Una canción de letras y juegos Follow blog

elbardo Brandon Lee Avila Soy un EcuaCoreano, mitad coreano, mitad ecuatoriano. Mi vida ha sido algo extraña y aquí te cuento algunas cosas.

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Capítulo de telenovela

Me acuerdo del último capítulo de la telenovela que nunca entendí. Mi abuelo acababa su último cigarro del día; mamá sufría, respiraba con dificultad <1, 2, 3> decía antes de tomar una buena cantidad de aire sin quitar sus pupilas en forma y color de capulí de aquella negra y cuadrada caja parlante.

El talón del abuelo se movía de arriba a abajo con velocidad enfermiza y la telenovela avanzaba a paso seguro, poco a poco. Una pausa comercial llegó <la puta madre!> exclamó mi tío antes de rascarse la cabeza por el dolor; el abuelo aún con la mano hecho un puño se acercó a mamá con ternura; ella no parecía estar bien, pero decía que lo estaba con firmeza, mucha firmeza.

La novela continuó su rumbo, otro cigarrillo bailaba entre los labios del abuelo; no entendía que estaba pasando, de que trataba aquel capítulo ¿ por qué tanta cara fruncida? ¿por qué tanto dolor, respiraciones difíciles, angustia y ojos de preocupación?

El grito victorioso de mi hermano llegando a este mundo hizo eco en el hospital poco después del final del capítulo.

May 1, 2019, 2:56 p.m. 0 Report Embed 0
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Estrellas

El pueblo al que llegamos era, sin duda, el más pequeño que yo jamás visto. Cuatro casas pequeñas de madera pintadas monocromática mente, tenían un techo de metal cubierto por algo que parecía ser plástico; se formaban una adyacente a la otra pero, dejaban a la última casa fuera de su formación, como si las otras tres no la quisieran cerca.

Bajando la pequeña y verdosa colina llegabas hasta lo que parecía ser un centro común, una edificación un poco más grande que las demás casas parecía cumplir el rol de todas las cosas necesarias para el pueblo, es decir, era la iglesia, escuela y sala de reuniones.

En el pueblo no contaban con luz eléctrica, estaban muy lejos de todas esas cosas, en cambio, hacían funcionar un motor a diésel, lo encendían aproximadamente a las seis de la tarde y lo apagaban a las ocho, mas tardar nueve de la noche, de ahí, las velas y lámparas de aceite parecían ser lo más seguro y confiable, viejas amigas que hoy en día han perdido su valor.


Después de todo un día de caminata a través de un paisaje frío y árido, desde la montaña en la que iniciamos la marcha, terminamos en aquel pueblito. En una circunstancia normal esa llegada hubiera sido bastante deprimente, sin embargo, no era una circunstancia normal, en ese momento aquellas cuatro casas rodeadas de verdor, formadas de manera extraña mirando de cara a la casa comunal, era sin duda un suceso de amor, un destello de la bondad de la vida.


Mi familia había planeado hacer una caminata de dos a tres días desde la sierra hacia el oriente, en ese entonces tenía entre 12 a 13 años. Todos estábamos emocionados por la aventura, en teoría era un acto claro y sin complicaciones: viajaríamos en auto hasta un punto concreto, el inicio de un camino a través de una montaña y, una vez ahí, comenzaríamos la empresa; era algo emocionante, no obstante, "el papel aguanta todo" , la realidad nos cayó como un balde de agua fría en la espalda pues, caminar por días enteros perdía su emoción después de las primeras horas. Los pies duelen, el sol quema, el frío arde, el estómago ruge, la comida se enfría y tu mente te hace creer que el camino nunca terminará.

Con esta premisa, haber llegado a nuestra primera gran parada, el pequeño pueblo de San jose de Cuyes, fue sin duda, una bendición. Su césped era especialmente cálido, y las nubes en el cielo parecían tan calmas como una amaca meciéndose sola por el viento de verano. El lugar tenía magia, una a la que solo puedes acceder después de haber recorrido todo ese camino pedregoso, casando y árido en carne propia.


