nefilimsoul Nefilim Soul

Esta pequeña historia de amor fantástico, está inspirado en la canción "Favola" de Eros Ramazzzoti, quién a su vez se basó en: "Fabula de Amor. Las Metamorfosis de Piktor", de Herman Hesse para su creación.


Fan-Fiction Nicht für Kinder unter 13 Jahren.

#32816 #fanfiction #fluff #otayuri #yoi #gaylove #romance #sakura #primeramor #transformación #iluminación #fábula
Kurzgeschichte
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Favola









Era víspera de navidad en Canadá, con un tráfico imposiblemente denso, atípico considerando años anteriores; aceras saturadas de personas cargadas de la emotividad propia de la temporada, ajenas a su drama personal... Jamás cruzó por su mente que su vida daría un drástico giro precisamente en esta fecha y mucho menos de la forma que ocurrió.




Salió casi corriendo del edificio, estuvo a punto de caer de bruces más de una vez en su intento de huir del edificio mientras bajaba las escaleras de la entrada principal. Tiró de su corbata aflojando el nudo apretado que impedía entrara aire en los pulmones. Necesitaba salir del lugar.




Se sentía fuera de sí, hastiado, triste, decepcionado, pero sobre todo, cansado.





Cansado de la vida que llevaba. Lo tenían harto, con cada petición o exigencia le estaban succionando las ganas de seguir viviendo.





Murmuró rabioso, para sí, entre dientes apretados:




-¡Era una vil marioneta, por Dios! ¿En qué había dejado que lo convirtieran? !Una carcasa sin alma, sin corazón! Ellos eran su familia... ¿Qué no se supone la familia está para cuidar y proteger?-



Cuando estuvo en la acera, camino por la avenida ensimismado. Hasta que una retahíla de maldiciones con voz femenina y un empujón le hicieron levantar la vista, se disculpó al aire, pues ya no estaba la mujer que seguramente en su descuido había lastimado.



Observó que había llegado a donde estaba ubicado su lujoso departamento. No quiso subir, sabía que los encontraría dentro esperándolo con una nueva sarta de mentiras e imposiciones.




Buscó entre las bolsas de su traje las llaves de su única vía de escape. Entró al estacionamiento privado sin que lo viera el mozo. Se quitó el saco al igual que el resto de sus pertenencias, arrojándolas sin cuidado al piso. Montado en su antigua motocicleta, se abrigó con la chaqueta de cuero que guardaba dentro de una de las alforjas y salió a la calle sin dirección alguna.




Cruzó el límite de la ciudad. Eligió una carretera sin reparar en su destino. Notó el clima endureciéndose conforme se acercaba la noche. Paró a cargar gasolina en el primer establecimiento que se topó en el camino pagando en efectivo, no quería ser localizado por los movimientos de su tarjeta bancaria.




Siguió rodando por la misma carretera solitaria que era cercada por un espeso bosque ligeramente cubierto de nieve. Aumentó la velocidad, esperando que el aire gélido lo ayudara a templar su ira, tomaba sorbos de aire frío para mitigar un poco el dolor del nudo apretado en su garganta por las emociones contenidas.



Continuó su travesía sin parar.



Por el rabillo del ojo captó el tenue reflejo de un lago cercano a las inmediaciones del bosque. Se desvió por un camino de terracería apenas tocado por la nieve, se estacionó a un costado, bajó del vehículo y empezó a caminar bosque adentro con algo de dificultad por el tipo de zapatos formales que aun calzaba, hasta encontrar el borde del pequeño lago.




Al llegar a la orilla, quedó petrificado admirando el paisaje. Era simplemente hermoso. Los rayos del sol se flejaban en el agua congelada mientras terminaba de ocultarse en el horizonte haciéndole brillar como si de una alfombra de diamantes se tratase; resaltaba el color del follaje ya cristalizado de los árboles dándoles un aspecto onírico... Irreal.



Hacía tanto tiempo que no se daba la oportunidad de admirar la naturaleza...




Con dolor recordó la última vez, fue en Almaty cuando visitó a su abuela pocos meses antes de que falleciera. Sintió el ardor en los ojos provocado por las lágrimas picando por salir.




Se sentó sobre el musgo húmedo que cubría una raíz saliente del primer árbol que encontró. Recostándose sobre el tronco observó la entrada paulatina de la noche, mientras trataba de callar su atormentada mente.



Notó caer las primeras gotas de aguanieve, giró su rostro al cielo cuando la lluvia arreció dejando que mojara su rostro y ahí sí, se permitió llorar.



Soltó cada una de las lágrimas que había contenido desde la muerte de su abuela años atrás... Su Abuela, su guía, su protectora, su bastión, su "dulce abuela sauce" como bien la bautizó Aiman cuando vieron juntos la película de Pochahontas.




Aumentó su llanto sollozando desgarradoramente, reviviendo también los recuerdos de su hermanita Aimán... Su princesita, su única amiga, la razón por la cual había aceptado cumplir todos los caprichos de la familia, con la condición de que a ella le dejaran en paz viviendo la vida que escogiera. Con la muerte de su hermana menor entendió que tratándose del destino, de nada servían las precauciones, pues éste, terminó llevándose su vida súbitamente en un estúpido accidente vehicular justo en vísperas de navidad.



Empapado por la lluvia y sus propias lágrimas se sinceró consigo mismo. Entendió que después de la muerte de la Aimán perdió totalmente el rumbo. Dejó de importarle del todo su vida, se sumergió en el trabajo, en los negocios. Se tornó frío, desalmado, vacío, sin amigos, sin querencias, sin apegos.




