athanatos Αθά νατος

¿Qué es lo que hace el hombre habitualmente cuando es dañado?. Vengarse. La venganza suele ser la respuesta del hombre. Una persona puede vivir con mucho odio y después cambiar todo ese odio por amor y hacer de su vida una vida mejor. Éso depende de cada persona. Algunos lo hacen y otros no. Lo que hay que tener en cuenta es que... La venganza nunca es buena, mata el alma y la envenena. Se recomienda leer Destino divino antes de leer Un ardiente amor.


Krimi Nur für über 21-Jährige (Erwachsene).

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Capítulo 1

Notas de autor: En el universo B, como sucede en la mitología griega, existe el destino, pero el destino que yo presento en la historia Destino divino es un destino que cambia dependiendo de las decisiones de las personas. Si una persona que estaba destinada a la grandeza se desvía y termina convirtiéndose en el peor de los monstruos, su destino ya no será la grandeza, sino la caída. Debo aclarar antes de comenzar a escribir esta nueva historia, la cual se ambienta en el universo A, que el ser que comenzó a convertir a las personas en personas primigenias incompletas no fue la voluntad del hombre primigenio, sino el Caído, ya que el hombre primigenio completo no habría podido llegar a estar a punto de extinguirse. Al hacer que las personas vivieran más tiempo y se siguieran multiplicando, los recursos terminarían escaseando y la humanidad terminaría estando al borde de la extinción. Por cierto, los flashbacks de mis historias no son recuerdos, sino que son momentos del pasado que yo decido contar en forma de flashback.

Capítulo I

En aquella oscura habitación, sus músculos se encontraban tensos. Las cuerdas que mantenían su indefenso cuerpo atado tenían nudos muy apretados. El varón de mediana edad sentía una gran confusión y mucho miedo. No sabía lo que había sucedido, pero sabía que estaba en aquella sala sentado en una silla de madera dura con manos y pies atados con la misma fuerza. Sabía perfectamente que estaba amordazado porque alguien lo había querido secuestrar, pero no sabía quién había sido. El sonido de una gota de agua cayendo sobre el suelo cada cinco segundos comenzaba a resultar irritante. Llevaba dos horas oyendo aquel sonido y nada había cambiado desde que había despertado en aquella habitación.

—¿Quién me trajo a este lugar?—Preguntó confuso y asustado el varón de mediana edad mirando hacia todas las direcciones frenéticamente durante unos pocos segundos.

La luz se encendió y se pudo ver a dos jóvenes con cara de pocos amigos cruzados de brazos que estaban de pie en el lado derecho del marco de la puerta, la cual tenía un doble cerrojo puesto, desde dentro. La habitación tenía una gotera que hacía que hubiera un charco pequeño en el centro de la sala y las paredes y el techo tenían un moho muy extendido y muy oscuro, el cual era de un color verde muy oscuro. El varón de mediana edad se centró en los jóvenes, los cuales lo miraban con desprecio absoluto en su mirada. No había ni una pizca de calidez en aquellos ojos claros.



El joven rubio tiene todas las características propias de una persona primigenia incompleta de segunda generación. No hace falta a estas alturas que diga cuáles son los rasgos faciales del joven ni hace falta que diga cuánto mide él de alto. Él es tan musculoso como puede llegar a serlo un varón sano y está tan delgado como un varón sano podría llegar a estarlo. La talla de cintura del joven es 80 y la talla de trasero del joven es 80. La ropa que él utiliza siempre es ropa un poco holgada.



La joven rubia tiene todas las características propias de una persona primigenia incompleta de segunda generación. No hace falta a estas alturas que diga cuáles son los rasgos faciales de la joven ni hace falta que diga cuánto mide ella de alto. Ella no es musculosa y está tan delgada como una mujer sana podría llegar a estarlo. Sus rasgos faciales no primigenios de segunda generación son diferentes de los rasgos faciales no primigenios de segunda generación del joven rubio. No tienen el mismo rostro ambos. La talla de cintura de la joven es 80, la talla de trasero de la joven es 90 y la copa que usa la joven es la copa OOOO. La ropa que ella utiliza siempre es ropa un poco holgada. Su pantalón vaquero es térmico. No pondré una imagen que sirva para dejar claros el tamaño y la forma exactos de los senos de la joven rubia porque hacerlo no es necesario a estas alturas. Sus pechos son como los de Eve.

