nefilimsoul Nefilim Soul

"Yuri, era menor a nosotros tenía siete años, era tan bonito, tan llamativo, que resultaba imposible no seguirlo con la mirada...Beks y Yuri se iban juntos a casa a la salida de clases porque vivían a pocas cuadras de distancia, como consecuencia, la amistad entre los dos se hizo más estrecha...Esos días que faltamos a clase nos enteramos por las noticias que lo habían raptado días atrás, pero la policía no lo había encontrado ni vivo ni muerto, únicamente desapareció, justo como los otros chicos..." Fragmentos de Sweet Dreams. Nefilimsoul.


Fan-Fiction Anime/Manga Nur für über 18-Jährige.

#terror #muerte #fantasmas #gore #pesadillas #fanfiction #monstruo #yoi #otayuri #wendigo #yuriplisetsky #otabekaltin #premoniciones #otario
Kurzgeschichte
4
168 ABRUFE
Abgeschlossen
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Sweet Dreams



Sweet dreams are made of this

Who am I to disagree

I travel the world and the seven seas

Everybody's looking for something

Some of them want to use you

Some of them want to get used by you

Some of them want to abuse you

Some of them want to be abused




Soltó el aliento tembloroso, sintiéndose aliviado de inmediato.


Había logrado cruza el pasillo que obligadamente tenía que recorrer cada día para llegar a su departamento.


No podía volver a respirar con regularidad hasta que no veía la puerta asegurada, con el pestillo puesto.


Respiró profundo tratando de tranquilizar su respiración, con la frente recargada sobre la puerta cerrada. Al menos esta vez había logrado escaquearse temprano de sus compromisos en la universidad, no tendría que salir de nuevo, y sus entrenamientos empezaban dentro de dos meses.


Ni siquiera quería imaginar la tortura que serían las vacaciones. Sus amigos irían a visitar a sus familias y le dejarían solo, por dos semanas... Completamente solo para enfrentarse al maldito pasillo.


Su pensamiento fue interrumpido por el sonido de la puerta de uno de los departamentos vacíos siendo azotada. Dio un respingo. Apretó los puños y cerró los ojos por instinto. Oyó las pisadas arrastrándose con pesadez por la alfombra rojiza, tapizada con líneas onduladas que se entrelazaban en ciertos puntos, semejando pequeños ríos sanguinolientos.


Los latidos de sus corazón se aceleraron de nuevo, la opresión en su esternón se acentuó impidiendo el trabajo de sus pulmones. En su nuca se presentó el esperado toque frío desatándole un estremecimiento que cimbró todo su cuerpo.



Jadeó quedando petrificado, cuando el toque siguió el mismo camino que recordaba de niño. Smejaba pequeñas arañas de hielo bajando detrás de su cuello, se extendían por su espalda para después retomar su camino hacia el centro, e inyectar ese veneno helado en cada terminal nerviosa de su columna vertebral; enseguida continuaban hasta llegar detrás de sus piernas paralizándolas por los tobillos y encontraban la trayectoria de regreso hasta el nido detrás de su cuello.


-Los perros huelen la muerte...- Escuchó una voz infantil susurrarándole tras el oído derecho. Un susurro apenas perceptible.


Abrió los ojos asustado, todavía con la frente en la puerta observó por la rendija debajo de ella la sombra de los pies que se pararon enfrente. Notó las lágrimas agruparse en sus ojos, nublándole la vista; el nudo que atenazaba su estómago subió lentamente retorciéndose, haciéndose más apretado hasta llegar a su garganta. Los músculos estaban contraídos al punto de sentirlos hormigueando por la tensión, el temblor inicial no cesaba.


"No, no, no. Otra vez no, por favor", rogó internamente.


Escuchó el aullido bajo de un perro en el exterior. Un aullido desgarrador, a la par que el escalofriante sonido de la madera de la puerta siendo lastimada por un arañazo lento, intimidante, que hacía crujir cada astilla al ser arrancada de su posición, cortando de extremo a extremo.


Dio apenas un paso atrás, titubeante, sintiendo las piernas engarrotadas.


Otro aullido, más sonoro, más descarnado, que al instante le hizo curvar la espalda por la contracción al sentir pequeños calambres dolorosos, como si pequeños ganchillos de tejer se enterraran en cada disco desde la cintura hasta la nuca.


Soltó un sollozo desamparado, las lágrimas ya brotando traicioneras mojándole el rostro.


-Los perros huelen la muerte...- Otro susurro infantil a su derecha.


Apretó los ojos sintiéndose mareado, los latidos del corazón ya le tronaba en los oídos. Las manos le comenzaban a doler por la fuerza con que las apretaba en puños.


"¡Basta, basta... Ya no, ya no más!", gritó para sus adentros dejando salir otro sollozo.


Un tercer aullido. Más largo, más agónico... La madera crujiendo... El escalofrío... El ahogo.


Terminado el tercer aullido el arañazo paró.


Se vio sumido en un silencio absoluto, incluso parecía que los sonidos de la ciudad hubieran parado, únicamente estaba el resoplar de su propia respiración entrecortada.



Abrió los ojos, pestañeó para aclararse la vista nublada e inmediatamente la bajó hasta la rendija de la puerta donde solamente se colaba el reflejo luminoso de los rayos solares del las enormes ventanas en el corredor.