El resto de su familia sólo se preocupó en exigirle dinero con más frecuencia, ignorando sus necesidades emocionales. Pero, después de las aberraciones que escuchó ese día a escondidas, decidió salir huyendo del lugar, dolido, asqueado y sintiéndose profundamente miserable, se fue sin mirar atrás. Habían sobrepasado sus límites.




Su traicionera mente le envió imágenes y sonidos de la maldita conversación, por más que trataba de suprimir los recuerdos, se repetían en bucle. Le parecía escuchar nuevamente los gritos de su padre, a Serik y Temir (sus hermanos menores), a Jean su supuesto amigo, a su madre y el llanto de Isabella. Discutían sobre el origen de la paternidad del hijo que crecía en el vientre de Isabella, su futura prometida, a quien conocería hoy por primera vez La paternidad la disputaban Jean, Serik y su propio padre, todos intimaron con ella... Y él ni siquiera le conocía.



Sus padres se presentaron un día mostrándole un archivo con su foto, lo orillaron a aceptar escudándose en que ya debería haber un heredero para el imperio Altin y él aceptó. Aceptó con tal de que se fueran y lo dejaran solo en su oficina trabajando.



Lo que terminó por horrorizarlo del griterío fue que su madre dictaba la estrategia a seguir. Amenazó a Isabella para que se acostara con él lo más pronto posible, así no habría excusas y lo apresurarían a él a casarse antes de que se notara el embarazo de su flamante prometida. De esta manera él tampoco notaría el desliz. La escuchó también amenazar al resto de la familia para que quedasen con la boca cerrada so pena de ser desheredados y cortarles los cuantiosos fondos monetarios. A Jean, le daría una generosa compensación por su silencio.



Prefirió no terminar de oír. Dio la vuelta haciendo el menor ruido y se marchó del sitio.




~*~




Lloró durante casi toda la noche dando rienda suelta a su catarsis.



Cuando la lluvia escampó un par de horas atrás, comenzó a sentir el entumecimiento de sus extremidades debido al frío. Se sintió terriblemente cansado, como nunca antes, con el cuerpo dolorido; los ojos casi cerrándose por la hinchazón y el sueño atrasado.



Con esfuerzo, se puso de pie, quería recibir el amanecer rodeado de toda esa belleza natural. Se quitó la chaqueta mojada quedando solo en mangas de camisa, pues estaba acostumbrado al frío inclemente después de vivir su infancia y adolescencia en inhóspitas zonas de Kajistán, con sus abuelos.



Dolorosamente, extendió sus brazos a cada lado para sentir los primeros rayos de sol calentando su cuerpo, entibiando los restos de su pétreo corazón.



Volvió su vista al cielo cerrando sus ojos, llenó sus pulmones con ese gélido aire limpio necesitado de un poco de purificación.



Caminó adentrándose en el bosque, guiándose por la orilla del lago; admirando la vida cotidiana de las especies que ahí residían, fascinado por la extensa variedad de árboles y plantas coexistiendo. Ni siquiera cuando la vegetación se volvió espesa, pensó en detener su improvisada exploración.



La caminata le instó a meditar sobre su vida, concluyendo que su alto perfil económico había terminado por aislarlo. Desde que dejó la casa de sus abuelos en Almaty, se atrofió esa parte que le permitía entablar relaciones personales cercanas, volviéndolo casi hermitaño u hostil.




Sin embargo, si algo debía agradecerle a Jean Jaques, era el haber conocido a Leo de la Iglesia. Una persona increíble y una eminencia en todo los temas relacionado con los retorcidos caminos de la psique; incluyendo el plano metafísico. Jean se lo recomendó como una forma de ayudarle a "reparar su discapacidad social".



Leo se convirtió en poco tiempo en lo más cercano a un verdadero amigo, nada parecido a su extraña relación que soatenía con Jean.



Fue tal el grado de empatía con Leo, que solicitó sus servicios profesionales. En una de sus sesiones, el doctor le confesó que era descendiente de una larga estirpe de chamanes mexicanos; de ahí su fascinación y práctica del misticismo que llevaba a la par de sus investigaciones científicas.



En la primer cita de diagnóstico, una vez realizados los exámenes médicos previos correspondientes, le explicó de sus los resultados. Leo, no conforme con negarse a medicarlo, decidió tratarlo desde el enfoque de la medicina alternativa; medicina ancestral.




Durante la explicación de sus argumentos, trajo a colación el tema del karma y las consecuencias en su estado físico actual, así como una breve introducción a las posibles raíces metafísicas de su mal.



En las sesiones posteriores discutieron tales raíces místicas. Abrieron la puerta a innumerables mitos antiguos. El médico le hizo orientar su atención a los mitos que hacían referencia a las almas gemelas y el árbol de la vida.



Leo dió su singular versión del origen de su problema. Le afirmó a Otabek que era una alma antigua sufriendo la ausencia de su alma gemela, pues, era tal el apego a ella debido a la intensidad de su unión, de su amor durante sus vidas anteriores, que en su vida presente la carencia de esta compañía le impedía relacionarse sexual o románticamente con otras personas. Aparentemente su subconsciente lo percibía como una traición.



Su argumento indicaba también que esta desazón influenciaba negativamente en su equilibrio espiritual. Citó las creencias persas, bahaistas, egipcias, islámicas, hinduístas, germánicas, eslavas y celtas del Árbol de la Vida.



