1566617928 Francisco Rivera

¿Puede recuperarse el género epistolar, cuando no bastan los caracteres de las redes sociales? He ahí un dilema para decir palabras con vocales y consonantes, más allá de los meros signos que intentan decir más allá. también, de lo que pretenden decirse entre enamorados... ¿Gusta acompañarnos querido lector?


Humor Satire Nur für über 18-Jährige.

#-amor #-Intuiciones
Kurzgeschichte
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Cartita a un amor intuido y más...

Historia 1:

Del amado, para ti:


Amor ajeno a mi propio amar, hasta ahora me animo a escribirte: me aflige una intuición pura donde se me figura todo aquello en lo cual no encuentro nada de lo que me haga merecedor a tu amor y, al mismo tiempo, siento que sólo poseo una ínfima porción de cariño desde tu persona para conmigo.

Has de saber que atravieso una gama de diversidades infinitas y sus fenómenos asociados son de baja estofa porque sólo las concibo cual relaciones a priori.

¿O Kant miente o yo miento?


¿O él acierta o yo desacierto?

La intuición pura de este amor lleva mi buen nombre, tiene propio espacio y tiempo y juro que para nada anda en desfase de cada asunto que acabo de mencionar.

En tu ser hago representaciones amorosas sin frivolidades de por medio.


Nada que pertenezca a la sensación de impureza sentimental ha de evitar jugarme una mala pasada:

¿Es por ti que debo devanar en más el seso de quien se declara tu amante?

¿Es por mí que no alcanzo a colmar la expectativa amorosa ante tu vista?


¿Es una insensibilidad edulcorarnos los sentidos de amar, actuando de manera irresponsable ante nuestro propio amar?

¿Me amas por intuición pura como yo lo hago, pese a que siempre es más lo que deseo que lo que me dejas desear?

Amor, la intuición sensible de mis últimas semanas no se ha despojado de la engorrosa filosofía de Kant.


Me resulta una forma de saberte lo que eres y lo que representas para mi querer de hombre.

Y, sin embargo, continúo sin saciarme en amor, ni tuyo, ni mío y ni de ambos.

¿Cuánto nos conocemos desde que estamos juntos?


Pero, sin poderlo evitar, también me pesa el sentir cuánto nos eludimos a través de lo que sentimos bajo cada piel y cada carne encendida sobre todo en los efímeros momentos en que nos dejan estar a solas.

Lo que conocemos de uno a otra es pura extracción del mundo que alcanzamos a ver con ojos tuyos y con ojos míos, sin percibir por nuestros respectivos cinco sentidos, cómo es que tus exageradas vestimentas enfrían en lo inmediato mis ardores juveniles cuando intento despojarte de ellas.

¡Pero para mí sospecha, ahora me dices que equivoco el número contigo!


¡En verdad, tu madre te arropa más allá de lo convencional en esta época que vivimos!

¿Algún momento habrá entre nosotros con menos ropa y más acción?

¡De continuo olvido que posees ese sexto sentido, discúlpame...!


Mi apetito es incontinente y celo de tu persona la manera en que luces cada vez que me encuentro contigo: de continuo temo arruinar tu gala de doncella con mis manos de barbaján... pero, no obstante...

¿Podrás vestir más ligero que de costumbre?

Bueno, bueno, cada uno representa ambos mundos de pleno deseo.


Bien sabes que entre los enamorados se suele entrar en desacuerdo desde el momento en que se expone una desesperación de cada mundo.

En cada porción no hay igualdad semejante entre lo tuyo y lo mío.

Quizá sí, sólo evidencias tales como las siguientes: diferencias habidas en la posesión de ciertas condiciones formales de cómo viste un hombre y cómo viste una mujer de tu talante.


De espacio de mujer que no se circunscribe al mío, pues en tu parte se anclan recomendaciones y miramientos de tus chaperonas, y eso no deja de incomodarme.

De cuánto captas en lo que soy, y eso lo haces siempre a priori, donde reconoces en mi a un desmanotado con tu persona.

Y no te culpo, es una reacción de confirmación a posteriori que mancha mi reputación de amante y me hace creer que me tomas por un sujeto licencioso y concupiscente.


De los objetos sensibles que mueven tu corazón de cortesana virgen,

En tanto que yo apunto a la pasión sexual y al empecinarme de más en la carne, antes que en el espíritu.

No obstante, desde que te conozco, mis pensamientos son contenidos, vacíos.


En cada evocación hacia tu persona, sólo veo desnudos y ficciones de cuánto deba hacerte nada más que te encuentres ante mi presencia.

