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2.4k ABRUFE
Im Fortschritt - Neues Kapitel Jeden Freitag
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Yo solo pretendía hacer una simple broma para aligerar el ambiente, y también en parte como una dulce venganza de la vez que ella me hizo lo mismo en la oficina. Pensaba decir inmediatamente después que era broma pero nunca conté con que los padres de Madison y su hermano reaccionarían de la forma en la que lo hicieron. Ahora vamos camino a casa, mi casa. Está de más decir que no me dirige palabra alguna y que está enfocada cien por ciento en su familia. De ellos no puedo decir lo mismo, intentan incluirme en su charla pero me decanto por amables balbuceos pues además de no ser muy sociable puedo sentir las ganas de Madison por matarme. No literalmente, pero sí de alguna forma.

—¿Y en que trabajas, Zack? —cuestiona su padre con tal entusiasmo que me toma por sorpresa.

—Eh, vendo refacciones para autos —no quiero decir que tengo una compañía porque no quiero que piensen algo equivoco, primero debo aclarar que no soy novio de su hija.

—Eso es genial. Yo quería comprar un viejo Mustang para restaurarlo pero mi mujer no me dejó —estoy ultimo lo dice riendo pero a leguas se nota su pesar.

—Oh… Lo lamento —respondo sin saber que más decir.

—¿No te ha bastado con restaurar a Raven? —pregunta la rubia a su padre.

—Hija, uno siempre debe mantener la mente ocupada si no —hace sonidos extraños con la boca, chirridos—, se oxida.

—No exageres, Harper, siempre estás haciendo cosas. Bien o mal pero estas haciendo cosas —comenta la madre de Madison con tono burlón.

—Ya van a comenzar… —menciona el hermano menor de Madison en un estado de fastidio total—Han discutido desde ayer. Ya sepárenlos.

—Ya, ya. Tranquilos, primero vamos a dejar las maletas a mi casa, perdón. La casa de Zack —corrige de inmediato al darse cuenta de su error—. Y luego vamos a desayunar, hay un lugar que les va a encantar.

—Que no te de pena decir que vives en su casa, hija —su madre le toma el hombro en señal de apoyo y lo único que logra es que su hija finja una sonrisa.

—Hay algo que debo decirles —comienzo a desmentirlos. No me gusta ver a Madison en aprietos—. Madison y yo…

—¿¡Se van a casar!? —interrumpe su mamá muy emocionada.

—¡¿Qué?! —exclamo sorprendido por la capacidad que tiene mi suegra de mentira por sacar tal conclusión.

—¡Adivinaste! —afirma Madison para causar una mayor sorpresa. Esto ya no me es divertido.

—Mentira, ni siquiera somos novios —confieso para su decepción, más vale que pare esto antes de que me vea planeando una boda que no es y nunca será real—. Yo solo quería bromear a Madison, ella hizo lo mismo en mi trabajo.

Puedo ver por el retrovisor como la cara de los padres de ella se quedan pensativos.

—No aguantas nada —me refiere Madison.

—¿Cómo que ella te hizo lo mismo? —pregunta el hermano—. No sabía que la pulga tuviera dotes de actriz.

—Solo fue una pequeña broma —responde para restarle importancia al asunto.

—¿Pequeña? Eso me pareció algo más que pequeña —digo recordando el fastidio que me provocó que ella hiciera eso—. Fui el chisme del mes con mis empleados.

—¿Tus empleados? —pregunta su padre, mierda.

—Los empleados —corrijo y vuelvo la vista a la avenida Leavenworth.

Afortunadamente Madison vuelve a sobrellevar la charla entre ella y su familia y yo me dedico a conducir. No me gusta que las personas se formen un concepto diferente sobre mi persona, generalmente cuando alguien sabe que tienes una empresa ya sea grande o pequeña te consideran como superior o bien como alguien que de grandes recursos. No digo que la familia de ella sea interesada, pero prefiero que conozcan a la persona que soy y no la que pretenden que sea.

—Bienvenidos a mi humilde hogar —expreso con la mejor disposición. Abro la puerta y permito que entren a mi casa, la que alguna vez fue de Ari y mía. Eso me deja un poco pensativo ya que nunca llegué a imaginar tantas personas entrando a este lugar. Siempre fuimos solo ella y yo, y Diego, ocasionalmente.

—¡Es hermosa, Zack! —declara la señora Hart al entrar a la sala.