Profundizó en la ideología de los druidas celtas, cuyo conocimiento sobre este Árbol también era aplicado para cada individuo; es decir, que cada persona poseía en su interior un Árbol de Vida que les permitía crecer en sabiduría, creando un vínculo con el Mundo de los Espíritus, debido a que sus Ramas podían tocar el Cielo, y sus Raíces, llegar al Mundo de los Muertos. Le hizo entender, que al haber desatendido su "Árbol Interno", se dañó su Conexión Espiritual, creando en él una dolorosa lucha corpórea.




Había pasado sólo un par de días de esta última sesión. No había dormido desde entonces dándole vueltas a toda la explicación, con ella, el entendimiento de muchas situaciones le había llegado de golpe. Ahora le quedaba claro el porqué de su tristeza constante al dejar a sus Abuelos.



En sus cavilaciones, dedujo que su dolor no sólo fue por extrañar a sus seres amados o su hogar; en realidad, fue por tener que alejarse drásticamente de todo su entorno: Del contacto con la tierra, los animales, los astros que admiraba durante sus cabalgatas nocturnas, las cacerías con el águila de su Abuelo, los alimentos tradicionales preparados por su Abuela, el hermoso "kara ton tulku" que fue cosido amorosamente con sus cansadas manos... Su hermosa Abuela... Ella, quien a pesar de tener el Islam como religión primaria, mantuvo las costumbres paganas inculcadas por sus ancestros, esmerándose en que él las aprendiera y posteriormente transmitiera a sus hermanos, a sus descendientes.



Nostálgico, levantó la vista al cielo y dijo:



-Feliz navidad, Amores-. Refiriéndose a sus seres amados... Seres que ya no habitaban en esta dimensión.




Era la mañana del 25 de diciembre.





~*~




Observaba el lago, perdido en sus pensamientos cuando de pronto creyó escuchar la voz de su Abuela en un murmullo a su espalda:



"- Otabek...Otabek...kiskentay ayu...-"




Giró de golpe tratando de localizar la fuente del sonido.



Buscó nervioso la voz. A penas adentrándose unos metros en la vegetación, vislumbró un enorme árbol, frondoso, de follaje con colores brillantes, sin seña de haber sido tocado por la nieve.



Era un impresionante "sakura", un árbol de cerezo, su árbol favorito; tapizado de flores blancas con pinceladas turquesa en el centro donde brotaban los pistilos. El tono de las flores le recordó las aguas del Lago Kaindy. Al darse cuenta de este hecho, titubeó preguntándose qué hacía ese especímen ahí; no estaba en Toronto o Vancouver, además, su floración ocurría solo en primavera. Y hasta donde sabía, no existía algún especímen con esos colores, al menos no uno natural.



Cayó hipnotizado por su belleza, sentía el vibrante pulso energético que emanaba desde las raíces. Nuevamente percibió la voz de su Abuela, cantando en suaves susurros entre las ramas agitadas suavemente por el viento... Era una vista de ensueño.



Pensó brevemente que tal vez había muerto de hipotermia la noche anterior o se estrelló en la carretera.



La curiosidad le ganó. Tomando en un puño el amuleto que Leo le obsequió, similar al árbol sefirótico de la Qabbaláh, lentamente se aproximó. Con cada paso, sentía el hormigueo que dejaba en su cuerpo la energía desprendida por el cerezo. Tuvo la necesidad repentina de descalzarse. Así lo hizo, tal vez fue su manera de cerciorarse con sus otros sentidos que todo era real.



Estando a un par de pasos del tronco, sonrió. El cerezo no solo poseía las flores más hermosas que hubiese visto, también guarecía en su tronco un conejo blanco con sus crías; más arriba, un búho de plumaje blanquecino, permanecía impasible ante una enorme colonia de mariposas cristal que volaba en espiral rodeando el tronco, para después perderse entre las ramas mimetizándose con el follaje.



Observó maravillado hasta donde su vista alcanzaba. Había nidos de aves de distintas especies conviviendo entre sí, incluso había nidos de colibríes. Cuando un polluelo colibrí revoloteó a su alrededor dándole la bienvenida, elevó el dorso de su mano. El pequeñísimo pájarillo de un blanco nevado se posó en su índice, como una mariposa.



Jadéo impresionado, no encontraba palabras que describiera el torbellino de emociones en su interior, excepto felicidad.



Sintió un ligero toque cerca de su rodilla y al bajar la vista se topó con una imagen aun más surrealista; dos cervatillos albinos lo veían, esperando estáticos su reacción. Él se hincó despacio, con deseo de acariciarlos, pero no quería asustarles. Con movimientos suaves, los mimó; éstos, una vez contentos con su toque se alejaron trotando entre los árboles.



Un extraño sentimiento de pertenencia le incitó a ponerse de pie frente al árbol y abrazar el tronco, tratando de abarcar la mayor extensión con sus brazos. Cerró los ojos pegando el oído a la corteza, tal como vio a su Abuela y a Leo al enseñarle a escuchar el pulso de la tierra, a conectarse con la madre naturaleza, con el universo.



Otabek oró, como aprendió de niño. Clamó pidiendo perdón a la madre tierra por abandonarla, perdón a sus dioses por no estar presente cuando sus seres amados dejaron este plano existencial; perdón por no tener la fortaleza suficiente para convertirse en el guerrero protector de su estirpe, el guardián de sus raíces que estaba destinado a ser.



