anamura Anamura Alententa

Hace milenios, el universo, llamado Unir, fue originado por Assian y Emial, los Entes Primordiales. También dieron origen a la Nebulosa Alentë y a los Hijos: Anmatar, Eramila, Pirenhad, Aumilwa, Nialitel, Minhierr y Níssiriel. Los Hijos crearían los mundos de la Nebulosa Alentë: Norgdgian, Cil-e-Lian, Asgaralad, Miyanin, Estel'inam, Helrriard y Assiria. Este último sería el más bello, y surgirían los Aelmë, los Hijos de las Estrellas. Pero Minhierr, no contento con esto, permitió que los Helimard emergieran en su mundo. Los Entes Primordiales se compadecieron, y dejaron emerger al resto de civilizaciones: los Nordmar, los Caelfim, los Asgranes, los Misanye y los Estelima. Minhierr entraría en contacto con seres extraños de los límites del cosmos, los Sin Nombre. Lo corrompieron, provocando que en su locura, ocurriera la Ruina de Helrriard, y con el surgimiento de los Lugartenientes Sombríos, la guerra llegó a los Mundos de Alentë.


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El Origen del Universo

En el comienzo de los tiempos, nada existía. Ni el espacio ni el tiempo podían ser medidos, y todo era oscuridad, una oscuridad donde ni siquiera existía el vacío. Muchas son las historias que cuentan el origen del cosmos, contadas a través de los siglos. Todos estos relatos hablan de unos seres de gran poder. Nadie sabe mucho acerca de sus historias ni de su antigua existencia. Todo lo que las culturas de Unir saben de estos extraños entes espirituales es conocido por ellos a través la Nebulosa de Alentë, su más perfecta creación.

Estos eran entes extraños e imposibles de describir, pues no eran corpóreos, ya que aun pudiendo serlo, no tendrían espacio donde moverse, pues no existía. Tampoco existía el tiempo, ni la distancia. Nada podía ser medido, ni sentido. Esos entes estaban ahí, sin más, tan solo sabiendo de su propia existencia, en el campo de la conciencia y la espiritualidad. Y es así como estos dos entes se encontraron, y se acercaron, y comenzaron a danzar. La danza, se cuenta, era de una belleza excepcional, un baile hermoso e inigualable. Y se conoció como la Danza Original.

Esta danza se prolongó por largo tiempo, donde los Entes disfrutaron de su compañía, y se amaron por siempre. Fruto de los movimientos de estos seres en el plano de la conciencia, el espacio físico comenzó a expandirse, y en un lugar de esa inmedible nada surgió una diminuta centella de fuego que se iba encendiendo cada vez más y más hasta que empezó a arder. Esa llama, en el caso de que se pudiera medir el tiempo, con el paso de los milenios se fue haciendo más y más grande, hasta tener unas dimensiones inmensas. Se transformó en una gran esfera de fuego blanco, la cual los Entes hicieron súbitamente explotar.

Cuando la gran esfera de fuego explotó, la gran nada sin superficie, ni espacio, ni tiempo, se expandió hasta unas dimensiones imposibles de comprender, donde sus límites eran inalcanzables a la vista de cualquier ente, no así para los llamados Entes Primordiales, quienes lo veían todo y sabían dónde estaban los límites. Pero no les importaba. Tenían espacio de sobra para poder moverse. Ahora, el universo, llamado Unir por sus criaturas, tenía unas dimensiones indescriptibles, y en cuyo centro había una gran esfera de fuego. Esa gran esfera de fuego, sin embargo, no era tan grande como la que había antes de la gran explosión cataclísmica. Pero aún ardía, y estaba caliente. Los Entes danzaron alrededor de la gran esfera de fuego, y gracias a sus movimientos, una brisa procedente de los extraños seres abrazó la esfera, expandiendo sus llamas y dispersándolas por todo Unir, dando lugar a las estrellas.

