Gastronomía en la literatura, donde saboreamos a los grandes clásicos. Follow blog

manuela-ocampo-mejia1536827103 Manuela Ocampo Mejia "Gastronomía en la literatura, donde saboreamos a los grandes clásicos" es un proyecto creado por Manuela al Horno, profesional en filosofía y letras de Colombia que considera la literatura como su mayor pasión. A Manuela al Horno también le fascina la gastronomía y por ello es que este proyecto busca reseñar libros a partir del paisaje gastronómico que aparece en ellos. ¡Bon Apettit! // "Gastronomy in literature, where we taste the great classics" is a project created by Manuela al Horno, a Philosophy and Literature professional that considers literature as her big passion. Manuela al Horno also enjoys all that have something to do with gastronomy, that is why this project aims to review books based on the gastronomy landscape found in their plots. Bon apettit!

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16 de diciembre de 2017 / December the 16th 2017

En una cena, Bioy Casares dijo a Borges (al otro Borges, el de la ficción) que los espejos eran abominables, como la copulación, porque multiplican a los hombres. Casares, cenando, le reveló que esta frase la encontró en la Enciclopedia Británica, específicamente en un artículo sobre Uqbar, un planeta particularmente diferente al nuestro, que rompe casi todas las leyes naturales con las que se vive en La Tierra. Borges, naturalmente, se intrigó. Luego, en un bar, probablemente bebiendo un martini seco, Borges encontró la edición de la enciclopedia que, por fin, incluía el artículo que en muchos tomos ya consultados, no estaba. Un planeta paralelo, donde reina el idealismo; un autor del siglo veinte del Quijote; una librería eterna; un hombre que recuerda todo. Estos son algunos de los argumentos que Jorge Luis Borges, el genio de la literatura, el hombre que lo supo casi todo, utilizó para los textos de su libro Ficciones. Genio, porque encontró posibilidades literarias en la filosofía, en la matemática, en la ciencia, en la lógica. Genio, porque cada uno de los textos de Ficciones es una obra maestra que va más allá de la ficción, tocando temas fundamentales de la humanidad. “El jardín de senderos que se bifurcan” (1941) y “Artificios” (1944) son dos libros que conforman el volumen titulado Ficciones; un ejemplar de escasas doscientas páginas que albergan diecisiete textos que parecen escritos por un ser eterno y omnisciente. // In a dinner, Bioy Casares said to Borges (the fictional Borges) that mirrors are abominable, just like copulation, because it multiplies human beings. While eating, Casares told him that this sentence was found in the Encyclopedia Britannica, specifically in an article about Uqbar, a different planet that does not follow our natural rules. Borges was intrigued, naturally. Then, in a bar, probably drinking a dry martini, Borges found the encyclopedia edition that, finally, included the article he had been looking for in different versions of the book. A parallel planet, where idealism reigns; a twentieth century author of Don Quixote; an eternal library; a man who remembers everything. Those are the arguments that Jorge Luis Borges, the literature genius, the man who almost knew everything, included in his book called Fictions. Genius, because he found literature possibilities in philosophy, in maths, in science, in logics. Genius, because each text of Fictions is a masterpiece that goes beyond fiction, while touching on topics that are fundamental for humanity. “The garden of forking paths” (1941) and “Artifices” (1944) are two books that makes up the volume entitled Fictions; a copy of two hundred pages that holds seventeen tales that seems like being written by an eternal and omniscient person.

Oct. 11, 2018, midnight 0 Report Embed 0
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9 de diciembre de 2017 / December the 9th 2017