Pidió con fuerza convertirse en uno con la naturaleza. Rogó por una nueva oportunidad de volverse su protector, pidió ayuda para encontrar la sabiduría y cumplir con el destino que fue escrito para él.



No quiso abogar por encontrar a la Mitad de su Alma, pues si ese ser poseía el espíritu tan grandioso que Leo vaticinó, no se sentía merecedor de su presencia; mucho menos sería tan egoísta como para arrastrarle a su espantosa vida. Sin embargo, sí pidió protección y bendiciones para ella, si es que aun existía.



Siguió orando sin parar, inmóvil. Ni siquiera abrió los ojos. Cayó en una especie de trance. Dejó de sentir hambre, frío, sueño, cansancio, soledad, dolor... El tiempo.




~*~





La mañana del primer día de marzo, súbitamente sintió los rayos de sol calentarle y abrió los ojos. Un cosquilleo cerca de sus pies lo hizo enfocarse topándose con la imagen de una ardilla rascando entre las raíces buscando comida.



Abrió desmesuradamente los ojos cuando una pequeña mariposa blanca se posó en su cara impidiendo su visión, trató de alejarse, pero no pudo. Su cuerpo estaba rígido, pensó que estaba entumido por mantener la misma posición tanto tiempo aun sin percatarse del cambio de estación en el panorama. Reunió toda su fuerza tratando de mover sus brazos y una seguidilla de chasquidos de ramas resquebrajándose hizo correr a los animales, resonó una sinfonía de piares y revolotéos de aves, también quejándose.



Extrañado, se dió cuenta que no se había movido ni un centímetro, la rigidez del cuerpo permanecía.



Lleno de frustración, frotó su cabello con las manos y lo único que sintió fueron ramalazos. Enervado, fijó su vista en una de sus manos, y sí, en su lugar había una gran rama cubierta de flores, iguales a las del cerezo.




Ahora más asustado, agitó los dedos para cerciorarse de no estar fantaseando, las ramificaciones menores se movieron restregando las flores; obtuvo el mismo resultadco on la otra mano. Miró hacia abajo, donde debería estar su cuerpo humano y sólo estaba el enorme tronco de corteza oscura; trató de flexionar los dedos de sus pies vio que la tierra se abría, dejando ver las raíces ondulando... Sus plegarias habían sido escuchadas convirtiéndolo en uno con la tierra... Era un nuevo guardián de la naturaleza. Lo embargó una inmensa alegría.




"Esa era la felicidad", pensó. Al fin la había encontrado.



Cerró sus ojos sobrepasado por la emoción, percibiendo a su vez algo muy curioso, no sentía el retumbar de su corazón. Captaba únicamente un pulso de energía que venía debajo de sus raíces, desde las profundidades de la tierra. Eran como destellos de luz que lo recorrían hasta las puntas de sus ramas saliendo despedidos al cielo, hacia cada ser que habitaba en él y a su alrededor en el bosque nevado.



Sonrió feliz, agradecido con el universo por la bendición recibida. Conforme la paz le embargaba, se dedicó a observar el paisaje dándose cuenta de cómo la primavera anunciaba su arribo.



No dedicó más de un par de minutos en pensar si había muerto y reencarnado... Eso ya no le importaba.



Así pasaron los años.



Sirvió de refugio a los Seres Espirituales que colaboraban en la protección de la naturaleza, aquellos hermosos animalitos blancos que conoció la primera vez que estuvo allí y que tomaban tal forma terrenal para protegerse de los humanos perniciosos.



No contaba los años, no obstante, era consciente del tiempo siendo testigo del paso de las estaciones.




La primavera que llenaba de vivacidad y color el bosque. El verano que lo bañaba con su refrescante lluvia y apagaba su sed. El otoño con sus ventiscas coloreando de sepia todo el paisaje. El invierno que recordaba el inicio de su renacimiento entre nieve. Todo era perfecto... Todo era paz... Todo era felicidad.



Hasta que un día...




~*~




Nuevamente se acercaba el solisticio de invierno. Eran los primeros días de diciembre y, como cada año la nieve ya estaba pintado ligeramente de blanco el paisaje.



Contemplaba el lago reflejando los rayos del sol a medio día cuando escuchó una estruendosa voz masculina:



-¡Poootya! ¡Potya! ¡¿Dónde estás gata del demonio?!-



Unos pequeños rasguños lo sacaron del shock. Sonrió al ver un pequeño minino batallando por trepar a su tronco; acercó una rama facilitándole el trabajo e inmediatamente el gatito subió enroscándose en ella. Otro atronador grito hizo eco, cimbrando la paz del bosque:



-¡Pootya, Maldita sea! ¡Si no apareces en este instante, me haré una cartera con tu piel, gata desobediente!-



Esta vez sonó más cerca, pudo captar las pisadas crujiendo sobre el pasto congelado. Percibió también a los habitantes del lugar removerse inquietos.




Otro llamado menos potente, pero, angustioso, resonó:



-Potya, no quiero una paleta de gato como mascota ¡¿Dónde diablos te metiste?!-



El cerezo le preguntó mentalmente a su protegida si era la tan buscada Potya, y ésta contestó afirmativamente con un maullido.



En cuestión de segundos logró ver la silueta del hombre que la buscaba; venía caminando de espalda a él tratando de distinguir entre la maleza una señal del animalito, habiendo escuchado el maullido.