Captó por el rabillo del ojo la silueta de un pequeño niño de cabello rubio y corto, parado a un costado del ventanal, frente a las cortinas corridas. Torció rápidamente el cuello provocando dolor en la zona, pero, al fijar los ojos... No había niño.


Girando el cuerpo lentamente recorrió todo el espacio. Nada.


Se acercó al ventanal moviendo con manos temblorosas las cortinas blancas sin encontrar rastros. Le punzaba la cabeza por el llanto y la tensión anterior, cerró los ojos y se dejó calentar momentáneamente con el calor solar que se filtraba a través de los vidrios.

Los abrió de nuevo al escuchar el rechinido de una puerta abrirse con lentitud. Otra vez, los pequeños tentáculos helados descendieron desde su nuca con el mismo comportamiento anterior. Iba a apretar las manos en puños cuando sintió el ardor en la palma, encontrándose con que sangraban por las heridas en forma de media luna que sus propias uñas habían causado al enterrarse.


Notó de reojo la sombra del niño correr en dirección a su recámara y cerrar la puerta azotándola. Se dirigió ahí, sigiloso... Hacía años que no le veía.


Abrió la puerta y entró, revisando palmo a palmo con la mirada... Nadie.


-Los perros huelen la muerte...- Un nuevo susurro tras su espalda.


Se giró de golpe.


-¿Yuri?- Preguntó con un susurro tembloroso.



Sintiéndose dudoso de estar reviviendo escenas de antaño.


No recibió más respuesta que el chasquido de la nevera encendiéndose, seguido del tintineo de las argollas de la cortina del ventanal siendo arrastrada. Al dirigirse nuevamente ahí, todo estaba en su lugar.


-¿Yuri...E-eres tú?-. Insistió cada vez más nervioso.


Escuchó un ligero golpecillo en el ventanal, como el choque de una piedrecilla. Luego, otro y otro, otro más. Se dirigió a revisar.


Justo al colocar la mano para abrir la manija y salir al balcón, un objeto grande fue arrojado sobre el vidrio haciéndole gritar. Con el corazón desbocado por el susto, abrió sus ojos con horror al notar que el objeto estrellado era una paloma blanca que se retorcía moribunda en el piso del balcón.



No obstante, la razón de que se abrazara a sí mismo y gimiera con verdadero pánico fueron las letras formadas por la sangre del animal que escurría en el ventanal:


W...R ... I... T... L... Ö


-Reza...- Un susurro infantil ahora en su oído izquierdo.


-Reza...- Otro susurro en el derecho. Cerró los ojos y cayó de rodillas temblando.


-Reza...Héroe.- Un susurro más, justo detrás de él, al tiempo que dos manos pequeñas se posaban sobre sus hombros y se retiraban lentamente, dejando un trayecto helado sobre sus hombros.


Trató de recordar una oración, la que fuera, pero su cerebro no le respondía. Eso, hasta que su móvil vibró repetidamente sobresaltándolo.


Dudoso, lo sacó del bolsillo del pantalón para verlo encenderse notificando la entrada de un mensaje de voz con número desconocido. Activó el ícono para escucharlo en altavoz, instintivamente dirigió su vista a la paloma retorciéndose todavía moribunda que le devolvía la mirada fijamente.



El susurro infantil se oyó de nuevo ahora en el altavoz:


-Sancte Michael Archangele, defende nos in proelio, contra nequitiam et insidias diaboli esto praesidium... Imperet illi Deus, supplices deprecamur: tuque, Princeps militiae coelestis, Satanam aliosque spiritus malignos, qui ad perditionem animarum pervagantur in mundo, divina virtute, in infernum detrude. Amen-. El mensaje terminó.


Empezó a llorar otra vez, angustiado.


Sollozó fuertemente, sintiéndose desvalido al escuchar el ruido del picaporte de la entrada principal siendo forzado para entrar. Se arrastró presa del pánico hasta la pared opuesta, enroscándose en sí mismo en el piso, como niño pequeño asustado.


La puerta se abrió con el tintineo de un ruido de llaves incrementado su terror, se apretó más, soltando en gritó para sus adentros.



-¿Beks?...¿Beks, qué te pasó?-. Distinguió la voz de Leo, pero no hizo amago de moverse de su posición. El otro insistió: -¡Madre santa! Beks, mírame, hey, soy yo, Leo. Mírame, hermano, me estás asustando-. Sintió la presencia del chico que se hincó para abrazarlo.


Poco a poco, fue retomando el control de su cuerpo, sintiéndose dolorido, entumido, estremeciéndose del estrés. Leo le levantó, manteniéndolo rodeado en un abrazo. Lo llevó hasta su recámara y le ayudó a recostarse.


-¿Tomaste tu medicamento?- Preguntó el recién llegado, a la par que retiraba los mechónes húmedos que le caían sobre la cara. Él asintió levemente. -Voy a traerte una taza de café-. Anunció.


-No te vayas-. Pidió en voz baja.


Leo le miró con los ojos entrecerrados. -Bien, pero necesito que me digas qué te pasó, estás blanco, Beks, pareciera que hubieras visto un mue...- Lo interrumpió antes de terminar la frase.


-Yuri... Vi a Yuri... Aquí, en el departamento-. Sostuvo su mirada. Notó el momento preciso en que lo ojos de Leo se abrieron desmesurados y su cuerpo tembló al ser atravesado por un escalofrío.


-¿Estás hablando del mismo Yuri que veías de niño?-. Asintió como respuesta.