A veces amo a Julio Cortázar. Otras veces lo odio. No eres tu, soy yo; utilizo la excusa de siempre. Una de las veces en que lo quise fue cuando leí el cuento Las armas secretas. Este relato me estremeció, porque puso en palabras lo que se siente el amor, el amor del hombre, del macho, del género masculino. Siendo mujer me es difícil definirlo; saber exactamente qué se siente y poderlo explicar. Ahora, mucho menos podría comprender el amor desde el género contrario. Este cuento me dio una luz al respecto. Pierre y Michéle son los protagonistas, Michéle es una mujer ajena, creo que no es posible conocerla ni un poco. A Pierre, por el contrario, podemos sentirlo. Pierre encarna la piel del lector, porque cada palabra, cada detalle descrito, cada fumada o trago de coñac, cada respiro es como si fuera el nuestro; se puede decir, casi universal. Hay mucha humanidad en Pierre, porque está el amor puro que, luego del desespero, se puede convertir en obsesión. Todos le tenemos miedo a la obsesión, a la abstinencia, “Ser valiente es siempre más fácil que ser hombre” ¡verdad en forma de respiro! Pierre tiene mala memoria, más para recordar los detalles de Michéle (su aroma, sus dedos, su sonrisa, cada palabra, cada mirada) y las veces que ha fumado pensando en ella: “Como si en el fondo de la memoria supiera exactamente cuántos cigarrillos ha fumado en su vida, qué gusto tenía cada uno, en qué momento lo encendió, dónde tiró la colilla… ¿por qué no llega Michéle?” // Sometimes I love Julio Cortázar. Now and then I hate him. It´s not you, is me; I use the overused excuse. One of the times I have been fond of him was when I read the tale entitled The secret weapons. This short story touched me because it put in words what love is supposed to be felt. In this case, the love of the man, of the male, of the masculine gender. I´m a woman and for me, love is difficult to define, to know how to explain it, to say how it feels. Now then, lot less I could understand love from my contrary gender. This tale gave me light about this complicated situation. Pierre and Michéle are the main characters, Michele is a foreign woman and I think it´s not possible to know her at all. Pierre, on the contrary, is an easy character to know, we can almost feel him inside us. Pierre can embody our skin as readers because each word, each detail, each smoked cigarette or sip of cognac, each breather is like if they were our own; we can say, Pierre is Universal. There is a lot of humanity in Pierre due to his love, pure love that, after the exasperation, it can become an obsession. All of us feel afraid of obsession, of abstinence “Being brave is always easier than being men” Truth as a deep breather! Pierre doesn't have a good memory, except for remembering Michéle´s details (her smell, her fingers, her smile, each word, each glance) or the times he has smoked thinking about her: “It is like, in the depths of his memory, he knew exactly how many cigarettes he has smoked in his entire life, how they tasted, in which moment he has lighted them, where he has left the butts… Why hasn`t Michèle arrived yet? 

Oct. 10, 2018, midnight 0 Report Embed 0
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2 de diciembre de 2017 / December the 2nd 2017

Todas llevamos una Madame Bovary por dentro. Así como llevamos a una Lolita o a una Remedios la Bella. Tener algo de Emma Bovary en nuestras personalidades significa ir en contra de la corriente de la sociedad. Y ninguna mujer puede negar que al menos ha sentido el impulso, las ganas o el frenesí de contrariar las convenciones. Madame Bovary es una novela totalmente revolucionaria, escrita por Gustave Flaubert, un escritor francés obsesionado con encontrar la palabra perfecta (le mot juste) para poder escribir sus textos . La novela trata de la cerrada sociedad burguesa de Francia del siglo XIX, posterior a la Revolución Francesa. El libro muestra cómo el centro de la sociedad, la economía e incluso la moral del pueblo giraban alrededor de los negocios, la buena presencia y la prudencia. Emma, por el contrario, pensaba en otras cosas. El amor, la pasión, el lujo, la vanidad. Madame Bovary nunca se sintió a gusto en la sociedad en que vivió, y por ello cometió muchos errores que la condenaron a la infelicidad. Su vida se fundamentó en la mentira, la infidelidad, el desamor y la enfermedad; sin embargo, aunque rota por dentro, Emma nunca dejó que su desgracia se notara. Digna y regia, anduvo por las calles del pueblo mostrando su belleza y altura. Estoy segura de que todas tenemos una Emma en nuestra intimidad y hemos provocado miradas de envidia en las calles, aún estando desmoronadas por dentro. Madame se mueve en la rebeldía, por ejemplo un día, en su mesa: “Para empezar, en su base había un cuadrado de cartulina azul, que representaba un templo con sus pórticos, columnatas y estatuillas de estucos al rededor, y en los nichos constelaciones de papel dorado en forma de estrellas; luego, en el segundo piso se alzaba un calabozo de torta de col rodeada de varias fortificaciones recubiertas de angélica, almendras, pasas y gajos de naranja; finalmente, en la plataforma más alta un campo verde con rocas puestas en lagos de mermelada, botes hechos con cáscaras de nueces y un pequeño Cupido balanceándose en un columpio de chocolate cuyos soportes terminaban con rosas reales, a modo de bolas, en la cima” // All women have one Madame Bovary inside. Just like all women have one Lolita or one Remedios la Bella. Having something of Emma Bovary inside our personality means going against the course of society. And, any woman can deny that, at least, she had felt the impulse, the urge and the delirium of playing against the standards. Madame Bovary is an absolutely revolutionary novel, written by Gustave Flaubert, a french writer who was obsessed in finding the perfect word (le mot juste) for his writings. The novel's spot is the closed upper-class society of France in the twentieth century, after the French Revolution. The book shows how the business, the attractiveness and the prudence were the niches of the society, the economy and even of the inhabitants moral. Emma, on the other hand, thought about different things. Love, passion, luxury and vanity. Madame Bovary had never felt comfortable with the society she had to live in, and that's why she made a lot of mistakes that condemned her to unhappiness. Her life was based on lie, infidelity, coolness and sickness; however, in spite of being broken inside, Emma has never let her misfortune to be perceived. She walked by the town's roads, dignified and respectable, showing her beauty and her high-level lifestyle. I'm pretty sure every woman has an Emma in their intimacy and that all we have all excited envy looks in the streets, still when we are collapsed inside. Madame feels at home in rebelliousness, for example, one day in her table: “To begin with, at its base there was a square of blue cardboard, representing a temple with porticoes, colonnades, and stucco statuettes all round, and in the niches constellations of gilt paper stars; then on the second stage was a dungeon of Savoy cake, surrounded by many fortifications in candied angelica, almonds, raisins, and quarters of oranges; and finally, on the upper platform a green field with rocks set in lakes of jam, nutshell boats, and a small Cupido balancing himself in a chocolate swing whose two uprights ended in real roses as balls at the top”