Conforme se acercaba, notó que era un hombre joven, alto, de cuerpo atlético; vestía un grueso abrigo blanco que simulaba el pelaje de un tigre albino. Sin embargo, lo que más llamó su atención fue el cabello dorado que brillaba reflejando los rayos del sol. Potya volvió a maullar, llamando al humano que giró de golpe en su dirección mostrando una enorme sonrisa, aliviado.



Cuando Otabek pudo ver de cerca al joven, quedó impactado por su belleza.



Poseía el rostro más hermoso que hubiera visto jamás, ni siquiera durante su vida humana. Las líneas de su rostro se conjugaban otorgándole una belleza antinatural. Su sonrisa competía con la de la más agraciada ninfa y sus ojos... Sus ojos tenía el mismo raro color verde de sus flores, como la tuquesa, como las aguas del lago Kaindy... Juraría que le había robado al cielo el brillo de dos estrellas.



Sintió estremecer sus raíces, captó un acelerado golpeteo retumbando dentro de él. Éra una sensación parecida a la de su corazón acelerado de emoción, siendo todavía un hombre.



Desconcertado, no apartó su atención del precioso rubio, quien en ese momento, apoyó el peso de su cuerpo sobre su tronco, estirando los brazos e intentando llegar a la mascota.



Otabek, aprovechando la situación apreció su embriagante aroma y la tersura de su piel ruborizada por el esfuerzo. Sus ojos verdes refulgían con decisión, tornando su mirada en la de un belicoso estratega, como la de un soldado decidido a librar una batalla.



El rubio paró su cometido sin previo aviso, giró el rostro, posando su analítica mirada en él; provocando que se cimbrase internamente y sus extremidades picaran por tocarlo, envolverlo, protegerlo.



El joven, ajeno a sus pensamientos, delineaba su rostro con la punta de sus dedos; curioso por el hallazgo, lo escuchó divagar murmurando:



-¿Eres un árbol corazón, como el de Game of Thrones? No, no lo creo, porque tu rostro es hermoso, los otros dan miedo... Si existiera un hombre con tu cara ya me hubiera enamorado, ¿verdad, Potya?- La felina maulló dándole la razón.




El kazajo sintió una especie de calor extenderse desde su centro abarcándolo todo. Sin poder, ni querer evitarlo, alargó una de sus ramas para acariciar su dorado cabello. Cuando el chico lo notó, pegó un brinco alejándose unos metros, gritando asustado:



-¡Qué mierda! ¿Cómo...? ¡Potyaaléjatedeahí! ¡Q-qué mierda...! ¿F-Fu-Fuereal o-lo-lo imaginé?-



Otabek viendo el pánico del bello hombre decidió alargar la rama donde se encontraba la gatita, tratando de dejarla cerca de él, a manera de tranquilizarlo.




Temblando y enmudecido de la impresión, apartó al animalito con sus manos a toda prisa, girándose enseguida sobre sus talones con intenciones de salir corriendo. El sakura se entristeció por ahuyentarlo.




Sin embargo, grande fue su sorpresa al verle detenerse y regresar sus pasos para verlo de frente con ojos entrecerrados. Potya aprovechó para saltar de sus brazos corriendo a restregarse en su tronco y pidendo su atención. Sin hacerla esperar, el árbol la tomó entre sus ramas, acariciándola hasta quedarse dormida.



Durante todo el intercambio de mimos el joven de mirada verdosa los observó inmóvil, pero evidentemente nervioso, cuando la felina se durmió dijo:



-¿Qué eres? ¿Eres real o me partí el cráneo cayendo en un socavón? ¿Eres un sakura? Porque de ser así, no deberías estar todo floreado en esta época del año-.



Las divagaciones continuaron:



-¿Hablas, caminas, comes? Espero que no comas gatos... O Yuris... ¿Eres como Groot? ¿Su pariente o algo así? ¿Tienes tu propio amigo mapache badass? Porque ese si es super cool... Okeeey, supongo que no hablas... ¿Me voy acercar, vale? No me comas, ni me des de ramazos porque te juri que haré una fogata contigo... Genial, Plisetsky, acabas de encontrar un árbol mágico y ya quieres quemarlo-.



Obviamente, Otabek no tenía idea del noventa porciento de las cosas que decía el chico de cabellera dorada, aunque la última frase mascullada le hizo reír y agitar sus ramas, provocando que cayera una ligera lluvia de flores sobre el joven humano; las aves anidadas soltaron una sinfonía de trinos felices y los Espíritus del Bosque asomaran su cabeza desde su escondite, extrañados por su reacción. Vio contento cómo el rubio sonreía feliz disfrutando el espectáculo, después le dijo:



-¡Eres increíble! Oye, me llamo Yuri, ¿quieres ser mi amigo mágico o no?... Como no sé tu nombre te voy a llamar: "Groot", poque eso de "Amigoárbolmágico", suena muy raro, ¿de acuerdo?- Alargó su mano en pose de saludo formal.



Otabek movió una de sus extremidades transformándola en una especie de mano hecha de ramitas con flores, envolvió la mano de su nuevo amigo quien le sonreía deslumbrante, dando así inicio a su peculiar amistad. Se maravilló de lo rápido que el chico aceptó su naturaleza fantástica y buscó una manera simple de comunicarse entre ellos: Yuri hablaba y Otabek movía sus ramas. Ese mismo día, Yuri conoció a los Espíritus del Bosque, quienes, curiosos de conocer al precioso humano se acercaron a tocarlo y juguetear con él, reconocían su alma noble.



