A
Anyela A.R


SIPNOSIS Corbin Hunt, chico malo y perdedor, tomó solo una inteligente y desinteresada decisión en su triste y arruinada vida, alejarse de Sienna Green. Sienna y él tuvieron un encuentro de alucinante sexo... pero Corbin sabia que no era lo bastante bueno para ella. La amaba tanto que estaba dispuesto a dejarla ir. El hecho es que en el mundo de Corbin y un pasado oscuro no hay lugar para la dulce Sienna Green. Ahora sus mundos están a punto de chocar y con ellos también lo son los secretos y las mentiras. Sienna y Corbin tendrán que luchar por lo que quieren... _______________________________________ (Está totalmente prohibida su reproducción, plagio, adaptaciones, etc sin el consentimiento del autor.) No olviden seguirme para que no se pierdan ninguna actualización 😊 y no olviden apoyerme con un ME GUSTA. 😊⭐


Romantik Junge Erwachsene Romantik Alles öffentlich.

#romance #Drama
8
265 ABRUFE
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Capitulo 1: CINCO AÑOS ANTES.

Capitulo 1



CORBIN.



CINCO AÑOS ANTES.



Nunca había visto unos ojos tan hermosos hasta que la vi salir de aquel auto; con ese vestido corto de verano. El viento agitaba su largo cabello rojo como la sangre, llenos de preciosos rizos. Pero esa sonrisa fué la que me dejo sin aliento y entro como un rayo de luz en mi oscura y miserable alma. No la había visto por el vecindario, pero entonces, estuve fuera de casa más de dos meses y apenas llegue anoche, y me preguntaba quién viviría al lado.


Al ver con quién se divertía tanto mi alegría murió, era un hombre mayor, bien vestido.


—¡Oye, pero si eres un tramposo!. —dijo riendo. Sentí celos al instante. Su dulce voz era como una suave melodía en un susurro. Caminó hasta él y lo abrazó.


—Mi pequeña niña no sabe perder. Ven vayamos a contarle a tu madre quién es el mejor comiendo donas.


—¡Oh, papá!. —dice aún riendo mientras menea la cabeza. Para mi gran alivio solo era su padre, pero estaba seguro como el infierno que quería conocer a aquella dulce chica de cabellos salvajes.


Cuando iban pasando por el frente de mi porche, cojo mi guitarra y comienzo a tocarla, necesitando llamar su atención. Ella sin dudar voltea a verme con una sonrisa deslumbrante. Era una niña para mí y acercarme a ella estaría mal en mucho sentidos pero, demonios tenía que hacerlo.


Mi dicha dura poco cuando su padre la aparta de mi vista, aún así no pienso rendirme con ella, aunque sabia que tenía que mantenerla lejos de mi oscuridad.





Ya había pasado una semana desde que la vi, debido a que tuve que salir de la ciudad por trabajo. Pero tenía tanta mierda encima en estos momentos que, entro a mi casa dejo mi bolso en el suelo y vuelvo a salir, necesitaba distraer mi mente y hacía buen sol.


Subo ha mi camioneta fortuner de un salto y me pongo tras el volante... salgo a la carretera y me dirijo a las afuera de San Diego, a una playa que era muy poco frecuentada.


Al llegar aparco lo más cerca posible del agua. El Mar se veía hermosamente tentador y con el sol brillando sobre su superficie ondeante, fué toda la motivación que necesite para salir de la camioneta; quitarme la chaqueta de cuero y la camisa negra y arrojarla en mi asiento, me quito mis botas de combates y las dejo a un lado.


Camino hasta la orilla de la playa sintiendo la arena caliente deslizándose por mis pies.


—¡Hola!. —escuchar su cálida voz salir de la nada me dió un susto tremendo y no soy un hombre de asustarse fácilmente. Volteo para verla y ahí estaba ella, luciendo solo unos diminutos pantalones cortos que la hacían lucir... Dios ayúdame, esas piernas eran infinitas y mostraba una preciosa piel blanca. Tenía unas sandalias y, Dios mío, solo tenia puesta la parte de arriba de su traje de baño de color rojo, no llevaba camisa, solo una toalla sobre sus hombros.


Su mirada tímida viaja por mi cuerpo y siento como me quema en el proceso.


—Hola, no sabía que estabas aquí.


—Bueno, de hecho acabo de llegar. —levanta el brazo y señala algo a un lado, sigo con la mirada su brazo extendido y veo el auto de su madre a un lado, ¿Cómo es que alguien que no tiene la edad suficiente para conducir podía andar por hay sin más?, Continua hablando—. Hacía buen tiempo y... bueno aquí estoy. —si, es obvio que estaba aquí y luciendo jodida e increíblemente hermosa—. Tranquilo no te molestaré, solo me pondré en algún lugar y listo —dice al ver que yo aún no digo nada. Salgo de mi estado idiota y la miro directo a sus ojos grises.


