louasshoe Luis Quintero

El mal crece en todas partes, hasta en tu familia. Cuando su hermana pequeña desaparece, Quentin Humphrey pierde la cabeza. Pasa sus noches atormentado por recuerdos y visiones aterradoras de un ser maligno que acecha en la oscuridad. Cuando los limites de su cordura están a punto de desaparecer, Quentin recibe la visita de un extraño visitante que le asegura que su hermana Lucille aún está con vida, y peor aún, es presa del ser malvado que acecha en los abismos de la negrura y que está ligado a su pasado familiar.


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#misterio #drama #suspenso #horror-cosmico #epoca-victoriana #horror-gotico
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Walder

El cielo negro vaticinaba una tormenta. Walder y su padre Walder West, se encontraban en mar abierto.

—Creo ya es hora de volver —instó Walder a su padre con un tono de nerviosismo— esas nubes en el cielo presagian que una tormenta se acerca.

—¿Le temes a unas nubes, Walder? —se mofó su padre.

—No, pero preferiría estar en tierra cuando la tempestad se desate —Walder sabía que su padre era un hombre duro y cualquier rastro de debilidad de su parte no sería visto de buena manera. Siguió vigilando la red de pesca que colgaba del pequeño bote mientras esperaba la respuesta de su progenitor.

—Prometí a tu madre que hoy los West seríamos quienes dominariamos el mercado. Esos Randall se han estado burlando de nuestras mercancías. Las tacharon de irrisorias y patéticas frente a las personas del pueblo y nos han robado los clientes. Si continuamos así, perderemos el local y quedaremos en la calle. ¿Es eso lo que quieres, Walder? ¿Te gustaría dormir en la calle con los adictos y los leprosos?

Walder no respondió.

—Eso pensé —murmuró Walder West ante el silencio de su hijo—. No regresaremos a casa hasta hacernos con un motín codiciable. Unos quinientos kilogramos de atún y salmón no estarían nada mal, eh.

Walder West era dueño de un local llamado WestPort, donde se dedicaba a la venta de pescados y mariscos. El negocio había sido heredado por parte de su padre, y este a su vez lo había heredado de su abuelo. La empresa llevaba en la familia por más de cien años y Walder esperaba mantenerla en el mercado otros cien años más.

"Somos los reyes del mar, el mejor pescado y marisco lo encontrarás justo con nosotros" repetía Walder como un loro. Pero últimamente la pesca había reducido en calidad y cantidad y los clientes habían optado por dejar de comprarle a Walder e irse con la competencia. Según Walder, los Randall se pavoneaban por el pueblo ante su golpe de suerte, pero no pensaba permitir que aquello durase un día más. Esa misma noche, los Walder volverían a poner en la cima del mercado el apellido West.

—Necesitamos más carnada —murmuró Walder West a su hijo—. Walder, ayúdame con eso.

El chico le pasó a su padre el balde con el alimento y el hombre se concentró en lanzar el residuo en el mar para atraer a los peces. Era una tarde cálida de verano, Walder y su padre habían estado en el bote desde el amanecer, las tripas le rugían pero no quiso probar los emparedados de marlín que llevaban consigo, los detestaba, tomó un gran sorbo de agua para engañar al estómago y rogó en silencio al dios del cielo que atraparan el botín que su padre quería para poder marcharse.

A Walder West hijo le importaban lo más mínimo las disputas de su padre, para él el legado familiar podía irse al carajo, odiaba estar en el mar pues le provocaba una ansiedad inexplicable, además, también odiaba el olor a pescado. En su casa ese era el olor que predominaba por todos los rincones y le provocaba náuseas. Walder era un hombre ambicioso y refinado, mientras que su padre era un hombre tosco y mediocre. Walder hijo era amante de las letras y la música, planeaba casarse con su adorada Victoria, una muchacha pelirroja de labios carnosos y pechos prominentes, e irse lejos del pueblo. No pensaba seguir con la empresa de su familia. Como su padre le había prometido muchas veces.

"Westport morirá conmigo" se había prometido el muchacho. "No moriré siendo un pescadero. Mi vida estará llena de triunfo, fama y gloria."
Fantaseba Walder Junior todas las noches. Había convertido esas palabras en su oración. Tenía un plan, una vez cumplido la mayoría de edad, tomaría el dinero que le pertenecía de la caja de su padre y se largaría sin decir palabra, se marcharía lejos y se llevaría a Victoria con él. Una vez libres, el podría dedicarse a escribir poesía o componiendo música, el tocaba el piano y sabía cantar baladas tristes y románticas demasiado bien, así era cómo había robado el corazón de su amada. Una vez el mundo escuchara su voz, sería famoso, de eso no tenía duda. Construía castillos entre sueños, una hermosa casa blanca lejos del mar, con muchos hijos y un amor eterno, ¿qué más podría anhelar un hombre?

El muchacho se quitó el cabello rizado de los ojos, pues el viento empezaba a soplar fuerte y el pequeño bote se balanceaba con brusquedad ante el golpe violento de las olas. Walder dejó de titubear y le insistió a su padre en que debían de marcharse. El hombre accedió a la petición de su hijo a regañadientes y se dedicaron a recoger las redes de pesca.

