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Edwin Diaz


El Triángulo de Bennington, al igual que el de las Bermudas, es un lugar ubicado en Vermont, Estados Unidos. El lugar alberga numerosas historias ocurridas a través de desgracias, desapariciones y avistamientos de lo "desconocido". Esta historia/novela gira entorno a un acontecimiento ficticio de la vida de un joven y sus amigos ocurrido en este lugar. A través de una muerte la historia se va entretejiendo entre la historiografía, los mitos y los personajes que, involuntariamente, terminan involucrados en un viaje terrenal lleno de enigmas. Historia en progreso, tentativo a modificación.


Thriller Nicht für Kinder unter 13 Jahren.

#terror #inspirado-en-hechos-reales #historico #misterio #enigmatico
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Tormenta

Los oficiales nos llevaron a una sala de interrogatorios, desconocemos como habíamos cruzado el ancho del Bosque de Bennington hasta llegar a la entrada del condado de Wilmington, Vermont; era imposible haber cruzado veinte kilómetros de colinas y riachuelos en una sola noche. Sin embargo, esa situación era el menor de las preocupaciones; los oficiales nos miraron y señalándonos, nos incriminaban de lo ocurrido.

Dos días antes, Stephen, Andrew y yo, habíamos salido del poblado de Bennigton rumbo al bosque con el mismo nombre. Habíamos escuchado que aquel lugar era adecuado para el camping y el montañismo. Stephen era un fan de la escalada, era delgado y siempre usaba los mismos tenis deportivos en cada excursión. Por otro lado, Andrew se preocupaba por todo, era una persona objetiva y siempre solía llevar en las excursiones todo lo necesario para la sobrevivencia, desde un simple cuchillo hasta una pistola de bengala. Yo, por otra parte, siendo el mayor del grupo por apenas tres años de diferencia, solía llevar las bebidas alcohólicas y algo de marihuana, fuera de eso, evitaba cualquier otra sustancia que pudiera desorientarnos.

Todo estaba en orden, y los ánimos estaban por las nubes. Stephen empezó a adelantarse unos cuantos metros, observaba a través de las pequeñas pendientes tratando de encontrar un lugar idóneo para levantar el camping, todos estábamos deseosos por descansar y empezar a beber. Caminamos por más de hora y media cuando nos topamos con un gran claro cercano a un riachuelo, decidimos detenernos y montar las tiendas. Andrew sacó de su bolsa un mapa topográfico de la zona de Woodford, Somerset y Glastenbury, trató de fijar nuestra ubicación, pensó que al ser la primera vez que incursionamos en el interior del Bosque de Bennigton, podríamos tener problemas para retornar a la encrucijada de Golden Ville y Griffint.

La caminata nos abrió el apetito y nos dispusimos a hacer la comida mientras escuchábamos una buena platica intima de la vida de Stephen y de sus amoríos veraniegos. Andrew y yo dudamos de sus apasionantes historias de seducción, pues nunca lo habíamos visto dirigirse a una chica. No pasó mucho tiempo cuando algo nos interrumpió: el ruido de rocas deslizándose por la pendiente que daba al claro; a unos treinta metros del campamento. Los tres pusimos cara seria al observar una sombra alargada en el interior del Bosque. Andrew señaló que podría tratarse de un gran alce, pero Stephen creyó ver un oso de gran tamaño, yo no le hallaba forma; Después, aquella sombra alargada se desvaneció. Los tres nos calmamos y seguimos conversando sobre el verano, pero era evidente que todos nos hallábamos incómodos y con los sentidos en alerta ante cualquier otra incursión salvaje dentro de nuestro camping.

Al atardecer, mi inquietud sobre el misterioso animal había desaparecido. Intuí que también el de Andrew y Stephen porque ambos se encontraban bebiendo, carcajeando y con los ojos rojizos del espeso humo que les entraba a los pulmones. Decidí unirme a ellos de manera moderada dado que los dos se encontraban sumergidos en sus propias alucinaciones.