—Gracias, señora.

—No me digas señora, llámame Alannah.

—Vengan, ya les muestro la recamara de invitados —Madison toma una de las maletas de sus padres y avanza por la escaleras rumbo al segundo piso.

—Tu secreto está a salvo conmigo —su hermano me codea y luego me cierra un ojo para luego salir huyendo rumbo arriba. No sé a qué secreto se refiere pero espero que Madison no les contara lo que pasó conmigo, es algo muy personal. Aunque pienso que ellos me entenderían.

—El sofá se hace cama —añado cuando llego a la habitación y escucho a su papá preguntar donde dormirá Reilly.

—Genial, dormiré con mis papis como cuando niño —el sarcasmo en su voz no pasa desapercibido y solo me hace levantar una ceja.

—Bueno, es lo mejor que tengo.

—Es broma, viejo —aclara—. Bien podría dormir en suelo y no hay problema.

—Vale, como sea ¿Tienen hambre? —cambia de conversación Madison.

—Mucha —dice su padre.

—Bien, si quieren refrescarse les esperamos abajo en quince. Tengo unas cosas que arreglar antes de irnos.

—De acuerdo, nos vemos abajo —afirma Alannah.

—Permiso, se quedan en su casa —Salgo de la habitación directo a mi recamara con la única finalidad de alistarme e ir a trabajar.

La mañana yace algo fría para ser octubre y el cielo está cubierto de nubes, que si de haberse llevado a cabo la boda hubiesen pintado un mal augurio. Lamento lo que pasó con Diego y Dakota pero a la vez me hace pensar que hay algo que no me cuadra con la actitud que mi amigo tomó, a lo que me recuerda que tengo una conversación pendiente con él. Tomo el móvil antes de darme una ducha y le mando un mensaje de texto para proponerle vernos.

Cuando salgo de la regadera Madison yace sobre el mi cama testeando, quizás charla con su ex. Termino de alistarme sin decir nada y ella tampoco hace intento por hablarme, seguro sigue enojada.

Salgo de ahí y ella hace como que no estoy presente. Si que está muy enojada. Pero, lo mejor es no decir nada e ir a trabajar, yo tengo que atender mi casi desatendida compañía y ella a su familia. Conduzco meditando todos los acontecimientos de los últimos días y sé que tengo una charla grupal pendiente a la que ir, así como mi cita semanal con Kent. Cuando paro en Starbucks por un café marco a el agente, al arquitecto, al contador y a mi abogado intentando concertar una cita a medio día para echar a andar la nueva sucursal. Ya antes había estado revisando esto pero es mejor poner todo en marcha.

—Buenos días —saludo al llegar a la tienda, los que están en mostrador me saludan entusiastas.

—Buenos días, señor Hope —responden casi al unísono.

Al llegar a mi oficina Amy me recibe como siempre, ha dejado la coquetería de lado y eso es bueno para los dos.

—Buen día, señor Hope —saluda dejando unos pendientes sobre la mesa—. Estos son los cheques de los proveedores que se deben pagar esta semana. Supuse que se los entregaría el Lunes pero ya que está aquí me gustaría revisarlos con usted.

—Claro, puedes tomar asiento. Hay un par de cosas que deseo hablarte.

—Sí diga —se sienta con tableta en mano lista para tomar apuntes.

—Puedes dejar eso un momento —señalo el aparato en sus manos y ella lo deja en el otro asiento junto a ella frente a mi escritorio—. Mira, sé que he estado un poco ausente estos días y que entre tú y los gerentes de la tienda junto con los supervisores han estado sacando el trabajo, lo cual agradezco enormemente. Por eso quiero que se tomen en el fin de semana a fin de mes desde el viernes hasta el martes.

—¡Muchas gracias, señor Hope! —casi grita de alegría—. Eso es un gran detalle, eso es una agradable sorpresa, muchas, muchas gracias.

—Es un placer. Sé que este año ha sido más difícil de lo normal para todos. Por ello vamos haciendo estos cambios. De igual forma quiero hacerte participe de una noticia y me gustaría que hicieras un memorándum para el personal ya que me gustaría que estuvieran enterados —me levanto para tomar una botella de agua del frigobar y pasarle una a Amy—. Verás, hace unas semanas comencé a proyectar una nueva sucursal. Antes de irme de vacaciones lo hablé con un agente de bienes raíces y el contador así que el trato está hecho. Hoy a las doce vienen para firmar los contratos para que comience la construcción, junto con el arquitecto y el abogado. Por favor pide unos bocadillos para ofrecerles.