Al empezar a oscurecer Yuri se despidió prometiendo volver al día siguiente, se alejó dedicándole una pequeña sonrisa, mientras dejaba una tierna caricia sobre su rugoso rostro.



Durante toda la noche, Otabek no dejó de pensar en el sorpresivo encuentro, la increíble empatía de Yuri con los "extraños" habitantes del bosque, el desastre de sentimientos que provocó en él su sola presencia. Le asustaba y le emocionaba a partes iguales.



Así continuaron los días.



Cada mañana, el guapo muchacho llegaba acompañado de Potya para charlar y juguetear con los demás guardianes de la naturaleza, quienes a estas alturas también habían caído enamorados de él, sí, también, porque el primero en hacerlo fue el alma de Otabek... Auque éste sería el último en darse cuenta...



En una de sus visitas, Yuri le contó que era era el mejor bailarín del ballet ruso y el largo camino que tuvo que recorrer para lograrlo; le contó además, de su persistente sufrimiento por la ausencia de su abuelo, fallecido un par de años atrás y del que aún le costaba superar su ausencia, pues era el último miembro de su familia que le quedaba con vida. Habló de sus escasos amigos a quienes consideraba como una familia más; tímidamente le mencionó de su soltería, pues aún no había conocido el amor verdadero, ni a la persona que llegara a su corazón... Yuri nunca supo del tornado de sensaciones abrumadoras que produjo en Otabek con esa confesión.



El invierno se abrió paso depués del solisticio trayendo la primer nevada intensa, aun así, no se detuvieron las visitas de su humano amigo.



Uno de esos días fríos, Yuri se acuclilló al pie de su tronco buscando guarecerse del aire gélido, mientras buscaba música en su móvil para mostrarle sus canciones favoritas. Otabek, sin pensar, alargo sus ramas creando una especie de nido-capullo para él con su follaje, lo envolvió y elevó, acurrucándolo; sus rostros quedaron a la misma altura. Yuri le regaló una pequeña sonrisa con la mejillas sonrosadas y ojos brillantes, agradecido, acarició dulcemente su amaderado rostro. Otabek sintió de nuevo sus entrañas retorcerse, además del calorcillo que creció en intensidad abarcando todo su interior.



Ese día, descubrió que por fin se había enamorado, que había encontrado sin dudar la preciada Mitad de su Alma.



Todo cambió desde esa mañana, pues ambos parecían buscar el menor pretexto para compartir caricias suaves, tiernas, llenas de amor puro, sincero, limpio... Como lo es el primer amor.



Pero, el 24 de diciembre...





~*~





Yuri llegó muy temprano ese día, se veía ojeroso, desaliñado, abatido y lo más extraño, solo, sin su inseparable acompañante felina. Al saludarle, Otabek vió con desconcierto la forzada sonrisa antes fácil y deslumbrante; estuvo callado por varios minutos; se alejó a contemplar el paisaje del lago, dándole la espalda.



A mediodía, se giró con la cabeza gacha caminando hasta él, cuando estuvo a un paso, se abalanzó sobre su tronco, abrazándolo, mojando su corteza con sus lágrimas incontenibles. Otabek, asustado, lo envolvió con sus ramas esperando tranquilizarlo, pero, lejos de lograrlo, el llanto se volvió más desgarrador.



Pasaron varios minutos hasta que el ruso pudo controlarse, entre sollozos quedos, dijo:



-Hoy es el último día que vengo a verte, Groot... Por la tarde tengo una presentación... Y mañana por la mañana, debo... Debo regresar a mi país, tengo un trabajo que... Que no puedo dejar. Es lo que hago para sobrevivir, es... Era lo que me hacía feliz... Hasta que te conocí-.



Lloró descontroladamente, mientras unía su suave frente con la rugosa de él, su brillante mirada nublada de tristeza lo llenó de angustia y dolor. No podía hablarle, no podía retenerle, pertenecían a naturalezas distintas... Lo iba a perder sin poder hacer algo, sin decirle cuánto le amaba.




Entonces, Yuri susurró:



-Creo, yo... Me enamoré de ti, Groot... Me enamoré por primera vez y fue de un árbol mágico... Qué tan raro y loco es eso, ¿eh? Ni siquiera tengo la certeza de que entiendas algo de lo que te digo... Pero, es así... Quiero que sepas...Yo...Te amo...- Y lo besó.




Fue un beso breve, sutil, apenas un toque. Sin embargo, Otabek sintió una descarga de electricidad parecida al golpe de un rayo. Todavía aturdido escuchó el resto de la declaración del rubio:



-No sé si pueda regresar pronto... O si alguna vez te encuentre de nuevo, así que, te traje un regalo de navidad para que no me olvides... Porque ten por seguro que yo jamás lo haré... El regalo es algo pequeñito, pero, es mi bien más preciado, quiero que lo tengas tú-.



Yuri desató de su cuello una fina cadena con la delicada figura de una bailarina con alas de hada y la colgó en una ramita cerca del rostro de Otabek. Al terminar, susurró entre lágrimas:



-Era de mi madre. Es lo único que tengo de ella, falleció cuando nací... Sigue protegiendo a nuestros amiguitos del bosque, ¿vale?... Sigue siendo tan mágico, único y hermoso... Pero, no enamores a más excursionistas incautos, ¿eh?... Feliz Navidad, Groot... Hasta pro... Hasta otro tiempo-. Giró sobre sus pasos y se fue sin decir más.



