carmoran Carol M. De la Mata

Una mujer conduciendo en la noche; un hombre hablando en un programa de radio. La relación entre ambos solo se adivina cuando desaparece la barrera entre la realidad y la ensoñación (Historia basada en el microrrelato del mismo nombre)


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#drama #cuento #relato #historiasdevida #breakheart
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Te perdonaré cuando despiertes

—Son las 12:40 de la noche; vamos ya con el último testimonio del programa...



Marta conducía por una interminable carretera para volver a casa. Calculaba que le quedaban al menos 30 minutos hasta llegar a su hogar, y para que el viaje no se le hicera tan soporífero, fue escuchando durante todo el camino uno de esos programa de radio a los que la gente llama para contar sus vivencias personales.

—Buenas noches, José. Cuéntanos tu historia. ¿Qué es lo que te ha impulsado a llamarnos?

—Hola, buenas noches a todos... Estoy un poco nervioso, es la primera vez que hablo por la radio, pero es que tengo la necesidad de compartir mi historia en directo, por si a alguien le pudiera ayudar. Quiero contar el trauma que supuso para mí el hecho de que mi mujer me engañara, y cómo logré superarlo...

"¿Por qué habrá gente que necesita airear sus miserias a miles de personas de este modo?", se preguntaba Marta.

—Mi mujer y yo nos casamos hace cuatro años, y se puede decir que llevábamos una vida casi perfecta, hasta que todo se torció cuando la empresa para la que trabajaba entró en quiebra; estuve a punto de caer en una depresión a causa de ello, y eso provocó que mi comportamiento cada vez fuera más irascible con mi familia. Y por si eso fuera poco, me enteré de que mi mujer me había sido infiel. Eso fue mucho más de lo que pude soportar; el ansia de venganza me consumía, y desde ese momento, mi único objetivo fue quitarle la custodia de nuestros dos niños.

"¿Por qué razón tienen que estar los niños siempre metidos en medio? No es justo que si la vida de sus padres se va a pique, la de ellos también lo haga"

Marta no paraba de hacerse preguntas, y la rabia empezaba a aparecer en su mente mientras escuchaba la historia de José, ya que ella había vivido algo muy similar con su marido. Las peleas en casa eran una constante, parecía que el amor que un día les unió había desaparecido, y para colmo, se sentía una incompetente como madre por no ser capaz de proteger a sus hijos de las rencillas que ella tenía con su padre.

—No sé si me estará escuchando ahora,— continuaba José— pero es hora de actuar con madurez y decirle que lo siento, siento si me comporté como un miserable, siento si en algún momento la defraudé sin darme cuenta...

Mientras pronunciaba estas palabras, José no pudo evitar perder el control de su voz, ahogada por los sollozos. Al mismo tiempo, Marta sintió una punzada en su corazón mientras sus ojos comenzaban a aguarse, dificultando la visión de la carretera.


—¡Todo esto lo hago por ti, porque quiero recuperar la vida que teníamos!— exclamaba José, cada vez con más angustia en su voz—. Por eso, también estoy dispuesto a perdonarte a ti. Te odié como nunca odié a nadie cuando supe que me habías engañado, pero el hecho de verte así, hace que piense mucho más en nuestros hijos, en nuestra familia. Yo te perdono, pero solo si despiertas. Despierta y volveré contigo; me da igual lo que haya pasado antes.

—¿Por qué hemos tenido que llegar a este punto? ¿Crees que esto va a cambiar las cosas? Ya nos hemos hecho mucho daño el uno al otro—, contestaba Marta en voz alta, como si la confesión que aquel hombre estaba haciendo en la radio fuese un asunto personal.

—Sé de sobra que no podemos cambiar el pasado, pero podemos enderezar el futuro, por nosotros y por nuestros hijos; al menos ahora sé cuáles son las verdaderas prioridades en la vida— continuaba José; daba la impresión de que la locutora del programa ya había salido fuera de escena hace mucho— ¿Recuerdas el día que nos conocimos en la universidad? Los dos éramos un par de locos con miles de ilusiones en el futuro, y todavía podemos recuperar esos momentos. Pero necesito que te quedes a mi lado, porque aún nos queda vida por delante. Aún te queda mucho que vivir.