—Saludos, señor Evans—Le dijo serio y con una frialdad extrema acompañada de desprecio el joven rubio—Mi nombre es Adler Roth Wagner.

El joven rubio se mantuvo cruzado de brazos.

—Yo soy su hermana menor. Mi nombre es Adalia Leyna Wagner—Se presentó con la misma frialdad y con el mismo desprecio la joven manteniéndose cruzada de brazos también.

—¿Q-Qué quieren de mí?. ¿Por qué me hacen ésto?—Preguntó el varón de cabello castaño y ojos azules claros de mediana edad con terror y confusión en su rostro.

—Verá, señor Evans. Sherlock John Evans, usted tiene un árbol genealógico muy curioso. Descubrimos que su padre no siempre se había apellidado Evans. Su anterior apellido ni siquiera era estadounidense, sino que era un… Apellido alemán. Como el antiguo apellido de su padre empezaba por la letra H, decidimos que usted debía estar aquí con nosotros. ¿Nos sigue?—Dijo el joven alemán con una expresión pensativa justo antes de mencionar lo de la nacionalidad del primer apellido y con seriedad, frialdad y desprecio justo después.

—Y-Yo no sabía nada. Por favor, déjenme libre. Yo no sabía nada. ¡Yo no sabía nada!—Dijo con un terror creciente el varón de mediana edad mostrándose aún confuso.

—Ahora va a saber a qué se estaba refiriendo mi querido hermano. Verá, su padre tenía otros tres hermanos que eran hijos no reconocidos de Adolf Hitler, y nosotros, que tuvimos la suerte, la cual no sé si sería buena o mala, de conocer al mismísimo Adolf Hitler, queríamos dar las gracias a su padre, así que… Pinchamos la rueda de su vehículo hace unos meses y mi hermano le insertó diez balas en la cabeza—Dijo la joven rubia comenzando a mostrar una expresión de odio al decir lo último, la cual había mostrado al nombrar al dictador alemán con anterioridad—Sus otros dos tíos están muertos ya. Sus dos primas por parte de uno de ellos están muertas también. También nos ocupamos de matar a su otro primo, el cual era hijo de su otro tío. Cuando lo hayamos matado a usted, habrá un descendiente de Hitler menos. Sólo quedarán el último tío suyo y su desafortunada hija. ¿Nos sigue ahora?.

La expresión de terror del varón de mediana edad era absoluta. Podía notar el odio abrasador e infinito en los ojos de los hermanos Wagner, quienes no mostraban arrepentimiento, a pesar de haber asesinado a todas esas personas sin miramientos. Él iba a ser el siguiente en morir. Lo sabía perfectamente.

—¡P-Por favor, déjenme ir!. ¡Soy inocente, inocente!—Exclamó el varón de mediana edad completamente aterrado mientras los dos jóvenes rubios se acercaban a él a paso lento y calmado.

—Nosotros… ¡También éramos inocentes!. ¡¿Sabe lo que nos hizo su abuelo?!. ¡Nos torturó, experimentó con nosotros y torturó y asesinó a nuestros padres frente a nuestros ojos!. ¡¿Puede usted entender lo que su abuelito nos hizo?!. ¡Ese monstruo nos cambió para siempre. Nunca volvimos a ser los mismos que habíamos sido antes de los experimentos!. ¡Su abuelo nos arruinó la vida!—Dijo con una ira contenida al inicio y liberada después la rubia de ojos azules al mismo tiempo que miraba desde muy cerca fijamente los ojos del varón de mediana edad. Acto seguido, contuvo su ira y sonrió con malicia.

Lo siguiente que la rubia hizo fue agarrar el mentón del varón de mediana edad bruscamente con la mano derecha y obligar a este a mirarla a los ojos fijamente.

—Alguien tiene que pagar. Me temo que serán usted y todos los que tengan la sangre de ese maldito monstruo, ya que él se suicidó para evitar que lo atraparan con vida. Qué pena, ya que nos habríamos divertido tanto arrancándole las extremidades una por una y echándole agua hirviendo encima—La expresión maliciosa de la joven rubia se volvió sádica hasta más no poder—Alguien debe pagar las deudas. El banco nunca perdona, y nosotros tampoco lo hacemos.

La joven rubia se echó a reír como una desquiciada a carcajadas durante varios segundos y cerró los ojos soltando el mentón del varón de mediana edad. Acto seguido, retrocedió unos centímetros mientras se seguía riendo como una auténtica sádica desquiciada.

