ti_bam TIVI

TaeTae y Kookie son mejor mejores amigos. Es normal que quieran darse muchos mimos y estar todo el tiempo juntos. Como son pequeños, no pueden haber repercusiones negativas por eso... ¿verdad? Bueno, a veces muchos cariñitos tienen malas consecuencias. ┈♡┈ ⋆┋TaeKook┊Niños!AU ⋆⋆┋Relato (One-Shot)┊Capítulo único. ⋆⋆⋆┋ Fluff┊Comedia┊Pequeños dramas. ▹ Escrito a finales de 2019. ▹ Editado a finales de 2020.


Fanfiction Bands/Singers Not for children under 13.

#fluff #oneshot #comedia #historiacorta #bts #jungkook #vkook #taekook #kookv #taehyung #kooktae #btsfanfic
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Capítulo Único

* NO SE ACEPTAN COPIAS NI ADAPTACIONES.


* Disclaimer: no me lucro con esto. Me inspiré en los bebus que aquí aparecen y solo es mía la trama, su desarrollo y los diálogos.


* Aclaraciones: JungKook tiene seis años recien cumplidos y TaeHyung siete (va a cumplir los ocho más tarde en ese año).


[...]


Jeon JungKook era el mejor mejor amigo de Kim TaeHyung. Mejor mejor, porque un solo mejor no era capaz de expresar cuán querido era.


Se conocían desde niños y se habían llevado bien desde siempre. Casi como si hubieran estado hechos para conocerse.


A TaeHyung le gustaba Kookie (obviamente). Era muy divertido y su sonrisa era linda. A TaeHyung le gustaba; le gustaban sus grandes ojitos, su pequeña boquita, sus mejillas, sus manitos. Le gustaba su risa, le gustaba cuando sonreía, cuando respiraba, cuando dormía, hasta cuando comía. Le gustaba abrazarlo muy fuerte y darle muchos cariñitos; y como era su mejor mejor amigo, tenía permiso de apapacharlo todo lo que quisiera.


Todo era perfecto. O bueno, casi. JungKook era dos años menor y en el colegio solo podía verlo en los recesos. En los recesos también veía a sus otros amigos, y a JungKookie no le agradaban mucho, por lo que casi siempre el pelinegro terminaba de brazos cruzados enfurruñado.


Difícil.


—TaeHyungie hyung.


Pero el resto del tiempo, todo era como una enorme nube de azúcar.


—Dime, Kookie —dijo, dejando el crayón rojo sobre la mesa. El dragón que estaba haciendo era bonito, pero no tanto como los caballeros Tae y Kookie que había puesto en el borde de la hoja.


—Quiero hacer algo —JungKook dejó caer las manos en sus muslos y se inclinó un poco hacia la mesa. Estaba sentado al lado de TaeHyung, dibujando a su vez un casco de Iron Man enorme.


—Mnjum —murmuró el castaño—. ¿Y qué es?


JungKook pasó la lengua por sus labios y se rascó la cabeza. Tenía puesto un overol de jean enorme que a Taehyung le gustaba mucho. La verdad le gustaba todo lo que se pusiera JungKook; pero shh, eso era un secreto.


—Lo ví en la televisión y mamá dijo que solo se puede hacer con las personas más cercanas, ¡y TaeHyungie Hyung es el más cercano a mi!


TaeHyung rio con las mejillas rosadas. Le gustaba muchooo cuando Kookie decía cosas así—. ¡Y tú eres el más cercano a mi, JungKookie!


—Entonces, cierre los ojos. Y no los abra hasta que le diga.


El mayor obedeció al instante, sin detenerse a pensarlo porque era algo que su mejor mejor amigo le pedía, y era casi imposible que le dijera que no. ¿Por qué lo haría? Confiaba plenamente en él.


—¿Así?


—Sí, así. No se mueva.


La silla de JungKook rechinó y sus zapatos resonaron en el piso. Una de las pequeñas manos de kookie se posó en su hombro, cerca de su nuca, y la otra fue a parar en su mejilla.


Su corazón comenzó a latir demasiado fuerte y creyó que se saldría de su pecho como en las caricaturas. Tener los ojos cerrados se había vuelto una tarea muy difícil, tanto, que tuvo que apretarlos con fuerza para no hacer trampa.


