nataly-crut Natalia Sofia Crut

Un grupo de estudiantes intenta escapar, de la prodigiosa escuela del sol, una institución que aparenta normalidad, pero entre sus lujosos salones, se oculta una verdad terrorífica, la maldición impuesta por sus padres, obliga a nuestros protagonistas a convertirse en seres antinaturales, dotados de una inteligencia por encima de la media, pero incapaces de comunicar sus sentimientos.


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Yo soy Mia, la chica de las coletas.

Mia se despertaba, como todos los días en su habitación, cuando la luz del sol le fastidiaba los parpados, desordenada como siempre sus pies descalzos tanteaban el suelo esperando no pisar algún peluche o pedazo de comida.

Se meneaba de aquí para allá, entre la mesa de noche y el enorme espejo, recobrando la compostura, tomó un respiro y estiró las piernas, para acto seguido ir al baño y darse una ducha.

Su cuarto compuesto por la mesita de noche y el espejo que mencioné, también posee la cama de Mía, desecha por nunca arreglarla, con su cobija de unicornios descolorida y arrugada, el uniforme colgado de cualquier manera en un rincón y la ropa interior, desparramada en una montaña de prendas para vestir justo al lado del closet polvoriento.

La chica salió de la ducha y mientras se arreglaba, pudo escuchar mi voz levemente, con rostro molesto continuó con su labor, debe estar enojada por mi manera de narrar, pero ella sabe muy bien que no soy un profesional y su limitado presupuesto no le daba para contratar algo por encima de mí.

-Menudo fastidio eres. Dijo mientras miraba el techo de la habitación, por donde la estamos viendo, bueno por donde la estoy viendo, que a la vez, es tu interpretación mental de mí forzada narración.

-Suficiente, déjame presentarme narrador. Continuó Mía molesta porque por alguna razón, sigo contando lo que sucede sin interrupción alguna.

-Saludos espectador. Exclamó nerviosa, soy Mía una prestigiosa alumna que estudia en una prestigiosa escuela, mi vida es muy diferente a la tuya, para empezar, no es simple y aburrida, "no señor", jamás me veras leyendo un libro para matar el rato, lo que sabes, estás haciendo en este momento, no tengo tiempo para las cosas mundanas, debido a que "El instituto para jóvenes prodigios, alegra tu corazón", drena cada segundo de mi insignificante vida.

La chica mira su reflejo con la intensión de peinarse, cepilladas por aquí y por allá, su cabello húmedo, cobro forma en un par de minutos, dos coletas sobresalían de su cabezota redonda, y un pequeño flequillo buscaba tapar forzosamente su ojo izquierdo, sus zapatos negros y de marca combinaban con su uniforme vino-tinto, al costado derecho resaltaba el glorioso escudo de la prestigiosa institución, un corazón iluminado por un libro azul.

-Déjame mostrarte de lo que hablo. Mía pronunció aquellas palabras mientras abría la puerta de su habitación, en el fondo lo hacía ilusionada, de poder arrastrarte a ti, a su mundillo frenético y desamparado.

-Oye, no cuentes nuestros planes, gran estúpido. Me reprochó mentalmente, pero como ella es lo bastante tonta, no se da cuenta, que yo, no voy a parar de narrar y por ende, te estas enterando de sus secretos.

Al otro lado de la puerta un jardín hermoso con aroma a chocolate, adornado por árboles y una fuente circular que rodea las imponentes decoraciones con forma de animales salvajes, se reflejaba en los ojos de Mía.

Muy espectacular para ti, quizás, pero para la joven es un paisaje de todos los días, para nada sorprendente; al fondo, un enorme salón con pupitres nos espera, donde todos los alumnos deben dirigirse apenas salgan de sus dormitorios.

-Hago todo a mi alcance, para ir lo más lento posible. Dijo la joven prodigio, no me gusta para nada las clases en la mañana, mis padres lo saben muy bien, pero poco o nada les valió, en cuanto se dieron cuenta de mis habilidades, me inscribieron aquí, ni siquiera me preguntaron, en un parpadeo, estaba con mis maletas en un vehículo, dirigiéndome a toda velocidad a este "paraíso educativo".

Con pasos de tortuga Mía caminaba en dirección al salón; el edificio, que en un principio parecía distante, comenzó acercarse cada vez más, la figura enorme e imponente de aquella estructura de ladrillo, se ve poderosa frente a nosotros tres, prepárate espectador, porque apenas Mía cruce por la enorme puerta blanca, tu y yo nos veremos envueltos en las mismas pesadillas que a ella, le invaden sin cesar, en esta cárcel conductista que muchos llaman escuela.

May 14, 2020, 9:59 p.m. 0 Report Embed Follow story
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