Una vez el fuego estuvo apagado, el lugar tenía un aspecto diferente. Había una inmensa nebulosa cósmica, un gran cúmulo, con forma de árbol para ojos mortales. El tronco del árbol desprendía un aura mística y etérea, con una estela formada por polvo de luz a su alrededor, formando más nebulosas. El árbol era similar a una gran esfera, ya que sus raíces se unían a sus ramas superiores. Ese árbol jamás podría ser destruido. Era la creación perfecta de los Entes Primordiales. La pequeña llama que dio origen a la esfera de fuego se transformó en una semilla, aquello de lo que nacen los árboles, y sería lo que daría la vida en los mundos de Unir. Y esta nebulosa recibió el nombre de Alentë.

Los entes etéreos descendieron de la inmensidad hasta la cima de Alentë. Estos Entes son conocidos como Assian y Emial, el Pensamiento y la Fe. Las culturas hablan del Pensamiento como un hombre hermoso de largo pelo blanco, de piel completamente pálida, y cabellos aún más blancos. Sus blanquecinos ojos no tenían pupila. Y la Fe es representada como una bella mujer, de piel fina y delicada, de cabellos también blancos, y sin pupilas. La tradición cuenta que ambos estaban desnudos, allá en el firmamento, en el lugar que sería conocido como Los Aposentos, o también como Las Cámaras, los cuales ningún otro ser ha sido capaz de alcanzar.

Assian y Emial tenían el don de conocer el pasado, el presente y el futuro con exactitud, pues todo lo saben y todo lo ven. Aunque algunos escépticos creen que el destino puede ser cambiado, y que incluso los acontecimientos que sucedieron en Unir no fueron predichos por los Entes Primigenios. Pero hay otros que piensan que en verdad todo fue visto por ellos, y todo lo que sucedió en el cosmos tenía su motivo para suceder, y todos los actos y consecuencias obrados tanto por entes como por otras criaturas, fueron vistos por los Entes Primordiales.

Ahora que el trabajo había finalizado y el universo existía, y tenía espacio y tiempo, los Entes Primordiales danzaron de nuevo, una danza mística y de festejo. De este baile maravilloso y espiritual, de esta unión de Entes, nacieron los Hijos de la Creación.

Siete fueron los Entes que surgieron fruto de la Danza Creacional. Y éstos fueron Anmatar, Eramila, Pirenhad, Aumilwa, Nialitel, Minhierr y Níssiriel. Éstos fueron los nombres que las culturas les darían posteriormente, y éste es el orden en el que surgieron. Pero los hijos no estaban emparentados, tan solo por el hecho espiritual que los unía. No eran hermanos, sino Compañeros, y ni Pensamiento ni Fe eran sus padres, eran tan solo sus creadores.

Se dice que los Hijos solo vieron a Assian y a Emial una vez antes de que se convirtieran en entes etéreos y ya solo se comunicaran a través de ellos por la conciencia. Saben que Assian y Emial viven en un lugar desconocido del firmamento, pero no existe ninguna manera posible para cualquier otro ente de llegar hasta allí.

La tradición de los sucesivos pueblos de Alentë dio a cada uno de estos Hijos una apariencia concreta, pues a pesar de que los entes no se manifestaban de forma corpórea, existía la certeza de que vivían, pues siempre ha habido hierofanías en los lugares más bellos del mundo. Además, las diferentes culturas se encargaron de representar a los entes creadores, y tenían unas representaciones determinadas.

Anmatar Norgdmar era el Señor de la Tierra, y vestía ropajes marrones. Tenía una gran barba morena y el cabello le caía abundante sobre su piel. Sus ojos pardos inspiraban un gran saber. Era poseedor de gran sabiduría, y a pesar de su serenidad, era de corazón cálido, y amaba la naturaleza.

Eramila Caemila era la Señora del Cielo, la cual vestía con ropajes violetas y azulados, y tenía el brillo de las estrellas por todo su cuerpo. Su cabello era tan largo que le llegaba casi a los tobillos, y sus labios eran tan rojos como la sangre. Sus ojos inyectados en elixir de la vida la hacían de ella un ente apasionado. Era poseedora de gran conocimiento, y aunque fuera de carácter serio, siempre cuidaba las cosas que crecen, y manifestaba su amor por los seres vivientes.

