nietzsche F. N. Uno más del montón...

La pandemia nos ha tomado desprevenidos. ¿Cuántos hemos quedado aislados de nuestros seres más queridos? El contexto en que vivimos sin dudas afecta a nuestras relaciones. Ahora bien, ¿qué tan determinante ha sido en el devenir de esta relación particular? Nada más que un breve relato de un joven estudiante, uno más del montón, que comparte su experiencia.


Spirituelles Junge Erwachsene Romantik Nicht für Kinder unter 13 Jahren.

#equilibrio #distancia #pandemia #cuarentena #desamor #rompimiento #amor
Kurzgeschichte
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Ella. Amor en tiempos de cuarentena...

Ella.

Amor en tiempos de cuarentena


Me encuentro en un momento de mi vida muy complejo, con muchos sentimientos encontrados, atravesando experiencias que nunca antes me habían tocado vivir y que han marcado un punto de inflexión en todo lo que daba por hecho. En otras palabras, se rompieron mis esquemas. Todo aquello que daba por seguro, de pronto dejó de serlo...

Esta particular situación tiene una naturaleza doble. Por un lado, una cuestión que afecta al mundo entero: la pandemia de Covid-19. En cuestión de días, así como si nada, nos enteramos de un virus mortal originado en China. Jamás nadie hubiese imaginado la serie de acontecimientos que desencadenó esta enfermedad: el mundo se paralizó por completo, se cerraron las fronteras, se repatriaron a quienes se encontraban en el extranjero, se paralizó el comercio y, con diferentes variaciones en cada país, se establecieron normas de distanciamiento social más o menos rigurosas. La Argentina reaccionó relativamente más rápido que otros países al poder visualizar cómo actuaba y afectaba el virus en los países europeos donde llegó primero. Así, apenas con los primeros casos dentro del país, cerró sus fronteras y estableció una cuarentena total.

De un día para el otro, justo el fin de semana antes de comenzar el primer cuatrimestre, se suspendió el inicio de clases. Días después, el aislamiento social obligatorio. Nadie tiene permiso para salir de su casa más que para acceder a los bienes y servicios indispensables. Cuando salimos a la calle, es recomendable, necesario y a veces obligatorio, el uso de tapabocas/barbijos y seguir ciertas reglas de higiene para evitar la propagación del virus.

De un plumazo se borraron todos los planes a corto, mediano y largo plazo… así como si nada. Chau tú cursada, chau tus rendidas, chau tú familia, pareja y amigos. Me encuentro en un departamento amplio y con todas las comodidades al que pude acceder gracias al acompañamiento de mi familia y de mis compañeros. Un departamento que se suponía iba a ser el espacio donde terminar de realizar mis estudios, donde iba a poder compartir la convivencia con grandes personas, y donde además siempre iba a poder ser anfitrión de mis amigos (¡que tanto me reclaman!).

Hace un par de meses, además, no estaba solo. Estaba ella, mi compañera, que a pesar de tantas diferencias y discusiones era la persona que quería a mi lado, compartiendo conmigo, creciendo juntos. Hoy, en un giro no previsto de los acontecimientos, es la segunda razón por la cual me siento atravesar un período más que extraño de mi vida.

En cuestión de días, un mes aproximadamente, pasó de ser la persona que siempre había esperado conocer y que me llenaba de ilusiones, el “amor de mi vida”, a ser la causa de mi más profunda tristeza y frustración. Cometió equivocaciones que me cuestan hasta el día de hoy aceptar y perdonar, y estas equivocaciones dieron impulso a una “bola de nieve” que no hizo más que agigantarse hasta llegar a causar grandes y numerosos conflictos. En cierto modo, reflexionando un poco al respecto, creo que mi compañera comparte varias características con el personaje de "500 días con ella", Summer. Yo más bien con el perplejo protagonista, Tom, a quien le costaba un poco comprender la naturaleza de la bella Zoey Deschannel.

