mariajosercons María José R. Cons

En medio de la lucha eterna entre el bien contra el mal, habrá que sobrevivir a la pérdida y al amor, sabiendo que el orden universal se restablecerá aunque parezca imposible. ¿Qué harás cuando te salva la vida el hombre al que tu ORDEN te prohibirá amar?, pues, enamorarte de él, por más caro que te cueste. El Despertar. Mi segundo nacimiento te atará a una promesa aterradora, y aquel que más daño te ha hecho te ofrecerá la libertad. Una novela que se sumerge en las profundas aguas de las sociedades secretas, revelando sus intenciones ocultas, descubriendo sus señales y signos herméticos, abriendo las puertas de sus rituales secretos al profano, enseñando el significado de sus veladas palabras, mostrando sus más arraigadas y destructivas creencias. Una historia llena de amor, de muerte, de heroísmo, de la eterna lucha entre el bien y el mal, del sacrificio, de esperanza aun en la desesperación, de ángeles y demonios, de todo aquello que, a lo mejor, ignoras... Personajes de carne y hueso que quieren poder, que lo desprecian, que quieren liberarse de la esclavitud de la obediencia y que lucharán por salvar a la humanidad de la tiranía de los "Elegidos". Alma, y Alec unirán las dos fuerzas primigenias de la naturaleza y de la magia, para derrocar a Azazel que quiere instaurar su poder demoníaco en la tierra.


Romantik Junge Erwachsene Romantik Nicht für Kinder unter 13 Jahren. © TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS. Prohibida su copia y/o adaptación.

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EL QUE PROTEGE y DEFIENDE


“Quod est inferius es sicut quod est superius, et quod es superius es sicut quod est inferius, ad perpetranda miracula rei unius”.

“Lo que está abajo es como lo que está arriba, y lo que está arriba es como lo que está abajo, para realizar el milagro de la Cosa Única”.

- La tabla esmeralda.




Londres, mayo 2019


Desde aquel primer encuentro dramático y hermoso en el que me rescató de la muerte y me devolvió a la vida no pude olvidarlo. Intenté engañar a mi memoria diciéndome que solo había sido un sueño, fuertemente vivido, pero solo un sueño. Mi infantil excusa se tornaba inútil cuando cada madrugada su recuerdo cobraba vida propia. El destino contumaz se empeñaba en que se cruzaran nuestros caminos una y otra vez, haciendo que el destierro de su recuerdo fuera tarea imposible. Abstraída en mis evocaciones, llegué a mi destino.


El amanecer, dulcemente aseado por una fina llovizna, hacía que el ambiente templado y cálido de la mañana primaveral fuera calmante y refrescante como una pulverización de agua de Vichy en una tórrida tarde de verano. El sol lucía tierno y risueño, como un niño recién peinado. Siempre que volvía a casa, me deleitaba contemplando el amanecer desde el avión antes de aterrizar. Extrañamente no llegábamos con retraso y el viaje había sido extraordinariamente tranquilo.

Salí de la sala de espera del aeropuerto London City (la city) para recoger mi equipaje. No había avisado a nadie de mi llegada, y me resultó bastante insólito tener que buscar un taxi.


— Por favor, al número 7 de Saint James. —dije al taxista con contenida emoción, por fin regresaba a casa.

— Sí, señorita, con sumo gusto. —me respondió el taxista. Era un hombre con una incipiente calva, regordete, con modales amables y acento portugués; llevaba colgado del espejo retrovisor un crucifijo.


Después de una charla intrascendente pero muy agradable, llegamos a la dirección que le había indicado. Le señalé que tocara el interfono, colocado estratégicamente a la altura de la ventanilla, para que nos abrieran el portón de la entrada.

— Buenos días, traigo a la Señorita Alma. Por favor, pueden abrir el portón. Gracias —dijo con su meloso acento portugués.


El portón permitía observar la preciosa entrada de la casa enmarcada entre dos columnas. Toda ella pintada de blanco.

Con parsimonia el portón hizo su monótono recorrido y, por fin, pude verla. Siempre me había encantado esa casa, era tan, tan acogedora. La amaba porque de alguna manera creía que me protegía, cuando estaba en ella me sentía segura. Siempre había sido un refugio, para mí, en momentos oscuros.

El taxi se detuvo delante de la puerta de nuestra casa. Era una hermosa casa rodeada de árboles, con numerosos parterres de rosas salpicados con plantas aromáticas y una fuente redonda en dónde nadaban felices unos koi de color naranja intenso.


El taxista tocó el claxon para anunciar su llegada. Al momento salió Alberto a recibirme. Aún no había bajado del taxi, y ya estaba abriéndome la puerta.