Mi abuelo, un hombre carismático, en menos de cinco minutos de haber llegado, habló con una señora anciana, la dueña de la casa que no se formaba junto a las otras tres, al parecer, de algún modo convenció a la dueña que diera permiso a algunas personas para pasar la noche en aquel lugar; los otros acamparían, también negoció el costo de una merienda y preguntó por direcciones e historias, todo eso en menos tiempo del que a mi me tomo recuperar el aliento.


La noche se acercaba lentamente, era como si en aquel lugar el tiempo se detuviera de cuando en cuando a respirar; no veo por qué no lo haría, en verdad el aire era distinto, si mis pulmones pudieran hablar, de seguro me hubiesen dicho algo como "este es el aire mas delicioso de la vida" o "Quedémonos aquí para siempre". El motor se encendió y el sonido de este trabajando llenaba el lugar, entiendo por qué era bueno apagarlo temprano, el ruido que hacía no permitía disfrutar el concierto que nos brindaba el lugar. Insectos y animales coreaban juntos una melodía disonante pero profunda.

Comimos, demás está decir que esa fue la comida mas deliciosa que jamás he probado, el dicho es correcto, no hay mal pan para el hambriento. Con todo lo que habíamos recorrido, con todo el esfuerzo físico realizado, ese caldo de gallina y arroz con un huevo fue, sin duda alguna, un manjar que solo aquellos que han hecho el recorrido pueden disfrutar. Como dije, el lugar tenía magia a la que accedes solo si caminas lo suficiente.

Era gracioso, el hecho de que hace unas horas atrás me sentía completamente arrepentido por la empresa tan complicada que habíamos decidido hacer, sin embargo, en ese momento los dolores parecían disiparse, y al mismo tiempo, algo dentro se construía.


La hora de descansar llegó, yo había decidido quedarme afuera, en una tienda que habíamos armado. A pesar de que era de noche, no estaba tan oscuro como uno creería; busqué la fuente de luz nocturna, y fue entonces que mi madre me espabiló:

- Mira el cielo! Estrellas! - dijo con asombro. En un principio aquello me sonó lo mas trivial y menos interesante del mundo, pero cuando levante la mirada mi vida cambió.


Solo aquellos que se atreven a viajar, a salir de su hogar y recorrer aquel pedregoso, cansado y árido camino pueden llegar a San Jose de Cuyes, y con eso acceder a la magia de un cielo tejido de astros destellantes, que bailan el uno con el otro sobre una manta negra y de profundidad infinita. Solo si caminas a aquel pueblo puedes disfrutar de sus estrellas.

April 9, 2019, 4:42 p.m. 0 Report Embed 1
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No sabía quien era

Si de algo puedo estar seguro en esta vida es que hay personas, muy escasas, que te llevan a descubrirte de formas tan distintas, tan maravillosas que, sin duda alguna, te cambian por completo.

El otro día, un Domingo, salí con esta simpática chica a la que he observado desde la distancia por un tiempo. Salir un Domingo es algo extraño en mi pues, normalmente estos días suelen ser de familia; un almuerzo entre todos, con pláticas cálidas, comida de casa y risas fraternales, así suelen ser los domingos; no obstante, la verdad es que ese Domingo fue bastante similar, pero, a su vez, completamente distinto.

Estaba nervioso, aquella tierna chica llamó mi atención desde hace buen rato, haber concretado un primer acercamiento en la universidad fue algo acertado y aún así, me sentía aterrado por haber recibido un "sí" a la propuesta para salir. Estaba seguro de que ella me gustaba, pero no sabía cuanto realmente me gustaba hasta que llegó el momento de la verdad.

El día previo, entre bromas y un intercambio de información clave para la salida, pude confirmar el buen sentido del humor y la forma de tratar con los demás que ella tiene, agradable como mínimo, para mí, fue sin duda, tierno y carismático. Quedamos en vernos a las dos de la tarde en el centro de la ciudad, en la Glorieta, un pequeño apartado verde y pintoresco que mira directamente a una de las calles que rodean la plaza central. Como siempre llegué puntual, estuve siete minutos antes de la hora prevista y ella llego a tiempo, algo que alivió esa sensación tan fuerte en mi pecho que era una mezcla de miedo, nervios y emoción.