Pasando las once de la noche, el clima empezó a cambiar; espesas nubes violetas empezaron a recorrer el cielo, dejando escapar gruesas gotas de lluvia y relámpagos que nos obligaron a refugiarnos en la tienda de Andrew. Dieron las doce y entonces Stephen empezó a irritarse por el encierro, trate de calmarlo, pero se encontraba tan ebrio que no admitía palabras conciliadoras, Andrew razonó con él y solo así se resignó a someterse al infortunio del clima. A la mañana siguiente, con la mente y la sangre nuevamente limpia, salimos de la tienda e inmediatamente Andrew notó que algo andaba mal.

­ —¿Escuchan ese ruido? — preguntó Andrew mientras se dirigía hacia el riachuelo—. ¡No! está crecido, se ha desbordado—. Replicó con la cara empañada y corriendo directamente a empaquetar el equipo.

—Debemos movernos más arriba, tal vez hacia Woodford, es un buen lugar para acampar; aunque, en estas fechas el lugar debe de estar repleto de campistas—señaló Stephen.

— ¡Woodford! es excelente— Dije.

Emprendimos la marcha hacia Woodford, retornamos por el mismo camino, pero algo había cambiado: muchos árboles se encontraban arrancados de raíz, y la pequeña vereda natural por el que habíamos pasado antes, ya no estaba.

—Es extraño, los viejos árboles están hechos trizas, pero los arbustos se encuentran intactos— mencionó Andrew, mirando de lado a lado e inclinándose a mirar más fijamente las extensas raíces de aquellos árboles que parecían arrancados como zanahorias.

—El viento fue— replicaba Stephen.

—¿El viento? No es posible, la tienda hubiera sido arrastrada al río con nosotros dentro— dijo Andrew sin despejar la vista del suelo.

— ¡Entonces leñadores!... ¡Olvida los árboles! hay que buscar una nueva ruta ¿Dónde tienes el mapa? — preguntó Stephen mientras rebuscaba en la mochila.

Stephen se hallaba desesperado por salir, tal vez porque solo teníamos planeado cuatro días de incursión y uno de ellos se hallaba arruinado por la infortunada tormenta, lo que le dejaba solo un par de días hasta que se acabaran sus vacaciones. Stephen trabajaba en una pequeña explotación ganadera al oeste de Bennington; era un trabajo rudo y pestilente, especialmente porque la planta tenía que contribuir a la producción de fertilizantes naturales; en otras palabras, estiércol de vacuno procesado.

—Nos encontramos al oeste de Woodford, estamos cerca de Long Trail, eso quiere decir que debemos salir, caminar o pedir un aventón en la carretera 9— explicaba Stephen con gran detalle, tanto es así que enseguida empezó a saltar los árboles para continuar la caminata.

Debimos de haber caminado más de tres horas por el bosque y cuando miramos nuestros relojes, en efecto lo era. Ya era media día y el sol se encontraba sobre nuestras cabezas agobiándonos con sus rayos. El bosque aparentaba no querernos ya que también jugaba en nuestra contra; nos abrazaba con su gran humedad al punto que nos hacía sudar gruesas gotas que nos empezaron a recordar a la tormenta de la noche anterior. Andrew se mostró sorprendido, decía haber consultado el clima días antes de haber salido, incluso descargo una aplicación en su Smartphone que le indicaba que nos encontrábamos a veintidós grados centígrados. Stephen le gritaba que la aplicación debía estar mal ya que la temperatura parecía elevarse cuanto más nos acercábamos a la carretera de Molly Stark Trail; Sin embargo, cuando llegamos a un pequeño soto de baja altitud la temperatura pareció decaer al instante. Eso nos alivió por unos momentos, y la moral de los tres subió por unos minutos, Andrew se mostró más extrañado cuando creyó escuchar nuevamente el ruido de grandes rocas caer sobre los árboles, pensaba que algo nos seguía, pero Stephen y yo no le hicimos caso, creíamos que el cambio repentino del clima y el alcohol de la noche anterior le habían pasado factura.