Pirenhad Assam era el Señor del Fuego. Su corazón era el más sensible de todos los de sus compañeros. Él decía que siempre es necesario, porque con su calor, hace que la vida crezca y fluya. Pero cuando se acerca demasiado, entonces quema y calcina. Pero tampoco puede alejarse, pues cuando lo hace, congela, y así quita la vida. Vestía ropajes anaranjados y de sus ojos amarillos parecía que brotaban llamas. Su cabello rubio le llegaba hasta los hombros. Era el más jovial y amigable de todos ellos, desprendiendo gran alegría y felicidad.

Aumilwa Minishana era la Señora del Agua. Era la más reflexiva y más fría. Vestía ropajes azulados y blanquecinos, y sus ojos eran de un azul muy claro. Su cabello brotaba hasta mitad de la espalda. Era la más imperturbable de todos ellos, pues no dejaba sus emociones expuestas, pero aún incluso dentro de su helado corazón, se encuentra la comprensión y la empatía.

Nialitel Estela era la Señora de la Luz. Sus ojos brillaban con una luminosidad incomparable, y sus ropajes eran de colores cálidos. Era la más bondadosa, aquella que siempre intenta ayudar a los más necesitados, con un corazón enorme lleno de compasión. Ella creyó poder ayudar a su compañero, pues era la que siempre estaba allí cuando ninguno estaba.

Minhierr Helcar era el Señor de la Oscuridad. Era el más oscuro de todos ellos, y el más triste. Sus ropajes eran negros, y su cabello era oscuro y gris, como si incontables edades del mundo pesaran sobre él. No se manifestaba mucho, y pasaba bastante tiempo solo. Era el más indiferente, pero a la vez, tenía una alta comprensión de las aspiraciones, y era quien más se cuestionaba las leyes establecidas. Pero no tenía maldad, pues ninguno de los Hijos la tenía.

Y Níssiriel Aëlma era la Señora de la Abundancia, cuyo carácter era libre y espontáneo. Vestía ropajes morados, y tenía el cabello oscuro, y desprendía la inocencia de la juventud. Cuando se acercaba a sus compañeros siempre era bien recibida y tratada con mucho cariño y aprecio. Orgullosa pero a la vez humilde, solitaria pero a la vez amada por todos, era la más emocional, y quien más mostraba sus sentimientos más profundos.

Cuando todos los Hijos estuvieron listos, Assian y Emial les encomendaron una tarea. Cada uno de ellos debía crear un mundo, y en el mundo más bello sería donde estarían los llamados Hijos de las Estrellas, la primera civilización inteligente de Unir. Y así, los Entes Creadores dieron origen a los mundos en el lugar de la Nebulosa de Alentë donde surgieron tras la danza de los Primordiales.

Fue en estos tiempos antiguos de la formación de los planetas cuando Assian y Emial otorgaron un regalo más a los mundos. Los Entes Primordiales decidieron colocar una Réplica de Alentë en cada mundo, un fresno, fruto de la semilla de la Esfera Primigenia, y su conexión con la vida era innegable, pues su corrupción significaría la muerte del propio mundo.

El Universo se había originado, y aún mucho tiempo habría de pasar hasta que las Culturas de Alentë hayan evolucionado. Pero el protagonismo de los Entes Primordiales concluye aquí, por el momento. El protagonismo de los Entes Creacionales acaba de comenzar.

Feb. 8, 2021, 3:12 p.m. 0 Report Embed Follow story
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Unir - The Lays of Alentë / Las Baladas de Alentë
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Ancient myths and legends happened in the Seven Worlds of the Alentë Nebula in Unir. When the Nameless came, the Lord of the Darkness was influenced, and the civilizations were corrupted. Is there any hope to prosper? Read more about Unir - The Lays of Alentë / Las Baladas de Alentë.