u15613446511561344651 Jacqueline Q-Herrera

Manuel Rodriguez y José Miguel Carrera eran muy cercanos, tanto, que sospecho que eran mas que amigos. Historia creada para el reto #latinalia del programa #Fangirlgeneration donde habia que inventar historias BL de los próceres, y continuada por que sí, dedicada a IsaIsa y NekiNeki, a ver si finalmente escribe la versión real.


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#retrofuturismo #ficcionhistorica #dramahistorico #lgbti #erotismo
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No sabían ná.

Pensó en él mientras empuñaba el arma, mientras dormía frustrado tantas noches bajo las estrellas del lado equivocado de la cordillera. Él debía estar en Chile, en su país, caminar sobre las losas de la plaza de Armas, no en cerros y barcos. José Miguel se acomodó sobre la manta de nuevo, no quería llorar frente a los montoneros. Sus ojos vagaban entre las estrellas tratando de encontrar ese brillo, ese deslumbre que tanto tiempo atrás vio por última vez, ahí cerca, en Mendoza. Manuel, susurró cuando sus ojos se cerraron.

Tal vez fue la hierba mágica sobre la que se durmió –una de las tantas yerba loca endémicas de esa porción de los Andes- pero tuvo un largo sueño. En él, despertaba con el ruido de unos zapatos de taco contra los rojos ladrillos del piso, que se acercaban indefectiblemente al rincón donde él intentaba dormir una siesta. Sin despertar del todo, un abrazo lo atrapaba, entre risas escondidas. Las juveniles barbas entonces en despunte se acercaban y buscaban en los rincones más absurdos de la casa de la infancia, del colegio, para tocarse brevemente a escondidas. Tras tanto tiempo, sintió el aroma acre al cuerpo de Manuel, su tibieza, los músculos bajo la áspera camisa.

Su madre no lo aprobaba como amigo, pero lo toleraba, acorde a las ideas que el chiquillerío no podía mandarse siempre. Al ser hijo de tales ilustrísimas personalidades, ambos crecieron con el peso del deber y del saber estar, saber hablar. Manuel era rechazado por todos a pesar de ser el mejor de la clase –o tal vez, sumándole esto– solía ser rechazado en las otras casas. En cambio, desde que lo conoció José Miguel, no habían vuelto a separarse.

Las malas lenguas habían interrumpido sus amistades en otros tiempos también. Saberse diferentes los había unido, pero también podía separarlos. Manuel era una tormenta, una fuerza de la naturaleza que opacaba a los demás, arrastrándolos. Siempre las cabezas se giraban a su paso. Eso no los había detenido de explorarse más allá de las barbas, de las lenguas, de las manos. Aunque tardaron años entre ese primer beso robado, hubo un atardecer donde se habían encontrado del todo, desnudos y pegoteados. Fue durante una excursión a caballo, recordaba el olor de la hierba, del pasto que le hacía estornudar, de la ramada bajo el sauce, sólo una manta sobre el piso de tierra, en que Manuel había sido finalmente suyo. Había sentido sus nalgas apretándose contra él, con su pelo en la cara, su risa, sus dientes, su pelo. Había saboreado y chupetiado toda la chicha que llevaban desde su entrepierna. Pensaba que se saciaría de tanto beberlo, de tanto besarlo, pero no. Cada caricia llevaba a querer mas.

No se habían pedido fidelidad, ni se habían prometido siquiera una siguiente vez. Sabía de Francisca, hablaba de ella en las cartas que se aseguraba en mandar ánimos e ideas.

Admiraba a Manuel. Lo amaba como no se podía amar a nadie mas. Tanto ése día como muchos otros lo arrastraba con alguna idea loca, lejos de los demás, alguna aventura siempre lo llamaba, entonces lo alejaba a caballo y como ya sabían de sus correrías pensaban que iban tras alguna mujer de alrededor. No sabían nada. Había sido él solo quien armó la resistencia. Sin él, no hubiesen emancipado américa. Pero San Martín y Ohiggins vieron algo en él que también les era común. Tal vez si no hubiera sido tan guapo. O tan cercano a todos, tan afable. Tal vez si no hubiera tenido el hablamiento para pactar con los bandidos. Si no hubiera guardado todas sus cartas, el guardapelo con su retrato… tal vez Bernardo hubiera pensado otra cosa que no fuera conspiración.

Pero no sabían nada. Ni había nada que saber. Sólo un amor que dormiría en las estrellas lejanas, y el recuerdo de una boca que entonó su nombre.

May 31, 2020, 7:18 p.m. 0 Report Embed Follow story
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