Una pequeña brisa caliente chocó contra su boca. Olía a dulces y fresas y TaeHyung abrió sus fosas nasales, intentando captar todo.


—JungKookie —susurró, casi al borde. Necesitaba, en serio, que pasara algo. No sabía qué, pero iba a morirse en la silla verde de la casa de JungKook si seguía así, esperando. Odiaba la expectativa.


—Shh. Ya casi.


Y, como si se tratara de las alas de una mariposa, algo se frotó con delicadeza en su boca. Algo frío, muy suavecito, y que le hacía cosquillas. Parecía delicioso, por lo que instintivamente abrió la boca y lo mordió.


Fue como golpear una pieza de domino. La cosa deliciosa se retiró, al igual que las manos de JungKook y su calor.


—¡Ay! —chilló el menor agudísimo.


TaeHyung no pudo más y abrió los ojos.


—¡Hyung bobo, me mordiste!


—¿Qué?


El menor se tapaba la boca con ambas manos, con el ceño fruncido y la cara roja como un tomate. TaeHyung no entendía nada. ¿Se estaba volviendo loco Kookie?


—¡Sí! ¡Aquí, mire! —exclamó destapándose y señalando su labio inferior. Tenía una zona más roja e hinchada de lo normal.


—¿¡CÓMO!?


Perdió el equilibrio –su mamá le había explicado qué era eso, pues a Tae le pasaba muy seguido– y se balanceó como una tortilla hacia atrás. La silla azotó el piso, igual que él. Crayones salieron volando y cayeron en su regazo.


—Ou —gimoteó. Ahora él se estaba volviendo loco, ¿qué estaba pasando?


—¡Tae! —Gritó JungKook. Se arrodilló a un lado y le agarró los hombros con fuerza—. ¿Te duele? ¿Te pegaste en la cabecita? —Sus enormes ojos de Bambie se pusieron brillantes—. ¡Lo siento!


TaeHyung estaba lo suficiente confundido y agitado para que lo único que su cerebro registrará fuera a JungKook, JungKookie, Kook, Kookie.


—Me besaste.


—Sí, ¿Le duele? ¿Necesita ayuda?


—Me besaste.


El labio inferior de JungKook (ese que resultaba que era delicioso y que había mordido) tembló—. Lo siento, Hyung —Y soltó el cuerpo de TaeHyung para taparse la cara. Luego comenzó a llorar.


Llanto. Eso no era bueno.


Su cerebro se encendió, como las computadoras, y TaeHyung se dio cuenta que tenía que dejar de hacer el bobo y atender a JungKookie.


Rodó a un lado de la silla –lo siento, silla verde– y se arrodillo enfrente de su mejor mejor amigo que lloraba como un bebé (Kookie era un bebé, y era su deber de hombrecito consolarlo).


—Kookie, no llores. Estoy bien —dijo, tomando las manos que tapaban su cara y apartándolas—. Solo perdí el equilibrio. No me pegué fuerte.


La verdad era que si TaeHyung no se hubiera sorprendido tanto, y no lo siguiera en ese momento, probablemente se hubiera puesto a quejar más. Pero... ¡JungKook! ¡Lo! ¡Había! ¡Besado!


—¿De verdad? —preguntó el menor con las pestañas húmedas de lágrimas, las mejillas y la nariz roja y un temblor en el labio inferior (qué estaba rojito, oh señor).


—De verdad —dijo sonriendo.


—Mnn —JungKook miró hacia abajo, ahora jugando con las manos de Taehyung e hipando un poquito.


La boca del niño que tenía delante había estado pegada a la suya. Boca a boca.


Wao.


Y se sentía delicioso. ¿Era normal que quisiera otro beso? ¿Estaría bien que pidiera otro?


—Hyung...


—D-dime.


—Me arde mi boca.


¡Ay, caracoles! ¡Que vergüenza! ¡Que la tierra lo tragase!


—¡Lo siento, Kookie! No sabía que eras tú.


—Mnn, Hyung...


—Dime —TaeHyung miró a JungKook fijamente. Sus orejas se estaban poniendo rojas.


—¿P-podemos... Intentarlo otra vez? Pero sin mordidas.


El corazón se le detuvo y escuchó el pitido que hacían las máquinas de los hospitales cuando alguien se iba al cielo.


