rock_inunderland Rock InUnderland

En una ciudad donde el caos y la violencia son habituales, dos detectives investigan una serie de dantescos asesinatos vinculados entre sí con el mismo modus operandi: destripamiento, mucha sangre y sin rastros, excepto por un versículo bíblico post mortem. Los detectives tendrán que apostar a diferentes teorías que apuntarán a los sospechosos más inadmisibles si quieren arrestar al asesino, quien no se detendrá hasta cumplir su objetivo. ° Policíaco ° Temática homosexual ° Sangre ° Psicológico ° Drama ° Violencia ° Misterio ° Suspenso ° Portada de Tatiana Arana. Banner de Valeria19702, miembro de CasaDeLosGatos en Wattpad.


Krimi Nur für über 21-Jährige (Erwachsene).

#crimen #misterio #drama #policiaca #gay #suspenso #lgbt #asesinatos #sangre
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A CARGO

Cuando Asher llegó a la escena del crimen y se apeó del automóvil, dos policías lo alcanzaron, anduvieron en dirección al perímetro ya marcado en el paraje de un área verde suburbana. Apenas distaba el alba, el vapor salía como fumarolas de entre los labios y pese a los guantes que lo cubrían, el detective se frotaba las manos entre sí para calentarse.


—Hace una hora un hombre corría por este parque —explicó uno de los policías intentando andar al mismo ritmo que Asher—, cruzó por aquí y halló el cadáver de una mujer —El detective bostezó mientras se acomodaba la corbata, se le notó que apenas se despabilaba—. El forense está por llegar. —añadió el policía. Asher sonrió, tenía siempre ese gesto en cualquier situación por inquietante que fuera.


—¿Dónde está el detective Benton? —El otro oficial respondió primero.


—Al frente con el resto del equipo. —Y Asher se encaminó hasta allá esquivando personal, piedras y bancas, seguidos de los dos policías.


—¡Hey, Carlos Benton! —gritó, saludando y enseñando todos los dientes— ¿Alcanzaste a tomar tu café? No te soportaré de mal humor.


—¿Por qué diablos llegas tan tarde, Jordan? —Le dio una palmada llamándolo por su apellido. El detective rondaba en los sesenta años ya, casi doblaba la edad del recién llegado.


—Había mucho tránsito, Carlos.


—¿A las cinco de la madrugada? —Naturalmente no le creyó— ¡Mira! —espetó de mala gana invitándole a seguirlo con el dedo. Se adentraron justo a la mitad de una de las veredas forrada de arena— Es una mujer de unos cincuenta años, tal vez una prostituta —Asher se inclinó sobre el cuerpo cubierto con una sábana, yacía atravesado en medio del camino, con restos de ramas y hojarasca rodeándole—, no lleva nada de valor.


—¿La asaltaron? —inquirió mientras descubría el rostro a la víctima, no pudo contar las débiles rajadas que lo atravesaban, como arañazos; el más viejo sonrió.


—No lo creo… —murmuró; Asher examinó la cabellera roja canosa, desteñida en negro, entre la tierra revuelta y piedras diminutas— La apuñalaron tanto que la partieron en dos, no creo que fuera por robarle —El detective se enderezó y le encajó los cerúleos ojos a Carlos—. ¿Dormiste bien, Pequitas? —Lo llamó por un viejo apodo.


—Sí, desde luego.


—¿Cómo se siente tu padre?


—Bien, él quisiera estar aquí resolviendo este asunto.


Callaron un momento, Asher se acuclilló de nuevo frente al cuerpo exangüe cuando un policía llamó a Carlos y lo jaló del brazo. La mujer tenía el cabello tintado oscuro, muchas pecas en el rostro o quizás eran gotas de sangre salpicadas, sus ojos claros estaban abiertos y fijos. No era la primera vez que Asher miraba un cadáver, hacía más de cinco años que trabajaba en el departamento de homicidios hombro a hombro con Carlos, además aprendió de su padre, a quien llamaban el “Eliot Ness” de homicidios.


—Pequitas, el forense llegó —Asher cobijó de nuevo a la mujer, se apartó y fue tras el viejo Carlos—. Quiero que resuelvas esto tú, pronto me retiraré y antes de hacerlo, espero ayudarte lo suficiente como para que te encargues.


—No deberías preocuparte, Carlos, sabes que soy muy hábil. —No obstante, el veterano sonrió y le dio un golpecito en la espalda.


—Lo eres, pero tu padre me pidió que cuidara de ti —Asher asintió, eso lo sabía—. Soluciona el caso de esta mujer, yo estaré revisando otros expedientes. —Asher confirmó pero su sonrisa se deslució cuando vio a Carlos dar la vuelta para irse.


—¿No te quedarás?