Su andar era, cómo decirlo sin sonar pretencioso, elegante no es exactamente la palabra, va mas allá, su andar es relajado, caminaba con calma, con sus manos guardadas en los bolsillos de la chaqueta jean azul que tapaba medianamente una camiseta negra muy de los noventa. Sus piernas se movían ligeras, con paciencia, miraba al suelo, y progresivamente fue levantando la vista hacia donde me encontraba, esta vez no llevaba lentes, <<tal vez así no me ve lo feo>> bromee para mi mismo tratando sin éxito de calmar mis nervios. La verdad es que su calma, su aura de tranquilidad sin pretensiones, su rostro cálido y su voz eran, simplemente bellas, ella estaba hermosa.

Habíamos quedado en almorzar comida coreana en un restaurante cercano, el único restaurante cercano de la ciudad. Al entrar, el dueño me reconoció al instante y la reacción fue positiva en todas direcciones, a ella le pareció cómico, a mi tierno. Nos sentamos, aunque ella eligió la mesa, me pareció graciosa la coincidencia de que escogiera la mesa en la que normalmente suelo sentarme. Después de unos minutos nuestro pedido estaba listo, yo, como siempre, me animé por un Bibimbap y ella se pidió unos bollos fritos rellenos de carne, se veían apetitosos, pero tenía demasiada pena de preguntar por si podía probarlos, así que me guardé las ganas en lo mas profundo de mi ser.

La conversación empezó a fluir cual río en verano, ni mucho, ni poco, solamente lo suficiente. Los temas eran varios y saltaban de un lado a otro como bolas de pintura que cada vez se tornaban de un color distinto, y, de repente pude notarlo, mientras compartíamos palabras, sonrisas e historias, algo nuevo, algo extraño apareció. Noté que ya no era el mismo, tampoco era otro, simplemente algo que no había experimentado antes se presentó como un visitante inesperado. La verdad es que incluso ahora no logro descifrarlo bien; me sentía maravillado por compartir ese momento con ella y a la vez temeroso por lo que podía pasar con cualquier error que cometiera. Y de repente, sin aviso no sabía quien era, completamente distinto y a la vez el mismo. Imposible, si, pero no con ella frente a mi, con ella soy distinto, soy nuevo y soy viejo. Con ella soy y a la vez me descubro.

Pensaba en como mi cerebro jugaba conmigo, me dominaba como a un niño iluso, deseaba no sentir tantos nervios ni emociones, ni pensamientos cursis, sin embargo, no fue posible, llegó el momento que lo cerró todo.

La conversación se encaminó hasta la familia, los seres queridos y el amor fraternal, y pude notarlo, cristales trasparentes y destellantes emergían de sus pequeños y bellos ojitos de capulí, el aura rojiza que envolvió sus ojos se notó rápidamente, "Lo siento" se disculpó como avergonzándose por mostrarse así ante mi y, la verdad es que, no tenía nada de que pedir disculpas, era yo quien debía pedirlas, mi corazón se detuvo. Verla así fue un cuadro perfecto, de belleza profunda llena de nostalgias e ilusiones calmas que tal vez, solo tal vez, Vermeer hubiera podido plasmar en un lienzo con olio.

Cuando yo lloro me veo fatal, mis ojos rasgados casi que se cierran por completo y todo mi rostro se enrojece al punto que parezco mas ebrio que pesaroso; ella era lo contrario, <<¿Cómo alguien puede verse tan bella mientras llora?>> me dije. Llegué a sentirme un poco mal por pensar que aquella faceta me parecía incluso más atractiva que la risueña y la calmada; sin embargo, mientras más hablaba sobre aquello que guardaba dentro, de los dolores que la aquejaban, más me gustaba, no porque realmente aquello fuese bueno, en realidad era triste, tanto que llegué a sentirme identificado en casi toda su historia y me costo guardar mis lágrimas; sino porque mientras todo pasaba mi corazón latía distinto, como al ritmo de una de R&B, y luego entendí, tal vez estaba ahí perfectamente alineado para poder escucharla, aprender de ello y crecer con eso.

