u15867276591586727659 Nely Hernández

Una chica marginada asiste a la secundaria acostumbrada a ser ignorada por todos. Una mañana, un chico desconocido aparece mirándola con extraño afecto. Desde entonces así pasa casi a diario iluminando su soledad...al menos por un tiempo.


Short Story All public.

#heartbreak #escolar # #juvenil #Oneshot
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A ti que me viste siendo invisible

Hace quince años, en un día igual a todos, sucedió algo que no sé si pueda llamarse "lindo", puesto que nunca supe los detalles de aquel extraño encuentro.

Totalmente sola y perdida en mitad de la cancha deportiva. Los demás compañeros iban y venían saliendo y entrando a sus salones, mientras yo seguía sola y perdida en mitad de todos ellos.

Eran como hormigas siguiendo un camino invisible. Todos estaban ocupados, sabían que hacer y a dónde ir, menos yo.

Durante el receso prefería quedarme dentro del salón. Ninguno de mis compañeros me miraba ni hablaba conmigo. A veces me preguntaba si de verdad no podían verme.

Un día aburrida de seguir todo el día en el salón, quise salir al receso y vagar sin rumbo como si tuviera un lugar a dónde dirigirme. Simplemente caminé entre todos los compañeros que a mis ojos eran lo mismo que yo era para ellos: una sombra sin cuerpo ni rostro.

Me detuve y miré a un lado. Fue la primera vez que sucedió: me topé con una sonrisa dulce y
unos ojos tiernos capaces de encontrarme.

- ¿Está mirándome a mí?, ¿Me estará confundiendo con alguien?, ¿Quién será?-. Me pregunté en los cortos segundos que duró el encuentro.

Él siguió su camino invisible y yo regresé al salón para la clase de historia.

Días después saliendo de la cafetería, iba sola y triste con la mirada perdida. Sentí la necesidad de alzar la vista. Y ahí estaba él, como a tres metros de mí, lo suficiente cerca como para ver sus ojos tiernos y su sonrisa de brackets pero al mismo tiempo lo suficientemente lejos como para no poder acercarnos.

La siguiente vez que sus ojos me encontraron, espontáneamente correspondí su gesto con una sonrisa.

No podía evitarlo. Aunque lo intentaba, no podía contenerme de sonreírle cada vez que lo miraba.

No sé de dónde salía ese chico ni quién era. En cualquier parte de la escuela de repente aparecía de la nada siempre como a tres metros de mí.

Contaba los minutos para salir al receso y encontrar esa sonrisa de brackets. Todos los días, por dónde fuera que caminara sin rumbo, de alguna manera, ese chico aparecía.

Una mañana, en que nos encontramos, quise acercarme a él pero se alejó enseguida temeroso.

No tenía idea de a cuál salón iba él, ni cómo se llamaba o de que grado era. La única forma de saberlo era ser lo suficientemente valiente para atreverme a ir y hablarle. Sólo tenía que encontrarlo una vez más.

El siguiente día no apareció. Esperé otros días más y tampoco lo ví. Temí que se hubiera cambiado de secundaria. Caminé por todos los rincones de la escuela, incluso pregunté a otros si conocían a alguien como él, pero nadie sabía nada.

De nuevo regresé a mi acostumbrada rutina: sola y callada en la última silla del rincón del salón. Justo ahí todo el día. ¿A dónde más podría ir?, ¿Qué más se supone que debía hacer?...

Me tomaba diez minutos ir al baño, tomar agua y volver al salón. Ahí sola, callada y triste en mi silla del rincón, esperaba que terminara el receso y empezara la clase otra vez.

No tenía sentido salir si no había nada ni nadie especial esperando por mí allá afuera. ¿Para qué salir al receso si él no estaba ahí?

Cómo lo extrañé. Su mirada tierna y su dulce sonrisa de brackets. Él era la única persona capaz de encontrarme y mirarme entre un mar de estudiantes bulliciosos y yo necesitaba saber porqué.

Sola, callada y triste. Mis compañeros como siempre vivían inmersos en sus mundos, ajenos a mí como si no estuviera presente a su lado.

Salí del salón a tomar un poco de aire fresco. Arrastrando los pasos y mirando al suelo, con mi corazón a punto de llorar.

De nuevo sentí esa sensación extraña que no había tenido en un tiempo, y que me hizo levantar la mirada... y ahí estaba él.

Sus ojos tiernos y su sonrisa de brackets. De nuevo me había encontrado iluminando mi vida con su ser. Estaba ahí y le sonreí con todo el cariño que mis ojos pudieron mostrarle.

Nunca pudimos acercarnos porque tantos chicos iban y venían entre nosotros. Era como querer cruzar una avenida transitada de Nueva York.

Lo importante es que él había regresado. Y podría decirse que le daba gusto verme. Las siguientes veces cuando me lo encontraba el iba con sus amigos y ellos lo animaban a acercarse a mí. Él era tímido, y solo me dejaba una mirada y su sonrisa.

Otras veces si él no me veía sus amigos le señalaban que yo estaba ahí pero él siempre dudaba en acercarse y se iba dejando una sonrisa tímida. Un día sucedió lo inesperado.

Sus amigos le insistieron en que se acercara, y lo empujaron hacia mí. Entre ese río de compañeros yendo y viniendo, no creí que pudiera llegar a mí.

Pero el universo se compadeció, y poco a poco un camino para los dos se abrió. Él todo adorable y tímido, avanzó unos pasos. De verdad está vez estaba viniendo a mí.