Andrew era el menor de los tres, poseía prematuras arrugas en la frente como consecuencia de sus aflicciones; vivía con su madre en la calle Griffint y trabajaba en una pequeña tienda que su tío había levantado en Bennigton.

Llegamos a la carretera Molly Stark Trail o la número 9, y empezamos la marcha. Caminamos por cerca de cuatro kilómetros hacia Greenwood Lodge; un famoso lugar de Camping Van en donde podíamos hallar lo necesario para los últimos dos días. Era la última semana del verano y los tres pensamos que el lugar estaría repleto de campistas; Sin embargo, solo había un par de camionetas particulares, una furgoneta del Pittsfield Press y cinco Camping van. Stephen entró con prisa a la tienda y tomó lo que requeríamos, Andrew y yo nos dirigimos a la zona de recuerdos; una pequeña habitación polvorienta que se hallaba al fondo de la tienda, estuvimos allí por diez minutos observando algunas viejas fotos del lugar; un encargado nos observó y con toda cortesía nos mencionó que se trataban de fotos de hace más o menos cuarenta años. Nos explicó que en los ochentas el lugar había vivido un boom producto de la caza animal, y que antes de eso, en los alrededores, se habían establecido pequeños aserraderos en el interior del bosque.

— Esas actividades cesaron debido a extrañas circunstancias— añadía el frágil y delgado vendedor.

El encargado estaba dispuesto a proseguir su anécdota, pero fuimos interrumpidos por las prisas de Stephen, quien nos gritó que nos diéramos prisa. —¡Debemos irnos! — dijo intempestivamente—. Solo a ustedes se les ocurre derrochar el tiempo en este húmedo y apestoso lugar.

El encargado lo miro por unos segundos, pero no le replico nada, pensé que tal vez el hombre se guardó sus palabras por temor a perder la venta; por cómo lucía el lugar de vacío, y quizá porque no era un hombre conflictivo; a decir verdad, en ese momento no me hubiera metido si el hombre le hubiere aplicado un buen golpe en la cara a Stephen, y por la faceta de Andrew supongo que él también se hubiera lavado las manos.

—Tranquilízate, el pobre hombre solo nos explicaba un poco del paraje— Dijo Andrew suprimiendo su molestia por el inoportuno de Stephen.

— ¡Tenemos un mapa! … Andrew aquí no sucede nada, si no fuera por la Montaña Gastenbury este lugar sería un sepulcro... espera ¡es que ya lo es! — pronunció Stephen en tono burlesco, nervioso y exaltado por salir de aquel sitio.

Luego de que Stephen siguiera al encargado, Andrew se dirigió a mí:

— ¿Qué le sucede?

— Esta impaciente… mucho más que esta mañana en Long Trail— Respondí sin despejar la vista de Stephen.

— El calor debió de afectarlo.

—Posiblemente— mencione mirando a Andrew irónicamente, recordando su paranoia en el bosque.

Aunque el repentino comportamiento de Stephen era inusual, lo que logro captar mi atención fue el pequeño cuadro de un complejo

— ¿Alguna vez escuchaste de Saint Tomas?

— ¿A qué te refieres?

—Mira— dije señalando aquel mediano y polvoriento cuadro—. “Saint Thomas” y justo al lado… ¿vez? “Long Trail”, nunca lo había visto.

—No, tampoco. Quizá fue un viejo taller británico, de los pocos que quedaron— respondió Andrew sin prestar más atención.

—Eso debe ser.

