katiuskagarcia Katiuska García

Una noche, en el centro comercial que frecuenta después del trabajo, Cecilia escucha un concierto. Semanas después, aún recuerda al vocalista. Sin saber su nombre, no espera volverlo a ver, hasta que una coincidencia hace que lo encuentre de nuevo. Ahora lo irá descubriendo a través de un tamiz: la visión que se ha ido formando de los hombres a lo largo de su vida. __________ Relato largo en 7 partes. Imagen de portada: Imagen de Pexels en Pixabay (https://url2.cl/g4Lfp).


Drama Not for children under 13.

#casualidades #encuentros #madres #relaciones #música #mujeres #machismo #hombres #familia #cotidianidad #amistad #acoso #parejas #amor #padres
5
1.8k VIEWS
Completed
reading time
AA Share

Max [1]




El hombre tenía el pelo largo. Cecilia seguía mirándolo, mientras esperaba en fila con la gente que lo quería saludar.

Se había soltado el moño, notó ella, y ahora llevaba el pelo recogido en una media cola. Tuvo el pelo atado en un moño durante todo el concierto y tal vez por eso no se notaba lo largo que lo tenía, pero ahora caía libre, casi hasta la mitad de su espalda. Se había puesto otra vez la casaca, también. Cecilia recordaba cuando se la sacó: poco antes de acabar el concierto, a la mitad de una canción, durante el solo del guitarrista.

Cecilia lo había seguido con la mirada, cuando dejó el micrófono y se replegó a una esquina del escenario, el guitarrista tomando su lugar. Lo había visto sacarse la casaca en el camino; llevaba un polo simple debajo, negro, de manga corta. Le había parecido ver al guitarrista darle una palmada en el hombro, cuando se cruzaron en medio del escenario. El vocalista —el hombre del pelo largo— se había quedado en la esquina durante todo el solo, en cuclillas y tomando agua; la casaca abandonada a un lado.

Cuando el solo terminó, el vocalista ya estaba al frente de nuevo. Si antes estaba sin aliento, ya se había recuperado.

Cantaba bien. Cecilia no le había escuchado notas en falso, después de eso —ni antes, a decir verdad. No; el hombre había llegado a todos los altos, con fuerza, sin dudar. A Cecilia le gustaba cantar, hasta llevó un taller en el primer año de la universidad, pero no podía con notas tan altas. Menos sobre un escenario. Lo cierto es que Cecilia no subía a escenarios, punto. Salvo que tuviera que hacerlo. Suficiente había tenido con su graduación, sonriendo frente a las cámaras, aferrando su diploma de egresada entre sus manos sudorosas.

El tecladista pasó junto a ella, cargando su teclado al hombro, y Cecilia se arrimó a un lado para darle paso. Ya casi habían terminado de desmontar el escenario. El guitarrista se había ido primero; Cecilia lo vio, cuando recién se empezaba a formar la fila. Se fue abrazando a una chica pelirroja, que lo esperaba sentada en una banca cercana. Parecía ser el más joven de la banda.

No había visto irse al bajista, pero ya no estaba en el escenario. No lo vio muy bien durante el concierto, tampoco; ella estaba sentada prácticamente detrás del toldo, y el bajista había estado casi siempre al fondo. El toldo del escenario lo cubría casi todo el tiempo, salvo cuando se movía de lugar. Alcanzó a ver que tenía el pelo largo, pero no tanto como el vocalista. El del bajista apenas llegaba un poco más abajo de sus hombros.

Tampoco había podido ver bien al baterista, durante el concierto, pero ahora que estaba en la fila sí que lo podía ver: era un tipo de hombros anchos, calva y barba de chivo; mayor que los demás, le pareció a Cecilia, mientras lo veía desmontar su batería sobre el escenario. Se movía con tranquilidad, saludando a los asistentes que corrían alrededor, recogiendo cables y micrófonos. No parecía tener la intención de ir a recibir saludos.