-¡Jesucristo bendito! Pero... ¿porqué? ¿porqué ahora? ¿qué te dijo?-. Inquirió nervioso.


-Reza...-. Surró.


Luciendo azorado tras su respuesta, su amigo se abrazó a sí mismo y apretó el rosario que siempre cargaba en su pecho.


Otabek procedió a contarle a detalle lo sucedido.


Ya le había enterado previamente de su incomodidad al atravesar el pasillo, específicamente al acercarse a la puerta con el número 217. Era un departamento vacío desde hacía diez años y no se había ocupado desde entonces, según las palabras del arrendatario.



No sabía cómo explicar la sensación desagradable que le provocaba el sitio, nunca había visto algo claramente, pero, la opresión, el ahogo, la picazón en la nuca al sentirse observado, y esa niebla oscura que parecía rodear la entrada del lugar; como una sombra perpetua que tragaba cualquier haz de luz que se acercara.


Sin embargo, hoy... Hoy todo había sido diferente.


Despertó bruscamente de una pesadilla que le hizo levantarse dos horas antes de que sonara su alarma impidiéndole volver a dormir, sentía un adormecimiento ligero en el cuerpo que le mantenía vibrando.


Las imágenes de un lago solitario, rodeado de un espeso manto de nieve, cuya única compañía era un abedul ajado por las inclemencias del invierno, llegaron a su mente.


En el sueño, al acercarse a la raíz del árbol, ésta se dividía en tres troncos. En el centro de la unión se observaba un agujero ancho, profundo, cubierto por una inusual oscuridad que se tragaba todos los haces de luz incluso en el borde. Se escuchó un ligero chapoteo en el agua y se giró rápidamente esperando ver algún pez saltando para atrapar cualquier insecto, pero no encontró huella alguna, ni siquiera las ondas características de la irrupción acuática.



Volvió su vista a las ramas que emitieron crujidos disconformes por el peso de un pequeño grupo de palomas blancas que, sigilosas, se habían posado encima. Ni un solo batir de alas, ni un solo zureo anunciando su arribo.


Una seguidilla de chapoteos le hizo volver nuevamente la mirada al lago, donde se asomaba la cresta de cráneos cubiertos por mantos blancos, apenas notándose la cuenca de los ojos a través de la humedad. Las figuras permanecieron estáticas, sumergidas, paralizándolo de miedo con sus pozos oscuros veladados fijos sobre él.



Empezó a caminar lentamente hacia atrás buscando alejarse de la orilla cuando el "plop" de una gran burbuja al romperse se oyó cerca, las cabezas retrocedieron hundiéndose al instante, dejando solamente las ondas del movimiento en la superficie.


Con reticencia, se acercó al centro del tronco, de donde había salido el sonido previo. El antes vacío agujero oscuro estaba a rebosar de un líquido espeso, púrpura, como la sangre coagulada. Otra burbuja emergió estallando al tocar la superficie, inundando el ambiente con un olor fétido, pútrido, a carne descompuesta... A muerte.


Las convulsiones de las arcadas le hicieron retrocede nuevamente con pasos temblorosos, se cubrió la nariz con la parte superior de su suéter, aunque el aroma ya se había quedado impregnado en el paladar y los senos nasales.



No despegó su vista del lugar, por lo cual, captó el momento justo en que la sangre cuagulada se desbordaba, pintando la nieve blanca.


De pronto, una mano descarnada, con garras enormes, salió de ahí mismo, afianzándose sobre uno de los troncos. Después otra de las manos se apoyó en el otro tronco; enseguida, se dejaron ver los antebrazos huesudos aun con trozos de carne colgando. Emergió por completo un ser enorme, cubierto por un manto que le cubría hasta los pies escurriendo de la sangre fétida.


El escalofrío de terror le paralizó, olvidándose incluso del asqueroso aroma al ver que el ser levitaba, inmóvil, sobre el mismo sitio, que no dejaba de supurar ríos de sangre que llegaban ya al lago cristalino entintando de rojo sus aguas.



De pronto, el ser levantó una mano descarnada extendiendo la palma y una de las palomas, obediente, se posó sobre ella; la otra mano la levantó señalándole con una de las enormes garras.


Jadeó negando automáticamente, asustado, entendiendo el mensaje.



Observó con horror el momento justo en que el ente estrujaba de golpe al ave entre sus garras, haciéndola estallar con un solo apretón, al tiempo que a lo lejos se escuchaba el aullido lastimero de un perro.



Gimió desesperado, con los gritos atorados en la garganta, cuando las gotas de la sangre de la paloma le mancharon la cara y la ropa. Al bajar su vista hacia el manto de nieve a sus pies, vio con ojos desorbitados la palabra formada por las gotas de sangre del animal. Palabra que le perseguiría hasta el último de sus días:


W...R ... I... T... L... Ö



Dejó a su compañero de cuarto tan afectado con el relato de su experiencia y del sueño, que enseguida lo apuró a preparar maletas para irse de vacaciones con él y el otro amigo, quien les había invitado de imprevisto a su casa de campo en Algoquin Park.



No le dió tiempo a replicar, arguyendo que no le dejaría solo, a merced de sabrá Dios qué cosas que le perseguían esta vez.





Durante el trayecto en carretera, Jean y Leo charlaban alegres de cuanta cosa pasaba por su mente tratando de distraerlo. Sonreía a medias de sus bromas, pero, sin participa. Era consciente de la mala compañía que estaba resultando, su mente no dejaba de enviarle en bucle las imágenes de lo vivido horas atrás.