De pronto, sin más, Otabek se vió sumido en la soledad antes no notada del bosque. Aún podía escuchar a lo lejos los leves sollozos y sus pasos alejándose, crujiendo en el hielo.



Cuando el entendimiento y la realidad le golpearon, sintió un dolor sordo en su interior. Un dolor tan lacerante que lo hizo retorcer su tronco dobládolo hasta casi partirlo. Quiso gritar, pero solo provocó un estruendo ensordecedor como el de un relámpago; agitó las raíces abriendo la tierra y generando un fuerte temblor en todo el bosque. La resina de su cuerpo emanó en pequeños ríos a través de sus ojos a modo de llant. Los animales guarecidos en su cuerpo, salieron disparados asustados; los Espíritus del Bosque soltaban lágrimas, acompañándolo en su pena.



Pensó que con las pérdidas de sus queridos había experimentado el mayor pesar, pero no, el dolor de saber que había perdido a Yuri, que no escucharía de nuevo su risa, no olería su perfume, no acariciaría su pelo, su rostro, sus labios; que no podría admirar de nuevo el inigualable color de sus ojos, no tenía comparación. Su sufrimiento era tan grande que se sentía morir.



Agonizante de dolor atesoró entre sus ramas el regalo que le dejó, recordando cada momento junto a él, derramando resina y agua por sus ojos hasta quedarse seco.



Continuó en esa tónica, las flores habían caído muertas desde el tercer día.



Se derrumbó inerte en el suelo tras retorserse dolorido por días hasta arrancar sus raíces del suelo. Desolado, suplicó al Universo, a la Madre Naturaleza, ya no plegarias cargadas de nobleza, en esta ocasión únicamente les pedía morir. Reclamó el haberle dejado conocer la felicidad absoluta, el amor al lado de su Otra Mitad para después arrancarlo de su vida.




Quería morir, necesitaba morir, no podía más con el vacío de su dolorido corazón.

Se arrepentió a viva voz de haber pedido otra oportunidad y ser parte de ese mundo, maldijo su equivocado concepto de felicidad, porque, la cercanía de Yuri, su amor, era la felicidad verdadera.



Llorando, se sumergió en la nada... Inconsciente, no supo si las Fuerzas Supremas respondieron a su petición.





~*~




Acababa de terminar la última función. Era una gala de beneficencia para una organización internacional que ayudaba a la preservación de los bosques.



En su camerino, mientras se desmaquillaba, tomó en sus manos el cartel del evento que tenía la imagen de un hermoso cerezo... Una réplica de aquél. Había puesto como única condición para participar que dicha imagen apareciera en la publicidad. Incluso estuvo presente en el diseño.



Sus amigos preguntaron la razón de tan extraña petición, él sólo explicó que estaba inspirado en el amor de su vida. Insistieron queriendo saber más detalles y él devolvió mutismo.



Delineó la imagen del árbol y, no pudo evitar las lágrimas. Precisamente se cumplían tres años desde la última vez que lo vió, era 24 de diciembre nuevamente.



Se preguntaba, como cada vez que lo recordaba, si todo aquello había sido real. Su respuesta llegaba inmediatamente al ver la pequeña cajita de cristal que siempre llevaba con él. Una cajita donde resguardaba su nuevo tesoro: Un ramito de flores de cerezo blancas con pinceladas azulverdosas. El sakura mágico se lo obsequió al segundo día de conocerle; seguía intacto y, con ese hecho, él guardaba la esperanza de que estuviera bien.



Le parecía tonto, pero, sus sentimientos por él no habían amainado, al contrario, se acrecentaban día a día. Ahora empeorados por los sueños, porque sí, había llegado al punto de soñar con un hombre guapísimo que tenía las mismas facciones del rostro en el árbol, de piel tostada y cuerpo escultural; hombre que lo abrazaba jurándole amor eterno entre besos.



Esos eran sus peores días, se volvía doloroso despertar y darse cuenta que nada era real.



Enterró su rostro entre sus manos, mientras daba rienda suelta al llanto que había contenido desde la primer función.



De pronto, un toque en la puerta lo distrajo. La voz efusiva de Mila, su amiga y representante, llegó desde el otro lado de la madera:



-¡Hey, Tigre! Llegó otro arreglo de flores, y antes de que me insultes, creo que éste sí tienes que verlo... Te va a encantar-.



-Quiero estar solo, Bruja. No me interesa-.



-Te dejo solo en cuanto lo veas, sólo abre la puerta y míralo; si no te gusta, pues, me mandas a la mierda y me lo llevo-. Conocía a su amiga y sabía de sobra que podría estar horas insistiendo.




Desganado, se limpió las lágrimas con las mangas de su chaqueta y abrió. Nada lo preparó para el impacto de lo que vio.



Mila cargaba en sus brazos un arreglo floral de alrededor de un metro de alto. Tenía la forma de una preciosa bailarina con alas de hada, exactamente igual al colgante de su madre. Estaba hecho con flores de cerezo idénticas a las que guardaba en su camerino.




En un surro preguntó:



-¿Quién...Quién trajo esto?-



-Vamos a ver... La tarjeta solo dice: "Con amor, de Groot"; ¿Groot? ¡Qué original!- Comentó entre risas.



-¿Es una broma? No-No puede ser... Rojita, ¿quién lo trajo?, ¿dónde está?- Inquirió ansioso y con voz temblorosa. No sabía si sentirse asustado, enojado o esperanzado.