- Dios mío, ¿qué hago?, ¿Debería correr o quedarme?,
¿Qué debo decir?, ¿Que hago? -.

Los nervios y el miedo me dominaron. Me fui de ahí, pero alcance a ver cómo la emoción de su rostro se desvanecía volviéndose tristeza al verme marcharme.

- ¡Ay no!, y ahora ¿cómo hago para remediarlo?...-.

Lo último que quería era quedar como una grosera ante él o que creyera que lo estaba rechazando. Era lo único en que podía pensar. Necesitaba verlo de nuevo. Necesitaba saber al menos en qué grado iba. Pero, ¿cómo se supone que podría saberlo?...

No iba a ir a buscarlo de salón en salón por toda la escuela, o a preguntar por él a cada persona. No quería avergonzarlo al hacer eso.

Deseaba tanto verlo de nuevo. Supliqué al cielo con todo mi corazón por otra oportunidad para los dos.

Unas semanas después, luego del receso, iba yo de regreso al salón, cuando me lo encontré de frente junto a la barandilla del segundo piso. Sus amigos lo animaron a acercarse. Él tímidamente vino hacia mí.

Su mirada tierna y su sonrisa de brackets fueron el bello principio y el maldito final cuando dijo:

- oye, ¿te puedo preguntar algo?, ¿Porqué te ríes cada vez que me ves?-.

Era una gran pregunta a la cual no tenía respuesta. De verdad no lo sabía. No tenía la mínima idea de porqué mirarlo me causaba cosas que jamás había sentido ni sabía que podía sentir.

Tal vez yo le gustaba y tal vez el me gustaba también. Esa posibilidad me asustaba y me emocionaba terriblemente al mismo tiempo.

Mis compañeros nos miraban. Eso me ponía nerviosa. Les parecía extraño que un chico estuviera hablando conmigo. Podía oírlos murmurar a mis espaldas.

- ¿porqué te ríes cada vez que me ves?-. Preguntó de nuevo con suavidad.

Esa era la pregunta y él y sus amigos detrás esperaban oír mi respuesta. Yo también deseaba con todas mis fuerzas saber la respuesta.

En mi mente corrían salvajes todo tipo de pensamientos, dudas y temores.

- ¿Qué le digo?, ¿Qué hago?, ¿Debería decirle que me gusta?, ¿Y si le gusto?, ¿Y si me pidiera que seamos novios?, ¿Qué debo hacer?¿Debería responder coqueta o divertida? A los chicos les gustan las chicas divertidas, o ¿debería de decir algo interesante o inteligente?-.

Asustada, nerviosa y confundida al máximo y con todas esas dudas pasando por mi cabeza, tenía que decir algo ¡Lo que fuera!.

- Es que te ves chistoso con brackets -. Respondí.

...Esa fue mi respuesta...

...Su cara lo dijo todo...

La sonrisa con la que llegó se apagó por completo. Se quedó serio en un gesto de total decepción mirando al suelo. Sus amigos apenados intentaron consolarlo.

- lo que quise decir era que...-.

Quise explicarle que jamás fue mi intención herirlo. Pero no me dejó seguir.

- está bien-.

Se limitó a decir apenas alzando la vista. Se dio la vuelta y se fue. Quise seguirlo para explicarle, pero sus amigos me miraron enojados como si fuera yo la cosa más cruel del mundo.

Tal vez creyeron que me había burlado de él a propósito, pero yo jamás quise decir algo que lo hiriera. Pensé en seguirlo y aclarar las cosas pero ya todos estaban entrando a sus salones; no quería que se sintiera avergonzado frente a sus compañeros por mi culpa y que eso lo empeorara todo.

Al final entre tantas dudas y temores concluí que sería mejor dejar pasar unos días y tal vez así ya con más calma me escucharía. Mientras tanto me quedé ahí parada en el pasillo junto a la barandilla. Con mi corazón hecho pedazos lo vi irse arrepintiéndome de mi torpeza.

Yo sólo intentaba ser graciosa. ¿No era eso lo que debía de hacer?, Porque si no era eso, entonces ¿qué debí haber dicho?, ¿Qué debí haber hecho entonces?...

Era la primera vez que un chico hablaba conmigo, era la primera vez que un chico me trataba con amabilidad. Los chicos de mi clase solían reírse de mí e insultarme. Para mí hablar con la gente era un mecanismo totalmente extraño. Nunca antes había sido visible para alguien.

Ya no sabía ni que hacer. ¿Debía dejarlo así o tratar de aclarar el error?, ¿Disculparme o ignorarlo?.

Estaba tan asustada que en un afán por no estropearlo todo herí sus sentimientos sin querer...y eso me dolió muchísimo. Él no era el único lastimado...yo también lo estaba.

La siguiente vez que lo ví no quiso mirarme y se alejó de mí. Después de eso ya no volvió a aparecer. Cada día en el receso lo buscaba por toda la escuela sin resultado. Incluso fuí a su salón para hablar con él o con alguno de sus amigos pero nadie los había visto ni los conocía.

Por un tiempo iluminó mi vida gris con su sonrisa afectuosa, para dejarme luego en una soledad más grande.

Nunca supe su nombre. Nunca supe de dónde venía. Nunca pude disculparme.

Tal vez un día pueda explicarte que yo sólo era yo una niña de secundaria; una tonta estudiante solitaria y herida que no sabía cómo tratar a las personas.

Han pasado cerca de quince años y quiero decirte que lamento mucho haberte lastimado. Jamás fue esa mi intención.


Perdóname.


💔—

Jan. 29, 2021, 10:28 p.m. 0 Report Embed Follow story
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The End

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