No quería dormir, sin embargo, los efectos de su medicación le estaban adormeciendo rápidamente.



Pestañeó varias veces resistiéndose, en el último de ellos, ya con la bruma del sueño nublando su vista divisó en el borde de la carretera un niño, de cabello corto, rubio, sosteniendo un letrero blanco en su pecho y con enormes letras infantiles pintadas en rojo mostraba una sola palabra:


Reza


En su sueño la pesadilla del lago se repitió parte por parte, detalle a detalle, excepto por el final.


Esta ocasión el espantoso ser cubría parcialmente su cara con el mismo manto sanguinoliento dejando únicamente su boca expuesta. Boca cuyos labios lucían igualmente descarnados por los mordiscos que les daba con sus propias fauces largas y puntiagudas para después tragárlos, alimentándose de sí mismo.



Mientras levitaba engullendo ahora los pedazos de carne colgando de uno de los huesudos antebrazos, del lago salió un niño cubierto por un manto blanco que fue quedándose atrás descubriendo la figura del pequeño, era él, Yuri, quien caminaba lentamente con la ropa mojada hasta ubicarse sumiso dándole la espalda al ser y el frente hacia él con sus ojos verdes brillando.


El ente dejó de alimentarse de sí mismo y posó suavemente una de sus garras sobre la cabeza del niño casi cubriéndolo en su totalidad con sus uñas enormes.


Hizo el ademán de señalarlo con el índice con la garra libre al tiempo que estrujaba de un solo apretón el cráneo del pequeño haciéndolo estallar, tal como a la paloma del sueño anterior.



Los residuos de sangre, hueso, cerebro, cabello, ojos, salieron disparados en todas direcciones dejándolo a él salpicado de toda aquella mezcla. Algo de ello cayó sobre su ojo derecho impidiéndole la visión, al retirarlo con su mano temblorosa se percató de que era un pequeño trozo del cuero cabelludo con hebras rubias goteando de sangre.


El escalofrío de terror lo hizo cimbrarse de forma tan fuerte que incluso el nudo que atrapaba su garganta cedió dejándolo expulsar en un grito toda su desesperación:


- ¡Yuriii!-



Escuchó vagamente los gritos de Leo llamándole y un fuerte pitido de un claxon a su costado. Se despertó de golpe reconociendo poco a poco el entorno, respiraba agitadamente con el corazón retumbando en el pecho y oídos.


-Nos has metido un susto de muerte... Gracias a Dios no había mucho tráfico en la carretera sino no lo hubieramos contado... ¿Estás bien?- Preguntó Jean que lo miraba cauteloso por el retrovisor al igual que Leo torcido hacia atrás en el asiento del copiloto.


-Sí...yo... Perdonen, tu-tuve un mal sueño... Creo que fue mala idea que viniera, les estoy arruinando sus vacaciones-. Susurró.


-No digas tonterías, hermano, para eso te trajimos, también necesitas despejarte-. Dijo Leo tratando de calmarlo.


-Sí, Beks, no te preocupes, ya verás, mañana que lleguen las chicas cómo nos divertiremos un montón-. Comentó Jean.


Pasaron varios minutos con los tres viajeros en silencio hasta que el conductor habló de nuevo.


-Oye, Beks ¿Quién es Yuri? Gritaste su nombre entre sueños-.Inquirió sin dejar de verle insistente por el espejo retrovisor.


Abrió los ojos asustado, miró a Leo que le devolvió la mirada con la misma sorpresa. Apretó sus manos en puños para darse valor al hablar, pero el nudo que apretaba su garganta cada vez que se ponía nervioso le impidió emitir palabra.


-Yuri era un amigo del colegio cuando vivíamos en Estados Unidos, era muy cercano a Otabek-. Respondió Leo por él.


Le envió un mirada agradecida a la que su amigo contestó con una sonrisa triste.


Jean levantó la ceja dudoso observando la interacción entre ambos, apenas abrió la boca para volver a preguntar cuando Leo le interrumpió adivinando sus intenciones.


-Sé que tienes dudas... Pero mejor hablamos cuando lleguemos a tu casa ¿sí?, no es un tema sencillo ni para Beks ni para mi-.

-Okeeey... Aunque quiero que sepan que ya me dejaron más intrigado-. Respondió el otro dando fin a la conversación.


Al llegar aparcaron fuera de la propiedad que si bien lucía como una cabaña de madera, distaba mucho de ser una simple choza. Estaba llena de lujos, todo lucía nuevo, parecía recién remodelada.

El anfitrión comentó que su tío había sido legalmente dado por muerto después de haber desaparecido doce años atrás sin dejar rastro, se abrió el testamento y esa cabaña la había dejado de herencia para él. Agregó que su madre se había empeñado en remodelarla en cuanto recibió las llaves de la propiedad.


Mientras bajaban las maletas y se dirigían al rústico portal, les contó que en el ático se habían guardado todas las pertenencias de su desaparecido tío quien fue un trotamundos y publicaba libros sobre sus viajes.



La señora Renau, madre de Jean, le había confiado a su hijo que se topó con un montón de artículos extraños, esculturas, libros y hasta osamentas que seguramente eran parte de las reliquias acumuladas por su hermano François en sus viajes. Soltó una risa escandalosa al mencionar que su madre calificó los tesoros de su tío como "sacados de un museo para satánicos".