Desgraciadamente, me enfrío a las primeras de cambio al verte tan linda y pulcra.

Tan hermosa y fresca... tan...tan prohibida e inalcanzable que mereces mejor suerte y dilatado asedio para hacer de tu virtud lo que deba ocurrir, por ejemplo, al pie de tu ventana o al interior de tu balcón.


Mis intuiciones hacia ti resultan conceptos ciegos.

Por lo tanto, necesito de tu sensibilidad para añadirles peso, color y hasta objeto de intuición que resulte clara, diáfana e inteligible para dejar de ser ese lobo que traga y no digiere, bien a bien lo que ha de probar, llegado ese momento de sortear tu prueba virginal.

¿Cómo conciliar el espacio que eres ante mí y el tiempo necesario para aprenderte mejor?


En tal caso, sigo la conseja del espejo de Maléfica y hago resistencia a la imagen que ese objeto me deja ver: no eres tú, sólo ella.

Desnuda y esperándome en su lecho...

¡Y, mal rayo la parta por vieja, fea, intrigante y doblemente maléfica!


Continuamente también asocio representaciones empíricas o a priori para anticiparme a la experiencia de amarte en todo lo alto.

Con gloria paladeada.

Pero qué recibo a cambio: un gestito tuyo de lanzarme besitos al aire, y, eso no me llena, no me calma...


¡Al contrario, me colma la paciencia para estar como Eva y Adán, sin molestas miradas de todo tipo!

Ahora bien, recuerdas, por ejemplo, la noche aquella en que me declaraste que tú, como mujer, nunca puedes tener una plena representación de lo que no alcanzas a imaginar respecto a cuánto espacio de amor debe revolverse en tu alcoba.

Pero también lo que recientemente pensaste con posibilidad ruidosa de que encontráramos sentimientos alocados donde, por consiguiente, uno u otro pasemos a ser evocación de posteridad en un intento suicida de amarse de modo categórico.


Con tal declaración, mi intuición de varón presiente que algo no marcha bien con tu persona...

¿O era con mi situación de enamorado tuyo?

Cómo sea que resulte, recuerdo también cuando me dijiste que, si evitabas relacionarte conmigo era sólo porque te resultabas hacia ti misma una falsa impresión de no ser digna de mí.


Caro negocio el tuyo, pues tampoco, en mi caso, tus amistades y las mías creían en mis sentimientos e intuiciones de la persona que soy, especialmente para ti.

Y también, de la manera intempestiva en que, algo de tu persona decía que sí, que sí íbamos a funcionar como pareja y entonces te animaste, y me animaste a emprender esta relación de tormentos; de trepar por lo alto; de subir muros y sortear ese tipo de inconvenientes de época.

Pese a esas diligencias existenciales, materiales y hasta constructivas bien decidiste establecer tu conocimiento emocional en relación directa con tu intuición femenina, desde alturas convenidas a la cortesía de un sujeto como yo.


Así, llevo ya tres meses soportando este estado emocional y he tenido qué hacer un esfuerzo adicional para volverlo necesario y capaz al momento de reconocer el significado de los mensajes, contenidos y alcances de tus sentimientos de mujer doncella.

Pero también para distinguir cuál es el estado de nuestro interior de pareja, expresado con toda su literalidad evidente, pues ambos nos mostramos ante la verdad de una potencial mentira o acaso estar atentos a reconocer la franqueza de la verdad del sentimiento tuyo, mío o de ambos, en discordancia dentro de esta relación harto intuitiva.

Ahora, en esta fría mañana de casi fin de año, tengo un aspaviento filosófico.


Un resquemor epistemológico donde la intuición de todo lo ocurrido lo relaciono con ese otro conocimiento inmediato, directo y auto evidente de lo que consideras amor de mujer ante el amor de un hombre joven.

Como ves, no tengo qué deducir nada de lo ya expuesto: ¿o, sí... accederás a mis condescendencias?

Ante cualquier asomo de insensibilidad amorosa en pareja nada nos es dado, y sin entendimiento de ello, tampoco nada ha de ser pensado sin términos amorosos.


Pues bien, amor mío, antes de despedirme, he de confesar que tu conocimiento inmediato de amor fue directo.

No necesito de ningún razonamiento o deducción para ser amado.

Para darte amor o para recibirlo sin ningún acto consciente.


Es más, puedo comprender que me ames desde tu forma o conciencia de percepción inconsciente del entorno en el que te ubicas.

Pero no, no recurras al intelecto o a la lógica para amarme desde tu conocimiento intuitivo de mujer.

