nosoymila Mila

Gabrielle lleva la muerte de su padre como un gran peso en la espalda, sabe que él le ha guardado secretos sobre su verdadera identidad y vida oculta lejos de su familia. Sin embargo, la aparición de Caín —un joven experto en estafas que le promete hacerle la vida imposible— le dejará en claro varias cosas de su pasado. Comenzando por enseñarle un mundo distinto al que ya conoce.


Erotik Nur für über 18-Jährige.

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Capítulo 01

Gabrielle.


Muerdo mi lápiz, quizás es la tensión.

El profesor no ha dejado de mirarme por noventa segundos.

Sigue mirándome, mientras explica los términos de la escritura y la literatura. Estoy ansiosa por volver al departamento, alimentar a mi gato y dormirme mientras me deprimo nuevamente porque Jeremy me ha dejado. Sí, me ha dejado por otra chica.

Imbécil.

Cierro mi libro y me concentro en el lunar horrible que un compañero de clase tiene en su nuca. Es divertido ver como parece un ojo. El profesor golpetea sus manos para quitarse el polvo de la tiza, y sigue mirándome. Me mira con deseo. No lo entiendo.

—Psst. —Escucho algo cerca, de repente alguien me jala del cabello. Es mi compañero que se sienta detrás de mí—. ¿Dices que el profesor está interesado en Natalia? No ha dejado de mirarla durante toda la clase. Quizás es su falda, ¿tú qué dices?

Lo miro inaudita, ¿de qué está hablando?

De repente, me doy cuenta de que el profesor jamás me ha estado mirando. Ha mirado a Natalia, la chica que se sienta delante de mí. Y que tiene la falda demasiado corta, y que es común que los universitarios se monten a los profesores en busca de buenas notas.

Yo que sé, así dicen que es Harvard.

—Muy bien chicos, recuerden leer la página catorce para el lunes, y no quiero repetirles de nuevo otra vez lo mismo que ayer —dice con una sonrisa, encantado de haber terminado la clase—. Y por cierto, ¡que tengan un lindo fin de semana!

Todos le agradecen con una sonrisa y salen apresurados.

Ya es de noche, como es costumbre. Estudiar de noche era lo que menos quería, pero ha tocado por el estúpido trabajo que he tomado para poder pagarme el alquiler de mi departamento a unas pocas cuadras de aquí.

Bajo las escalinatas de la sala, miro al profesor con el rabillo de ojo mientras trato de huir de la sala y este me silba.

Como si fuese un perro.

—Señorita Vansenk —dice mientras se acerca a mí—, ¿ocurre algo? Te he visto nerviosa.

Pasa su mano con mi brazo desnudo, siento un cosquilleo dentro de mí.

—No pasa nada, profesor, es la ansiedad. Usted sabe que yo sufro ansiedad.

—Lo sé, es duro. —Me mira con sus ojos profundos, tan verdes como una hoja de menta. Pasa su mano por la nuca, nervioso—. Si necesitas algo, solo dime. Estamos para ayudarte, y lo sabes muy bien.

Sonrío, no sé por qué. Siempre he visto sus buenas intenciones.

Quizás me equivoco en eso, quizás no.

—Sí, gracias. —Digo nerviosa, ya quiero irme.

Salgo por la entrada de la sala y oigo los pasos del profesor detrás de mí.

—Lamento lo de tu padre.

Nadie había dicho eso desde que más o menos todo ocurrió. En realidad, mi padre había fallecido porque él se había decidido que su vida no iba más, no tenía rumbo ni nada. No era culpable de eso, pero a veces me sentía prisionera no haberlo ayudado como prometí.

Me dieron ganas de llorar, estaba tan sola de repente.

—Yo también lo lamento, ahora él descansa en paz.

Me di la vuelta y me encaminé para casa. El pasillo se iba apagando a medida que caminaba por la universidad. No entendía el hecho de que todo estuviese pasándome por la razón de mi padre.

Y es que todo me daba ansiedad.

Jeremy me había dejado, mi padre había fallecido, y mi madre no quería verme.

—¡Hasta el lunes, Gabrielle! —grita alguien, desde lo lejos, era Vanyna, una compañera de la clase de Literatura. Le devuelvo el saludo y voy en busca de mi coche.