El rubio se acercó con los brazos detrás de la espalda y con sus dos manos agarradas entre sí al varón de mediana edad, al cual miró con una sonrisa llena de malicia y con un odio contenido que ardía más que mil soles juntos.

—Podríamos hacerle a usted lo que no le hicimos al hijo de puta de su abuelo. ¿Qué nos dice?. ¿Le gustaría recibir la recompensa que su maldito abuelo no pudo recibir, maldito pedazo de mierda?—Dijo Adler manteniendo la malicia y sujetando sus propias manos con una ira contenida tan grande que estaba cortando levemente su propia circulación en aquellas partes de su cuerpo. El odio de su mirada se podía sentir como un fuego abrasador que lo pretendía consumir todo para poder apagarse sin importar cuál fuera el precio que hubiera que pagar para lograrlo—Juguemos un juego.

La expresión sádica surgió en el rostro del joven rubio de ojos azules y dichos ojos se posaron sobre la entrepierna del sujeto. Éste miró aterrado y sin palabras ni esperanza al rubio de ojos azules y el susodicho sólo mantuvo su sonrisa cargada de malicia y su mirada cargada de rabia y de deseos de hacer daño mientras se disponía a decir algo.

—Hermanita—Dijo con una voz cantarina y siniestra el joven rubio. Se dispuso a hablar con seriedad justo después—Los cuchillos son tu especialidad. ¿Qué tal si operamos a este pobre tipo que, aparentemente, tiene un… Cáncer de pene?.

La rubia se acercó con una expresión de sádica desquiciada y sacó un machete del lado izquierdo de su pantalón vaquero con la mano derecha. Acto seguido, Adalia miró con gran gozo la expresión de terror del sujeto de mediana edad mientras se disponía a acercar el arma con filo a la entrepierna aún cubierta por toda la ropa de quien sería su víctima aquel día.

Un grito de dolor agónico y de terror inconmensurable se pudo oír en aquella habitación diez minutos después. Unas risas de maniático desquiciado salieron de las gargantas de dos personas que, en lugar de compadecerse de su víctima, la iban a torturar durante horas hasta darle la muerte más lenta y dolorosa que pudieran darle.

Cuarenta y ocho horas después, dos agentes de policía de la ciudad de Washington D. C. estaban observando el cadáver de un varón de 45 años de edad que había sido mutilado por todas partes y que parecía haber sido castrado de forma brutal y despiadada. Se había muerto desangrado y hasta los ojos le habían sacado con un arma filosa. El varón de mediana edad tenía la lengua cortada y los testículos y el resto del pene los tenía en la boca. Parecía que le habían echado agua hirviendo en las heridas y en las zonas en las que la piel le había sido arrancada lentamente. Le habían echado vinagre en las heridas causadas para que sufriera más y le habían golpeado todo el cuerpo hasta romperle varios huesos. Los dos agentes de policía estaban completamente horrorizados debido a lo que sus ojos estaban presenciando. El rostro de la víctima tenía una expresión de terror, de desesperanza y de desesperación.

—Quien hizo ésto lo hizo con verdadero odio. Sólo un verdadero monstruo haría algo así—Dijo uno de los agentes de policía estadounidenses.

—Desde luego, Charles. Es imposible que alguien de buen corazón cometa una atrocidad como esta…—Dijo el otro agente mirando fijamente los ojos de su compañero de inmediato con gran tristeza.

Por otro lado, a unos metros de distancia de la escena del crimen, un detective se encontraba hablando con sus subalternos con una expresión muy seria en el rostro.

—Verán, caballeros. Ya es el tercer asesinato cometido esta semana contra una persona cuyo padre se había apellidado anteriormente Hitler. No hay que ser un genio para saber que quien está cometiendo estos asesinatos siente odio hacia los nazis, hacia los neonazis o hacia el propio Adolf Hitler—Dijo el detective serio y muy preocupado.

—Señor, es terrible que alguien vaya por ahí derramando sangre inocente por odio hacia otras personas…—Dijo triste y apenado uno de los dos subalternos del detective mirando sus ojos fijamente.

Acto seguido, dicho subalterno agachó la cabeza y miró hacia el suelo que estaba frente a sus pies apretando los puños con rabia y frustración inmensas.

