posthumano Posthumano

En la noche de Halloween, Julián va a pedir caramelos en la casa al final de la calle.


Horror Monster literature All public.

#interactiva #halloween #horror #interactive
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Esa noche de Halloween Julián, un niño de diez años, camina calle abajo y está cabreado. No puede evitarlo, la bolsa que tiene en la mano está llena de golosinas que no le gusten nada. Él lo que quería era cualquier cosa que tuviera chocolate, pues es el dulce que más le guste, pero los vecinos no dejaron de darle caramelos.

—Qué cutres los vecinos… —comenta Julián y saca de la bolsa una manzana, ¡de todas las cosas que le podrían haber dado!

Llevado por la furia, le da una patada y la manzana rueda hasta quedarse en frente de la última casa de la calle. Tiene pinta de antigua, medio abandonada, con un jardín de hierbas salvajes que crecen sin control.

Pero no está abandonada, allí vive una familia que no tiene demasiada buena fama en el pueblo de Nuevo Edén. Él había llegado hace poco a su pueblo porque le habían dado trabajo a su padre allí. A Julián le dio un poco de miedo trasladarse a Nuevo Edén, porque hacía tres meses un meteorito había caído en la ciudad, justamente en unos terrenos que pertenecían a aquella familia rara, y temía que fuera a pasar lo mismo.

En relación a aquella familia, sus nuevos amigos del colegio le contaron que antes eran bastante normales: la hija Liria era guapa y popular, al igual que el hijo Tomás. En cuanto a sus padres, tenían una tienda de cómics y no le importaba que la gente fuera allí a jugar juegos de mesas. Incluso tenía algunos reservados para que la gente fuera allí a jugar.

Pero hace tres meses, la madre murió y después del funeral, la familia se encerró en aquella casa de aspecto viejo y ya no volvieron a salir más. ¿Pueden que ahora fueran vampiros? ¿Para qué la luz del sol no los quemase? Julián niega con la cabeza, eso es imposible, pues…

—Los vampiros no existen… —suspira Julián, que pese a ser un niño ya no cree en cosas como los monstruos que aparecen en las películas.

A pesar de que su madre le dijo que no fuera a esa casa a pedir caramelos, Julián decidió que lo haría.

—Iré a ver si tienen buenos dulces, si lo peor que me puede pasar es que me den otra manzana… —comenta Julián mientras se acerca a la casa. Árboles oscuros se levantan sobre el tejado, silbando advertencias de que no se acercase.

Julián con paso rápido por el camino que cruza entre las hierbas salvajes hasta llegar a la puerta de la casa. Siente un temor en el pecho, algo que le dice que quizás lo mejor sea irse de allí cuanto antes…

Pero sabe que no debe de tener miedos absurdos, así que camina rápido hasta ponerse en frente de la puerta y llama al timbre. Espera con paciencia a que le abran, pero los segundos caen pesados uno detrás de otro y no sucede nada.

pero el orgullo puede con el miedo y camino rápido hasta ponerse en frente de la casa.

—Quizás esté abandonada de verdad… —se pregunta Julián y espera un poco más, pero la puerta sigue cerrada.

Se da la vuelta para irse y, aunque nunca lo reconocería, se alivia de no tener que encontrase con aquella famlia. Pero nada más dar un paso, escucha como la puerta se abre una voz frágial le dice:

—Oh, perdona por tardar tanto, querido… Estoy vieja y me cuesta caminar… ¿Quieres coger unas caramelos?

Julián suspira, seguramente sean del tipo de caramelos asquerosos, de esos que ni siquiera tienen sabor, que llevan veinte años escondidos en un cajón de aquella casa decrépita.

—Claro… ¿Por qué no? —pregunta y se da la vuelta, se queda congelada al ver que la vieja sostiene un tazón y en su interior hay un montón de gusanos.

—Vamos, querido… coge, coge tantos como quieras —dice la voz de la anciana y a Julián le da la sensación de que está a punto de reírse.



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Oct. 10, 2020, 9:31 a.m. 0 Report Embed Follow story
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