—No pasa nada, puedes quedarte cerca y hacernos compañía. —frunce el ceño y eso hace que se vea aún más adorable. Nos señalo a los dos, ella sonríe y asiente.


—Por cierto soy Corbin Hunt. Somos vecinos, lamento no haber estado aquí cuando se mudaron. Estaba fuera de la ciudad por cuestiones de trabajo. —me mira confundida y es entonces cuando caigo en la cuenta de que ella piensa que soy nuevo y no al revés—. ¿Pensabas que soy nuevo?. —se ruboriza al instante, parece avergonzada.


—Si. Bueno es que no había nadie en la casa de al lado, igual solo llevamos aquí un mes, mas o menos. Mi nombre es Sienna, Sienna Green —dice, la veo caminar más allá de mi camioneta, tiende su toalla en la blanca arena. Es tan indiferente, es como si yo no existiera, me ignora por completo. Eso nunca me había sucedido, las mujeres no solían ignorarme. Se quita sus sandalias y nada más, luego camina directo al agua y las pequeñas olas que llegan a la orilla le mojan los pies, comienza a meterse en ella. Su hermoso cabello rizado cae sobre su espalda hasta su lindo trasero en forma de corazón.




(####)




LA ACTUALIDAD.



SIENNA.



Pensar que las cosas podrían ser peor era quedarse corto. Aquí estaba yo, tratando de alcanzar una estantería para poder colocar los nuevos vasos de vidrios que habían llegado, nunca pensé que mi estatura (1,59) llegaría a ser un problema… hasta ahora.


Tara me había asignado organizar todo el bar, aunque sentía que lo hacía más que todo por venganza, aunque desconocía el motivo.

Llevaba trabajando en el nuevo restaurante casi un mes, me había mudado de san Diego a san Francisco al rededor de un mes y medio.


—Baja de ahí ahora mismo, antes de que puedas romper algo que no esta en mi presupuesto de daños extras. —esa voz alguna vez me pareció tan cálida y segura. Nada que ver con la que se ha convertido ahora. Lo miro por encima de mi hombro y lo veo allí parado, luego bajo la mirada a mis pies, y creo saber a que se refiere. rápidamente bajo del pequeño banco que he tomado para poder llegar hasta aquí arriba.


—Lo siento, señor. Tara me ha mandado a terminar esto. —«¡Mi tamaño nunca ha sido un impedimento para realizar mis trabajos, idiota!» es lo que me gustaría poder gritarle al idiota. En su lugar me quedo callada. Él me observa un segundo.


—Ve ha la cocina y ayuda a Ian. buscaré ha alguien más para que termine esto.


—P-pero...


—Pero, nada. ¿Acaso eres sorda? Haz lo que te digo. —no espera que le de respuesta alguna y se marcha. Camino a la cocina indignada por como el gran capullo me trataba ahora, entiendo el hecho de que cambie en los últimos 5 años. Físicamente ya no era igual a aquella niña que había dejado atrás al marcharse. No siempre fué un ser así de despreciable; una persona que parecía no tener sangre en las venas ni un corazón latente en ese cuerpo que parece no tener alma.


Cuando vine a san Francisco buscándolo no sabía ha que tipo de cambios me enfrentaría, pero definitivamente no era este el que esperaba.


—Hola, Ian. Corbin-idiota-Hunt me envío a ayudarte aquí. —Ian levanta la mirada, me da una de sus sonrisas cálidas, del tipo amable.


—¡Genial! ¡Porque necesitaba ha alguien para que pruebe mi nuevo platillo!. —supongo que los chef nunca dejan de crear comidas extrañas. río y me acerco a él.


Pase el resto de la mañana en la cocina con Ian.


—Necesito que me heches una mano atendiendo las mesas, Maddie. Es que no tengo mucho personal hoy, Susan esta enferma y Luisa tiene el día libre.


Giro y veo a José que me pone cara de suplica.


—Si, Claro.


—Bien. Siento robártela, Ian.


—¿De verdad lo sientes?


—No.


—Eso pensé.


—Toma. —me dice José pasándome un delantal con bolsillos al frente, me lo ato a la cintura y acomodo mi cabello—. Gracias, nena. Te debo una.


Sonrío y salgo al abarrotado restaurante, es entonces cuando me percato que no se que lugar me toca.


Volteo.


—José, no se...


—Ala derecha, nena.


—Gracias —sigo mi camino y voy a la primera mesa. Donde esta una pareja de ancianos. Saco del delantal el blog de notas y el bolígrafo.


—Buenas tardes, yo soy Maddie. Y voy a tomar sus ordenes —les dedico una sonrisa. Ellos me observaron, la primera en hablar es la mujer, que sonríe.


