bufonloco Ramiro Álvarez

Un joven estudiante se muda a un piso compartido lejos de su familia, sin sospechar que sus caseros ocultan un tenebroso secreto.


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#terror #asesinatos #295 #288 #homenaje #criptas #necronomicón
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Se alquila habitación con vistas al infierno - I

“Se alquila habitación a chico serio y responsable en piso amplio y luminoso. A 100 metros de la estación de metro de LATINA.
Preguntar por Julia: 91 469 32 42”


Con este anuncio en un periódico local terminó la larga búsqueda de habitación donde alojarme después de haber viajado a Madrid para terminar los estudios y comenzó aquella serie de sucesos que harían que en estos instantes esté planteándome si salir corriendo o simplemente tirarme por la ventana para olvidar para toda la eternidad los terribles sucesos que se han sucedido en estas últimas semanas. Pero antes de tomar esta última decisión, me gustaría dejar por escrito el relato de toda esta sinrazón por si acaso alguien puede leerlo y evitar un destino parecido al mío.


La verdad es que me sentí muy afortunado de poder dejar por fin la casa de mis tíos, que, aunque habían sido muy amables todo aquel tiempo, yo nunca había llegado a sentirme como en “casa”, ya que apenas los conocía y los pocos recuerdos que tengo de ellos eran tan viejos que ni siquiera podría relatarlos con claridad.


Me levanté temprano aquella mañana, preparé mi maleta con las cuatro cosas que tenía. Me despedí de mis tíos, agradeciéndoles el tiempo que me habían tenido alojado en su casa y explicándoles que necesitaba mi independencia. Ellos insistieron poco en que me quedara y finalmente me lancé a la calle en dirección al nuevo hogar.


Llegué ante el portal de aquel edificio de siete plantas. Una de esas viviendas de hace más de cien años, cuya fachada reformada, daba un aire melancólico y hacia viajar a la mente muy lejos en el tiempo, cuando Madrid era una trinchera y la pobreza y el hambre eran los auténticos protagonistas de una guerra sin sentido. Por lo que me había dicho Julia por Teléfono, se trataba del ático de aquel edificio y me había comentado que la amplia ventana de la habitación daba a una majestuosa vista de aquel Madrid de los Austrias.


Llamé al telefonillo y a los pocos segundos una voz de mujer me contestó: — ¿Quién llama? —


—Soy Luís, el chico que os ha alquilado la habitación. — Respondí e inmediatamente sonó el timbre que indicaba que la gran puerta de madera que da acceso al portal estaba abierta. Pasé al interior del edificio y me dirigí al viejo ascensor que esperaba en el hueco de la empinada escalera de madera, para subir hasta el séptimo piso. Miré hacia arriba en un acto reflejo y me alegré de no tener que subir andando, ya que a simple vista no alcanzaba a distinguir el final de la escalera. ¡Mi gozo en un pozo! En la reja del ascensor colgaba un roído y descolorido letrero en el que rezaba la frase “NO FUNCIONA”.


La cosa no comenzaba bien, pero sacando fuerzas de no sé dónde, levanté la maleta y comencé el largo ascenso por aquellas desgastadas escaleras que no parecían estar dimensionadas para el pie humano. En el largo ascenso, puede reparar que no existía ni un solo signo de vida en el edificio, ya que por más que afinaba el oído no lograba distinguir ni el más leve murmullo. Y por más que mirara la penumbra en que se hallaban los descansillos, no distinguía ningún tipo de movimiento, salvo el movimiento de motas de polvo flotando en el ambiente, dando una opresora sensación de abandono.


Llegué jadeando a la última planta y me esperaba abierta una puerta que dejaba escapar un reguero de luz desde su interior. En el umbral se encontraba una mujer de unos cuarenta años, teñida de rubio y vestida con un vestido oscuro que daba sensación de no estar acorde con la época en la que vivimos. Reparé en que detrás de sus piernas se hallaba un obeso gato a rayas que me miraba con curiosidad.


–Buenos días, te estábamos esperando. — Dijo la mujer con una cálida sonrisa en la cara – Este gatito que tengo detrás se llama “Nigger-Man” y será junto a mi marido Roberto tu tercer compañero de piso. Pasa, pasa. No te quedes en la puerta. –


–Encantado de conocerla. Lo cierto es que estoy deseoso de instalarme en mi nueva habitación. — La dije dirigiéndome hacia el interior de la vivienda.


