho con todos los que se le encomendaba.


Una tarde le llegó una misiva de sus superiores notificándole que debía asistir a Londres con prontitud. Se había suscitado ya tres asesinatos de jovencitas y el perpetrador no fue encontrado. Dado a que la fama de Benedic había traspasado las fronteras de su natal Liverpool, fue solicitado por la policía de Londres para echar una mano, con el consentimiento de los jefes del joven detective.


No tenía idea de los detalles puesto que, también le dijeron que los reportes, pruebas e informes forenses le serían entregados una vez arribara a Londres. Pero no contaba que con nada más llegar a dejar sus maletas en la casa que le había otorgado el ayuntamiento para su estadía, le iban a llamar de urgencia por un incidente en Little Ladys.




Una vez en el pasillo, el jefe de policía abrió la puerta de una de las habitaciones que estaba al final, en donde los hombres luego de pagar, disfrutaban de los servicios libidinosos de las mujeres.


En esa lujosa habitación, Benedic observó la escena con mucho detenimiento para no perder detalles. En el medio de la habitación estaba una mujer (sin duda, una de las prostitutas) colgaba por el cuello de una soga que a su vez estaba atada a una de las vigas del techo. Estaba en ropa interior y sus ojos muy abiertos, en una expresión de desesperación. Debajo de ella, yacía un taburete volcado pero el resto de la habitación estaba intacta.


Benedic hizo llamar a los policías que estaban dentro del prostíbulo.


—Bien —comenzó a decir el muchacho—. Mi nombre es Benedic Jonas Fletcher y soy el detective a cargo de este caso. Necesito que recojan de los presentes entre la noche de ayer y la mañana de hoy, testimonios detallados. También quiero los nombres de cada persona presente en ese rango horario. Necesitaré que tres de ustedes se queden por si necesito ayuda.


—Entendido, señor —dijo uno de los policías apremiando a sus compañeros a seguir hacia el salón principal. Los demás se quedaron en el pasillo observando a Benedic que empezó con lo suyo.


La occisa yace atada a la viga más alta. Un taburete está debajo de ella, volcado. Es decir, que podría suponer que ella colocó el taburete, ató la soga a la viga, luego se la colocó al cuello y volcó el taburete para entregarse a la muerte. Sin embargo no puedo suponer, debo examinar minuciosamente la escena del crimen para detectar cualquier anomalía que altere mi deducción principal.


El muchacho observó la habitación mientras estaba sumido en sus pensamientos.


De un bolsillo interno de su gabardina sacó una lupa y se puso con mucho cuidado a revisar cada rincón de la habitación. Casi parecía un lince cazando.


Al cabo de unos minutos de buscar, consiguió una pista...


He aquí un hallazgo elemental. Se trata de un cabello, es corto, negro y liso. Dado a que es corto, puedo deducir que un hombre estuvo aquí, un hombre de cabello liso y negro pero, ¿cómo saber si el dueño del cabello estuvo antes o después que muriera la víctima? En Londres hay muchos hombres de cabello liso, corto y negro. Sin embargo, sigue siendo una pista y esa información se debe guardar.


Guardó el cabello en un pequeño frasco que tenía en su maletín y lo reservó a su vez junto con la lupa dentro de éste.


Luego sacó una libreta pequeña de notas y apuntó en palabras claves sus deducciones, posteriormente se la guardó de nuevo y continuó.


Para corroborar si realmente la víctima se suicidó debo examinar el cadáver.


—Por favor, señores, necesito que, con sumo cuidado y usando estos guantes —advirtió dirigiéndose a los policías mientras les entregaba un par a cada uno—, bajen a la mujer y la coloquen sobre el suelo.


Los caballeros así lo hicieron y una vez que la mujer estuvo acostada boca arriba, tal y cómo lo había indicado Benedic, él se colocó los guantes y la empezó a examinar.


Lo primero que hizo fue revisarle la boca, la abrió con dificultad notando que tenía una libra esterlina dentro. La tomó para guardarla en una pequeña bolsa y a su vez la reservó en el maletín. Ninguno de los policías que observaban, preguntó acerca de aquella moneda y de todos modos Benedic no estaba dispuesto a decir nada acerca de ella. Luego empezó a examinar el cuello de la víctima. Le quitó la soga para poder observar con detalle la lesión.