—Está bien si no quiere. Entiendo que ya no quiera hacerlo conmigo, soy un bobo.


—¡No! —Se apresuró a gritar, asustando al menor—. ¡Claro que quiero!


—¿¡Sí quieres!?


—¡Sí!


—¿No importa que sea un bobo y que se cayó por mi culpa, Hyung?


—¡No eres un bobo, Kookie! Y me caí porque soy torpe, eso ya lo sabes.


—¿Entonces... Otra vez?


«Sísísísí por favor».


—Cierra los ojos —Le dijo, y el menor lo hizo de una vez.


Las manos de TaeHyung temblaban, pero creyó que era normal ponerse nervioso, así que se inclinó.


Dijo que no mordería, así que no mordió. Movió su boca como un pececito sobre la de JungKook, dejando cortos besitos, como había visto a su mamá y papá hacer. Y fue la gloria. Fue helado y sirope. Chocolate caliente y galletas. Fue un nuevo episodio de su serie favorita y la risa de su mamá. Fue escuchar música a todo volumen y tocar una nota de saxofón bien.


Era... Todo lo que TaeHyung quería en ese momento, porque ya no podía pensar en nada más.


Los brazos de JungKook se enrollaron en su torso, y se acercó hasta que podía sentir su pecho subir y bajar.


Cuando el cuello le comenzó a doler (Kookie era más pequeño, por lo que tenía que encogerse para poder alcanzar su boca) se separó con una bocanada temblorosa. Sentía un baile de elefantes en el corazón y el vuelo de un montón de nubecitas en el estómago.


JungKook aun tenía los ojos cerrados y la cara alzada. Se había puesto todo rojo; más de lo que ya estaba, iba a explotar.


—Eso me gustó, Hyung —susurró tan bajo que era imposible que lo escuchara de no estar hombro a hombro con él.


—A mi también.


Y mucho.


JungKook bajó la cabeza con un prolongado "mnnn", sin alejarse del castaño.


—¡Hyung! Deberíamos hacerlo más seguido.


TaeHyung moriría.


El menor no pareció darse cuenta, o no le dio importancia, y se levantó tomándole las manos.


—Vamos a dormir, TaeHyungie Hyung. Tengo sueño —Para corroborarlo, el pelinegro se frotó uno de sus ojos bostezando, a la vez que rascaba su cabeza.


—Está bien. Vamos a mi habitación.


—Sí. Pero hay que arreglar los crayones primero.


—Okey.


La habitación de TaeHyung era algo desordenada. Los libros se apilaban en la mesita de noche y la ropa lo hacía en las sillas.


JungKook odiaba el desorden.


Apenas entró entrecerró los ojos y bufó.


—Hyung...


—Tomemos la siesta —lo interrumpió TaeHyung antes de que replicara por el desorden. No habían cenado todavía, y no podían dormir con el estómago vacío. Daba pesadillas.


—Ujum —JungKook se rascó la nuca y frunció las cejas, pero no insistió.


Entonces se acurrucaron juntos, cabeza con cabeza, espalda con torso, piernas enredadas, en la cama del menor. Pegados entre sí como imanes al refrigerador, como siempre.


[...]


—Te estás rascando mucho la cabeza, Tae —Dijo su padre.


—Es que me pica.


Desde hace una semana, o más. Quién sabe. Era una picazón furiosa que le daba de repente en una parte de su pelo, y era imposible ignorarla.


—¿Qué? —Su madre dejó de lado el libro que leía y lo observó como si hubiera dicho que tenía un amigo alíen.


—Que me pica.


—¿La cabeza?


—Sí.


—Ven acá, cielo —La expresión de sus padres era de ultratumba. Escalofríos le recorrieron la espalda y supo que nada bueno iba a ocurrirle. Tal vez le quitarían la consola, y la TV, y los juegos, o salir con sus amigos. ¿Pero por qué?


Se apoyó en sus rodillas y se paró para ir al regazo de su madre, que palmeaba sus muslos para que se sentara.


Cuando lo hizo las ágiles manos de su madre se enterraron en su cabello, removiendo mechones por aquí y allá. Se sentía bien. Cerró los ojos y se acomodó contra el calor de ella.


—¿Querías darme mimos, mami?


Hubo un silencio prolongado antes de que respondiera—: Claro, mi amor.