Hoy, a poco más de un mes de mi cumpleaños número veinticinco, me encuentro en un gran departamento solitario. Mis compañeros, igual de afectados que yo por el encierro, no son la convivencia que esperaba, que quería. Mi familia lejos, mis amigos también y ella, ella ya no forma más parte de mi vida. La última vez que la vi siquiera se despidió con un beso. Pasó a buscar unas cosas a casa de tardecita con una amiga. No me quiso dar un beso porque ya para entonces estábamos un poco distanciados, intentando curar las heridas abiertas, y su amiga conocía de nuestra situación. Ella no quiso darme un beso en frente de ella. Ninguno de los dos esperaba esta fuese la última vez que nos viesemos las caras. Luego al otro día, por celular, me pidió un tiempo: una semana de distancia justo antes de empezar el cursado para poder “aclarar las ideas”. Nos habíamos lastimado mutuamente y necesitaba alejarse un poco. Apoyé su decisión, entendiendo que el amor seguía ahí y que cada uno, a su manera, buscaba la forma de sanar. Nos amábamos y era el destino estar juntos, sólo hacía falta encontrar el modo de salir adelante. Así fue que echó por tierra los planes que teníamos en esos días, tomar unas cervezas en un bar, comer algo, salir a caminar, y se fue. Días más tarde me reclamó por no haber hecho nada de lo que teníamos previsto (¿?). Esa distancia que se suponía iba a ser sólo una semana, se convirtió en un distanciamiento sin fecha de finalización. Ahora no por decisión nuestra, sino por la pandemia que sacudió al mundo. E aquí el punto en que se entrecruzan los dos elementos de mi actualidad tan particular. El amor en tiempos de cuarentena no es para nada fácil.

Pronto, con el pasar de los días, nos fuimos distanciando, el estar tanto tiempo lejos más que unirnos nos fue separando de manera progresiva, y los problemas que siempre habían estado latentes no desaparecieron. Afloraron resentimientos y las mismas discusiones de siempre. Mientras ella contó con la contención de su familia y pudo acomodarse relativamente mejor que yo a la nueva situación, yo me fui desmoronando hasta la más profunda tristeza. Hay días en que no hay forma de encontrar las energías necesarias para levantarse, cocinarse, hacer los deberes, limpiar… todo cuesta el doble. Hay momentos en que te encontras anímicamente bien, y al rato te abruma el malestar de nuevo. Uno busca las maneras de mantener la cabeza ocupada o distraída, pero es inevitable… siempre en algún momento te inundan los recuerdos y la nostalgia, los resentimientos y los sueños sin cumplir. Las ausencias pesan, y pesan tanto...

¡Qué feliz me haría por lo menos contar con su amor! Sentir por ella, y que ella sienta por mi, el amor tan grande que nos teníamos hace un par de meses. Nuestra relación fue breve, pero con mucha intensidad. Ayer tan solo hubiésemos cumplido un mes más de noviazgo, quizás por eso ando tan reflexivo. El tiempo con ella se detuvo. ¿Viste cuando deseas que los momentos felices sean eternos? Bueno, así. Fuimos el uno para el otro, hacíamos absolutamente todo juntos y cuando no, siempre nos teníamos presente, casi como si fuese un mismo alma dividida en dos. Igualmente no hay que engañarse, no todo fue color de rosa. Todo lo contrario. Estaría bueno hacer un flashback no líneal como en la película antes mencionada, mostrando cómo se fueron dando las cosas y cómo por momentos todo era bonito y al otro día, en cambio, tormentoso. Así fueron todos estos meses, un vaivén eterno de emociones.