Al escuchar acerca de las osamentas, Otabek sintió un escalofrío tan intenso que provocó le castañaran los dientes, debió abrazarse a sí mismo para recuperar el control mientras Jean abría la puerta de la entrada.



Desde que dió el primer paso dentro del lugar una opresión en el pecho le sacó el aire de golpe, fue tan intenso que se sintió levemente mareado.


Las lámparas y la chimenea encendida iluminaban la estancia de forma acogedora, sin embargo reinaba una atmósfera densa, oscura, como si estuviera entrando a unas catacumbas. Se sentía observado, intimidado, no había retratos, ni esculturas en las paredes salvo una que otra pintura hecha por la madre de Jean, pero el ambiente opresivo era persistente.


Leroy los dirigió a la cocina y repartió cervezas, seguía hablando de los servicios con que contaba la casa que incluía un lago y bosque en la parte trasera que formaba parte de la propiedad, cuando sintió los tentáculos fríos recorrerle la espalda hasta casi hacerle atragantarse con el líquido de la cerveza.


Cambiando abrúptamente de tema JJ lanzó la inesperada pregunta que dejó paralizados a los otros dos:



-Ahora sí, cuéntenme, ¿quién era Yuri?-.


Fijó su mirada sorprendida en la de Leo, para después bajarla hasta la botella en sus manos.


-Hermano si no quieres hablar, Jean lo entenderá.- Susurró Leo.



Observó nuevamente a su amigo a los ojos con la esperanza de que captara el mensaje porque no se sentía capaz de hablar.



-Quieres que yo lo haga.- Contestó Leo entendiendo.


Afirmó con un movimiento.


Se dirigieron a la cómoda sala, en tanto Leo buscaba las palabras adecuadas para iniciar el relato:


-Beks y yo nos conocimos en el colegio a los diez años, cuando él se mudó de Almaty a Idaho por una beca escolar. Ese mismo año conocimos a Yuri, era menor a nosotros tenía siete años, era tan bonito, tan llamativo, que resultaba imposible no seguirlo con la mirada... Se volvió el crush de Beks al instante así que lo seguíamos a todos lados para que lo viera de lejos... Como era de esperarse los mayores empezaron a molestar a Yuri por ser el nuevo y toda esa mierda, no nos metimos porque la fierecilla rubia les devolvió cada golpe... Eso, hasta que un día Otabek estaba en el baño cuando entraron varios chicos de nuestro curso con Yuri golpeado, pero esta vez uno de elloa traía una nudillera de metal; y ya te imaginarás, el alma de héroe de Otabek salió al rescate; los enfrentó, golpeó, amenazó y acusó con el director... Dejaron en paz al niño bonito y Otabek se hizo amigo de su crush, como siempre andabamos en combo, pues yo también lo conocí, acostumbrábamos sentarnos juntos en el almuerzo... Beks y Yuri se iban juntos a casa a la salida de clases porque vivían a pocas cuadras de distancia, como consecuencia, la amistad entre los dos se hizo más estrecha... Yuri nos contó que era ruso, bailaba ballet, parecía un muñequito de porcelana cuando participaba en los festivales escolares; vino a vivir aquí por cuestiones de trabajo de su mamá, vivía únicamente con ella y su abuelo...- Dio un largo sorbo a su bebida y soltó un suspiro tembloroso antes de continuar.


-Semanas previas a las vacaciones de invierno empezaron a desaparecer niños de la localidad sin dejar rastro. Semana a semana, uno a uno, desarapeció en diferentes circunstancias... La incertidumbre y los rumores hicieron que se especulara entre los vecinos aumentando el pánico. Después del décimo desaparecido las autoridades dieron aviso a la población de extremar precauciones, todos estábamos asustados; incluso durante varios días nos impideron salir de casa para ir a clases, cerraron escuelas, también nos prohibieron comunicarnos entre nosotros para evitar la tentación de escapar a jugar-. Dio un último trago a la bebida, destapó otra, tomó un sorbo y continuó:



-En ese tiempo Beks comenzó a soñar con él, con Yuri, ya sabes... Debido a las cosas esas que a veces siente, del "don" raro que tiene...-. Jean lo interrumpió levantado una mano en señal de alto.


-¿De qué diablos estás hablando?-. Preguntó a Leo para después dirigir su atención a Otabek y cuestionarle extrañado:



-¿Tienes un "don"?-.


-Yo no le llamaría de esa manera... Para mí nunca ha sido un "don"-. Susurró Otabek como respuesta bajando su ojos al piso.


-Jean, ¿recuerdas que te conté que mi abuela ve y siente cosas, que es como medium o algo así?-. Dijo Leo y espero a que el aludido respondiera afirmativamente para agregar:



-Pues a Beks le pasa lo mismo desde pequeño-.


JJ se quedó boquiabierto girando a observarle atentamente, murmuró para sí con una mezcla de pregunta y afirmación:



-Como el niño ese del libro, el tal "Doc" y su "resplandor"...Con razón eres igual de raro...- Continuó mirándolo fijamente con ojos entrecerrados.


Leo, al notar que no insistía más en el tema siguió contando la anécdota.