Pero en la tarde de ese sábado TaeHyung no obtuvo más mimos. En cambio, se encontró a sí mismo en la barbería, quejándose porque le habían rapado su hermoso cabello por completo.


[...]


El lunes siguiente, cuando JungKook caminaba por el patio de receso de la escuela, volvieron a verse. No habían hablado durante el fin de semana.


—¡Hyung! —chilló JungKook apenas sus ojos repararon en su persona favorita. Tuvo el vago sentimiento de los folios deslizándose hacia el piso, pero avanzó sin mirar a otro lado.


TaeHyung no tenía cabello en la cabeza.


Estaba calvo.


Como Caillou.


Un momento. Frunció el ceño en concentración.


Su hermano mayor JungHyun le había dicho que Caillou estaba enfermo de algo malo y eso mataba. Canrer. Carmen. Cáncer.


¿Su Hyung tenía cancer y se iba a morir?


¿No iba a poder verlo jamás jamás ni irse a vivir con él cuando fueran grandes? ¿Con quién iba a pasar el resto de su vida?


Las lágrimas picarón en sus ojos y no hizo nada por retenerlas, abriendo la boca para sollozar y dejándo caer al piso su mochila. La vida ya no tenía sentido. Qué importaba que sus crayones se partieran por caer si su Hyung se iba a morir.


De inmediato sintió brazos rodearle y sabía que era TaeHyung antes de que su cerebro lo procesara. Su colonia le inundó la nariz, pero en vez de reconfortarlo le entristeció. Le pediría a su papi que se la comprara solo para poder sentirse cerca de su Hyung.


—¿Qué sucede, Kookie? ¿Qué está mal, bebé? —sintió sus labios moverse contra su frente al hablar.


—¡No quiero que te mueras! —sollozó, restregando sus mocos contra el suéter del mayor—. ¡No sé qué haría sin mi Hyung!


El calor se alejó de él, igual que el mayor.


—¿Qué?


—Porque tienes cáncer como Caillou.


—¿Qué?


—¡Qué ya te dije!


La cara de TaeTae se puso roja y una lluvia de saliva le salpicó la cara. Todo pasó demasiado rápido como para poder taparse.


—Ewww.


Las carcajadas comenzaron a resonar con fuerza y, luego de limpiarse la cara, vio a TaeHyung en el piso ahogándose con su propia risa.


—¡¿De qué se ríe?! ¡No es gracioso!


Su Hyung lloriqueó mientras intentaba respirar y graznó—: ¡Yo no tengo cáncer!


No tenía cáncer.


«Oh Dios».


—Me raparon el cabello porque tenía piojos.


Los oídos de JungKook zumbaron.


—¡Jumm! —gruñó, se levantó y se fue.


—¡Kookie, espera!


Tuvo que volver por los folios que dejó caer y la mochila, pero se fue de una vez luego de eso.


[...]


Después de flores arrancadas del jardín, caramelos masticables y mucho amor, JungKookie ya no estaba molesto con él.


Es que fue muy gracioso y adorable, no pueden culparlo.

Ahora, la misión.


Luego de que lo raparan TaeHyung se volvió para-noi-co por estrés pos-traumático –lo buscó en el diccionario–. Nunca antes había mirado con tanta atención el cabello de los demás. En la casa, a los vecinos, caminando en la calle, en el colegio, en la academia. Todo era un desfile de pelo con posibles piojos.


Antes de mirar a los demás, debió empezar mirando a Jungkook. Pero resultó que no quería; le daba miedo.


Se juntaba con mucha gente, y le gustaba tocar a los demás, así que cualquiera pudo pegarle los piojos. Pero sabía, como si fuera su mamá y tuviera ese sexto sentido, que el primer sospechoso era Kookie. Era con quién pasaba más tiempo, era a quién tocaba más. Si JungKook se los pegó, era porque tenía. Y que él supiera los papás de Kookie no sabían.


Así que ahí estaba él, con un lindo conejito dormido en su regazo. Le había jugado una mala treta, diciéndole que vieran una película que sabía que lo aburría, pero no tuvo de otra.


Cuando la saliva empezó a mojar su muslo, supo que era hora de poner en marcha el plan.


Sin ver, llevó las manos a detrás de las orejas de JungKookie e hizo pinzas con los dedos para separar el cabello liso y negro del menor. Apretó los ojos y aguantó la respiración.