Después de haber comprado los suministros continuamos los pocos kilómetros que hacían falta hacía Woodford. Llegamos en cuestión de minutos y nos dirigimos hacia el ala norte del parque. El lugar parecía descuidado y aunque había varias personas acampando, parecían reacios a la limpieza; Andrew observó el lugar y se negó a quedarse en la zona de los “cerdos” a mí y a Stephen no nos importó, pero decidimos seguir la pequeña ladera que continuaba más al norte. Por fin llegamos y levantamos todo, el lugar se encontraba alejado de aquellas desagradables personas, y todo parecía estar bien.

Los tres estuvimos una vez más platicando y bebiendo, Stephen parecía resplandecer nuevamente en el bosque y Andrew, en comparación al primer día, tomaba precauciones ante alguna nueva tormenta, su paranoia parecía disminuir.

Dieron las seis de la tarde y el ocaso estaba cerca, era la hora perfecta para hacer la fogata y Stephen se ofreció a buscar los leños. Andrew saco de su mochila una pequeña olla y unas cuantas latas de carne conservada y embutidos. Pasarón casi cuarenta minutos y Stephen no aparecía, estaba a punto de anochecer así que decidimos llamarlo por su Smartphone… no había cobertura.

—iré por él— dije.

—Lleva esto— pronunció Andrew mientras me daba una pequeña linterna y el mapa del lugar procurando evitar mi extravío.

Rodee el campamento alejándome cada vez más, gritando ¡Stephen! no lograba encontrar signos de él. Continúe buscándolo hasta que llegue a algún tipo de camino plano que alojaba antiguas líneas eléctricas que se extendían de izquierda a derecha; cuando mire al frente logré divisar la madera regada que se dirigía al otro extremo del bosque… y más adelante divise los deportivos de Stephen. En ese instante me congele y con los ojos francos y sin parpadear gritaba su nombre, entonces me quede plantado en el mismo lugar unos segundos tratando de pensar… era imposible hacerlo. Decidí regresar.

En cuanto llegue con Andrew le explique lo que había visto, él insistió en ir por ayuda, pensaba que algún animal pudo haberlo atacado. Así que corrió rumbo al otro campamento al que esa misma tarde había catalogado de “cerdos”. Mientras tanto trataba de tranquilizarme, la madera regada pudo haber sido arrastrada por alguna cabeza de agua proveniente de los riachuelos de Long Trail, pero… entonces ¿Por qué el camino se hallaba seco? Y peor aún ¿Cómo explicar los deportivos de Stephen? el autocontrol no me beneficiaba en ese momento, me creaba suposiciones descabelladas.

El ocaso se presentó, no tenía fogata, Stephen se hallaba desaparecido y ya había pasado más de una hora y Andrew no llegaba, eso me alertó y mi imaginación empezó a volar creyendo que había tenido el mismo fin que Stephen; Sin embargo, a lo lejos, observe a Andrew acercarse, no traía a nadie consigo.

—Se han ido… el otro campamento se ha desmontado. Seguí hacia la 9, pero no encontré a nadie, ni siquiera a un guardabosque… no pasaba ningún auto… es extraño, es como si el mundo nos haya dejado solos— Dijo Andrew sofocado, exhalando e inhalando el pesado aire nocturno que de manera natural y transformado por el suceso nos acompañaba.

—Debemos regresar hacia Greenwood Lodge— dije aún más inquieto.

—No podemos dejar a Stephen.

—Tampoco quedarnos sin hacer nada.

—Ve tú, yo me quedaré, trataré de hacer fuego y si él llegara, Dios quiera que no malherido, tengo lo necesario para auxiliarlo— pronunció Andrew con osada voluntad.

—Volveré lo más rápido posible— dije mientras corría hacia la carretera Molly Stark Trail.

