laura_calabria Laura Calabria

Clara recuerda con su madre lo que ha supuesto una relación tóxica en su vida, y lo que es descubrir el amor de verdad.


Drama Nicht für Kinder unter 13 Jahren.

#drama #familia #feminismo # #245 #lgtbi #monólogo #feminism
Kurzgeschichte
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Duelos

Buenas noches mamá.

Ya veo que estás sentada esperándome como siempre en el sillón.

Sé lo que estás pensando. He tardado mucho en pasear al perro hoy, pero es que cuando dábamos la vuelta a mitad del trayecto, se quedó parado mirando la calle por la que siempre aparecía ella en nuestra búsqueda. Han pasado ya años desde entonces y aun así todavía se para y mira en esa dirección. Me pregunto si la echa tanto de menos como la he echado yo. Ahora ya me da igual. O eso es lo que digo.

Cuando he conseguido que continuásemos la marcha, casi me caigo al suelo porque he tropezado con una caja de zapatos como las que usábamos antaño para guardar las hojas de contactos. Me ha venido el recuerdo en ese mismo instante de aquella noche en la que Román se presentó en casa hecho una furia por la caja.

¿Te acuerdas de aquella escena? Segura estoy de que sí.

Fue cuando vino enfurecido porque yo no quería devolvérsela. En ella estaban todos los números de teléfono de los clientes y no quería dársela porque había despedido a Carmen por venganza. Me había arrebatado la única razón por la cual me levantaba tan temprano, pues la energía y la motivación él me las había ido arrebatando con los años.

Se había enterado, ya sospechaba cómo, de lo que entre nosotras había sucedido. Y ¡por supuesto!, lo consideraba una falta de respeto inadmisible. ¡Él! ¡Él hablando de lealtad! El mismo que elaboraba las mentiras más retorcidas para engañarme en todos los aspectos posibles. Bueno, tú lo sabes bien mamá que veías

donde yo estaba ciega.

Pero ajena a todo esto, unos momentos antes de que Román subiera a casa, tú

estabas al final del pasillo, tranquila en tu habitación. Decías que te sentías como si estuvieras en un hotel de lujo y, razón no te faltaba. Tu vestidor, tus espejos, la inmensa cama de matrimonio para ti sola, tu balcón para leer en verano... ¡Y cómo no! Tu propio baño. Por eso, rara vez estabas aquí conmigo en el salón pasada la cena.

No sé por qué le abrí la puerta. Bueno, si lo sé.

Tenía miedo de que hiciera algo horrible si no le abría. Y tú me dirás, ¿qué? Pues la verdad es que no te sabría decir y entonces tampoco hubiera sabido. El miedo es así, te paraliza y a veces ni siquiera sabes el porqué.

Con agresividad irrumpió en el pasillo y me gritó como tantas veces había hecho, con la diferencia de no cuidarse en esta ocasión de nuestra soledad, no era consciente de tu presencia. Me amenazó con que, si no le daba la caja, me despediría a mí también.

Quizás era la frase que más había oído desde que pusimos fin a nuestra relación y a la que menos credibilidad le daba. Ya sabía yo que no me despediría, que se aferraría a lo que fuera antes de que me marchase. Aún tenía mucha sangre que chuparme y se buscaría todas las estratagemas posibles para lograrlo.

Le respondí indignada que no, que volviera a readmitir a Carmen. Volvió a gritar que en otra vida. Y tú, que obviamente estabas escuchando todo el jaleo, abriste la puerta de tu habitación sin vacilaciones.

_Clara, ¿qué pasa? _

Entonces, con esa mezcla de miedo por ser descubierto como tirano y con la

soberbia de no haberse nunca equivocado, lanzó media sonrisa y él o su ego, dijeron bien alto para que pudieses escuchar:

_ ¡Ah! ¿Que está aquí tu madre? Estupendo. Cuéntaselo tú misma. Venga,

valiente, cuéntale lo que ha pasado. Dile lo que has hecho a ver qué es lo que opina.

Y sin que te temblara la voz lo más mínimo, con toda la valentía que yo no fui

capaz de sacar en tantos años de mi vida con él, le hiciste temblar de verdad.

_ No sé qué es lo que ha hecho mi hija. Conociéndola sé que no es tanto como

tú dices, pero aun así te digo que haga lo que haga, ella es mi hija y lo va a seguir siendo.

A ti te encontré, como quien dice, en la calle. No eres nada mío. Yo quiero que mi hija sea feliz y creo que esta situación no se la merece. Clara, dale la caja, déjale que se la lleve. No creo que lo que estás haciendo valga la pena. Que se vaya y haz el favor de no volver a abrirle más la puerta de mi casa.

Te hice caso mamá. En todo. Él se salió con la suya, pero tenías razón. Quedarme con la caja era una terquería mía que en verdad no solucionaba nada. Pero es que, ¿qué había hecho él jamás para haberse ganado toda esa información? Nada. Absolutamente nada. Solo figurar. Poner su nombre. Usar su labia. Y tenerme a mí como una esclava trabajando, prometiendo que el futuro sería mejor. El futuro laboral y el de nuestra relación. Que ya tendríamos tiempo cuando ganásemos más dinero de viajar, de vivir juntos y de tener una familia.

¿Te acuerdas mamá que después de decirle eso, Román no fue capaz de

responderte? Porque le demostraste que, a diferencia de él, tú si me querías. Tu amor además era incondicional.