1.

2.

3.


—Oh no —susurró.


Estaba lleno de huevitos de piojos. Y el pelo de JungKook era largo.


[...]


—¡Yo no quiero verme como Caillou! —comenzó a gritar JungKookie.


TaeHyung iba a tener una crisis porque el menor la estaba teniendo. Cuando despertó le había contado su descubrimiento, obvio no esperando que lo primero que hiciera fuera tirar los cojines y saltar por toda la sala.


—Shh, bebé —le llamó, sabiendo lo mucho que le gustaba que le dijera así—. No vas a verte como Caillou.


—¡Mientes! —chilló—. ¡Tú tenías piojos y te pusieron calvo!


Uh. Cierto.


«Piensa, TaeTae, piensa».


—Pero hay otras formas de matarlos.


Eso pareció calmarlo lo suficiente como para que soltara el cojín que tenía en las manos.


—¿Cuáles?


«¿Cuáles eran? Ahmmmm».


«¡Ah!». Recordó el salón a donde lo habían llevado. Atendían especialmente a niños.


—Te ponen un champú que huele feo y–


—¿¡Qué!? ¡Yo no quiero que mi pelito huela mal!


«Ay, angelitos, ayuda».


Él no estaba preparado para esto.


—¡Pero solo huele mal un ratito! —intentó arreglar, extendiéndole una mano y haciendo gestos sin parar—. Después te lo quitan y te ponen del normal.


JungKook entrecerró los ojos, empuñando el dobladillo de su camisa—. ¿Y qué hace ese champú feo?


—Los mata, duh.


El menor miró hacia el piso, pensando. TaeHyung estaba conteniendo la respiración, esperando que se calmara.


—Y si... ¿¡Se me quema el pelo!? ¡Es mata bichos, como el de las cucharatas! ¡No! ¡No quiero!


El mayor se llevó una mano a la frente. Bebé llorón y berrinchudo.


—No, Kook. No te va a quemar, lo prometo. Había una niña a donde mis papis me llevaron y le pusieron eso. No lloró.


—¿No lloró?


—Ni un poquito.


—¿Lo prometes por el meñique?


—Por el meñique —dijo, alzando el dedito para que JungKook lo entrelazara con el suyo.


El cabello le llegaba hasta por encima de los hombros al menor, y a la niña le llegaba a la cintura, no debía ser tanto trabajo quitárselos, ¿verdad?


Solo había que decirle a los papás de Kook.


Eso le recordaba algo...


—Kookie, ¿Desde hace cuanto te pica la cabeza?


—Mnn —el chiquillo se llevó una mano a la barbilla—. Creo que desde San Valentín.


Oh.


Eso había sido hace un mes.


[...]


—¡Tu hijo le pegó los piojos al mío!


TaeHyung nunca había ido a la casa de JungKook. Era mucho más grande que la suya y estaba llena de cuadros y adornos raros. Donde la suya era ruidosa y desordenada, la de Kook estaba pulcra y silenciosa. Ni siquiera tenían una mascota.


Kookie siempre decía que la de TaeHyung era más bonita y que por eso jugaban ahí y no en la suya, pero ahora que podía verla no entendía porqué decía eso.


Tampoco había estado tanto tiempo cerca de la mamá de JungKook. No sabía qué esperaba, pero ella solo lucía como él, no era como él.


Cuando se enteró de los piojos citó a los padres de TaeHyung a su casa, pero como su mamá no podía faltar al trabajo ni unas horas solo fueron TaeHyung y su padre. El papá de JungKook tampoco estaba, pero Kook dijo que era por el trabajo. Y su hermano estaba en la universidad. Por lo que había cuatro personas sentadas en una bonita mesa en el comedor de la casa.


—Disculpe, pero creo que fue al revés.


TaeHyung y JungKook se encontraban sentados uno al lado del otro, sosteniendo sus manitos a escondidas. JungKook estaba nervioso, muy nervioso, con todo lo que pasaba. Su mami se molestó mucho cuando se enteró que tenía piojos.


—Lo dudo —espetó su mamá con una ceja alzada, mirando a TaeHyung y luego a su padre. Arrugó la boca para decir algo y no, JungKook no quería que lo hiciera.