Mientras corría hacia la primera zona de Woodford, creí sentir y escuchar a alguien corriendo a mi costado, una sensación fría y nauseabunda me invadió. Disminuí el paso cada vez más hasta detenerme por el malestar, continúe a pasos cortos hasta llegar a la carretera, luego continúe hasta Greenwood Lodge. Al llegar, el lugar se encontraba a oscuras, resulta que había un apagón en el área. El mismo frágil encargado me recibió, notó mi desesperación y me pregunto sobre mi malestar, le respondí brevemente sobre la desaparición de Stephen y él me suplicó que tomara asiento y descansara, me negué varias veces hasta que ya no pude resistir el intenso mareo y los escalofríos, entonces sucumbí a su amabilidad, me senté y todo se nublo.

Cuando desperté habían pasado más de cuatro horas y el malestar había desaparecido, aunque tenía la camiseta bañada en sudor y saliva de aquel achaque, me dirigí al mismo hombre y le pregunté sobre la ayuda. Desafortunadamente, él tampoco contaba con ningún tipo de señal y le fue imposible auxiliarme; sin embargo, para nuestra buena suerte un automóvil se detuvo en el lugar, era de la Pittsfield Press y fue allí donde conocí a Mary Miller, una joven periodista recién graduada del Ball State University en Indiana; se ofreció a llamar al servicio de emergencias a través de su teléfono satelital, me preguntó más sobre Stephen, no dejaba de hacerme preguntas, una tras otra, pensé que era comprensible dado su perfil profesional, aunque en determinado momento me sentí en un interrogatorio.

Cuando finalice aquella llamada, le pedí de favor a Miller que me acompañara hacia donde se encontraba Andrew, ella con gusto accedió dada la posibilidad de que pudiera encontrar una historia para el Pittsfiel Press.

— ¿Por qué lo has dejado solo? debiste haberlo traído contigo— me replicó Miller.

—Andrew no quería dejar a Stephen y el trayecto hasta aquí parecía más peligroso.

—No lo sé, con estas desapariciones todo parece peligroso.

—¿Desapariciones?

—Debí suponerlo, ¿en dónde has estado la última semana? Tu amigo no es el único que ha desaparecido… extrañamente— murmuró Miller, entonces dirigió su mano a la tabla de la furgoneta, tomó un par de hojas del diario de la mañana anterior, de reojo se lograba leer <<tormenta causa caos vehicular>> pero al arrojarme el diario al pecho entendí aquel murmullo.

No sabía cómo responder, si algo le hubiera pasado a Stephen como a los otros... entonces mis manos y mis pies no dejaban de temblar dejando visible mi nerviosismo, no era para más. Por lo que contaba Miller, ninguno ha aparecido, pero lo que me extrañaba era el hecho de que sucesos como esos no se quedaban en pocas bocas, es decir, vivimos en Benington y todos saben de todos.

—Una mujer hispana de nombre Alicia y un hombre de cuarenta y tantos años, Dios quiera que tu amigo no sea el tercero— seguía explicando con aquella voz aguda semi vigorosa.

Entonces la miré y mi mente volvió con las irracionalidades.

—Escucha—. prosiguió Miller— Te acompañare hasta la entrada de Woodford, pero de ningún modo me adentrare a ese bosque con desconocidos… esperaré a la policía.

—Te lo agradezco.

Los cuatro kilómetros me parecieron cerca de cuarenta, no hablamos más.

Cuando llegamos a la entrada tampoco había señales de nuevos campistas, la oscuridad seguía reinando como las últimas cuatro horas pasadas y el único sonido presente, además de los gritos de Miller por apresurarme, eran la de los viejos troncos de los árboles danzando por el viento madrugo.

Entonces corrí de prisa, esta vez no sentí nada anormal e incluso el camino me pareció mas breve. Pero todo aquel buen presentimiento se fue al abismo cuando observe aquella masa inerte en donde Andrew debía de estar. Cuando acerqué la linterna entonces lo reconocí… Andrew se encontraba sin vida.

17. Januar 2020 21:29:30 1 Bericht Einbetten Follow einer Story
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Nataly Calderón Nataly Calderón
Una historia muy interesante, saludos.
March 14, 2020, 14:32
~

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