valen-delgado1613218100 Valen Delgado

Un investigador de casos paranormales se acerca a un callejón en el distrito de Crambell situado en Londres para descubrir una serie de desapariciones misteriosas. Dicha investigación pondrá en jaque su vida, incluso su trabajo.


Short Story All public.

#fantasia #347 #victoriano #londres #terror
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"El Glotón de Crambell"

Esquivé aquel cuchillazo de manera perfecta, esta pelea de bar se había ido de las manos debido al alcohol ya presente y a que yo había tenido un mal día. Al momento en que llegaron las autoridades del distrito de Crambell con sus porras y sombreros victorianos, el desmán terminó rápidamente y nos encerraron a todos en el calabozo de la comisaría sin esposas y con el ferviente aire de batalla aún presente. Dos oficiales vinieron a sacarme justo antes de que una pelea se desatara dentro de la celda, por lo tanto pude salir de aquella situación relativamente ileso. Ambos policías me sentaron en una sala enfrente del comisario, como de costumbre ya sabía lo que me dirían. Yo era un investigador privado que se dedicaba a destapar la realidad en casos paranormales como posesiones y estupideces de esa calaña, aunque rara vez aquellas situaciones solían ser verídicas, sobre todo algunas con la misma índole en particular.

Procedieron a decirme que en un callejón de este distrito olvidado situado en Londres desaparecen personas todas las noches, no dejaban rastro alguno, nada que se pudiera investigar, por eso mismo requerían de mis servicios. Automáticamente me negué, las investigaciones policiales a pesar de lucir paranormales, no eran nada más que un asesino suelto o Jack el Destripador, quién se había hecho famoso hace unos años. Pero al ser tan insistentes y además por el hecho de deberles un favor simplemente lo reconsidere y fuí llevado casi a la fuerza a aquel callejón.

Eran aproximadamente las cinco de la tarde y ya estaba oscureciendo. Ambos oficiales se quedaron a cuidar mis espaldas ya que si ocurría algo, necesitaba el aval de la ley para poder tomar cualquier tipo de medida. Yo llevaba mi sombrero tricornio acompañado de una gabardina negra y debajo de ésta una pistola semiautomática alemana, toda una novedad en la época. La callejuela estaba sucia y con bastante basura, tenía una longitud de aproximadamente cincuenta metros. A sus lados pequeños negocios de segunda mano cerraban sus puertas tras nuestra llegada, o por el miedo a lo que procedía llegando la noche. El frío helaba mis huesos y el silencio de los sonidos mundanos acompañados por el viento lograban mantenerme tranquilo, pero al mismo tiempo alerta.

Tras caminar unos instantes, un olor nauseabundo nubló mis sentidos, era como una mezcla de sangre e hígado de pollo ya podrido. Aquel aroma hizo que ambos oficiales se pusieran a vomitar de manera descontrolada, mi olfato ya estaba acostumbrado a los malos olores debido a mi rubro, los conocidos gajes del oficio y mi natural tolerancia a las cosas desagradables eran una ventaja necesaria para concebir investigaciones como estas de manera competente.

Miré a ambos lados, en busca de encontrar la fuente de la dichosa peste, pero simplemente no ví nada, por alguna extraña razón comencé a sentirme preocupado irracionalmente, los nervios nunca me incomodaban en mi trabajo a pesar de ser relativamente aburrido. Seguí caminando solo, los policías ya no me acompañaban, me habían dejado solo de manera inesperada probablemente por el asco y su malestar, realmente no los culpe por su debilidad, quizás yo estaba equivocado por tolerar un ambiente tan desagradable. El hedor anteriormente presente volvió pero con distintos matices mucho más desagradables, al punto de ni siquiera saber de donde provenían tales fragancias, simplemente eran asquerosas, como fuera de este mundo. Nunca en mi vida había sentido tanto asco en ninguno de mis sentidos, comenzaron las arcadas pero pude controlarlas con la poca fortaleza que me quedaba. El sonido de ladrillos quebrándose lentamente interrumpió mis pensamientos, pensé que podían ser mis escoltas pero al preguntarles si ya se encontraban bien, nadie me respondió, por lo tanto, lentamente acerqué mi mano a mi pistola. Escuché un pequeño crujido a mis espaldas, lo confundí con un arma siendo cargada o algo similar, así que levanté mis manos en señal de sumisión en caso de que la verdadera amenaza en Crambell sea un asesino muy pulcro y disciplinado con la limpieza. Como nadie respondió me volteé lentamente, pero al ver lo que sucedía me quedé realmente boquiabierto, una pierna sobresalía de un agujero en el suelo y poco a poco iba siendo engullida, retorciéndose como una pequeña marioneta. De un momento a otro la pierna desapareció completamente tras ser succionada por el suelo como un fideo.