—Mami —interrumpió. Ambos adultos voltearon a verlo. Tragó duro antes de decir—: yo le pegué los piojos a Hyung. No se moleste con él ni con el señor Kim.


—¿Por qué dices eso, mi vida?


—Porque a mi picaba desde antes.


—¿Estás seguro de eso? —inquirió en un tono agudo.


—¡Muy seguro! —dijo, asintiendo varias veces con fuerza.


El señor Kim se parecía a su hijo, y en vez de hacer un comentario feo, porque su mami había estado mal, le recomendó el salón donde habían llevado a Hyung.


—Lo llevaré. Hay que quitárselos de inmediato, no va a tenerlos ni un minuto más —sentenció su mamá.


—¡Pe-pero...! —no pudo evitar rechistar.


—¿Qué sucede, Kook? —preguntó su mami.


TaeTae era muy lindo, mucho mucho, y se veía bien aun sin cabello. Igual de lindo. Pero JungKook no estaba seguro de querer un corte así, le gustaba su cabello, y peinarlo y que le hicieran cariñitos ahí.


—Yo no quiero que me quiten el pelo, mami.


—Oh... Bueno, no hay que quitarte todo el cabello por eso, mi vida —dijo. Pero luego sujetó uno de los mechones que caían en la frente de JungKook y dijo—: Aunque un pequeño corte no te vendría mal.


El menor intentó no llorar.


Intentó.


[...]


JungKook tenía muchísimos piojos.


Muchísimos.


A TaeHyung le recordaban a pequeños aliens, con esa figura extraña y muchas patitas. Tenía tantos, que el estilista silbó y murmuró "oh, chico".


Kook fingió que no le dió importancia, pero sus ojitos deperrito regañado miraron TaeHyung en busca de apoyo. Así que el mayor, como buen mejor mejor amigo que era, arrimó una de las sillas –no sin antes pedir permiso– hasta ponerla al lado, y se sentó con su Game Boy en el regazo.


De inmediato la vista del menor cayó en el videojuego, emocionado. No hacía falta que preguntara nada, JungKook estaba totalmente al tanto de cada uno de los juegos que tenía TaeHyung.


—¡Hyung, pon Pokémon!


Por supuesto, puso Pokémon.


El estilista seccionó el cabello de JungKook, lo embadurnó con el producto y se alejó; probablemente a atender a alguien más, ninguno de los dos se molestó en ver. Ya la mamá de Kookie había decidido el nuevo corte así que solo faltaba quitar a los bichos muertos y volver a lavarlo. Mientras, estuvieron viendo en silencio como el mayor jugaba con una de las manos de Kook enredada en el suéter de TaeHyung.


—Hyung —susurró JungKook.


—Dime, bebé —respondió Tae por costumbre. Kook había mencionado que todos en su familia le decían así y sin darse cuenta, él comenzó a hacerlo también.


—Perdón por pegarle piojos.


—¿Mnn? —TaeHyung paró la partida y giró la cabeza hacia el azabache—. No lo hiciste queriendo, no te disculpes.


—Pero es mi culpa —se quejó en un puchero.


—Yo no te culpo.


—Mnn —JungKook, terco como era, no dijo nada sobre eso, retorciendo la tela entre sus dedos—. Ya no le daré mas besitos —sentenció.


—¡¿Qué?!


¡¿Cómo llegó a esa conclusión?!


—Que ya no le daré más besitos —repitió JungKook.


—¿Por qué?


—Porque por eso le pegué los piojos.


—¿Quién dice?


—Yo.


TaeHyung bufó, con ganas de pellizcarle.


—Pero si siempre estamos juntos. Siempre nos damos abrazos. No puedes culpar a los besitos.


—Entonces ya ni le daré más abrazos.


El jadeo que salió de su boca fue lo suficiente alto como para llamar la atención de algunos en la peluquería; pero no lo suficiente para que se acercaran. Se levantó de la silla, sacándose la mano de JungKook en su ropa.


—¿Có-cómo?


JungKook apretó su boca y dijo—: Lo que oyó.


El pecho de TaeHyung ardió y sus ojos ardieron, por lo que tragó el nudo en su garganta y se dio la vuelta. Su visión se estaba distorsionando. Necesitaba irse. Irse y calmarse y no llorar.


—¿Tae?


Comenzó a alejarse, presintiendo que el llanto estaba a nada de salir. Odiaba ponerse así. Odiaba que lo vieran así.


