Kurzgeschichte
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Kurtz y Willard

Entre los pensadores y filósofos que consideran que el ser humano es malo por naturaleza se encuentra Emile Cioran. Nació en el año 1.911, en la región de Transilvania, actual Rumania, pero en aquel entonces perteneciente al reino de Hungría y, por tanto, al imperio Austrohúngaro, al que le quedaban poco más de siete años de existencia, lo que tardó la Primera Guerra Mundial en acabar con él. Cioran marchó joven a estudiar a París, donde vivió la mayor parte de su tiempo, y en donde escribió gran parte de su obra, entre ella, los más que destacables silogismos.

Ante esta maldad natural del ser humano, pensaba Cioran que solamente cabía la inacción del hombre (para no provocar más mal), eso sí, interrumpida por explosiones vitales, que mitigaran esa preventiva falta de acción que él propugnaba.

En esa misma línea, declaraba Cioran que la única manera que hay de expresarse de forma filosófica es hacerlo de forma fragmentaria, rehuyendo de construir sistemas, que acaban mintiendo y radicalizando el hombre, que adapta su pensamiento a ese sistema, dejando de ser libre y desatando su lado más oscuro.

Emile Cioran es tenido por un filósofo pesimista, pero quien se acerque a la lectura de su obra, podrá detectar una personal ironía que nace de la previa asunción de la derrota ante la vida. De hecho, él confiesa en sus entrevistas que más de un lector (femenino, sobre todo) le ha agradecido el hecho de que no se haya suicidado a raíz de la lectura de alguno de sus fragmentos, pues les relajaba pensar que cualquier estado de desesperación puede remediarse con el propio suicidio: una salvadora contradicción.

Literaria y cinematográficamente hablando, la tesis de esa maldad instalada en lo más profundo del ser humano la podemos encontrar en dos obras maestras: la novela de Joseph Conrad, “El corazón de las tinieblas”, y la película (basada en la novela) “Apocalipyse Now”, dirigida por Francis Ford Coppola.

Es curioso observar en ambas obras que Kurtz llega a ese estado de maldad después de haberse dejado arrastrar hacia su esencia más primitiva y salvaje, lo que reivindica la importancia de la labor civilizadora. La misma civilización que ahoga y encarcela al individuo con normas y reglas que le hacen permanentemente infeliz en su tránsito por la vida. E, igualmente, cuando ese ser humano tiene que realizar constantes cesiones para que pueda vivir en esa sociedad, renunciando de esa forma a su esencia más básica y animal, que es a la que tiende de forma natural: un auténtico círculo vicioso, un equilibrio absolutamente inestable.

Pero, aun ese estado primitivo y salvaje en el que se ha instalado Kurtz, se detecta claramente la capa moral que la civilización ha implantado en el individuo (o que es natural). Sí, Kurtz, aunque enloquecido, se siente lúcidamente culpable por el mundo de tinieblas en el que se ha instalado y que él mismo ha provocado activamente, lo que le ha llevado a un proceso de aniquilación moral autodestructiva. Ello le provoca un enorme sufrimiento, del que solamente puede salir con su propia muerte. Por eso, en la película, no es difícil detectar que cuando aparece Willard, él ve que ahí está su solución, la persona elegida para acabar con su propio sufrimiento: una muerte que adquiere forma de ritual, magistralmente filmado por Coppola al mismo tiempo que los nativos matan a un ternero adulto en una celebración.

Kurtz llegó a un estado de inacción, pero después de haber provocado (y visto) el mal: el horror. Puede que Cioran tuviera razón.

20. März 2020 18:26:01 1 Bericht Einbetten Follow einer Story
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Das Ende

Über den Autor

JUAN PABLO SUERO INTERESADO POR CASI TODO

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JC José Antonio Chozas
Muy bien escrito y argumentado
March 21, 2020, 21:08
~