carros2020 Carlos Rafael Rosales

Me enseñó como luchar hasta el último instante de su vida, hasta la última vez que nos vimos!


Spirituelles Alles öffentlich.

#alegría-de-vivir #lucha #santidad #excepcional #ejemplar
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Les comparto esto, porque es mi forma de desahogarme, y porque es mi deber de justicia dar testimonio del heroísmo de mi hermana María del Carmen, quien, hasta el día de hoy, siempre fue un gran ejemplo para mí en todo sentido.

No sé cuántas veces habré escuchado al comenzar la Santa Misa, el estribillo “Qué alegría cuando me dijeron vamos a la Casa del Señor…”

Hoy, con el corazón estrujado de dolor, pero con una gran paz, he pensado mucho en usted, mi hermana Maria del Carmen, a quien quise tanto en esta tierra. Me ganó la carrera, y llegó primero a la única meta que vale la pena, ¡a la única meta de todas que es para siempre! ¡Entró con bombo y platillo a la Casa del Señor! ¡Qué manera más espectacular de ganarse el Cielo!

Vi a mi hermana por última vez el jueves, un jueves de estos que parece cualquier otro día, en medio de esta pandemia que nos tiene a todos encerrados, viviendo una vida tan diferente de la que vivíamos hace tan solo unas pocas semanas.

Era cerca del mediodía y me llamó Luis, mi cuñado, para decirme que se había puesto mal. Era de esperarse, era una noticia que, en medio de todo, no me sorprendió. María del Carmen, la Nena, como le dije siempre con todo cariño y respeto, tenia esclerosis lateral amiotrófica (ELA) desde hacía años. Era solo tres años mayor que yo, pero siempre fue mucho más madura y serena y nunca cometió ninguna de las locuras que yo hice en la vida. Siempre estuvo allí para aconsejarme, y lo más importante, para escucharme. Y como todo lo hacía bien, también esta enfermedad la vivió muy bien, tan bien como le habían enseñado a vivirla en el Opus Dei, organización de la Iglesia Católica, a la que pertenecía desde los 80. Jamás en todos los años que la tuvo, la oí protestar o quejarse a pesar de que poco a poco la enfermedad le fue cobrando la factura, primero perdió el habla, y luego se fue paralizando poco a poco, hasta el punto de que ya casi no podía escribir en el teléfono que era ya su única forma de comunicarse con todos.

Cuando perdió el habla, me escribió con toda sencillez que Dios la quería muda, y solía bromear sobre el tema. Luego cuando ya casi no podía escribir en el teléfono, me lo volvió a decir y nos reímos juntos. Yo interiormente, sufría mucho al verla así, pero sabía que ella encontraba en la enfermedad una forma de unirse con Nuestro Señor en la cruz y que para ella la enfermedad era camino de santidad. Era admirable como desde ese teléfono estaba pendiente de todo y de todos. Con mensajes de texto manejaba su casa y la mantenía impecable y decorada según la época del año, y además nunca faltaban sus oportunos mensajes por WhatsApp, más aún cuando alguno se había portado mal. ¡Era realmente increíble!

El jueves, Luis me comentó que la ELA ya había afectado su sistema respiratorio y que ya necesitaba estar conectada a un tanque de oxígeno portátil para poder respirar. Excepcionalmente, ese día había ido a la oficina a ver unos papeles, así que salí pensando en que tenía poco tiempo para verla ya que el toque de queda iniciaría en pocas horas. Cuando llegué a su casa, me puse una mascarilla antes de entrar a su habitación, al entrar ambos cruzamos una mirada, sabíamos que talvez no nos veríamos de nuevo. Ella comenzó a llorar. Yo sólo alcancé a decirle cuanto me dolía no poder abrazarla ni besarla por este virus desgraciado que nos ha cambiado la vida.