Tomé mi arma sin pensarlo dos veces y comencé a apuntar a la nada de manera estúpida pero preventiva, no sabía cuál era la amenaza por lo tanto el miedo era aún mayor que antes. El suelo volvió a romperse y de un pequeño agujero, poco a poco, una masa asquerosa, deforme y del color como la carne cuando es triturada, comenzó a hacerse presente una criatura abominable. Alrededor de su cuerpo como si de tumores se tratasen, distintas partes de personas colgaban, de distintas edades, tamaños y géneros. Pequeñas cabezas de gente brotaron como granos de su voluminosidad, al salir completamente, aquellas narices rojas expulsaron un miasma de tonalidades violetas y acto seguido gritaron al unísono conformando un coro despreciable y macabro. Aquel ser llegaba a medir dos metros de alto y cinco de ancho aproximadamente. Disparé automáticamente, pero las balas simplemente fueron absorbidas por esa criatura inmunda. En ese momento supe que era la hora de correr, volví por el mismo camino, pero al estar cerca de la salida del callejón el suelo se rompió nuevamente, supe que debía tomar otra ruta antes de ser devorado. Me quedé oculto y completamente quieto detrás de un tarro lleno de basura, por lo tanto tuve tiempo de pensar.

Habían pasado las horas en mi pequeño escondite, horas en las que la criatura no se había hecho presente. Deduje que solo salía por la noche, ya que las personas abren sus tiendas y caminan con tranquilidad por esa calle. Además aquel ser solo se manifestaba cuando yo me movía, así que probablemente no pueda ver, se mueva bajo tierra sintiendo las vibraciones de mis pasos y solo se haga presente en la superficie al creer que puede atrapar a su presa. Perdí demasiado tiempo por culpa del miedo, ya era la hora de salir de aquel repulsivo lugar.

Me levanté lentamente, apoyaba mis pies con una sutileza felina, tan solo tenía que recorrer veinte metros hacia la salida de aquella calle y nada más, probablemente el territorio de aquel ser extraño fuera aquel callejón. Mi camino iba perfecto, no había señales de la criatura y tan solo faltaban algunos metros mas, hasta que un borracho arrojó una botella desde la calle y se acercó a trompicones y a gritos a intentar robarme. El suelo se abrió nuevamente y el monstruo emergió, una boca gigantesca se abrió en el medio de su cuerpo mostrando unos dientes filosos y largos. Los gritos del hombre fueron interrumpidos por el crujido de sus huesos y un charco de sangre saliendo de las fauces de la criatura cuando llevaba medio cuerpo en su interior, la otra mitad cayó al suelo y mientras tragaba unos sonidos guturales de placer fueron emitidos por éso.

Aproveché para salir corriendo por su lado mientras el ser estaba entretenido tragando el cuerpo, salí de la calle y corrí tan rápido como pude hasta llegar a la comisaría a unas cuantas cuadras de allí. Nadie me creyó, solo un hombre, el cual tras levantar el teléfono realizó una llamada. Días después me enteré que un gigantesco incendio había consumido aquel callejón por culpa del descuido de un comerciante, personalmente creo que alguna organización, desde las sombras, desconocida y sigilosa, se había encargado de resolver el problema. No se reportaron muertes a las autoridades tras aquel incendio. Pero por mera curiosidad, a las semanas cuando la incertidumbre estaba carcomiendo mi mente, volví al lugar. Policías con armas de alto calibre custodiaban el lugar, pero me dejaron pasar tras identificarme. De aquella criatura no quedaba nada, como si hubiera desaparecido completamente, pero lo que sí había, eran distintas prendas de ropa maltratada por todo el callejón.

Pasaron los años, aquel callejón en el distrito de Crambell acogió la fama de ser inhabitable, pero a pesar de estar custodiado todo el tiempo, algunas personas siguen desapareciendo por aquella zona. Quiero pensar que aquella criatura está muerta, pero la ropa que antes no estaba cuando visité nuevamente el lugar y las desapariciones casi cíclicas me hacen deducir que probablemente, aquella cosa abominable, todavía está allí, alimentándose y acechando a los habitantes de los alrededores en aquel rincón perdido de Londres.

Feb. 16, 2021, 10:24 a.m. 0 Report Embed Follow story
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The End

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