—Vaya, eso es genial, Señor Hope. Muchas felicidades.

—Gracias, pero eso no es todo. Proyectando con el contador unos días atrás vemos que se debe contratar más personal. Hoy él me dará la lista de los puestos vacantes y dentro de un mes vamos a comenzar a buscarlos —ella me mira pensativa y sé que ha de tener cientos de dudas pero no puedo decirle más de lo que no debe saber—. Por el momento solo ocupamos el memorándum dando a conocer la próxima apertura de otra sucursal. Lo de los puestos lo vamos a dejar pendiente y por email le pasaré la dirección para que la incluya.

—Muy bien, ya hago una muestra y se la paso para su autorización. ¿Hay algo más en lo que pueda ayudarle?

Pienso un momento en si debería contactar a Diego ya que no me responde pero decido darle su espacio. Quizás sigue reconciliándose con Dakie.

—Por favor, pídele a Robert, Caleb y Hunter que pasen a mi oficina a las once en punto. Si alguno entra en la tarde que venga antes, por favor.

—De acuerdo, con su permiso —la despido y sale de ahí.

Tomo el móvil y compruebo que Diego sigue sin llamar. Estoy preocupado. Reviso mi agenda en la laptop y checo mis actividades semanales. Hoy podría ir a la reunión grupal en vez del martes y así el martes asisto con Kent en vez de esperarme hasta el Miércoles. Estoy algo desesperado por hablar con alguien sobre lo que me incomoda respecto a mi amigo.

Hago unas cuantas llamadas a los proveedores para asegurar los depósitos bancarios a tiempo y también para confirmar mis citas de hoy y el lunes. El abrir una nueva sucursal me supone mucho papeleo, citas, firmas y dinero… Mucho dinero.

Mientras sigo con mis actividades matutinas no puedo dejar de pensar en la rubia, desde que la conozco tiene ese afán de estar en el celular me pregunto qué tanto hace ahí. Yo nunca fui una persona muy apegada a los móviles salvo para cosas necesarias como llamadas, mensajes y agendas. Recuerdo que Ari usaba mucho Instagram para dar a conocer sus proyectos y cosas de la empresa, lo que me recuerda algo importante.

Tomo el teléfono y pido a Amy que venga.

—Diga —dice entrando con paso firme y muy profesional.

—¿Cómo andamos con las donaciones a las beneficencias? ¿Estamos al corriente?

—Así es —se acerca y toma de la pila de papeles que me entregó horas antes un par de ellos y los pone frente a mí. Estos son los de este mes, estamos solo una semana atrasados pero el lunes sin falta se hacen llegar.

—Genial, deja termino de revisar y te hablo para que los ingreses. Es todo, gracias.

—Es un placer —la forma en que lo dice suena un poco sugerente pero decido ignorarla. Ella se retira y yo vuelvo a lo mío.

Son las once en punto cuando los chicos entran a mi oficina.

—Buenos días —anuncian y yo me levanto a saludarles.

—Buen día, caballeros, pasen —los guio a la pequeña sala de juntas que tengo adyacente y los invito a sentarse—. No teman, no les mandé llamar para darles malas noticias. Todo lo contrario.

—Uf, menos mal. Estamos un poco nerviosos —declara Robert.

Me siento en la cabecera con cierto aire de suficiencia y a la vez de alegría pues me gusta hacer algo bueno por ellos.

—Este año ha sido difícil para la empresa y para mí, sé que muchos de ustedes se han tomado en serio su papel dentro de la compañía y que han trabajado no solo lo que les corresponde si no que han dado el extra. Por eso, les daré un pequeño fin de semana con días pagados a fin de mes —la cara de alegría en ellos es más que suficiente para mí—. Será de viernes a martes.

—Muchas gracias, en serio —dice Caleb con mucho entusiasmo—. Ya lo necesitaba, mi esposa casi me mata por no estar tanto en casa.

—¿Cómo así? —pregunto sorprendido, se supone que cubren sus turnos y se marchan.

—Di, disculpe señor Hope. —la vergüenza embarga la cara de aquel hombre y me molesta que algo esté pasando y yo no esté enterado.

—No me pidas disculpas, mejor explícame que ha estado pasando en mi ausencia.