Con ayuda de uno de los policías el muchacho giró el cuerpo para observarle la nuca. Obviamente en el cuello había hematomas, pero también algo peculiar en esas marcas.


—Bueno, cuando una persona se suicida por ahorcamiento, les queda un hematoma en el cuello en forma de «V» invertida —dijo mirando a los agentes—. No obstante esta mujer —señaló el cadáver—, tiene la magulladura recta y de forma horizontal, lo que quiere decir que no fue asfixiada por colgarse de la viga, sino que alguien la asfixió por detrás, así que puedo asegurar que este caso no es suicidio, esta mujer fue asesinada.


Los oficiales se notaron tensos y el muchacho no los culpaba después de todo el agite y el pánico que vivía la ciudad.


—Yo descubriré quien ha sido, aunque me vaya la vida en ello —dijo el joven, dejando con cuidado el cadáver en el suelo.


Se sacó los guantes que tiró en un bote de basura cercano, guardo la soga como evidencia, tomó sus cosas y salió por la puerta, en tanto los oficiales levantaban el cadáver del suelo ya que debía ser trasladada a la morgue para los exámenes internos.


Mientras tanto el jefe de policía felicitó a Benedic por sus deducciones, después de que éste le comentara sobre ellas. El hombre le hizo entrega de todo lo relacionado con los casos anteriores, Benedic los guardó en su maletín dándole las gracias y unos minutos después, ya había parado de llover así que el detective salió a las calles adoquinadas de Londres en busca de un carruaje que lo llevara directo a la casona que le había asignado el ayuntamiento para su estadía.


En la casa, Benedic revisó los reportes anteriores: Tres homicidios, todos a jovencitas de entre diecinueve y veintiséis años. Todos brutales, con algo extraño y dantesco en común, una libra esterlina dentro de las bocas.


Meredith Blake, veinte años; asesinato por objeto contundente en la cabeza (bate de cricket).


Savanah Horton, diecinueve años; asesinato por apuñalamiento (objeto corto punzante, desconocido).


Alessa Lambert, veinticinco años; asesinato por tortura (laceraciones profundas en el cuerpo, amputación de un seno).


Era realmente asqueante que alguien pudiera hacerle eso a esas chicas.


Se puso a cavilar acerca del caso de asesinato que acababa de procesar. Tenía algunas notas en su libreta, un cabello y nada más, faltaba el resultado de las pruebas del forense que se darían al día siguiente. Estaba un tanto frustrado pues si las pruebas patológicas del forense revelaban alguna cosa más, tal vez él podría tener al asesino, luego pensó que sería mejor volver a «Little Ladys» para preguntarle a las prostitutas o a la encargada del lugar acerca del caso de la noche anterior.


Los reportes que le habían dado los policías le eran insuficientes, por lo tanto era mejor encargarse él mismo de todo y solo usar a la policía londinense de apoyo si le era necesario.


Sin más se levantó de la mullida butaca de la sala de estar, terminó de beber su whisky y mandó a una de las mucamas a que le preparara un baño de agua tibia, lo necesitaba para desestresarse. Al crepúsculo se metió a la tina, sintió un verdadero alivio ya que hacía frío, luego de salir del baño, se colocó su ropa interior y se metió a la cama.




A la mañana siguiente, Benedic se preparaba para irse de nuevo tal y como lo había planeado a «Little Ladys» para sus interrogaciones. Además aprovecharía la ocasión de ir a la morgue a hablar directamente con el forense. Sin más salió en un carruaje rumbo al cabaret.


Cuando llegó, fue recibido por una mujer rubia de cabello rizado, vestida con ropa interior y un delicado albornoz rosa muy transparente, como todas las mujeres que trabajaban allí. Tenía unos cuarenta y tres años. Le dijo al hombre de la barra que les sirviera unos tragos a ella y a Benedic y se presentó:


—Se quién es usted —comenzó—, es el detective que está investigando acerca del caso de Hortensia Chassier, la chica que asesinaron. Mi nombre es Charlotte Robinson, soy la dueña del lugar, detective. ¿Qué le gustaría saber? —dijo la mujer alegremente.


—¿Le importaría que nos fuésemos a un lugar más apartado? Me explico, donde estemos a solas —dijo el chico con parsimonia mientras la observaba.