—¡Quien lo haya hecho merece la muerte más dolorosa y cruel de todas!...—Exclamó con toda su rabia y con toda su tristeza comenzando a derramar lágrimas el varón de 22 años de edad—¡Deberían hacerle lo mismo que él o ella hizo a sus víctimas, así experimentaría el mismo sufrimiento y el mismo dolor!...

—Cálmese, señor Jameson—Dijo el detective muy preocupado por él—No debe pensar así. Si usted piensa de esa manera, no es tan diferente de la persona a la que estamos buscando.

—¿Qué importa ser diferente?...—Preguntó con rabia contenida el sujeto—¡Lo que importa es hacer pagar a los malditos que hacen daño a los demás. Para eso me hice policía!...

—Si no actuamos como corresponde, mereceremos lo mismo que esos desgraciados que van por ahí haciendo daño a personas inocentes—Dijo el detective tratando insistentemente de hacer entrar en razón a su subalterno.

—Usted es débil, como todos en la policía. Me dan asco. No comprenden que al monstruo que estamos persiguiendo hay que cazarlo con sus mismas armas y con sus mismos métodos. Me dan pena y me dan asco…—Dijo conteniendo su furia y mostrando toda su tristeza mientras apretaba los puños el subalterno del detective.

Estaba dispuesto a irse y comenzó a hacerlo enseguida dando pasos muy fuertes por su izquierda.

—¡Shay, espera!—Exclamó su compañero muy preocupado por él, pero sus palabras fueron ignoradas.

—Déjelo. Él nunca escucha. Cuando se calme, volverá. No hará nada malo. Lo conocemos demasiado bien. No hará nada de lo que termine arrepintiéndose. Son sólo ideas que nunca son llevadas a la práctica—Dijo el detective serio y tranquilo, pero preocupado por el estado psicológico de su subalterno, el cual estaba empezando a desviarse mucho en lo referente a su forma de solucionar los problemas relacionados con la justicia—Él sólo necesita tiempo a solas para pensar.

En un apartamento ubicado en un barrio de Washington D. C., subiendo las escaleras, dos jóvenes rubios se dirigían hacia su respectiva habitación. Adler y Adalia se mostraban muy serios y muy pensativos. A la derecha de Adler, se encontraba una atormentada Adalia, la cual no comprendía la razón por la que su dolor era tan grande. Adler, quien sentía exactamente lo mismo y conocía perfectamente a su hermana menor, miró a esta con una inmensa preocupación en sus ojos azules.

—¿Qué sucede, mi pequeña y frágil flor?—Le preguntó Adler a Adalia con una preocupación genuina.

Ella merecía todo su amor y todos sus cuidados. Después de todo, ella era todo lo que a él le quedaba. Todo lo demás lo habían perdido ambos hacía mucho tiempo.

—Mi valiente águila, cuanto más asesinamos, peor me siento. No sé por qué. La satisfacción dura poco. Después de haber sentido la satisfacción, después de haber hecho lo que tenemos que hacer, siento que nuestro vacío interior no se termina de llenar jamás. Sólo está más vacío todavía. ¿Crees que esa sensación desaparecerá cuando el último objetivo haya sido eliminado?...—Explicó triste y con una pequeña sonrisa de alivio por la preocupación de su hermano y por cómo éste la había llamado la joven rubia.

El joven rubio sonrió aliviado al ver el alivio de su hermana, pero la tristeza de ella sólo incrementó la de él, lo cual causó que ambos terminaran sumamente tristes. Las dulces palabras iniciales de la joven, las cuales eran la manera en la que ella siempre había llamado a su querido hermano mayor desde que ambos habían sido muy pequeños, ya no seguían surtiendo efecto. La tristeza de su pequeña y frágil flor, a la cual había jurado proteger teniendo 10 años de edad de cualquier amenaza, ya fuera ésta externa o interna, causaba que él se pusiera más triste.

—Hubo un tiempo en el que por culpa del maldito hijo de puta de Hitler yo me volví una amenaza para ti, o éso creí en su momento, pero...—El odio llenó sus ojos azules y masculinos como nunca—Cuando hayamos completado nuestra venganza, el dolor desaparecerá completamente…

—Sí, hermano. Hasta entonces, no pensemos más en todo eso. No quiero que aquel que siempre me ha protegido se sienta mal por más tiempo…—Dijo con tristeza y sonriendo con calidez para tratar de aliviar a Adler la joven rubia de ojos azulados mirando fijamente los ojos de aquel que era incapaz de lastimarla con intención de hacerlo.