— Señorita Alma, la esperábamos con contenida impaciencia, ha sido una grata sorpresa que regresara hoy —con una pequeña reverencia medida por años de experiencia, me recibió Alberto, nuestro mayordomo. Sonriendo con su media sonrisa, producto de un parálisis que tuvo de niño.


Alberto, llevaba toda la vida con nosotros. Nicolás, mi padre, lo había contratado cuando apenas contaba con 21 años y se había quedado huérfano. Era nieto de judíos alemanes, que habían tenido que escapar del holocausto nazi. Cuidaba de nosotros y llevaba la organización de la casa. Tenía unos once años más que mi hermano y siempre se responsabilizó de él como si realmente fuera su hermano mayor; y respecto a mí, yo era su niña, a la que consentía y mimaba.


— Permítame decirle que luce hermosa como la estrella de la mañana, —aseguró Alberto.

— Hola Alberto. Yo también me alegro de verte. —le dije, sonriendo.

— Llevaré las maletas a su habitación. —respondió. Con presteza abonó la carrera al taxista, quien mientras se alejaba, se despidió agitando la mano a través de la ventanilla.


Traspasé la puerta de la entrada, y me recibió el aroma a rosa y jazmín del jarrón que presidía el hall, coronaba una columna de alabastro con motivos orientales regalo de nuestro padre.

— Alma, ¿cuándo has llegado? —dijo mi hermano sorprendido por mi inesperada llegada—. ¿Por qué no me has llamado?, ¿podía haber ido a buscarte? –mientras baja las escaleras, mi hermano libera su sorpresa haciendo preguntas sin dejar que conteste a ninguna de ellas.

— Mateo, yo también estoy encantada de verte. Estas tres semanas se me han hecho larguísimas y hasta hoy, parecía como si el tiempo se hubiera detenido. —Le dediqué mi mejor sonrisa y corrí para abrazarlo.

— Alma, pero ¡qué bonita estás!. Eres mi hermana preferida. Te he echado tanto de menos. —Mateo, se paró en seco para mirarme y después me abrazó, cogiéndome en brazos como cuando era pequeña. Las lágrimas asomaban a sus preciosos ojos verdes, y no hizo ni el más mínimo esfuerzo por contenerlas.


Mateo, es mi hermano mayor, tan solo tiene siete años más que yo, pero tuvo que adoptar muy pronto el rol de padre conmigo, cuando nuestro padre murió a manos del traidor al que debo descubrir en la Orden, antes de que corrompa y destruya nuestra organización.

Nos gustan y aborrecemos las mismas cosas, pero nuestras personalidades son diametralmente opuestas aunque perfectamente complementarias. Es mi héroe, siempre está cuando lo necesito, y sé que pararía una bala por mí. Es la única persona en el mundo en la que puedo confiar. Nos adoramos.


La imagen de mi hermano se reflejaba en el gran espejo de la entrada. Su metro ochenta y seis difuminaba mi metro sesenta y ocho. Su ondulado pelo moreno se fundía con mi ondulado cabello rubio. Su físico, vigoroso y potente, protegía y arropaba mi cuerpo fatigado por el viaje. Me deleité un segundo disfrutando de nuestro natural duplicado a diferentes escalas.

— Soy tú única hermana, tendré que ser tú preferida –sonriendo lo miré un segundo y con un suspiro me acurruqué en sus brazos.

— ¡Oh, Mateo, por fin estoy en casa!...

— ¡Tienes que descansar!, ¿tienes hambre?, mandaré que te preparen algo de comer. ¿Ya has avisado a mamá?, ¿sabe que venías?, me matará si no la aviso. —su nerviosismo salía a borbotones con preguntas en cadena.

— Mateo, solo necesito descansar, llevo casi veintitrés horas sin dormir. No tengo hambre, y no, no avisé a mamá, y tampoco lo hagas tú. He llegado de forma oficiosa, solo tú lo sabes y Ayleen. —Le guiñé un ojo para hacerle cómplice de mi llegada secreta.

Mamá, desde que papá murió, ya no vive con nosotros, se trasladó a París para dedicarse al diseño de joyas. Llevo once meses sin verla, porque, aunque es una madre adorable, su carácter dominante y, a veces, asfixiante, hace que necesite darme unas vacaciones de su organizador amor.


— Vale Alma, no avisaré a nadie. —Haciendo una mueca de resignación, Mateo se dio por vencido.


Caminamos hasta la sala contigua, un salón con grandes ventanales, lleno de luz, que contenía orgulloso mis pequeñas obras de arte; un retrato de nuestra madre, un águila volando con un cervatillo sujeto en sus garras y un mar embravecido iluminado por la luna llena. Todo él estaba rodeado por sillones color ceniza.