—Tae Hyung, vuelve.


Si no fuera tan pegajoso, no le dolería tanto. Pero lo era. TaeHyung tenía que tocar a quienes amaba. Abrazarlos, darles la mano, besarle las mejillas. Porque le gustaba, sentía su calor, los sentía cerca.


Era obvio que JungKook no lo disfrutaba como él.


La silla hizo un chirrido y tuvo los brazos del menor alrededor de su pecho en un segundo.


—¡H-hyung! Lo siento, lo siento, lo siento. No llores —gimoteó contra su espalda.


—No estoy llo-llorando —gruñó, tallando sus ojos. Él que quería acompañar a JungKook y este que lo rechazaba.


—Perdón. Por favor no llores más. Soy un bobo —sollozó JungKook—. Amo los mimitos con Hyung.


TaeHyung se dió la vuelta, alejando los brazitos de JungKook de su espalda—. ¿Entonces porque no quieres darme más abrazos?


JungKook hizo un puchero y dió pisadas fuertes, bufando por lo bajo. Estaba haciendo un berrinche frente a otras personas, y eso nunca pasaba. Siempre esperaba a que estuvieran los dos solos para quejarse de que no recibía suficiente atención.


—¡Porque es mi culpa que le cortaran el cabello a Hyung! Yo le pegué los piojos y le causé molestias. Y es porque siempre estoy pegado.


TaeHyung frunció el ceño, con ganas de hacer un berrinche también; y él no hacía tales cosas, al menos no de forma ruidosa—. ¡A mi me gusta que estemos pegados!


—Pero muchos mimitos no son buenos, Hyung. Nos trajeron a los piojos.


—Ya no se me pueden pegar y a ti te los están quitando.


—Igual.


TaeHyung sacó lágrimas calientes de molestia y miró el piso. Quería que JungKook cambiara de opinión, pero no estaba funcionando.


Los pequeños dedos de Kook limpiaron su llanto y le ardió de coraje la piel.


—¿No que no querías tocarme?


—Claro que quiero —susurró.


—¿Entonces?


El menor parpadeó y tomó su mano, entrelazando los dedos como muchas otras veces—. Podemos hacer otras cosas, Hyung, no solo nos abrazamos y damos besitos. Podemos darnos la mano y puedo peinarle el cabello cuando crezca, o puede poner su cabecita en mis piernas.


TaeHyung abrió la boca para quejarse («¿Y mientras tanto? Eso no es suficiente»), pero decidió pensarlo mejor.


Analiza la situación, Tae, le decía siempre su Papá. Puedes hacer que todo salga mejor si entiendes lo que pasa y a quiénes están contigo.


JungKook era muy celoso. Cuando viera a los demás abrazándolo y dándole besitos en la mejilla se pondría de un humor de perros y reclamaría su atención.


—Está bien. —TaeHyung solo tenía que esperar—. Lo que tú quieras, bebé —dijo entonces con una sonrisa por lo bajo.


FIN.


[...]


Hello there! autora aquí reportándose.


Hace tiempo imaginé una situacion hipotética donde un niñx A le pegan piojos a niñx B y entonces los padres están tipo "¡Tú hijx le pegó piojos al mío" "¡No, fue tú hijx quién le pegó los piojos al mío!" y se agarran ahí. Me pareció gracioso, y como mi OTP es el TK/KT, pues salió esta historia. Sé que es un argumento pésimo basado por un capricho, pero déjenme ser y no le den vueltas, plis.


Esta historia se encuentra también disponible en Wattpad, pa' que sepan, no es un plagio si la ven bajo el mismo user de aquí.


Espero les haya gustado y sacado una sonrisa ( ꈍᴗꈍ). ¡Muchas gracias por leer! Cambio y fuera.

Besos.

March 20, 2021, 2:30 a.m. 0 Report Embed Follow story
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The End

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TIVI She/her | ESP-ENG | Multifandom | Multishipper | ARMY | Estado actual: hiatus (escritura en pausa, leyendo siempre) | BORRO comentarios y BLOQUEO usuarios que sean groseros o hagan spam/spoilers | Está PROHIBIDO EL PLAGIO O ADAPTACIONES de mis trabajos | Twitter: bam_tivi | Mis DMs están abiertos

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