-Como decía, Yuri le hablaba entre sueños y le pedía que lo ayudara para que su mamá lo encontrara... Esos días que faltamos a clase nos enteramos por las noticias que lo habían raptado días atrás, pero la policía no lo había encontrado ni vivo ni muerto, únicamente desapareció, justo como los otros chicos... Pasaron los días sin saber de las víctimas. A esas alturas Beks ya no solo soñaba con él, también lo veía despierto...-. Leo hizo otra pausa, dejó la botella en la mesita de centro, sacó el rosario que colgaba en su pecho debajo de su ropa y miró fijamente la cruz mientras seguía narrando con voz un tono más grave.


-Uno de esos días que cerraron el colegio, Beks jugaba en el patio trasero de su casa cuando Yuri se le apareció... Le hizo seguirlo hasta los límites del bosque, diciéndole que necesitaba mostrarle algo para que su mami lo encontrara y dejara de llorar... Otabek fue bosque adentro bajo su guía hasta toparse con una choza en ruinas donde lo instó a entrar, y él lo hizo... Encontró el piso y los muebles manchados de sangre seca, además del hedor desagradable a carne podrida. En un baúl ajado halló prendas para niños igualmente manchadas de sangre, debajo de esas prendas había huesos... Cráneos de niños pequeños... Salió huyendo del lugar, afortunadamente en la carretera se topó con una patrulla, le contó de su hallazgo, el oficial le creyó, realizaron todo el proceso de investigación en tanto Beks fue llevado a su casa... Eran los restos de los primeros niños desaparecidos, el raptor era caníbal... Se los comió... Estando vivos... Al cabrón enfermo nunca lo pudieron atrapar, se evaporó; muchos decían que era un forastero que tenía poco tiempo en el pueblo, era de familia adinerada, desafortunadamente no se pudo comprobar siquiera su identidad porque unas víctimas estaban muertas y otras seguían desaparecidas. Yuri fué de las segundas... Nuestros padres se volvieron locos con la noticia, los míos arrastraron a toda la familia hasta Toronto y a Beks se lo llevaron de regreso a una institución psiquiátrica en Kazajistán...-.


-¿Institución psiquiátrica?... Pero, ¿porqué?... ¡Joder! Si sólo eras un niño asustado.- Arguyó Jean indignado azotando uno de los cojines en el piso alfombrado.


-Mi tío me cuestionó sobre lo que había pasado cuando la policía me llevó a casa... Mi tío era mi tutor, mi familia se quedó en Kazajistán por falta de recursos, yo llegué a Idaho por la beca y el apoyo de él... Entonces, al explicarle los detalles de lo ocurrido, le confíe también todo lo que había vivido desde muy pequeño, porque no era la primera vez que veía y soñaba "cosas". Mi tío tuvo que decirle todo a mis padres porque la noticia se publicó en todo el mundo. Le exigieron regresarme... Al llegar allá les dije lo mismo y mis padres pensaron que estaba loco... No había sido diagnosticado todavía de mi "petit mal" congénito, por lo tanto, mis crisis de ausencia ayudaron a reafirmar sus creencias acerca de mi locura. Me sometieron a un montón de terapias ilegales para un niño, incluyendo electroshocks... Es muy probable que hayan agravado mi padecimiento. Incluso llegaron a practicarme exorcismos.- Terminó la explicación sintiendo una súbita sensación de ahogo ante el recuerdo.


-¿Y cómo hiciste para que te sacaran?-. Insistió JJ.


Leo fue quien respondió para darle descanso al verle tan afectado:



-Tuvo que fingir olvidar todo... Lo increíble es que Yuri lo acompañó el par de años que estuvo en el psiquiátrico, le decía que era su amigo, su héroe por haberlo ayudado con los abusadores y a que encontraran a los "niños tristes", le prometío que también lo cuidaría, siempre... Y lo hacía, le advertía del peligro hasta que un día sin más dejó de aparecer... Un par de años después de que Beks se fuera, lo noticieros informaron del hallazgo de los restos de Yuri junto a los de otras dos niñas en un pozo vacío en lo profundo del bosque... Suponemos que esa fue la razón de que dejara de aparecerse... El caso de Yuri fue horrible, su mamá se suicidó después del hallazgo y el abuelo se regresó a Rusia... Otabek jamás lo vio de nuevo hasta... Hasta ahora-. Terminó en un susurro.


-Ni siquiera se qué decir... Es... Una historia rspeluznante-. Comentó Jean en voz baja.


-Te di una síntesis, imagina todo lo que Beks vivió... -. Masculló Leo.


-Y... ¿Y porqué regresó ahora? ¿qué quiere? ¿qué te dijo?-. Inquirió JJ.


-Los perros huelen la muerte y... Reza.- Contestó Otabek en un murmullo apenas audible.


Ninguno de sus amigos agregó algo más, se quedaron cada uno sumidos en sus propios pensamientos por varios minutos donde únicamente se escuchaba el ulular del viento en el exterior.


Así siguieron, hasta que Jean con voz temblorosa rompió el silencio.