La dulce sonrisa de su flor, la cual era frágil y pequeña y debía ser protegida de todos los males, causó que el rubio se sintiera mejor, lo cual afectó positivamente al estado de ánimo de la fémina de cabello rubio. Unos pocos minutos después, ambos jóvenes estaban en la habitación de la rubia y ésta sonrió enternecida al recordar las ocasiones en las que su maravilloso hermano la había protegido de todos los males. No sabía lo que haría si él moría. Él era todo lo que ella tenía en la vida. Él era lo único que la Segunda Guerra Mundial no le había arrebatado cruelmente.

—Estoy sucia, hermano. Iré a la ducha—Dijo Adalia sonriendo con calidez a su hermano mayor.

—De acuerdo, hermana. Yo me quedaré aquí pensando en cómo pasar el rato hasta que llegue el momento de terminar nuestra venganza. Tengo hambre, así que comeré mucho—Dijo sonriendo con mucha calidez a su hermana menor Adler.

—Como quieras—Dijo la sonriente fémina yendo a buscar una toalla para llevársela al baño.

No quería desvestirse en presencia de su hermano. Las cosas habían cambiado demasiado. Ya no eran los hermanos secuestrados que habían tenido que sufrir tanto. Tampoco eran niños. Eran diferentes, y nunca volverían a ser los mismos.

Una vez dentro del baño, la joven rubia dejó la toalla en el colgador que había allí. Acto seguido, se procedió a desvestir estando muy pensativa.

—(Al principio, ser esto que soy ahora era una terrible maldición. Una mujer indecente que no podía envejecer. Iba a ser indecente toda mi vida si no podía controlarme, pero… Nunca logré controlarme, a pesar de tener la voluntad de hacerlo. Cómo cambia todo. Ahora soy… Alguien conforme con su nuevo ser, pero el dolor de mi corazón no desaparecerá hasta que haya cumplido mi objetivo. Papá y mamá se revolcarían en sus tumbas si supieran lo que soy ahora y lo que hago. Ellos jamás habrían aprobado que su hija fuera una criminal, pero… Es preferible serlo cuando la vida no te da justicia…)—La rabia y la tristeza comenzaban a invadir sus pensamientos, pero ella movió la cabeza hacia ambos lados rápidamente para dejar de pensar en eso y sonrió para mantenerse contenta, lo cual dio resultado enseguida—(Hermano, no me sorprendas hoy).

Cuando el agua comenzó a correr, la joven rubia de ojos azules comenzó a sentir cómo caía el fluido caliente sobre su sucia piel. El calor era muy agradable.

—(Ahora ser esto no se siente tan mal. Se siente bien. La vieja moral ya no importa. Mis deseos son los que son. Yo soy quien soy)—Pensó sonriente la joven rubia de ojos azules mientras el agua caliente caía por toda su piel desnuda sin dejar ni una zona seca.

Por otro lado, unos minutos antes, el joven rubio había comenzado a ponerse pensativo mientras se dirigía hacia la cocina. Bajó las escaleras y comenzó a pensar en lo que comería. Obviamente, iba a comer comida. Era de lo único de lo que tenía necesidad en aquel instante. No tenía necesidad de nada ni de nadie.

—(¿Por qué fui al cuarto de mi hermana hoy?. Supongo que sólo quería estar conversando con ella un rato. Sí. Éso era. Ella no se desvistió ante mí. No me molesta que no lo haga mucho ya, ya que no somos simplemente hermanos “normales”. Somos algo más. Si lo hubiera hecho, me habría dado hambre, hambre de conejo. Está bien que no se desvista ante mí con mucha frecuencia. Yo me volví “indecente” después de los experimentos, pero… Con el paso del tiempo, sobre todo yo, siendo como soy, acepté mi nueva condición. ¿Y qué si soy esto?. Soy esto y ya está. Papá, mamá, os revolcaríais en vuestras tumbas si conocierais todos mis pensamientos. Tan católicos éramos y ahora tan diferentes somos. Papá, mamá, os extraño…)—Los puños del joven Adler comenzaron a cerrarse con fuerza y la tristeza comenzó a invadir su corazón, pero él movió rápidamente la cabeza hacia los lados con el propósito de despejar su mente y sonrió con calidez para pensar en positivo, lo cual funcionó enseguida—(Comeré conejo hoy, pero no el tuyo, Adalia).

CONTINUARÁ…

7. Februar 2021 16:49:29 0 Bericht Einbetten Follow einer Story
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