Marta tenía puestos sus ojos fijos en la carretera, pero no veía absolutamente nada. Ni siquiera se inmutó cuando una esfera de luz apareció por arte de magia en medio de la carretera, una esfera que se iba haciendo cada vez más grande a medida que Marta se aproximaba a ella, pero no tenía ninguna intención de detener el coche. No sabía tampoco qué fuerza le estaba empujando a adentrarse en el círculo luminoso, pero en cuanto traspasó el umbral, una sensación de estar cayendo al vacío la invadió por completo. Y también pudo notar cómo alguien, o algo, sujetaba su mano con delicadeza. Eso le dio mucha tranquilidad.


—Disculpe señor, pero el horario de visita ha acabado. Será mejor que regrese a su casa, su mujer necesita descansar. Vuelva mañana a la misma hora.

La enfermera había entrado a la habitación 309, donde en ese momento se encontraba un hombre que sostenía la mano de su mujer, Marta, postrada en la cama y con respiración asistida. El caso de esa paciente había sido muy dramático, pues su vida familiar y personal atravesaba serios problemas; ahora, ella estaba en coma debatiéndose entre la vida y la muerte por culpa de un accidente de tráfico que aún se desconocía si había sido fortuito, o provocado para quitarse la vida.

En cuanto vio aparecer a la enfermera por la puerta, el hombre posó con cuidado la mano de su mujer para ir a hablar con la sanitaria.

—Perdóneme, porque ya sé que se lo pregunto miles de veces pero, ¿cuánto tiempo más hay que esperar para ver una mínima señal? ¿Algo que indique que mi mujer aún puede oírme?— preguntaba el marido con voz temblorosa.

Mientras la enfermera trataba de tranquilizale lo mejor que podía, nadie pudo observar cómo un fugaz movimiento se producía en los ojos de la mujer. Tras esta primera señal, los párpados comenzaron a experimentar movimientos mucho más seguidos, parecidos a la fase REM del sueño.

—Lo está haciendo muy bien, José— le decía la enfermera—. El despertar de un paciente depende de muchos factores. La actividad cerebral de su mujer está al mínimo, pero los estímulos externos influyen mucho en su recuperación.

—Lleva ya en ese estado casi tres meses, aún no he visto ninguna señal que me indique que en algún momento puede ir a mejor y tampoco podría soportar la situación de verla así durante años.

Mientras pronunciaba estas últimas palabras, no pudo evitar girarse para ver a su mujer, quien parecía dormir plácidamente. Esa noche se había sincerado con ella como nunca lo había hecho. Incluso había rememorado el día en el que se conocieron. ¿Por qué tenían siempre que pasar estas cosas para que la gente entendiera el valor de la vida? Como una última despedida, se acercó de nuevo a ella y le acarició con dulzura la mejilla.

—Recuperaremos nuestra vida. Te lo prometo—. Y acto seguido, agachó su cabeza para besarla en los labios. Cuando alzó la vista, vio su propio reflejo en el espejo que había colgado en la pared. Y la imagen que vio le impresionó, pues físicamente parecía haber envejecido ocho años más de los que tenía en realidad. Su barba mal afeitada, junto con su delgadez y su pelo, ya casi cubierto de canas, eran prueba suficiente de lo mal que lo había pasado. Con ese aspecto, no estaba muy seguro de si su mujer sería capaz de reconocerle. Este último pensamiento por lo menos le hizo sonreír.

—Bueno, muchas gracias por todo, enfermera— dijo finalmente mientras salía por la puerta—. Mis esperanzas siguen más vivas que nunca.

—Y yo me alegro de que así sea. Aquí también estamos cuidando de ella de la mejor manera que sabemos, pero el cariño y el apoyo de la familia es la parte más esencial del proceso de recuperación— decía la enfermera mientras cerraba la puerta. Desde la habitación, aún se podía oír como seguían charlando a lo largo del pasillo.

Cada vez había menos gente en el hospital, y la única actividad era ahora producida por médicos y enfermeros cuya jornada de trabajo aún no había llegado a su fin. Por su parte, los familiares desalojaban poco a poco cada rincón del centro, algunos enfermos regresaban a casa, y así todo quedaba ya listo para un nuevo día. Y mientras la rutina seguía su curso normal, una lágrima se escapaba del ojo de una de las pacientes allí ingresadas, a la vez que los párpados luchaban por despegarse. Mientras la rutina continuaba, una mujer volvía a la vida en la habitación 309.





26. Februar 2021 20:15:37 0 Bericht Einbetten Follow einer Story
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Das Ende

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