—Es que no creo que yo deba explicarle, creo que es mejor que me marche —el hombre de mediana edad se levanta de sus asiento dispuesto a irse de ahí pero lo detengo.

—Por favor, siéntese. De acá nadie se va sin decirme que diablos está pasando —me levanto y cierro la puerta que hasta entonces estaba abierta. Todo mi buen humor se esfumó en el aire.

Entre los tres se miran unos a otros y ninguno piensa hablar.

—Está bien, si nadie piensa hablar lo respeto. Pero no me gusta que si algo está pasando en mi compañía y alguien está abusando de su autoridad frente a mis narices nadie me diga nada.

—¡Amor, ya estoy aquí! —la voz de Madison se oye fuera de la sala. Maldita sea, no es un buen momento—. No hay nadie aquí, Amy.

La respuesta de mi asistente se escucha y yo solo me preparo mentalmente para el torbellino que viene sobre mí, genial. Por inercia me sobo el puente de la nariz en espera de que abra la puerta con esa ímpetu que siempre se carga.

—Buenos días, Madison —la enfrente antes de que lleve este juego a sabe Dios que nivel—. Pasa y siéntate —señalo una de las sillas frente a mí.

—Eh, mi familia está fuera —dice nerviosa, vaya, Madison Hart nerviosa eso me gusta—. Esperan en la salita junto al ventanal.

—Estoy en algo importante, denme un momento —Me giro y ella se queda parada justo detrás de mí hasta que escucho que habla con su familia y regresa de nuevo adentro cerrando la puerta tras de mí—. Ella es Madison Hart. Puedes sentarte donde gustes.

Era obvio que quería estar aquí de observadora, siempre es tan curiosa. Sin decir nada y al parecer porque percibe el ambiente de la reunión se sienta sin hacer el menor ruido.

—¿Entonces?

—Mire, Señor Hope, yo he trabajado para usted desde que comenzó con ese pequeño local. He visto como ha hecho crecer esta empresa de la nada y vemos el amor que le tiene —saca un pañuelo y se quita el sudor de la frente, eso no es buena señal—. Yo nunca me he metido en problemas y espero que usted reconsidere hacer sus averiguaciones aparte. Sin involucrarnos —afirma esto último con seguridad.

—Pues no, Rob. Es por eso mismo que espero que me respondan —Esto comienza a parecerme algo grande como para que ellos no se quieran involucrar—. He puesto mi confianza en ustedes y sé que Diego también lo hace. Así que por última vez les pido que me digan que está pasando.

Comienzo por exasperarme y entonces Hunter toma la iniciativa y se levanta. Espero que a hablar y no para salir huyendo.

—Yo digo que le digamos. ¿Qué nos puede hacer? Él es el dueño de este lugar.

—Recuerda lo que nos dijeron… ¡Podemos ir a la cárcel, Hunter ¿no lo entiendes?!

La voz de Caleb resuena en mi cabeza y siento como un balde de agua fría cayera sobre mí.

—¿De qué diablos están hablando? —vuelvo a preguntar pero de una forma más desesperada.

—Amy nos tiene amenazados, Señor Hope.

—¡¿Qué?! —gritamos tanto Madison como yo al mismo tiempo.

—Sh… No debe oírnos —pide un Rob muy nervioso.

—Dios mío, pero explíquenme por favor —la ansiedad y desesperación que siento por saber lo que pasa se instala en niveles desconocidos en mi mente y cuerpo. Por mi mente crecen muchas teorías pero sin la información estas son en vano.

—Ella aprovechó el que usted y el señor Miller estuvieron ausentes para hacer algunas cosas en su ausencia.

—¿Qué cosas? Y quiero que sean específicos —exijo con desespero.

—Entre ella y el gerente de comercial, Walton, nos han hecho trabajar horas extras sin pago a ellas. Pensábamos hablarlo con el Miller —dice Hunter refiriéndose a Diego lo cual me hace sentirme incompetente por no haberme dado cuenta que algo sucedía—. De igual forma encontramos varios faltantes en algunos artículos de los cuales estamos seguros de que él los ha hurtado, señor.

Las miradas cruzadas solo me confirman que hay algo más que no me han dicho.

—Les imploro que me digan absolutamente todo, de lo contrario no podré ayudarles en absoluto. Si bien soy la autoridad máxima el hecho de que ustedes me cuenten y sin pruebas no respalda lo sucedido. Ocupo fechas, nombres, artículos que crean que faltan, todo.