-Emmm... Yo... Cómo explico ésto... Mi tío François, el que me dejó este lugar, era mitógrafo aficionado, se enfocó en los mitos de aquí, de la región... Hay uno que lo tenía particularmente obsesionado porque me lo contaba cuando era niño cada vez que nos veíamos... Habla de un espíritu maligno que cuando posee a una persona, despierta en ella un hambre voraz y ésta, al probar la carne humana se transforma en lo que se conoce como un "Wendigo"... Es un caníbal insaciable que habita los bosques, la razón de que se alimente de humanos es porque al consumir la carne, consume su alma y mientras más pura sea el alma de quién se alimenta, más grande y fuerte se vuelve... Mi tío, él... El último viaje del que supimos su destino fue a Idaho y lo recuerdo perfectamente porque me dijo que había logrado contactar a unos miembros de la tribu Nes Percé, quienes afirmaban haber matado un Wendigo años atrás en el bosque... Sin embargo, él, mi tío, desapareció sin más, ni una llamada, ni un mensaje, nada, a nadie... Nunca lo volvimos a ver.- Finalizó tallándose la cara con ambas manos.


Otabek y Leo soltaron el aire de golpe mirándolo con ojos desorbitados. Leo fue quien habló primero.


-Estás diciendo que...-.


-No lo sé... No quiero ni pensar en que mi cariñoso y divertido tío sea un maldito caníbal pedófilo o... Lo que sea... Cuando regrese hablaré con mis padres, tienen que saber esto... Porque también está lo de las osamentas del ático y no quiero pensar que... que.... Creo que voy a vomitar-. Se levantó dirigiéndose al tocador, tambaleante.


De pronto del exterior llegó un sonido que los dejó paralizados a los tres: el largo aullido lastimero de un perro.


-Creo... Creo que lo mejor es ir a descansar... Les diré donde quedan sus habitaciones.- Fueron guiados por Jean al piso superior a sus respectivas recámaras.


Los aullidos no cesaron por un largo rato, uno más desgarrador y largo que el anterior, haciendo que se le erizara la piel. Las pequeñas arañas de hielo no dejaban de recorrerlo una y otra y otra vez, la opresión en el pecho tampoco se fué volviendo difícil la respiración cuando estuvo ya recostado.


Ni siquiera el efecto sedante del valproato que consumía le ayudó a calmarse.


Un par de horas después, los aullidos dejaron de atormentarlo. El ulular del viento les sustituyó con sus gemidos agónicos golpeando las ventanas.


En algún momento debió quedarse dormido porque lo despertó de golpe la sensación de estar siendo observado.



Atontado por la bruma del sueño se envolvió más entre las mantas hasta taparse la cabeza, pues el frío gélido había arreciado y la calefacción parecía insuficiente.


Se giró boca arriba, sin salir de su fuerte de mantas, cuando escuchó el rechinido de la puerta de su recámara siendo abierta lentamente.


Tenso, sujetó las orillas de las mantas en los costados colocándolas debajo de su cuerpo, como cuando era niño y creía que la manta podía protegerlo de los monstruos nocturnos... Sintió el peso extra de "alguien" a los pies del colchón que hizo crujir la cama.



El miedo le hizo temblar, trató de gritar pero el nudo que siempre le impedía emitir sonido cuando se asustaba se hizo presente.


La angustia lo paralizó cuando ese "alguien" comenzó a urgar a los costados de su cuerpo tratando de meter los dedos debajo de las mantas para tocarlo: Primero en las pantorrillas, luego los muslos, la cadera y así, hasta los hombros. Aterrorizado, se limitó a tensarse presionándose contra el colchón con todas sus fuerzas impidiendo el paso. Los dedos se convirtieron ahora en puños que impactaban dolorosamente cada punto para hacerlo ceder repitiendo el camino; las lágrimas se hicieron presentes escurriendo por los costados hasta la almohada.


La intrusión terminó... A los pocos segundos fue sustituida por una presión en sus muslos, tal como si ese "alguien" fuera enorme y se hubiera sentado sobre ellos inmovilizándolo hasta adormecerle los músculos, luego, un par de manos tan grandes que abarcaban todo su pecho se presionaron sobre éste impidiéndole el paso del aire, ahogándolo, empujándole cada vez más fuerte hasta el punto del dolor. Sintió su esternón y costillas comenzar quejarse amenazando con romperse. La falta de aire le dejó el cuerpo laxo, echó la cabeza atrás resollando, puntos blancos invadieron su visión anunciando lo inevitable.


Súbitamente la opresión y el peso se fueron. Haciendo acopio de fuerza se incorporó de golpe arrojando las mantas al piso jalando aire desesperado, miró a todos lados buscando el causante de su ataque encontrando la recámara vacía y la puerta cerrada, todo estaba en su lugar.


Pasó sus manos por el pelo tratando de calmarse, apenas se recostó de nuevo en el colchón cuando un alarido femenino llegó del exterior haciéndolo pegar un brinco del susto.


Se incorporó de nuevo arrastrándose hasta el cabecero abrazándose a sí mismo, pensando que había sido una alucinación.


Escuchó pasos rápidos por el pasillo y Leo abrió la puerta de su habitación acompañado por Jean.


-¿Escuchaste eso?-. Preguntaron al unísono.


Afirmó con un movimiento.


Otro alarido femenino rompió el silencio haciéndolos palidecer.


-Isabella...-. Susurró Jean antes de salir a toda velocidad escalera abajo.


Otabek y Leo lo siguieron hasta el frente de la propiedad, salieron al exterior siendo golpeados por el gélido frío matinal.


Ya estaba amaneciendo.


El automóvil de Isabella se había impactado ligeramente sobre uno de los faroles que iluminaban el camino a la casa, las luces del vehículo y el motor estaban encendidos, las puertas delanteras abiertas.


Sus amigos enloquecieron llamándoles a gritos al no ver rastro de ellas, ni una sola huella sobre la nieve excepto la marca de los neumáticos.