—Coloca la mercancía dentro de las cajas y toma los remos —ordenó Walder West a su hijo entre gritos, el aire rugía con violencia en sus oídos por lo que el hombre volvió a repetir las palabras para hacerse oír—. También enciende los faroles, ahora que el sol se ha puesto no puedo ver nada.

Walder hijo se apresuró a cumplir lo que su padre le había ordenado con una extraña opresión en el estómago; la tarde calurosa y el sol habían sido reemplazados por una negrura espeluznante, las nubes tormentosas habían cubierto la luna y la única luz que los acompañaba eran las luces rojas que emitían los faroles del bote. Cuando hubo terminado, Walder se acercó hacía su padre, quien se encontraba escuadriñando la oscuridad. Las redes se encontraban amontonadas en el piso y la extraña expresión en el rostro arrugado de su progenitor lo desconcertó.

—Padre, ¿sucede algo?

Walder West salió de su estupor y musitó.
—¿No lo escuchas?

El muchacho se mantuvo quieto, pero el único sonido que detectaba era el del golpe de las olas en la embarcación y el sonido del motor del viento.

—¿A qué te refieres, padre? No escucho nada...

—El viento, ¿es que no lo oyes? —murmuró su padre—. El viento llora.

Al principio Walder creyó que su padre estaba alucinando, pues sus palabras no tenían sentido, pero guardó silencio y agudizó el oído para tratar de escuchar aquello que su padre describía. El chocar del agua con la madera, los crujidos y el movimiento de las olas eran sonidos muy fuertes que apacaban todo su radar auditivo, pero entonces lo escuchó; oculto, era un sonido muy bajo, el aire sollozaba. Las ráfagas de viento empezaron a aumentar y poco a poco el sonido fue opacando a los demás. Era como una danza, un lamento siniestro de notas musicales que chocaban en sus oídos. El aire aullaba como si se tratara de alguna criatura monstruosa y primitiva que se lamentaba.

Walder salió de su trance y obligó a su padre a remar. Le importaba un comino quedar como un cobarde, pero aquello le había dado un miedo indescriptible. Tenía la piel erizada y las palmas de las manos le sudaban, su corazón latía con violencia y un millar de visiones horrendas salidas de pesadillas le llegaban a la mente. Quiso preguntar a su padre sobre lo que acababan de presenciar, pero no encontró el valor ni las palabras para hacerlo. Ambos se quedaron en silencio mientras el tiempo transcurría.

La luz de los candelabros se había consumido cuando finalmente, Walder y su padre decidieron parar y tomar un descanso. Los músculos de los brazos y la espalda le dolían por el esfuerzo, no sabían cuánto tiempo había transcurrido, pero había sido mucho. El viento había dejado de aullar y las olas de agitarse. Se encontraban rodeados de una oscuridad sofocante y un silencio perturbador.

Walder junior recordó todas las historias aterradoras que solían contar los pescadores en la cantina del pueblo. Historias sobre seres extraños, sirenas que devoraban hombres y luces que aparecían flotando sobre el mar para luego desaparecer. El chico siempre había pensando que aquello solo eran cuentos para asustar a los incautos, pero esa noche, Walder creía en ellas.

Los faroles habían dejado de iluminar y lo único visible era el extraño resplandor que salía del agua. Su padre se encontraba a su lado, y por lo que intuía, estaba igual de asustado que él.

—Hay alguien abordo —susurró su padre— puedo verlo, puedo sentirlo. Nos está observando.

Walder junior también podía verlo, al otro extremo del bote se encontraba lo que parecía ser un hombre. Era una sombra larga y negra, más negra que la oscuridad, que se mantenía erguida sin hacer movimiento alguno. Walder no podía verle el rostro, pero estaba seguro que los estaba mirando.

El frío recorrió su cuerpo y el corazón volvió a latirle con violencia, las gotas de sudor helado le recorrían la espalda. Walder solamente quería huir, esconderse, pues no quería averiguar que era aquella cosa que los observaba. El extraño alzó las manos y el viento volvió a aullar. Parecían miles de lamentos, llantos arrastrados por el aire de seres que perecían en el peor de los infiernos. La cosa empezó a moverse hacia ellos, era alto, muy alto y delgado. La negrura que lo acompañaba era sofocante y el frío era cada vez más insoportable. Aquella cosa fuera lo que fuera no era humana, aunque sus rasgos parecian similares, no podía serlo. Sus movimientos eran extraños y el sonido que hacía al moverse parecía como si los huesos se le rompieran a cada paso.

Walder Junior no lo soportó. Tiró los remos y se lanzó al mar. No esperó a su padre, el miedo que lo invadía lo había controlado. Nado sin detenerse, sin mirar atrás mientras los chillidos de horror de su padre eran arrastrados por el viento.

June 23, 2021, 8:19 p.m. 0 Report Embed Follow story
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