—Te he dicho que te encargues tú —aclaró, despidiéndose con la mano—. Avísame de tus hallazgos en la oficina, te enviaré a mi hijo para que te auxilie.


Asher se quedó boquiabierto.


Jamás trabajó solo resolviendo un crimen, Carlos Benton era un viejo malhumorado que lo trataba como a un chiquillo y si bien, al principio asumió que lo subestimaba, al pasar del tiempo comprendió que realmente lo apreciaba y deseaba su progreso en la fuerza policial, que un día se sentara en la silla donde él estuvo por treinta y tantos años.


Asher revisó su teléfono móvil, vio que eran las seis con quince de la mañana; detrás de él los policías y detectives fotografiaban y recolectaban evidencia. El detective paseó un momento por la escena e intentaba concentrarse, pero su cabeza estaba en otra parte.


Tras el levantamiento del cuerpo, Asher fue al hospital, era parte de su rutina ir allá dos o tres veces al día, el personal médico lo conocía, entraba y salía como si fuese su casa. Se presentó con un ramo de flores amarillas y blancas, y una sonrisa brillante que iluminó el frío cuarto, donde un hombre canoso permanecía sentado sobre la cama, conversando con una enfermera o aleccionándola. Asher sonrió, le gustaba ver a ese hombre con el dedo amenazante hacia otras personas, el gesto transmitiendo su infinita experiencia en los lados más oscuros de la Tierra, tratando con la escoria más vil y cruel de la raza humana, y luego de echarle un vistazo, endulzar su expresión con una tierna alegría al ver llegar a ese detective treintón.


—¡Pequitas! ¡Buen día! —exclamó desde la cama. Asher caminó allá y se inclinó para besarle la frente— Carlos me dijo que te ha dejado solo en el caso de la prostituta. —Asher asintió, rodeó la cama para dirigirse al buró donde lucía un florero con algunas plantas marchitándose.


—Está apurado por jubilarse, papá. —comentó mientras sustituía las flores ajadas.


—¿Qué tal?, ¿será sencillo?


—Papá, no te daré detalles de los casos hasta que te sientas mejor —explicó quién sabe después de cuántas veces—, me subestimas igual que Carlos.


—No, Pequitas, no es eso. Siento curiosidad por lo que haces.


—Lo resolveré pronto y si requiero asesoría, se la pediré a Carlos o a ti, papá —concluyó con una sonrisa, jaló una silla para sentarse junto al enfermo—. ¿Comiste?


—Sí, hijo. ¿Anoche tomaste tu medicamento? —Asher asintió un par de veces— No me mientas.


—No miento, papá.


—No puedes suspender la paroxetina otra vez* —Asher sonrió irónico—. Oh, por cierto, Carlos mandará a Cooper a ayudarte —El enfermo vio que su visitante rodó los ojos y se cruzó de brazos—. No es por desconfianza a ti, Pequitas.


—No me incomoda la ayuda, papá. —agregó, aunque torcía los labios.


—Cooper es muy listo.


—Me agrada Cooper, es casi como un primo, aunado a que trabajé con él en Narcóticos hace unos años, ¿recuerdas? Será interesante verlo en Homicidios.


—Realmente es un favor para Cooper, ¿sabes? —Asher no entendió esto— Tuvo dificultades en Narcóticos, así que Carlos lo trajo a Homicidios.


—¿Qué clase de dificultades, papá? No me imagino a Cooper siendo problemático. —El viejo detective alzó los hombros, Asher sabía que su padre conocía la complicación de origen, pero no quería hablarlo.


—Si no te lo cuenta Carlos, supongo que Cooper lo hará cuando te vea. —El teléfono móvil de Asher timbró, revisó rápido la pantalla y contestó porque era del laboratorio, se levantó y apegó a la ventana para que el anciano no escuchara lo que decía; al cabo de unos instantes regresó a sentarse, con una sonrisa ancha.


—Debo irme, papá, vendré en un par de horas.


—No tienes que estar aquí todo el día, Pequitas, ve a trabajar, duerme en casa, atiende a nuestro perro y sal a beber unas cervezas con tus amigos. —Asher se rió, se levantó dejándole un beso en la coronilla al viejo y se encaminó.


—Vendré en un par de horas, papá. Descansa.


Al salir, Asher cerró la puerta, de nuevo revisó su celular, tenía varias notificaciones y alertas, entre estos un mensaje de texto cuyo remitente decía “Cooper Benton”, fue el que leyó primero: «Estoy en la oficina, ¿ya vienes?».



°*°*°*°

Nota *Fármaco antidepresivo inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina.

9. April 2020 19:32:19 2 Bericht Einbetten Follow einer Story
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Jean Carlos Martinez Jean Carlos Martinez
Buen comienzo
May 03, 2020, 19:35

~

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