—Que linda eres.


—Gracias. —le sonrió a la dulce señora.


—Bueno, querida, vamos a querer; arroz, pescado a la plancha, ensalada cesar y vino tinto.


—En un momento se los traigo. —voy rápidamente a la cocina dejo la orden y vuelvo a salir. Así me la paso parte de la tarde y de la noche. De un lado para otro.






(####)









CORBIN.




Me encuentro sentado en mi escritorio cuando escuchó esa risa. Esa que nunca podría sacar de mi cabeza aunque quisiera. Mis entrañas se contraen y un escalofrío pasa por todo mi cuerpo. Me levanto y salgo de mi oficina, caminó directo ha la cocina.


Abro la puerta y allí está ella, riendo a carcajadas con los brazos cruzados en su estomago, lágrimas en los ojos a causa de tanto reír. Miró a Ian con el ceño fruncido, ¿Porque demonios está lleno de harina? Él me ve y rápido deja de reír.


—Lo siento, señor. Trataba de bajar la harina de la estantería y me cayo en cima.


Estaba jodidamente seguro cómo el infierno que no quería que él la hiciera reír. Su voz, su risa y su forma de ser, me recordaba tanto a ella, incluso en su pequeña estatura, pero ella tenía el cabello rojo escarlata, me hacía pensar en la sangre. Maddie, por otro lado, lo tiene negro azabache. Sin embargo, el color de sus ojos eran parecidos. Su apariencia era más frágil, del tipo que te hacia querer cuidar de ella. En cambio Maddie, es todo lo contrario... fuerte, segura y decidida.


—Ian, recoja este desastre y límpiese —doy la vuelta y salgo de allí lo suficientemente rápido, necesitaba tomar aire.


Entro en mi oficina y cierro con un fuerte golpe la puerta. No podía seguir confundiendo las cosas o me volvería loco. Estoy tan sumido en mis pensamientos cuando un suave toque en la puerta me trae de vuelta a la realidad.


—Adelante. —digo cabreado. Tara entra balanceando sus caderas, ella tenia todo lo que a mí me gustaba de una mujer; es alta, rubia, con un cuerpo de Barbie y grandes tetas increíbles.


Aunque Sienna era todo lo opuesto, pequeña, sus curvas se detenían en sus caderas y se anchaban haciéndole lucir un lindo trasero, sus tetas no eran pequeñas, era lo que todo hombre quisiera tener entre sus manos. Ella para mí era más que sólo sexo. Su piel suave y nívea, su mirada inocente y esa sonrisa que provocaba pasar horas escuchándola, su aura pura era un canto de llamado a mi oscuridad.


—¿Corbin, quiero saber porque me desautorizaste y mandaste a Maddie a la cocina con Ian, ayer?. —respiró hondo para no tener que gritarle y recordarle quien coño era el jefe aquí.


Creo que Tara comienza a confundir nuestras folladas con algo más, algo que le de el derecho de irrumpir en mi oficina y hablarme de esa manera. Tenía que calmarme, ella es la supervisora del personal en el restaurante y era buena en lo que hacia.


—Tara, necesitaba a la chica en la cocina. Porque en el Bar era innecesario su presencia.


—Podrías habérmelo dicho antes —hace pucheros, eso era un claro indicio de que algo le molestaba o... tenía celos.


—¡Tara, ven aquí!. —digo con voz de mando. Ella obedece en seguida.


Camina, rodea la mesa y se para a mi lado.


—¡Quiero tu boca ahora!.


—¿Donde la quieres? —baja su tono de voz a uno que según las mujeres; vendría siendo uno sexy, me hago el idiota, eso siempre parece gustarle.


—Donde desees ponerla —su mirada rápidamente se cambia a una traviesa. Se agacha hasta quedar arrodillada entre mis piernas separadas. Levanta la mirada y me mira.


—La quiero aquí —dice señalando mi ya hinchado y duro pene. No la detengo, dejo que haga lo que quiere, porque yo necesito liberar algo de tensión acumulada.


La veo desabrocharme la bragueta de los vaqueros, y bajarlos un poco, lleva sus manos al borde de mi boxers y lo baja también, dejando a la vista mi miembro. Sin pensarlo mucho la coge por la base firme en sus manos, acerca sus labios y besa la punta de mi pene. Abre la boca y se lo introduce todo hasta la garganta, puedo sentir las arcadas que hace.

Tomo su cabello y enredo mis dedos en ellos para empujarla más hacia adelante, mientras echo la cabeza hacia atrás y me relajo.


5. September 2021 18:46:25 0 Bericht Einbetten Follow einer Story
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Lesen Sie das nächste Kapitel Capitulo 2: —No. Puede marcharse.

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