—¡Ah! Ya veo que usted, señor Fletcher se está poniendo juguetón —comentó la mujer mientras le acariciaba el pecho al joven. Éste, por instinto, apartó la mano de la mujer con el ceño fruncido. Eso no pareció agradarla pero él hizo caso omiso y se explicó mejor.


—No me malentienda, señora —dijo mirándola despectivamente—. solo quiero un lugar a solas, porque no es conveniente hablar de un caso tan delicado en un lugar tan concurrido. Ahora... ¡lléveme allí! —dijo el apuesto joven, levantándose del asiento y terminando de un sorbo el trago. La mujer, molesta y decepcionada, lo condujo hasta su propio dormitorio privado. Posteriormente, sentados en torno a una mesa, Benedic comenzó con las preguntas...


—La noche preliminar al hallazgo de la muchacha asesinada... ¿no vio usted a alguien sospechoso? —preguntó el hombre mientras sacaba su libreta de notas y una pluma estilográfica de uno de sus bolsillos.


—En realidad no. Esa noche todo marchaba como de costumbre: los tragos, los bailes, los cantos, la diversión en esas habitaciones... —respondió la mujer sirviendo whisky en dos vasos que estaban sobre la mesa, luego tomó el suyo y bebió todo el contenido de un trago, entonces se sirvió más.


—¿No sabe si alguna de las jovencitas que trabajan aquí... habrá visto a algún hombre que pagara por estar con la señorita Chassier? —preguntó el muchacho a la rubia mientras sorbía el contenido del vaso, luego de examinarlo y olerlo con detenimiento.


—Pero señor, descuide, no voy a envenenarlo —dijo la mujer con una sonrisa pícara.


—En este negocio todo puede pasar y no soy una persona confiada, es por eso que soy detective... ¿Sabe de alguna jovencita o no? —volvió a preguntar el muchacho bebiendo otro trago.


—No lo sé, tendría que preguntarles... ¿quiere que lo haga? —Inquirió la mujer.


—No, solo quiero que las haga venir un momento —respondió el muchacho. Unos minutos después, las hermosas jovencitas ya estaban frente a Benedic.


—Por casualidad... la noche que murió la señorita Chassier, ¿alguna de ustedes vio algo inusual o a un hombre de cabello corto, liso y negro que entrara con ella en la habitación donde fue encontrada? —indagó, deseoso de respuestas. Nadie dijo nada por unos minutos, pero una pelirroja levantó la mano derecha ligeramente y comenzó a hablar:


—Había un hombre que estaba conversando con Hortensia en la barra esa noche. Era de piel muy blanca, pelinegro y también tenía el pelo corto y liso. Su complexión era robusta, en conclusión, era bastaste guapo. Llevaba ropas de alta costura y sus ojos eran verde brillante, un color hermoso. Yo pensé que era un cliente más y por tanto no tuve sospechas —contestó la muchacha mientras Benedic anotaba los datos en su libreta.


—¿Hay algo más, señorita? —preguntó Benedic con una sonrisa radiante.


—No, señor detective —respondió Dorothy (la pelirroja)


—Entonces... hasta luego —se despidió el muchacho mientras les hacía una ligera reverencia. Luego se guardó la libreta de notas y se marchó a la morgue de la ciudad.


Estaba realmente feliz, tenía un perfil físico del posible asesino, eso aumentaba sus probabilidades de capturarlo. Decidió que luego de ir a la morgue, iría a la estación de policía para ofrecer el avance del caso y para que capturaran a cualquier muchacho que cumpliera con el perfil físico que ya tenía.


Cuando el forense le entregó las pruebas patológicas, Benedic se sintió un tanto aliviado, pues la muerte de la chica había sido causada por asfixia mecánica, tal y como él lo había deducido y no por algún caso diferente de asesinato que retractara sus conjeturas, aparentemente o hasta ahora las cosas le estaban saliendo bien, tan solo le faltaba ir a la estación de policía, y así lo hizo.


Una vez allá explicó de nuevo el caso desde su perspectiva, la apariencia posible del asesino y las posibilidades de atraparlo. Cuando terminó la reunión, decidió irse a su casa para descansar de todo su día de trabajo.



Feb. 22, 2021, noon 0 Report Embed Follow story
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