Quizás es el hecho que me ven caminando de un lado a otro con desesperación desmedida o que si no dicen lo que saben no se podrá hacer más. Todo quedará en una llamada de atención.

—Bien, le podemos anotar algunas fechas y artículos que creemos que faltan —responde Rob con agobio, les cuesta hablar—. Pero, nos han amenazado.

—¡¿Cómo así? —me sorprende su declaración.

—La semana pasada —comienza a explicar Caleb, que hasta el momento era el más reticente para hablar—, el viernes estaba por cerrar la tienda junto con Joseph y Amelie, nos quedamos al cierre y escuchamos ruidos extraños provenientes de la oficina de Walton. Les pedí a los chicos que esperaran en la puerta que iría a ver si seguía ahí. Cuando me acerqué escuché murmullos y luego de ello un quejido, un golpe. Pensando que algo malo había sucedido abrí la puerta y les encontré en una situación comprometedora.

—¿A quiénes? —le interrumpo justo cuando él toma un pañuelo y se quita el sudor de la frente.

—A la señorita Amy y a él —Mierda, el tipo es casado—. El asunto que al darse cuenta de mi presencia yo intento salir de ahí lo más rápido que puedo pero aún tenía que apagar luces y poner la alarma, era sí o sí que me tenía que quedar. Cuando me alcanza sigo fuera de la vista de los chicos. Me empujó contra el stand de pilas y me amenazó con que si le contaba a alguien me quedaría sin trabajo porque además de ser un mentiroso era un ladrón. Lo cual le juro que no es cierto, nunca en todo el tiempo que he estado aquí he robado nada. ¡Se lo juro!

Su voz se quiebra y es Madison quien se levanta como alma que lleva el diablo saliendo y entrando de inmediato ya con unas botellas de agua. Le pone una enfrente a cada uno para luego darle a Caleb palmadas de ánimo. Que mujer.

—¡Esto es inconcebible! Y Dios sabe que cosas más harían —digo con pesadez presagiando una migraña infernal.

—No es todo, señor Hope —el simple hecho de oír eso me lleva el alma a los pies.

—No escatimen, digan todo.

—Desde hace quince días no nos han pagado a las cuentas bancarias —confiesa Robert con tristeza—, nos han hecho los pagos en efectivo aquí en la tienda y por mucho menos de lo que hemos trabajado. Además de que no pagaron las horas extra, nos quitaron los bonos y en el caso de Caleb le descontaron unos artículos que según se había robado, que el señor Walton dijo haberlo visto llevárselos y que cuando el señor Miller o usted volvieran se iban a tomar cartas en el asunto con las autoridades.

—Momento. Ustedes, ¿por qué no hablaron, por qué no me marcaron o me mandaron un email? Algo para ponerme al tanto —inquiero intentando armar todos los puntos posibles.

—Señor, con el perdón que usted se merece, pero ninguno tiene su número telefónico ni su email. Intentamos buscarlos en los datos de su asistente pero los tiene bien escondidos —aclara Hunter—. Y en cuanto a Diego, queríamos decirle pero al ver que si cumplieron sus amenazas usando a Caleb como chivo expiatorio al culparlo de robo no tuvimos el valor de hacer algo más. Ocupamos el trabajo y el dinero, además de que no queríamos molestarlo hasta que volviera de su luna de miel.

—Bien, les daré unas hojas y plumas. Ocupo que me escriban absolutamente todo, no omitan nada. Si recuerdan fechas, palabras específicas, acciones. Todo. Y por favor, requiero de ustedes suma prudencia, este asunto queda en mis manos y no quiero que se preocupen ni por sus puestos, ni por sus sueldos veré que todo lo que se les debe les sea restituido y con creces —anuncio con firmeza, quiero que sientan que tienen mi respaldo—. Lamento que pasaran por esto y les pido una disculpa. De igual forma les daré mi número de teléfono y mi email. Siempre que alguno ocupe hablar conmigo mis puertas están abiertas y mi tiempo disponible. Lo último que deseo es que se sientan como empleados, somos familia y aquí estamos todos para servirnos los unos a los otros. Por favor, pidan mis disculpas a sus mujeres y sus hijos, ya me imagino todo lo que esto pudo afectarles de alguna forma.