Hoy ella ya no está conmigo, pero ¡como me gustaría que así fuese! no físicamente, porque sé que es muy familiera y de estar haciendo la cuarentena conmigo probablemente entraría en una crisis existencial por la distancia, crisis que no me alcanzarían las palabras ni los mimos para poder calmar. Sé que está mejor allá, junto con su mamá. Es lo mejor para ella. Pero me encantaría sentir su acompañamiento, su amor incondicional, porque a pesar de todo, es eso lo que me mantuvo siempre tan aferrado, y es que, habrá cometido mil errores, tendrá sus mambos y cuestiones por solucionar, pero no tengo dudas de que me amaba, su amor era sincero. Con lo difícil que es coincidir en esta vida con una persona, tener tanta química, hallar tanto amor junto, y yo lo fui a encontrar en ella. Por eso me importó poco lo que me dijesen de ella, o lo que llegase a percibir… porque estaba loco de amor, enamoradísimo... Podría haber cometido mil errores más, pero juro que si no hubiese dejado de percibir su amor, la hubiese perdonado siempre y hubiese intentado que funcione las veces que fuesen necesarias, porque: “mientras haya amor, todo tiene solución…” Pero dejé de sentir ese amor, y a la par dejé de demostrarle amor… el miedo tomó el mando y dijo “hasta acá llegamos, ya no más”. Su ausencia habló por ella… mi ausencia habló por mi… hace un par de meses nos comunicabamos sin cesar a pesar de vernos prácticamente todos los días y de manera totalmente natural. Dependíamos uno del otro. Hoy, cuando más se supone que tendríamos que estar unidos para atravesar este difícil momento, nos separan kilómetros de distancia y un silencio abismal. Cuando hablamos, si es que hablamos, la conversación resulta forzosa, casi protocolar. Y es que el amor necesita de cierta constancia, ¿no? Un amigo, amiga, puede ausentarse durante meses y seguir siendo nuestra amistad a pesar del tiempo y la distancia, pero un amor requiere de atención y cariño. Sin dudas, no debe haber agonía más grande que saber que estás perdiendo una persona y no poder hacer nada al respecto para evitarlo. El mismo miedo te paraliza los pies. A pesar de su insistencia en que me quede y espere, terminé por aceptar lo inevitable… me terminé rindiendo y acepté que ya no había más vuelta de tuerca para nuestra relación. Era un sin sentido forzar la relación cuando ya no habían más fuerzas de ninguna parte. Ella, por su parte, terminó decidiendo lo mismo. Nos era imposible mantener la cordialidad con tanta distancia de por medio… y no me refiero únicamente a los kilómetros que nos separan.

Sé que tengo y que puedo estar mejor sin ella, fue esa la razón que me impulsó a tomar distancia en un principio pero, no dejo de pensarla… necesito saber de ella todo el tiempo y siempre espero su mensaje… un mensaje que me diga “ey, sigo acá… te sigo amando… sé que estuve mal, pero no te quiero perder. Sos todo para mi y sé que vamos a estar bien.” Lamentablemente su posición es otra, y me ha confesado que ha mantenido conversaciones con otras personas. Me dolió, y mucho. Sé que es totalmente esperable y normal que así suceda… yo también he hecho de las mías durante este distanciamiento… pero duele que la persona que amas te admita que está consiguiendo, de a poco, salir adelante… y quizás no dolería tanto si al mismo tiempo no te sigue diciendo que te ama, y que espera el momento de poder volver y tener esa conversación que nos debemos hace tanto tiempo, esperando, quizás, construir una relación desde el principio, más sana, con cimientos fortalecidos. ¿No es contradictorio? Es cruel. Si quiere seguir su camino perfecto, me parece bien, pero que no deje las puertas abiertas, porque no voy a ser tan imbécil de quedarme esperando. Y no porque tenga otras minas con quienes verme si así lo quiero… sino por una cuestión de dignidad, de amor propio… jamás podría volver así como si nada con alguien que consideró estar con otra persona en un momento tan particular como este. Sé que suena egoísta, porque yo lo he hecho y tengo que admitirlo: estuve con otras personas durante este tiempo. No hay título entre nosotros y aún así me molesta haberlo hecho. Le entregué a ella mi corazón, y al estar con otras personas me sentí vacío. Lo hice por necesidad; necesidad de no sentirme débil, de no sentirme tan poco valorado, de poder sentirme bien al menos por un rato. La realidad es que me sigo sintiendo terrible, actué de esa manera para desquitarme, pero la sensación de malestar persiste, e incluso empeoró. Ahora no sólo me siento mal por sus maltratos, sino también por los míos. Me quise desquitar de sus errores, de su poca valoración, de su descuido, y no lo conseguí. Sé que ella no podría perdonarlo si llegase a saberlo, por más que no tuviese "derecho" de estar enojada… el amor va más allá de un título, y se supone uno cuida a las personas que quiere, incluso sin ser nada. Si no le molestase, entonces no habría realmente amor… No quiero que lo sepa y espero que así sea, no porque aspire a volver con ella, sino más bien porque prefiero se quede con el recuerdo de la versión anterior de mi… la versión menos rota, la menos imperfecta… la versión que la amó hasta el cansancio. Quiero que me recuerde así porque forma parte de un aprendizaje: cuando se quiere, se cuida, si una persona está dando todo de sí por vos y te ama, no seas tan imbécil de cagarla. Quiero que ese recuerdo y aprendizaje la acompañen en sus próximas relaciones. Así no serán en vano todos estos meses. Si llegase a saber que estuve con otras personas, se va a apoyar en eso para justificar sus errores y no quiero eso. Sé que no había título entre nosotros, pero así como a mi me dolió que admita que se habla de vez en cuando con otras personas, a ella le va a doler el doble saber que accedí a verme con otras minas. Por otro lado, ¿qué sentido tendría ir a decirle que estuve con otras personas?¿con qué propósito? Sólo la lastimaría… y lo último que quiero es causar dolor. No me alcanzarían las palabras para hacerle entender lo arrepentido que estoy, por más razones o no que haya tenido.