Camino despacio, ha llovido toda la tarde desde que salí del departamento.

A veces tengo miedo de volver, a veces tengo miedo de no volver.

Estoy llegando a mi coche, y veo a alguien sentado en el capot del mismo. Me quedo quieta, fría, congelada por esa sombra incandescente que está apoyado en mi viejo coche estropeado que aún no pude arreglar.

Aprieto el botón del cierre automático, y la alarma de desactivación suena de repente. El sujeto salta asustado y ve en mi dirección. Sostiene un cigarrillo en su mano.

—Disculpa, es mi coche —digo mientras me acerco—. No es un asiento.

Él ríe, oculta su rostro bajo la capucha de su campera oscura.

—Lo sé, lo sé perfectamente. Solo estaba esperándote.

—¿Esperándome?

Trato de encontrar su mirada, pero solo encuentro oscuridad.

—Eres Gabrielle, ¿no es así? —pregunta, no digo nada del susto que estoy pegándome en medio de la noche de un viernes—. Soy un conocido de tu padre, quisiera hablar con él.

Algo se rompe dentro de mí. Este sujeto no sabe que mi padre murió.

—No puedes, él no vive conmigo.

Trato de abrir el coche pero se me cae la llave.

Tonta, Gabrielle, tonta.

—Hasta donde yo sé sí, sí vive contigo. Tú eres su hijita, ¿no es así?

Siento que me toca la mano, y su mano está caliente. Veo que se agacha y recoje la llave que se me cayó al suelo. Me abre la mano y me deposita la llave ahí.

—¿Qué quieres? Déjame en paz.

—Quiero ver a tu padre, Gabrielle, tenemos asuntos pendientes.

Trato de no mirarle a los ojos, pero sé que su rostro está iluminado por el pequeño foco de luz que justo alumbra mi coche. No puedo, pero debo hacerlo.

Me giro, y lo veo.

Es un chico, de mi edad o más. Tiene el cabello oscuro, y a la vez blanco, como si estuviese teñido de ese color. Y tatuajes, diversos tatuajes, en el cuello. También una cicatriz que le recorre la mejilla izquierda. Como si fuese que le cortaron el rostro.

Agacho la mirada.

—Mira tú... —digo entre dientes.

—Caín, soy Caín.

Veo la colilla del cigarrillo caer cerca de mis pies.

—Mira, Caín, mi padre falleció hace unos días —le contesto, decidida—, y no estoy de humor para bromas, Así que puedes dejarme en paz, ¿está bien?

Veo algo extraño en su mirada, ¿está llorando?

—¿Tu... Tu padre murió?

Es tristeza, como si estuviese sorprendido por la noticia.

Pero también hay maldad, mucha maldad.

Aunque esta se endurece, y una sonrisa traviesa sale de su boca.

—¿Qué es lo gracioso? —pregunto, no puedo creer que siga jugando con él.

—Entonces estás sola y tu padre murió, qué curioso.

—No tengo nada que explicarte, adiós. —Me doy la vuelta e introduzco la llave en la puerta de mi coche. Hasta que escucho una camioneta frenar y varios tipos bajándose del mismo.

Trajes negros, armas. Muchachotes grandes que vienen hacía a mí.

Mi última mirada va hacía Caín, mientras que los hombres de negro me sujetan con fuerza y me llevan a la camioneta. Me resisto, pero no puedo. Cada vez veo más lejos a mi coche.

—Te lo dije, Gabrielle, tu padre tiene asuntos pendientes conmigo.

Oh, papá, ¿en qué estabas metido?


21. April 2020 22:25:34 3 Bericht Einbetten Follow einer Story
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Post!
Claudia Gallardo Claudia Gallardo
Excelente capítulo, me encanta la manera en que narras, hace fluida la lectura y engancha. Ya voy a leer la siguiente parte. ¡Besos!
Ayatan Mestre Ayatan Mestre
Interesante, con un buen ritmo. Cada pequeño detalle va engranado como un reloj suizo en esta narración no deja casi nada por fuera, solo el misterio de la trama que se avecina... felicidades! muy bueno gracias por compartir.
April 21, 2020, 22:53

  • Mila Mila
    Muchas muchas gracias, estuve entrenando demasiado :D Y gracias por el comentario, lo aprecio demasiado :) April 21, 2020, 23:12
~

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