—Gracias, Señor Hope. No se preocupe por nuestras mujeres, sabíamos que cuando supieran iban a actuar —dice Rob con calma, su agobio se ha ido—. En todos los años que he estado aquí nunca me sentí como un simple empleado y eso se los debo a usted, la señorita Ariana quien ya descansa en paz y al señor Miller.

—Es un gusto poder ayudarles, Robert. Sé que les he fallado al permitir que esto ocurra justo debajo de mis narices, pero también esto es una llamada de atención para mí. Debo retomar al cien por ciento mi papel en la empresa y dejar de depender de los demás. Les agradezco la confianza, sé que no ha sido fácil pero les prometo que todo se solucionará.

Ellos asienten y uno a uno se levanta para agradecerme, Madison de nuevo sale y entra con hojas y plumas.

—Usted no nos ha fallado, Señor Hope. Hay cosas en la vida que nos orillan a tomar pausas, pequeños momentos que nos permiten respiros que solo sirven para que retomemos la carrera. Eso es lo que usted ha estado viviendo y ninguno le juzga por ello. Quizás no sabemos lo que es perder a nuestra mujer, pero comprendemos el dolor que usted puede sentir porque también lo sentimos. Ariana era muy querida aquí y usted lo sabe, todos la apreciábamos y también la extrañamos, mucho.

Una lagrima escapa de su ojo derecho, me conmueven sus palabras y solo puedo acercarlo para devolverle de nuevo ese abrazo. No pueden ser más certeras sus palabras, ocupo retomar mi carrera en esta vida. Cuando le suelto me doy cuenta de que Madison yace de nuevo sentada en la silla observando la escena que se presenta ante ella.

Les acerco las hojas y las plumas pidiéndoles permiso para salir, espero en la puerta para que Madison también salga y esta no dice nada. Cierro tras de mí para otorgarles la privacidad que necesitan, compruebo la hora y en quince minutos llegarán las personas que cité, que bueno que viene el abogado.

—¡Hola! —saludo de nuevo a la familia Hart.

—¡Muchacho! —se levanta su padre para darme una palmada en la espalda—, que guardadito te tenías esto. Mira que decir que vendías refacciones para autos.

—Eso hago, no mentí —intento restarle importancia siendo un poco alegre aunque finja, la reunión con los gerentes me tiene desconcertado.

—No lo agobies, cariño —interviene Alannah—. No le hagas caso Zack, él está encantado con todo lo que vio afuera. Prácticamente, lo tuvimos que empujar a tu oficina, si no seguiría paseando por los corredores.

—No me culpes, esto es Disneyland para los hombres —añade Harper Hart.

—Cierto, mamá. Esta vez, Harper tiene razón. Es más deberías dejarnos ir fuera mientras ellos arreglan sus asuntos y así dejar de aburrirnos mirando esta oficina —confiesa tenaz Reilly. Mira que la prudencia no la conoce. Me cae bien.

—Ya nos vamos, quedamos de vernos con Jeanne a la una y ya van a ser las doce —les recuerda la rubia—. Dejen de agobiar a Zack, tiene muchas preocupaciones por el momento.

—No te preocupes, no es problema —aclaro, aunque me doy cuenta de que ella sigue sin dirigirse a mí de todo. Sigue molesta—. Si gustan ya que me desocupe acá de unos asuntos pendientes les alcanzo.

—Eso es un gran gesto de tu parte, Zack. Sin embargo, te recuerdo que te debes a tu empresa y has estado muy ausente. Por favor ocúpate de tus asuntos que ya me ocupo yo de mi familia.

El tono y la forma en que Madison me dijo esas palabras me hacen sentir de alguna forma mal, como si yo le estorbara.

—Lo lamento, discúlpenme —me dirijo a su familia ya que con ella no se puede hablar y no quiero montar una escena ante sus padres—. Tengo que volver dentro, al salir mi asistente les dará unas tarjetas de regalo. siéntanse libres de usarlas, por favor. Permiso.

—Gracias… —escucho que dicen a mis espaldas, no me despido más y tomo mi maletín del escritorio para volver a la sala de juntas. Antes de cerrar la puerta escucho palabras de regaño a Madison, ha sido descortés.