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25 de noviembre de 2017 / November the 25th 2017

¿Quién dijo que hay que poner puntos finales? Ni en la literatura, ni en el arte y ni siquiera en el amor existen los puntos finales. Son solo símbolos, pero en realidad este tipo de manifestaciones nunca terminan. Esta es la tesis que defiende Enrique Vila-Matas en su libro El viajero más lento, el arte de no terminar nada -publicado en 1992, el año del nacimiento de su servidora Manuela al Horno (con razón es genial)-. El libro lo componen seis capítulos en donde Vila-Matas hace todo tipo de ejercicios literarios: podemos encontrar entrevistas, opiniones, cartas, ficción, crítica, confesiones y anotaciones de viaje. Todos estos con un tema en común, la negación a poner puntos finales. Y no es que Don Quijote o La Metamorfosis no tengan un punto final donde se determina que no hay más palabras, porque en efecto sí lo tienen. Pero como dije, es solo un símbolo, porque el punto funciona como una llave para abrir una puerta al infinito, en donde la obra se sigue nutriendo y alimentando. Por otro lado, no muy lejano, la gastronomía tampoco admite puntos finales. Y no es que la comida se multiplique en nuestros platos cuando ya la hemos destrozado con nuestros molares, porque de hecho desaparece en el encuentro con nuestros jugos gástricos. Lo que no termina nunca es el arte de cocinar, porque siempre habrá algo que discutir, algo que reinventar. Recordemos a Carlo Emilio Gadda que en su obra pretendió representar la maraña de situaciones que implica vivir, sin sumarle o restarle nada. Muchas veces se perdió en su cometido, pero no como en esta ocasión: “Todo le quedaba incompleto. En un texto breve sobre el risotto alla milanese, por ejemplo, se complicó tanto la vida que acabó describiendo los granos de arroz, uno por uno -incluidos cuando estaban todavía cada uno revestidos por su envoltura, el pericarpio-, y no pudo, por supuesto, acabar lo que había empezado a escribir…” Y es que pretender poner puntos finales es como afirmar que ya hemos descrito todos los granos de arroz existentes y posibles, empresa ésta imposible de terminar en vida. // Who said we have to use final period when writing? Neither in literature, in art nor even in love final periods exist. They are symbols, but actually those real life situations never end. This is the theory that Enrique Vila-Matas defends in his book named The slowest traveler, the art of not finishing anything -this book was published in 1992, the year Manuela al Horno was born (that´s why is a marvellous text)-. The book is composed by six chapters where Vila-Matas does different literature exercises: among them, we can find interviews, opinion texts, letters, fiction, critique reviews, confessions and trip notes. All of the latter including a common topic, the negative to use final periods. It doesn't mean that, for example, Don Quixote or The Metamorphosis don't have final period where we can know there is not going to be more words, because in fact, the final period is there. But, as I told you, it is only a symbol because the final period works as a door to infinity, where the text will be nourished by its followers. On the other hand, gastronomy does not admit final periods neither. And this is not due to the multiplication of food in our plates when it has been destroyed by our teeth, because actually it disappears when it has contact with our gastric liquids. The thing that never ends is the art of cooking, because we will always have something to discuss, something to reinvent. Let´s remember Carlo Emilio Gadda who, by writing, pretended to represent the tangled mess of situations in life, without adding or omitting anything. Several times he lost his main goals, but not like this time: “Everything he did was incomplete. For example, in a short text about the risotto alla milanese, he had complicated his life when he ended describing the rice grain, one by one -including those that were covered by their wrapping, the “pericapio”-, and he couldn't, naturally, finish what he had started to write…” I just think that when we try to use final periods, and we meant it, is like claim that we have already described all the rice grains that exists and that have possibility to exist, and this is a goal impossible to achieve in life. 

Oct. 8, 2018, midnight 0 Report Embed 0
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