Ninguno de la banda, en realidad, parecía tener esa intención. Ni nadie de la fila, a la que Cecilia se había unido en un raro momento de espontaneidad, parecía querer acercarse a ellos. Solo al vocalista. El hombre de pelo largo, que ahora sonreía junto a una de las chicas de la fila, frente al celular de ella. Estaban pidiendo fotos, todos los que saludaban. Cecilia no había pensado en eso, pero ahora su mano se deslizó hacia su bolso, ubicando su celular sobre la tela. No era de tomarse fotos, pero ya estando ahí...

Cecilia había llegado al centro comercial cuando el concierto ya estaba avanzado. Fue sin ninguna idea en específico, solo para pasar el rato. Tal vez comprarse alguna blusa, si encontraba una decente en oferta. O comer un helado. Lo cierto es que realmente esperaba conseguir una blusa en oferta, o dos, porque ahora que empezaba el otoño las tiendas tenían la ropa de verano en rebaja. Y realmente esperaba comerse ese helado, también. Llevaba todo el día con antojo de helado de chocolate.

No era el centro comercial más grande, ni tenía nada en especial. Pero estaba lo suficientemente cerca a su trabajo para irse caminando después de salir, y por eso se había convertido en su mejor punto para pasar el rato, cuando no tenía nada mejor que hacer ni ganas de volver a su departamento todavía. Se le había hecho costumbre hacer tiempo ahí los viernes, hasta la hora de cerrar. Los viernes cerraban a las once.

Cecilia se había acostumbrado a la caminata de quince minutos, menos si apuraba el paso, hasta una de las puertas laterales del centro comercial —era la puerta a la que llegaba primero, cuando caminaba por las callecitas detrás del edificio donde trabajaba. Al pequeño boulevard antes de llegar, repleto de gente, los adultos sentados en las bancas y los niños corriendo alrededor. Estaba habituada al pasadizo por el que siempre entraba, lleno de luz y de ruido. De las tiendas, de la gente, música y conversaciones y pasos por igual.

Cecilia caminaba por ese pasadizo, hasta llegar a la rotonda, donde se unían todos los pasadizos del centro. Solía pasarse las horas dando vueltas a la rotonda, recorriendo los pasadizos conforme llegaba a la entrada de cada uno —tiendas de zapatos en uno, tiendas de ropa en el otro, restaurantes y helados y un módulo donde vendían chocolates en el otro. Había tiendas alrededor de la rotonda, también; una extraña combinación de ropa y helados. Era fácil gastar el tiempo ahí, sobre todo si entraba a las tiendas. Cuando se iba siempre estaba cansada de tanto caminar. Siempre estaba caminando.

Esta vez, en cambio, se había quedado escuchando el concierto. El centro comercial siempre organizaba conciertos los viernes. Armaban un escenario en la rotonda, en el espacio libre frente a la pileta, y la gente podía pararse alrededor a escuchar, o sentarse si agarraban un lugar libre en las bancas cercanas. Cecilia había encontrado lugar para sentarse, pero solo en la parte de atrás del toldo, en el sardinel que rodeaba la pileta. No era el mejor lugar para ver, pero todavía podía escuchar.

Una vez que se sentó, no pudo volver a levantarse. Cecilia escuchaba muchos tipos de música, según su ánimo y lo que le sonara bien. Rock, también. Pero no es que el rock le gustara particularmente. Al inicio, solo se detuvo a escuchar porque le resultó raro que trajeran a una banda de ese género: solía ser salsa o cumbia; música bailable, música de viernes por la noche. Pero luego escuchó cantar al vocalista, al hombre del pelo largo, y sus ideas de blusas y helado quedaron atrás.

El hombre estaba cantando cuando Cecilia llegó. Una canción cuya letra apenas recordaba, por partes y probablemente mal, pero la tonada, esa la recordaba muy bien. Tarararararara, nana, tarararararara, nanana. Había escuchado esa canción hasta el hartazgo, pero había algo más. Algo distinto. Algo en la voz del cantante, que la hizo detenerse. Como si lo hubiera escuchado antes. No le parecía muy probable, eso, pero ahí estaba. Esa sensación de familiaridad.