Los chicos iban de un lado a otro desesperados llamando a Isabella y a Mila, los vió regresar por sus móviles dentro de la casa descubriendo que no tenían señal, la línea telefónica doméstica tampoco funcionaba, Jean hizo uso del teléfono satélital, pero no logró contactarlas.


Él se limitaba a verlos correr sobre pasado por la situación, con la mente en blanco.



Asustado, recordó cuando era niño y se enteró de las desapariciones.


Por el rabillo del ojo captó un movimiento en el extremo izquierdo de la cabaña, al girar el cuello vio a Yuri parado en la esquina con un perro negro a sus pies, ambos los miraban fijamente. El niño levantó su mano llamándole para que lo siguiera y así lo hizo.


Al doblar a un costado, únicamente Yuri le esperaba ahora en la esquina de la parte trasera de la cabaña, señaló con su manita en dirección al suelo nevado fuera de la cerca y volvió a pedirle seguirlo con la misma.


Oteó la nieve en la dirección indicada por el pequeño, topándose con un camino de gotas de sangre tiñendo la blancura; gotas que se volvieron cada vez más gruesas y frecuentes hasta formar una línea espesa conforme avanzaba.


Al llegar a la parte trasera, siguió hasta las escalinata del porche; subió al primer escalón buscando a Yuri con la mirada, pues, de pronto, el niño había desaparecido.


Escuchó un crujido a su espalda, parecido al sonido de huesos al romperse. Los tentáculos helados se hicieron presentes bajando de su nuca y extendiéndose a cada extremidad provocándole un temblor pronunciado. Un crujido más y los aguijonazos gélidos en su columna le atacaron haciéndole convulsionarse suavemente cada vez más asustado, resistiéndose a mirar atrás.


El sonido de un suave zureo aumentó la tensión de sus músculos. Giró lentamente sobre su eje a la par que escuchaba la voz de sus amigos llamándole a lo lejos.


Expulsó todo el aire en sus pulmones de golpe aterrorizado por el imagen frente a sus ojos.


Era el mismo paisaje del lago con el abedul de tres troncos en sus sueños, incluso estaban ahí las palomas sobre las ramas con los ojos fijos en su persona. La única diferencia era que el escalofriante ser no levitaba en el centro de las raíces.


En cambio había dos cuerpos inertes pendiendo de los pies con la cabeza hacia abajo. Tenían los ojos girados hacia atrás sobre sus cuencas, los rostros y las cabelleras entintados por los pequeños ríos de sangre que les surcaban... Cada cuerpo sujeto a un tronco esperando brindar su último servicio antes de desaparecer para siempre.


Dos cuerpos femeninos, conocidos, con la garganta rasgada drenando la sangre que caía a borbotones en el centro de la raíz, creando una sinfonía de chapoteos que fungía como telón de fondo a los gritos desesperados de sus amigos a lo lejos.


El espíritu maligno también estaba ahí, impávido, levitando a un costado del árbol, cubierto casi en su totalidad por el manto blanco raído y salpicado de coágulos de sangre ajena. Una de las enormes garras mantenía la palma extendida sirviendo de sostén a una paloma blanca que reposaba sobre ella dirigiendo su ojos rojos hacía él.



Tal como en sus sueños, el espantoso ser le señaló con la enorme garra libre, con la misma advertencia tácita mientras le sonreía mostrando la hilera de dientes puntiagudos y afilados, con los labios descarnados, trozos de carne aún colgando de ellos.


En el centro de la raíz del árbol, una burbuja explotó llenando el ambiente con el aroma fétido de la carne descompuesta, del olor a muerte... a ÖLTIRW.


Inmóvil, petrificado por el terror con las manos apretados en puños, se sobresaltó al sentir la frialdad de un par de manos pequeñas atrapando uno de sus puños; al girar la cabeza y bajar la mirada encontró a Yuri a su lado con sus expresivos ojos verdes viéndole con angustia, lágrimas escurriendo por la piel nivea.



El pequeño abrió sus labios sólo para susurrarle:


-Reza...Héroe.-

-Reza...-


-Reza...-


-Reza...-


-Reza...-




~FIN~



1. April 2021 23:39:43 6 Bericht Einbetten Follow einer Story
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Das Ende

Über den Autor

Nefilim Soul Mis historias en su mayoría tienen como protagonista a dos personajes: Otabek y Yuri... son historias que cuentan la manera en que las vidas de estos dos se ven entrelazadas, en diferentes circunstancias, contextos, universos, diferentes tiempos... Historias que pueden ser la tuya, la mía, la de cualquiera. En AO3 puedes encontrar algunas pequeñas historias más con el mismo nombre de usuario: Nefilimsoul

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Valeria Cortazar Valeria Cortazar
Queee intensoooo, estuvo genial, me metí tanto en la historia que yo solita me espante 🤭🤭
May 06, 2021, 18:58

  • Nefilim Soul Nefilim Soul
    Tu susto es mejor halago para mi historia ;). Gracias por leer <3 May 06, 2021, 19:05
Sandra González Sandra González
Uff buena historia
April 05, 2021, 05:10

  • Nefilim Soul Nefilim Soul
    Gracias por leee, me encanta que te haya gustado 😈😉 April 06, 2021, 18:47
Yatovale 10 Yatovale 10
Que miedoooo!!!!!
April 02, 2021, 02:13

~