Le agradecí por tener el valor de mostrarse así conmigo, por permitirme mirarla así, le dije también que se veía igual de linda así que cuando estaba alegre, que por ese lado no debía preocuparse, y luego, el día de la salida continuó, no obstante, yo ya no era el mismo.

Cuando estuve con ella no sabía quien era, solo se que fui feliz.

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March 18, 2019, 6:17 p.m. 0 Report Embed 3
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La tierra que nos crió

Toda mi infancia media, es decir, desde los 7 años en adelante, buena parte de mis vacaciones las pasaba de visita en el oriente.

En mi país, Ecuador, existen cuatro regiones, la más famosa es la de "Galapagos", sin embargo, también contamos con la costa, sierra y oriente. Yo vivo en la sierra, donde se asienta el frío y los cachetes se te hacen rojos en las madrugadas. Donde un café caliente vale más que una cerveza fría y el viento penetra incluso el cobijo de un abrigo.

Mis abuelos por parte de mamá, vivieron toda su vida en el oriente, nacieron en un pueblo hermoso llamado Gualaquiza, mi abuelo siempre dice que Gualaquiza es un pedazo de cielo que se cayó de ahí arriba. Al inicio no lo entendía bien, pero ahora, que la vida me ha pasado encima algunas veces, lo comprendo, Gualaquiza si es un pedazo de cielo.

Como era costumbre pasar las vacaciones allá, terminé conociendo a mucha familia, aunque no me llevaba muy bien con todos, mis primos, por parte de mi abuelo, conectaron muy bien conmigo o mejor dicho, no teníamos de otra que llevarnos bien. De entre todos, dos de ellos eran mis amigos de verdad cercanos. El primero era a quien le decíamos "negro" por su color de piel (literal es descendiente de afroamericanos) y el Jose, el menor de los tres. Nuestra amistad y relación de primos creció con cada vacaciones que pasábamos en el pueblo. El negro venía de Estados Unidos solo para las vacaciones y, era con nosotros con quien pasaba esos días. Jose vivía en la misma ciudad que yo pero, por distintas ocupaciones, el mejor momento para reunirnos eran esos días de vacaciones.

Con el tiempo mi hermano se agregó al grupo. Los días pasaban entre juegos, aventuras, películas, comida y música, mucha música. Estoy seguro que nuestra afición por la música se cultivo muy bien en esos días pues, yo soy el único que no tiene una banda en la actualidad, Jose y Negro, ambos tienen sus grupos y proyectos musicales; no obstante, eso no significa que yo no le dedique mi tiempo a la música. En algún punto inicié un proyecto de tutoriales de ukulele en youtube, no me iba tan mal, era una idea que rondaba en mi cabeza y la ejecuté de forma casual, aún hoy subo uno que otro vídeo; también le dediqué un poco de tiempo al piano para aprender a tocar salsa y merengue, resultó que era bueno y aún así, mi amor primero, el principal: la guitarra, sigue acompañándome todas las noches, no hay día en el que no tome a mi guitarra y cantemos algo, como en esos días que pasábamos las noches enteras en la plaza central del pueblo con mi primos, con guitarra y bongos, cantando y sacando canciones cobijados por las estrellas.

Hay un amor igual de grande por la música en mi vida, los juegos de rol son y serán siempre, una pasión loca y profunda. Mi historia con los juegos de rol la contaré mas adelante, sin embargo, quiero enfatizar que, Gualaquiza vio nacer a un narrador único, pues era en esos días de vacaciones cuando más tiempo jugábamos entre todos al famoso Calabozos & Dragones.

No pueden faltar las aventuras, las cascadas, las excursiones y visitas a misteriosas cuevas de las que casi no salíamos con vida. De las piscinas, peleas con vecinos, amores de verano y más.

Hace mucho que no visito Gualaquiza. Cuando todos cumplimos la mayoría de edad dejamos de ir, como si un muro se levantara ante nosotros, dejamos de vernos en nuestro pueblo querido, crecimos, tuvimos que dedicarnos a cosas importantes, estudiar, trabajar, buscar el camino al cielo sin darnos cuenta que siempre lo tuvimos frente a nosotros, que lo pisábamos cada vacaciones, que tontos somos.

Feb. 19, 2019, 4:39 p.m. 0 Report Embed 3
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