angelazuaje22 Angel Azuaje

Almodis y su familia navegan en busca de un nuevo destino, alejados del sistema monárquico del siglo XI. Pero el destino le demostrará las dificultades de ser los únicos sobrevivientes en un paraíso terrenal.


Drama Nicht für Kinder unter 13 Jahren. © Todos los derechos reservados

#relato #Drama #
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255 ABRUFE
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El Coca, con su casco redondo de veinte metros de eslora, la manga de diez metros, y de velas cuadradas; navegaba por los mares desconocidos para una pequeña tripulación quien tenía como capitán a Almodís Ansúrez, un hombre alto, corpulento, de rasgos fuertes, y ojos oscuros, además padre de una niña en la orilla de la pubertad, un hijo dos años mayor que su hermana, y un afán de proporcionarle un mejor porvenir a su familia, decidido compró la embarcación a un comerciante que estaba fatigado de navegar y eludir piratas por los mares nórdicos.


Almodís Ansúrez igual que su esposa Guísela Silva, una mujer con exquisito gusto de la moda, y un extenso conocimiento cultural, refinada y siempre dispuesta a apoyar a su amado; provenían de familias acaudaladas, no de la élite del reino, pero tampoco del ámbito de los plebeyos. Con un futuro prometedor, con herencias de tierras, apellidos respetables y con influencias en el reino. Esta envergadura había sido la mayor locura que emprendieron en su vida. Dispuestos a conquistar tierras sin ser conquistadores. Entregados en erigir empresas de prosperidad sin tener que recurrir a una herencia o a las demandas de la burocracia de la monarquía. Porque en el fondo de las ideas de Almodís estaba el miramiento de la sublevación de dicho sistema de gobierno.


Él aseguraba que aún había tierras sin habitar, territorios que ni los vikingos habían alcanzado. Este pensamiento le turbó la idea. Cómo se le ocurrió que conseguiría tal hazaña contando solo con una refinada y bella mujer, una adolescente preocupada por el cambio en su cuerpo, y un imberbe sin experiencia de ningún tipo, más allá de la galantería de cortejar a jovencitas de la edad de su hermana, pero aquellas aptitudes poco le serviría, al menos que a las tierras destinada solo se hallara habitadas por muchachitas dispuestas a sucumbir a los encantos de un seductor invasor. Sin embargo era demasiado tarde, ya estaban en mar abierto y había pasado dos meses desde que zarparon, alejándose de un futuro seguro de abundantes riquezas, ahora acercándose aun futuro incierto y tal vez inseguro copioso de miserias.


Aunque las provisiones estaban lejos de ser agotadas. La cordura de Guísela y Casilda, estaban siendo enervadas por el encierro donde el mar eran los barrotes de la celda. La aprensión de no conseguir pronto suelo, las hacía imaginar escenas donde llegaban a comerse unos a otros, o donde cada uno de ellos en la locura por haber bebido agua salada se lanzaban de la proa porque a solo metros, con el esfuerzo de algunas brazadas llegarían a una isla, pero la cual nunca alcanzaban, nadando por un tiempo absurdo al borde del entumecimiento de los músculos. Y darse cuenta, ya demasiado tarde, que se encontraban en medio del océano ahora sin embarcación y una isla que solo existía en su locura.


Pero Almodis tranquilizaba a las dos mujeres. Prometiéndoles que eso nunca ocurriría, sin dar motivos o argumentos, solamente con el don de una voz segura y convincente.


El Coca tres días después se estaba acercando a una isla, y no se trataba de un sueño o alucinación como lo habían temido madre e hija. Y al parecer estaba desierta, pero aquello no tranquilizaba al capitán de la embarcación. Almodis había dispuesto desde su partida algunas armas de guerra, el comerciante y anterior dueño del Coca había sugerido que llevase algunos guardias para que defendieran el barco de posibles piratas, pero Almodís Ansúrez desistió de aquella advertencia, no del todo, accedió a las armas que el comerciante de especie les había referido de un vendedor especialista en tales utensilios eficaces para asesinar.


Aún por suerte, esperando que siguiera siendo de esa manera, no habían utilizado más que las hojas de filo entre los utensilios de cocina para cortar verduras. Lo más cercano que usaban a objetos de guerra era las cotas de mallas, prenda que solían utilizar los hombres inducidos a la guerra. Era agotador sobre todo para Guísela y Casilda usar aquella prenda impropia en las demás vestiduras que cubrían sus delicados cuerpos. Encima de la camisa de seda sin mangas, y debajo de la sobreveste confeccionada hasta la altura más arriba de las rodillas, como las de los hombres, —modificadas debido al calor—, la cota de malla igual sin mangas, sofocaba los cuerpos de las aparentemente frágiles mujeres, pero sin saber el momento de una posible lucha contra piratas, era mejor aguantar aquella tortura. Además desistieron de usar sayas, pellizón o también llamados brial, prenda que solían usar ajustada a sus cuerpos, y un ceñidor en sus delgadas cinturas. Eran días calurosos, y no era necesario exhibir exuberante distinción, puesto que no había plebeyos ni otros nobles aparte de ellos mismos. En cambio Ramiro en ocasiones sofocado por el calor dejaba usar prenda alguna en su torso y solo vestía un pantalón de lino fino, para su madre aquello era una insolencia hacía ella misma y su hermana menor. Pero en el fondo Casilda deseaba en momentos como aquellos habitar un cuerpo varonil para hacer lo que su madre decía ser una insolencia.


Al llegar a la isla podrían encontrase con la hostilidad de los nativos. Así que Almodis mandó a que tuvieran la mejor arma que consideraran manejable, dagas, sables, espadas de doble filo, lanzas, ballestas, arcos. Cada una con un solo objetivo, matar al enemigo. Si la hostilidad se presentaba, ellos, atacarían así no supieran como hacerlo. Fue una locura, pensaban todos, y se preguntaban que habían hecho para estar en tal situación, cada uno de ellos se dijo así mismo en sus pensamientos: «los mayores estúpidos del planeta somos nosotros». «Qué manera de desperdiciar una vida de placeres y comodidades aseguradas» dijo una vez Guísela a su esposo.


Todos habían escogido un arma, Almodís fue el último en elegir la suya, puesto que se encontraba echando el anclas. Casilda la más pequeña del grupo había tomado una daga, le pareció liviana y con ella podía, pensó, defenderse mejor que con cualquiera otra; Ramiro escogió el arco, era un arma en la que ya se había familiarizado antes de emprender el viaje, pero seguía siendo un total inexperto en aquella y en cualquiera de la que estaba a su disposición; Guísela empuñó una daga, el motivo fue que le asemejó elegancia y no como a su hija que le había parecido practica; por último Almodís quien sostenía ya la espada doble filo de un acero bellamente acabado.


En el bote ya todos abordos, el cual empezaba a acercarse a la isla y al mismo tiempo se alejaba de El Coca, Casilda y Guísela comenzaron a temblar de los nervios. Ramiro estaba entusiasmado con una flecha ya lista en el arco como un pistolero con los dedos rozando el gatillo. Almodís remaba.

20. April 2021 20:31:29 0 Bericht Einbetten Follow einer Story
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