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Las institutrices

Son mujeres jóvenes (entre los 20 y 30 años de edad), todas ellas sin indentificación conocida, probablemente secuestradas y declaradas muertas. Siempre llevan un atuendo oscuro y un cobertor en el rostro. Además, cada una tiene incrustado en el pecho, a la altura del cuello, un dispositivo que impide las vibraciones de las cuerdas vocales, para que ninguna de ellas pueda hablar y comunicarse con otras institutrices o reclusos. El implante y la convivencia con dicho dispositivo es casi insoportable. Muchas mujeres se quitan la vida, otras mueren de hambre al rehusarse a comer, otras son asesinadas por incumplimiento o insubordinación.

Cada institutriz debe seguir estrictamente las órdenes de los soldados y especialistas en los laboratorios de Peaklab, y cada instrucción por lo general está relacionada con el adiestramiento, alimentación o castigo de los niños reclusos en las instalaciones.

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"Esta vez no estaban a merced de los especialistas, doctores o soldados, sino bajo el mando de varias institutrices: mujeres con el rostro cubierto casi por completo, y con un artefacto incrustado en el pecho, a la altura del cuello. Nunca se supo con certeza si estas sirvientas habían sido secuestradas, al igual que los niños, pero así se sospechaba, pues todas las órdenes que seguían era en contra de su voluntad, y, al igual que los infantes, recibían una severa reprimenda si no obedecían. En el peor de los casos, acababan siendo torturadas y asesinadas. En otros casos, más piadosos, eran ahogadas en desechos y luego arrojadas a la mar. La apariencia de estas damas atemorizaba a los niños, pero, era importante que tuvieran dichos estándares de vestimenta, pues, al tener todas las mismas cubiertas, ningún niño podría reconocer o diferenciar a alguna institutriz de otra. El artefacto en el cuello parecía ser doloroso, pero evitaba que alguna pudiese hablar con los pequeños, de esta forma no había alguna posibilidad de fuga, complicidad o encariñamiento. La comunicación entre institutrices y reclusos estaba prohibida. Para ellas, comer era un tormento tan grande, que algunas incluso preferían morir de hambre. Los reemplazos de niños e institutrices llegaban cada temporada, por lo general una vez cada seis meses."