El día de mañana, cuando tengamos nuestra charla postergada, sé que sólo será eso y nada más. Jamás podría volver con ella… no podría decirle “te amo” mirándola a los ojos, sabiendo que de por medio hubo otras personas ocupando su lugar. Sería una culpa que me martillaría la cabeza siempre y, aunque se lo confesara, tampoco podría vivir con su perdón, ni con su odio. Debí haber sido mejor en su momento, pero fallé. Ese es mi aprendizaje, el que me va a acompañar de ahora en adelante. Sé que puede resultar un poco confusa esta lectura, nuestra relación fue bastante compleja, con muchas idas y vueltas y, al final de cuentas, no fuimos muy diferentes uno del otro… ambos cometimos errores más o menos similares. ¡Me hubiese encantado que hubiesen sido diferentes tantas cosas!… pero ya es tarde hasta para lamentarse.

Hoy me tomo un descanso. Me tomo un descanso de todo. No es fácil cuando el aislamiento no es por voluntad propia, sino por imposición. Muchas veces lo que uno necesita es justamente lo opuesto: poder estar rodeado de amigos, de familiares… gente que quiere lo mejor para uno, quienes te acompañan y dan la contención necesaria para poder encarar un momento tan difícil. Lamentablemente, la realidad que nos toca afrontar es otra. De cierto modo es una oportunidad para darse el tiempo que uno necesite. Pensar, descansar, sanar. Hoy no me siento bien y es normal que así sea, después de todo perdí a quien consideraba el amor de mi vida, con quien había proyectado compartir durante tanto tiempo y tantas cosas, a quien mi familia esperaba conocer mejor, la persona que me alegraba el día con un solo mensaje, la loca de la sonrisa gigante…

El día de mañana espero poder estar mejor, encontrar finalmente la tranquilidad que necesito, enfocarme en mis objetivos, dar todo de mí para obtener los mejores resultados posibles. Sé que ella lo quiere así. Espero también que nunca me falten las demostraciones de amor hacia mi familia y amigos, y hacia ella también. A pesar de todo lo vivido, la sigo queriendo muchísimo y así estemos lejos o cerca, siempre voy a estar si me necesita, deseándole lo mejor en lo que se proponga y esperando que nunca le falte amor.



F.N. Uno más del montón...

2. Mai 2020 03:27:40 2 Bericht Einbetten Follow einer Story
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Das Ende

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Yonathan Cortes Yonathan Cortes
Te comprendo tanto. Sé lo que es sentirse así por alguien y lo estoy viviendo día a día. Ya el amor se terminó, pero hay que aceptarlo.
May 12, 2020, 23:12

  • F. N. Uno más del montón... F. N. Uno más del montón...
    Es lo que toca Yonathan! cuanto antes nos hagamos a la idea y perseveremos en mantener nuestra postura, mejor! No es fácil... por eso es importante encontrar los modos de mantener la cabeza ocupada... May 18, 2020, 00:22
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