Es mejor dejar sonar el inconsciente y hacerlo presente en esa forma tan tuya: repentina, inmediata, locuaz.


Tu intuición instantánea sin recurrir al razonamiento personal puede brindar una generosa muestra de inteligencia emocional.

Desata esa capacidad de percibir, expresar, comprender y gestionar tus pulsiones e inteligencia, no sólo para mí sino para los dos.

Tal vez así, en este momento, se pueda hacer diferencia entre la manera en que te comportas ante mi persona y antes del amor que crees sentir por quién soy.


Si haces caso al corazón, harás diferencia entre lo que intuyes y la razón que hasta hace poco tiempo atrás creías pura e incontaminada.

Recuerda: intenté ser tuyo...

¡Yo, Romeo Galáctico lo declaro a Julieta Sideral!


¡He dicho y, se tenía que haber dicho cuánto he dicho...!


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Historia 2:

Cartas de amores inconfesos...


Has de saber, amiga querida, amiga, que el día de ayer me quedé con mi palmo de narices paseando por la Plaza de la Constitución, y decido echar un vistazo al Sagrario Metropolitano de la Catedral homónima, esperando verte salir de misa o acaso llegar después de concluida ante esa llamada a la fidelidad del Alto Señor, pero me dejas con un sinsabor de nada en la boca, que sólo desea llenarte de besos, por el incumplimiento a nuestra cita amorosa...

Por el momento no deseo decirte más, pues es más mi agrura que tu dulzura, y que estas líneas conmuevan tu corazón, para saber si, aparte del Amor al Creador, te queda algo más para un hijo de su Creación Misma; es decir, un ser hecho a su imagen y semejanza...

Aguardo respuesta, triste y con pena de amor no cubierta...


Pese a todo, tuyo en ese corazón y sentimientos que, aunque pequeño, todo acomodo en esa cavidad cómo mejor puedo y lo concentro dentro de tu pensamiento...


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Historia 3:

Contestación a carta de amores inconfesos...


Querido amigo:


¡Quita esa tristeza!

Ya decía yo que, mi Santo Varón se ha echado para atrás, puesto que no te diviso por ninguna parte, quizá camino en sentido opuesto...


No, no estaba en misa; en verdad que, en tanto no llegas o no te veo por ningún lado, aprovecho el momento para constatar que, en efecto, el Sagrario Metropolitano es esa construcción adosada a la derecha de la Catedral.

Pero como siempre me llevas la contraria, y el ser un remiso de derechas, tengo qué conformarme explicando a un extranjero norteamericano o canadiense; inglés o irlandés...


¡Qué sé yo!, que me pide, de manera amable, le explique las representaciones barrocas que ostenta esa parte de nuestra amada construcción.

Y, haciendo de tripas corazón, entre su mal español y mi nada de inglés, comento que, ese estilo se encuentra en pleno auge cuando se edifica en tezontle rojo y cantera blanca por el arquitecto Lorenzo Rodríguez hacia finales del siglo XVIII...


Bueno, para qué te sigo diciendo eso, cuando esperas mi disculpa amorosa...

¿Pero, no es, al contrario, amigo querido...?


Has de saber que el recorrido concluye con una invitación a comer y a beber unas gaseosas, pues el turista llamado... ¿Ander? ¿Ender? ¿Humber?

Cómo haya sido su nombre, me invita a seguir paseando hacia la Alameda y a tomar fotos de ese lugar...


¿Sabes Algo...?

En verdad te extraño, pero se pasa rápido esa sensación, sobre todo al ayudarle a deletrear en español cuanto me pide.


Y, la verdad, ese extranjero resulta tan divertido como tú... y hasta cierto punto, más que tú...

Pero, debido a mis convicciones de mujer respecto a consumir lo que el país produce (tú, sólo tú), hago una pequeña excepción en esa regla nacional, y hasta empiezo a fraguar una idea, un tanto loca:


¿Por qué no mejorar las razas...?

Has de saber que, quien se encuentre delante mío, es tu cara y cuerpo el que me arroba, pero haciendo abstracción de la persona real que se encuentre en mi compañía, es otro, aunque sin cabida en este pequeño corazón, que sabes bien, cuánto late por ti, aunque palpite con otro ser que no sea el amigo querido del que siempre pienso, aunque haga distintas cosas mientras te pienso...


Corazón Espinado:

¡Cuídate mucho, y ya...!


CONTINUACIÓN

HISTORIA 4:

QUERIDO ABISAEL

22. Dezember 2021 20:00 0 Bericht Einbetten Follow einer Story
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