Cecilia no se podía mover. Sus ojos estaban fijos en el hombre que cantaba, apretando el micrófono en una mano, con el pelo atado en lo alto de su cabeza, en un moño desordenado. Las luces del escenario iluminando sus zapatillas, bajo el cielo sin estrellas de la ciudad. La batería retumbando en sus oídos y el suelo vibrando bajo sus pies, con los saltos del guitarrista y el vibrar de los parlantes. Y la voz del vocalista, ahogando todo lo demás. Cecilia se quedó hasta el final del concierto.

Max. Cecilia estaba a dos personas de llegar al vocalista, la fila había ido avanzando, y había escuchado a una chica llamarlo así. Max. ¿Solo Max? Ahora estaba más cerca y veía mejor, él llevaba algo en el cuello, un collar largo y plateado, con un dije de cruz. Sonreía, con los ojos entrecerrados. Cecilia se preguntó si no hubiera querido irse al terminar el concierto, como el resto de la banda. A lo mejor vio la fila de saludos y se tuvo que quedar. ¿Por qué solo querían saludarlo a él? ¿Qué pasaba con el resto de la banda?

La chica que saludaba a Max se despidió. Solo quedaba una persona más, antes de que llegara el turno de Cecilia. Una persona más y ahí estaría.

De pronto, Cecilia sintió vibrar su bolso. Su celular. Tardó un poco más de la cuenta en sacarlo; el llavero que le había puesto se había quedado atrapado entre su monedero y su pañoleta. Deslizó el dedo sobre la pantalla. Había un mensaje de su mejor amiga, rogándole que se conectara ahorita mismo y la ayudara, porque tenía que entregar unas fotos mañana a primera hora y no lograba decidirse sobre unos efectos.

Suspiró. Su amiga estaba a punto de graduarse, un año después de lo necesario, gracias a un mal cálculo de créditos: no se dio cuenta de que por su fecha de ingreso le aplicaba el nuevo plan de estudios, y cuando quiso graduarse (las dos habían ingresado la solicitud juntas, para la ceremonia), resultó que debía dos cursos, que encima no se abrían el mismo ciclo. Gracias a eso, se la había pasado el último año desconfiando de sus decisiones, y usando a Cecilia de segunda opinión cada vez que debía entregar un trabajo importante.

Cecilia no creía que Dani necesitara mucha ayuda, la verdad. Era una de las mejores de la facultad, sus fotos estaban en quién sabe cuántas revistas de estudiantes y una que otra profesional; incluso ganó un concurso de fotografía de los grandes, una vez. Más todavía: con mal cálculo de créditos y todo, era de los pocos de la promoción que estaba trabajando en la carrera. Dani decía que todos eran trabajos de freelance, nada fijo, pero al menos podía hacer lo que había estudiado. Ya querría Cecilia hacer lo mismo.

Suspiró, de nuevo. Lanzó el celular de vuelta a su bolso y salió caminando de prisa, buscando la puerta principal. Era la que estaba más cerca a su paradero y tenía que salir directo por ahí, si quería llegar rápido. Tropezó con un escalón al dar un paso (malditos escalones sin señalizar) y apenas evitó la caída, saltando en un pie; maldijo en voz alta y recogió su bolso, que no había tenido la misma suerte. Esperaba que no hubiera mucho tráfico y que su internet corriera bien, porque últimamente andaba del carajo. Ya luego buscaría el nombre de la banda. Luego. Si podía.

Cecilia no notó la mirada de Max, curiosa, siguiéndola mientras se iba.



June 16, 2020, 4:28 a.m. 4 Report Embed Follow story
5
Read next chapter Saúl

Comment something

Post!
Roberto R. Roberto R.
Muy bien!
2 weeks ago

Mel Velásquez Mel Velásquez
Mientras te leía recordaba todas las veces que tuve un enamoramiento fugaz con algún vocalista de alguna banda en cualquier concierto de los que fui a mi vida.... Uff, esa sensación mágica destila en tus letras.
4 weeks ago

  • Katiuska García Katiuska García
    Jajaja, me ha pasado también... Una buena voz siempre atrae, creo yo. Sobre todo si está cantando una buena canción. Gracias por leer y por el comentario :) 3 weeks ago
~

Are you enjoying the reading?

Hey! There are still 7 chapters left on this story.
To continue reading, please sign up or log in. For free!