La casa desentonaba completamente con la impresión de abandono de las zonas comunes del edificio, ya que esta estaba completamente reformada e iluminada con la claridad que entraba por las grandes cristaleras. El acceso era a través de un largo distribuidor con puertas que se abrían a ambos lados a distintas dependencias: tres habitaciones, dos baños, un salón y la cocina. Al fondo del pasillo, sin embargo, distinguí algo que me llamó la atención: Un retrato pintado al óleo de una persona joven con una pequeña cicatriz en el rostro, pero que al observarla con más atención me produjo una sensación de malestar al comprobar que su mirada parecía la de una persona anciana que observaba a todo aquel que pasara por allí. En la base del retrato rezaba la leyenda “Joseph Curwen”.


Julia me guió por el pasillo hasta la habitación del fondo, justo al lado del retrato del tal Joseph y me dijo: – Bien, esta es tu habitación. Acomódate y deja tus cosas, que a la hora de la comida te daré un toque y presentaré a Roberto, que ya habrá regresado de trabajar. Durante el almuerzo comentamos lo que sea necesario sobre el alquiler.


— De acuerdo y muchas gracias por todo. Realmente necesitaba esta habitación. — Contesté, e inmediatamente ella se alejó por el pasillo hacia la cocina.


Cerré la puerta y me puse a vaciar la maleta y a guardar las cosas en el armario. Pero no estaba solo. “Nigger-Man” se había acomodado encima de la cama y me observaba con los ojos entrecerrados, como analizando todos mis movimientos. Lo cierto es que no me importó, ya que desde niño he adorado los felinos y siempre había convivido con ellos en la casa del pueblo de mis padres. Continué mi trabajo mientras observaba la habitación que se convertiría en mi nuevo hogar por tiempo indefinido. Era una habitación amplia, con un gran ventanal desde el que se podía observar la inmensidad del Madrid antiguo; una cama en su centro con el cuerpo de forja un poco oxidado y en un lateral, una librería repleta de tomos amarilleados por el tiempo.


Dejé una pila de ropa interior encima de la cama y me acerqué a curiosear los viejos volúmenes. Todos los libros parecían ser del mismo autor. Un tal H. P. Lovecraft, del que no había oído hablar en mi vida. Observé los títulos para comprobar si conocía alguno (Pura curiosidad), pero la verdad es que no me sonaban de nada. “La llamada de Cthulhu”, “Las ratas en las paredes”, “En las montañas de la locura”, Hervest—West reanimador”, “El caso de Charles Dexter Ward”, “La sombra que cayó sobre Insmouth”, “Dagón”, “Más allá de los muros del sueño”, “el color surgido del espacio” … Y muchos títulos estrafalarios por el estilo. Alguno de ellos, más que libros parecían viejos cuadernillos de notas, lo que me hizo pensar que la mayoría no serían más que simples relatos cortos.


Reanudé mi trabajo de “mudanza” y en diez minutos ya había terminado, así que me senté en la cama junto a mi nuevo y curioso acompañante, y agarré uno de los volúmenes para echarle un vistazo. Se trataba de un cuadernillo en cuya portada solo ponía el nombre del autor (Lovecraft) y un título escrito a mano en tinta negra: “El horror de Dunwich”. Abrí el cuadernillo y me llevé una gran desilusión al comprobar que su interior era completamente ilegible, ya que parecía estar escrito en un idioma parecido al árabe. Lo devolví a su lugar en la estantería y continué revisando el resto de los volúmenes. Todos parecían escritos en aquellos extraños caracteres, hasta que finalmente hallé uno que no cumplía el patrón.


Se trataba de un grueso volumen de incalculable edad, en cuyo lomo se leía: “Kitah Al-Azif” y su autor un tal “Abdul Al-Hazred”. Acerqué la mano y lo cogí, comprobando que además de su excepcional peso, tenía como característica el peculiar tacto de la piel de su cubierta, el cual era especialmente repugnante y resbaladizo. Un tacto que hizo que por unos instantes dudara en si tenerlo entre mis manos, o devolverlo al lugar del que lo había cogido, pero la curiosidad fue más fuerte, así que mordiéndome el labio por la grima que me daba, lo agarré, me tumbé en la cama y me dispuse a abrirlo para descubrir los secretos que guardaba en su interior.


Pero eso no fue posible por el momento, ya que “Nigger-Man” al ver que iba a abrirlo, emitió un estridente maullido. Se escucharon unos rápidos pasos en dirección a la habitación en que me encontraba, e instantáneamente sonaron dos golpes en la puerta y una voz masculina con un ligero trasfondo gutural dijo: – Luís, ya es la hora de la comida. Julia y yo, te esperamos en el salón con la mesa servida. –


Dejé de nuevo el libro en su sitio y salí de la habitación. En el pasillo no había nadie, pero volví a sentir aquella escalofriante sensación de que el cuadro de al lado de mi habitación analizaba atentamente mis movimientos.

June 17, 2020, 2 p.m. 1 Report Embed Follow story
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Helena Nin Helena Nin
Me encanto :3
1 day ago
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