Finalmente una risueña Mila contestó:

-Sinceramente, no lo sé, Yuri... Recuerdo que era un hombre guapísimo, eso sí, muy varonil, creo era kazajo, ya sabes, por su acento y rasgos; portaba traje de gala color azul oscuro... Acaba de irse, pidió entregarlo personalmente, pero cuando le dije que estaba prohibido, me lo dejó y salió del teatro todo tristón-.



Yuri dejó de escuchar a su amiga y salió corriendo en la misma dirección que le indicó. Vagamente oyó sus insultos por salir desabrigado, aunque sinceramente ni el frío sentía. Únicamente quería encontrar al hombre, preguntarle cómo sabía tal información. Su corazón latía desbocado mientras imaginaba mil cosas.



Había una muchedumbre en la entrada, angustiado por ser reconocido cerró su chaqueta negra y se cubrió la cabeza con la capuch. Salió acelerado tropezando con medio mundo, hasta llegar a la acera tapizada también de asistentes.



Enfocó su vista buscando al hombre con las características que Mila le dió, un nudo se formó en su garganta por la desesperación de haberlo perdido, cuando en la acera de enfrente bajo un farol antiguo estaba el único tipo que cumplía con la descripción.



Se acercó, sintiéndose pesado por los nervios; lo vio observar atentamente el cartel publicitario de la función colgado en el poste, acariciando la imagen del árbol con un dedo.



Estando a unos pasos, carraspeó e inquirió:



-Buena Noche, disculpe, ¿Usted entregó el arreglo floral de la bailarina?-El caballero se giró y pudo ver su rostro.



Jadeó impresionado, era el mismo rostro del árbol. La misma cara del hombre en sus sueños, los mismos ojos, la misma boca, la misma sonrisa.



Sonriendo, el individuo con voz varonil le contestó:

-Hola, Yuri... Tanto tiempo, ¿te gustaron las flores?... No pude darte tu regalo de navidad la última vez que nos vimos, así que...-



-¿Quién es usted? ¿De-de dónde me conoce?... ¿Co-cómo sabe de la bailarina?- Sin quitar la sonrisa y los ojos de un aturdido Yuri, éste respondió:



-Me llamo Otabek Altín, aunque mi mejor amigo me bautizó como "Groot", hace unos años... Te conozco del bosque donde perdiste a Potya y la bailarina pues...- Otabek abrió su traje rebuscando bajo su camisa y sacó una cadena de donde pendía un dije exactamente igual al de su madre, a Yuri se le llenaron los ojos de lágrimas y entre balbuceos preguntó:



-Es... Es la misma de mi mamá, tiene incluso sus iniciales... ¿Eres...? ¿Cómo...? Yo no...-



-Sí, soy yo, mi nombre de humano es Otabek Altín. El cómo... Es una larga historia. Hay cosas que ni yo mismo entiendo, sólo sé que se me otorgó esta nueva oportunidad para estar cerca de tí, para demostrarte mi amor. Porque también te amo, Yuri, me enamoré de ti, sé que eres la Mitad de mi Alma, mi todo... ¿Tú... Todavía me quieres a tu lado? Aunque ya no sea tu árbol mágico. Porque sino yo po...-



Yuri no lo dejó terminar, se abalanzó sobre él abrazándolo. Tomó su rostro entre las manos al mismo tiempo que lo besaba profundamente.



Casi fundido en él, besó después su rostro centímetro a centímetro, continuó con su cuello, hasta donde la ropa le permitía. Entre tanto Otabek, le recitaba las más hermosas palabras de amor, le juraba amor eterno correspondiendo a sus besos y caricias.



Yuri podría pensar que era uno más de sus sueños, sin embargo, el calor de su cuerpo, el sabor de sus labios, la suavidad de su piel tostada y el golpeteo de su corazón en el pecho le confirmaban la verdad.




Musitó entre besos:



-Eres el mejor regalo que la vida pudo darme... El mejor regalo de navidad... Mi milagro te navidad, te amo, te amo-.






~ FIN ~






23. November 2020 19:53:48 4 Bericht Einbetten Follow einer Story
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Das Ende

Über den Autor

Nefilim Soul Mis historias en su mayoría tienen como protagonista a dos personajes: Otabek y Yuri... son historias que cuentan la manera en que las vidas de estos dos se ven entrelazadas, en diferentes circunstancias, contextos, universos, diferentes tiempos... Historias que pueden ser la tuya, la mía, la de cualquiera. En AO3 puedes encontrar algunas pequeñas historias más con el mismo nombre de usuario: Nefilimsoul

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Sandra González Sandra González
aiñn con esta historia te conocí volverla a leer me llena de muchos sentimientos hermosos vuelvo a decirlo amo como escribes todas tus historias son tan perfectas ❤❤
November 25, 2020, 05:09

  • Nefilim Soul Nefilim Soul
    Sí, precisamente fue la primer historia que publiqué. Gracias por tus hermosos comentarios, me llenan el <3 November 25, 2020, 15:06
Taetatf Taetatf
Gracias hoy más que nunca necesitaba una historia como esta, llena de luz, magia y amor, de verdad graciasss😘
November 24, 2020, 15:52

  • Nefilim Soul Nefilim Soul
    Gracias a por darle una oportunidad y leerla, fue la primer historia que me anime a publicar(en la otra plataforma), así que, me hace muy feliz que la hayas disfrutados, tanto como yo al escribirla ;-) November 25, 2020, 15:10
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