Me senté en un sillón a su lado, guardando la distancia, y tratando de contener las lágrimas. ¡Joder, qué difícil! Ella, como siempre, me quería hablar, le pidió a Gaby, mi sobrina, que le ayudara a escribir en el teléfono. Con mucha dificultad escribió unas pocas palabras. Mi sobrina volteó el teléfono y pude leer:

“Creo que me estoy muriendo”

Las lágrimas nublaron mi vista y solo le puede decir que me daba mucha envidia. Que me quisiera morir como ella. ¡Tan cerca de Nuestro Señor! ¡Tan cerca de la Virgen! Le dije que ella siempre había vivido la fe, la esperanza y la caridad de manera heroica y que solo le faltaba dar un último brinco. Le recordé como con su cariño ejemplar y su incansable oración había metido en el Cielo a mis papás y a mis hermanos, y como ahora ellos la estaban esperando allí con los brazos abiertos. Me atreví en un momento a decirle:

“No tenga miedo”

Ella con mucho trabajo volvió a escribir en el teléfono:

“No tengo miedo. Lloro por la “mariconada” del ahogo” y con su acostumbrado buen humor, se sonrió, como siempre lo hizo, ante todo, hasta en los momentos más difíciles, hasta en los últimos momentos.

Entendí entonces, que lo que la asustaba no era la muerte, si no que la incomodidad de estar asfixiándose, de no poder respirar. Siempre supe que mi hermana era una mujer excepcional, fuera de serie. En ese momento lo confirmé. En ese momento supe que estaba viendo en carne y hueso a una persona, a mi hermana, ganarse el cielo y ¡luchar hasta las últimas consecuencias! Me acordé entonces de aquellas palabras de San Josemaría: “Este es nuestro destino en la tierra: luchar por amor hasta el último instante. Deo gratiae!” Y en medio de mi dolor, di gracias a Dios por ser testigo de la lucha de mi hermana por alcanzar la santidad, hasta el final, hasta lo último.

Me sentía intranquilo porque en medio de la crisis del COVID-19 no había logrado conseguir que algún sacerdote viniese a atenderla. Logré hablar con don Federico, quien me dijo que la ayudara a hacer un buen acto de contrición, lo cual nunca sobra, y que le rezara la oración para una buena muerte, y me recomendó algunas lecturas oportunas. Hice lo que me indicó

Rezamos el Santo Rosario con sus tres hijas y mi cuñado. Y salí reconfortado,

En ese momento no sabía que esa sería la última vez que la vería con vida. Pero más tarde, se vio conveniente que ya no volviera por el riesgo de contagio del COVID-19. Ofrecí con todo el dolor de mi alma, no volver a ver a mi hermana. El viernes por la mañana, logré comunicarme con el padre Luis, párroco de la iglesia cercana a su casa, quien le llevó el Viático, la comunión que se lleva a las personas próximas a la muerte, y la unción de los enfermos. Eso creo que me dio más paz a mí que a ella. Sentí que le había hecho un último favor. Algo que ella hubiera esperado de mí, y que ella hubiese hecho por mí si las cosas hubiesen sido al revés.

El sábado, día de la Virgen, María del Carmen se quedó inconsciente. Muy pronto se presentaría ante Nuestro Señor, y tengo la seguridad de que Él se pondría feliz al recibirla. Finalmente, muy temprano en la madrugada del Domingo de Ramos, celebración de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, mi hermana dejó esta tierra. Estoy seguro de que ella estará feliz junto al Amor de los Amores, muy cerquita de nuestra Madre Santa María, celebrando la Vida, con mayúscula, con mis papás y mis hermanos. ¡Felicitaciones Nena! ¡Lo logró!

6. April 2020 00:00:11 1 Bericht Einbetten Follow einer Story
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Das Ende

Über den Autor

Carlos Rafael Rosales Wine, beer and vodka lover! Addicted to my wife, books and some TV shows!

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Hilda Specher Hilda Specher
Que lindo que un hermano se exprese asi 😢 . Tene la seguridad que ella ya esta gozando de la gloria del cielo 💐
April 06, 2020, 05:10
~

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