Él agarró con ansias su maldita caja y puso una cara de orgullo tan fingida como su adornada autoestima. Salió por la puerta y la calma volvió al piso.

Me preguntaste como es lógico, qué había ocurrido y te lo conté porque lo

mínimo que te debía era una explicación y prometerte amor eterno después de haberme defendido como ni yo misma había sabido hacerlo.

Te expliqué con pudor, con vergüenza, que había ocurrido algo con Carmen, que realmente no había sido nada serio, pero que, de cualquier manera, en nada influía en el trabajo. Te pedí perdón por decirte eso, por haberte enterado de todo así. Carmen era una mujer. Una mujer que además tenía algunos años menos. Sabía que te pareció inapropiado en aquel momento por todo lo que había conllevado pero que, en el fondo, eras capaz de entenderme. Me dijiste que la casa no se debe empezar por el tejado pero que lo hecho, pues hecho estaba y que por supuesto, me podía acostar con quien yo quisiera, que Román no era nadie para meterse en los asuntos de mi cama. Le estaba bien empleado.

La tortilla se le había dado la vuelta, es verdad mamá. Qué tonta fui y qué mal lo pasé cuando se cayó la venda de mis ojos. Mucho me llevó asumirlo. Fue un duelo tan duro que me costó evaluar todo lo que creía que era correcto, comprender que estaba errada, desaprender y cargar toda la vida con mi antigua persona. Me costó incluso entender que Carmen me había evocado a el amor de una mujer. Y que esa mujer no era realmente ella, pues aquella mujer no era otra sino yo. Tanto amor que tenía para dar resultaba que era el mío, el amor propio, que había quedado sepultado antes.

Ahora, esa versión mía del pasado ya no pesa. Ya ha quedado superada. Tampoco me ha quedado de otra.

Cuando tú te has ido, los viejos duelos han dejado de tener sentido. Son como

esas moscas que oyes en el fondo de la habitación, pero que ni siquiera se te acercan cuando estás comiendo algo.

Lo tuyo es distinto. Quizás cuando salga de aquí, pueda ser capaz de aceptar que ya no estás sentada escuchándome.

Verdaderamente es difícil de creer mi fantasía porque rara vez no me has

interrumpido al hablar para terminar mis frases o comentar cualquier cosa que no tiene nada que ver con lo que te estoy diciendo. ¡Cómo me enfadaba! ¡Y cuánto daría porque lo hicieras siempre!

Saldré de esta habitación porque tengo que atender mil asuntos, las cosas de

verdad, las que te decía que no me daba tiempo antes porque estaba muy ocupada.

Gracias por haber cuidado de mí estos años y por espantar a los monstruos cuando yo no era capaz ni de mirar debajo de la cama.

Te has ido y puedo decirte que, aunque no estás, este es el duelo que más me ha hecho crecer como persona.

Estás viva porque todavía desde el recuerdo me sigues enseñando.

26. Januar 2020 17:43:06 6 Bericht Einbetten Follow einer Story
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Das Ende

Über den Autor

Laura Calabria Hice garabatos en los libros de mi padre cuando desarrollé la motricidad fina y ahí empezó todo. Siempre llevo una libreta y un bolígrafo conmigo.

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Roira M. Sacres Roira M. Sacres
Me ha encantado, es uno de esos relatos que transmiten con pocas palabras. He de confesar que me ha arrancado alguna lagrimilla, cosa que reafirma lo ya dicho de transmitir emociones. Sigue escribiendo porque quiero leer muchas más cosas escritas por ti ^^
February 15, 2020, 18:04

  • Laura  Calabria Laura Calabria
    Muchas gracias por tus palabras Roira, y también por los ánimos. Un saludo :) February 15, 2020, 18:31
Francisco Rivera Francisco Rivera
Amiga Laura: De sorpresas de vida; de amores sin correspondencia y del amor materno sin la presencia física de tal creadora de hijos, envuelve los avatares de hermanas y recuerdos, acaso: ¿personales? ¿experimentados en propia carne? Logras mantener la atención en mi "yo espectador", quizá habrá qué marcar (opcionalmente) los personajes evocados en los diálogos, pero eso no impide llevar la "representación" de las escenas en este breve ¿y único? acto. Grata sorpresa, quedo agradecido por no haber pagado mi boleto a esta función breve, directa y fiel reflejo de la condición femenina ante nuestra condición de varones, quienes no siempre entendemos bien a bien, lo que ustedes son, hacen, crean, luchan y dan sentido no sólo a la vida, sino a la propia nuestra. Saludos fraternos y bienvenido más teatro en diálogo, monólogo o como lo desees concebir...
February 03, 2020, 21:13

  • Laura  Calabria Laura Calabria
    Estimado compañero, muchas gracias por tu comentario. Si te soy sincera, este relato fue presentado a un certamen. No logró galardón pero no deja de tener mucho significado para mí. Tiene mucho tinte autobiográfico de cosas que me han pasado (como gran parte de lo que escribo). Quedó en un único acto porque respondía a unos criterios. Quién sabe si debiera continuarlo... February 04, 2020, 20:31
Azucena Rojas López Azucena Rojas López
No dejes de escribir y trasmitir tanto de esa manera tan bonita
January 26, 2020, 20:47

  • Laura  Calabria Laura Calabria
    Muchas gracias Azucena :) Seguiré escribiendo. January 26, 2020, 21:32
~

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