Tomo mi pequeño móvil y marco a Amy, ella no debe de sospechar de nada. Le pido que le entregue tres tarjetas de regalo sin montón límite a Madison y su familia, logro escuchar cómo les pide que esperen y me despido para luego entregarles a los gerentes unas tarjetas de negocios que aún conservo en mi cartera. Cuando acaban de escribir les pido que firmen las hojas y que me las entreguen solo para respaldar las decisiones que pienso tomar. Al marcharse les pido que digan que estábamos charlando sobre las vacaciones, ellos vuelven a agradecerme pero, el agradecido soy yo.

Guardo los testimonios de los gerentes en mi portafolio y salgo por mi laptop, encuentro a Amy asomándose a mi oficina y eso me da mala impresión. Después de saber que no es una persona de moral y ética intachable se puede decir que tengo permiso para desconfiar de ella.

—Amy, ¿están listos los bocadillos?

—Sí, sí señor. Están listos.

—Por favor, pasa todo en un carrito de servicio a la sala de juntas al igual que la cafetera y agua. Cuando lleguen los citados los pasas directamente, yo esperaré dentro. Ah y cierras la puerta de la oficina, no la quiero abierta.

Sin dejar que diga más le doy la espalda y regreso a sentarme a la cabecera de la mesa de reuniones. Luego de todo lo sucedido no puedo permitirme ser empático o comportarme bien con alguien que se ha aprovechado de su puesto para hacer mal a otros. Si algo he aprendido en mi vida es que las injusticias siempre se pagan, tarde que temprano.

Al llegar mis citados comenzamos la reunión, intento estar lo más concentrado que puedo y solo hago una pausa de ello cuando Amy entra con el carro de servicio.

Una hora y media más tarde cuando ya la reunión termina, despido al agente y el arquitecto que llevará a cabo la obra de construcción para quedarme con el abogado y el contador. Les expongo todo lo antes sucedido y revisamos juntos los videos que me enviaron. Justamente encontramos el momento cuando Walton amenaza a Caleb. Seguimos revisando y hallamos dos veces en las que este roba piezas metiéndolas a su mochila, e incluso sacando por la puerta trasera unas pilas de auto.

—Quiero que todo el peso de la ley caiga sobre ellos, Richard —pido a mi abogado. El nota mi molestia y pide que me calme.

—Sí pero también debes mantenerte sereno, eso que vemos sirve para culpar a Walton pero no a Amy. Ella no sale en los videos, salvo saliendo de la oficina de él y puede alegar que estaba haciendo alguna otra cosa. Si dices que estuvo robando o desviando fondos, tenemos que averiguar que hizo con ese dinero. Tienes que denunciarlos.

—Bien, hagámoslo. Quiero que esto acabe hoy mismo —camino de un lado a otro con premura, me siento desesperado—. Swan quiero inmediatamente una nueva asistente, gerente comercial y que se comience el departamento de contaduría interna. Quiero tener un mayor y mejor control interno de todo lo que entra y sale. Es claro que no debo confiar en todas las personas.

—Por supuesto, Señor Hope —responde tomando notas en su portátil—. Hoy mismo le haré llegar una lista con los candidatos.

—No quiero candidatos Swan, quiero gente confiable. Quiero que los contrates tú con la supervisión de Richard. De ser posible revisen sus antecedentes penales y que sus cartas de recomendación sean buenas y verídicas, quiero personal capacitado y por encima de todo de buen corazón. Si ven que alguno de ellos tiene un concepto mucho superior de sí mismo, algo más de lo que debería de tener ni lo manden. Deben tener una moral y ética laboral intachable. Por favor. Tienen hasta el martes para ello.

—Sí, señor —responde sin dejar de escribir.

Terminamos de ponernos de acuerdo en los que acontecerá a futuro esperando que todo marche conforme a lo planeado. Tomo mis cosas para ir a la comisaria y denunciar los hechos junto con Richard. Al salir le pido a Amy que envíe el memorándum antes de irse a comer y cierro mi oficina con llave.

—¡Zack Hope! —Walton grita a mis espaldas y me giro solo para encontrarme a un hombre furioso con un arma apuntándome a no más de dos metros—. ¡Eres un maldito bastardo huérfano y siempre lo serás!

El impacto me tumba, siento la sangre que borbotea de mi cuerpo. El dolor que me atraviesa y luego me engullo en la profunda oscuridad. Se escuchan gritos, forcejeos, y yo solo puedo dirigir mi último pensamiento una rubia en medio de un campo de girasoles. Madison.



18. April 2020 01:33:37 0 Bericht Einbetten Follow einer Story
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