— ¿Cómo va todo en la Orden?, ¿has logrado encontrar al infiltrado?, ¿se han dado cuenta que lo buscas?, ¿estás teniendo cuidado?. No sé qué haría si te pasara algo. —con gran intranquilidad imposible de esconder, mi hermano seguía haciéndome preguntas sin tregua.

— Mateo, estoy teniendo mucho cuidado. Creo que nadie se ha dado cuenta —le dije intentando tranquilizarlo. Sin poder evitarlo, por un momento, fije la vista en el vacío y mi rostro quedó impasible y sombrío, en absoluto silencio.

— ¿Qué pasa Alma?, ¿qué ocurre?. ¡Dime!, sabes que te ayudaré en todo lo necesites, te protegeré con mi vida. —me dijo mi hermano mayor, levantándose, haciendo más solemne su promesa.

— Lo he visto, en Gante. –dije, finalmente, reuniendo valor. Un escalofrío recorrió mi espalda al recordar el encuentro.

Mateo se quedó perplejo, enarcó las cejas y resopló.

— No podía creer que volvería a verlo después de… —no pude continuar y de mis ojos resbalaron lágrimas que no pude contener. Me abracé a mi hermano buscando algo de consuelo y refugio, para sujetar mi “remordimiento”.

— No puede ser, juró no volver a verte. Sabe que su castigo será la muerte, si lo hace. –exclamó Mateo frunciendo el entrecejo, lanzó un suspiro, y con su mano tapó su boca conteniendo sus palabras. Quedó un segundo pensativo. – Ya no volveré a ver a mi amigo, lo prefiero así, sabiendo que está vivo. –dijo, arrugando nuevamente su frente.


La cálida estancia llena de luz y de vida, quedó oscurecida por el denso peligro y la fría sentencia de muerte que pesaba sobre Alexander.

Apesadumbrados y con el corazón temeroso, nuestra alegría se había esfumado, ya no sonreíamos, y solo teníamos fuerza para sostenernos el uno al otro. Nos dejamos caer sobre el sofá. Una sensación de peso y tristeza nos embargaba con oleadas violentas y desgarradoras de miedo.

— Tengo que hablar con él. No sé si podré encontrarlo, pero haré lo imposible por conseguirlo. —dijo Mateo, sobreponiéndose. Cogió aire como si fuera el último hálito de su vida, y se levantó; me tomó de las manos y me dijo: — Alma, lo encontraré y terminaremos con esto. No os merecéis esto ninguno de los dos—Sus manos comenzaron a lanzar destellos de luz.

No pude contener la emoción, las lágrimas resbalaban deslizándose suavemente por mis mejillas, como un efímero riachuelo amargo.


— Tendrán que cambiar su sentencia de muerte por destierro o por la entrada al mismo infierno. Da igual cuál quieran dictar, tendrán que cambiar su decisión, aunque tenga que hacerme con la mente de cada uno de los de la Orden y doblegarlos contra su voluntad, —dijo Matt, con su rostro contraído y lanzando llamaradas de rabia con sus ojos vueltos hacia la pared.

— Sabes que eso no puedes hacerlo, te pondrás en la misma situación que Alec, te sentenciarán a muerte. Matt, no puedo perderte también a ti. No lo aguantaría. Prefiero pagar con mi vida antes que perderos a los dos —temblaba y me ahogaba en sollozos, intentando en vano que desistiera de tal suicidio.

— Alma, no me perderás. Encontraré a Alec, y encontraré la salida a esta sinrazón. No sé cómo, pero sé que lo lograré, cueste lo que me cueste. Iré al propio infierno si allí puedo arreglarlo. –aseguró mi hermano, poniendo mi mano sobre su pecho.


Era una promesa solemne, tan fuerte como el amor que nos profesábamos y tan terrible como los días que vendrían.


— Matt, no he debido decirte que vi a Alec, pero sabes que no puedo mentirte. —dije negando con la cabeza, sabiendo que no podía hacer una cosa y la contraria.

— Alec salvó mi vida cuando todo estaba perdido, y pagó con la suya para liberar la mía. No solo le debo mi vida sino mi libertad, Alma, no puedo fallarle ahora —Mateo, cerró los ojos y buscó con su mano el colgante que siempre llevaba; se lo había regalado Alec cuando los dos habían cumplido diecisiete años. Le regaló un ónice con forma cúbica, con un ojo grabado en uno de sus lados y en el lado opuesto un fenix.


Rompiendo la solemnidad del momento entró Alberto. – Los señores tienen preparado el desayuno en la sala rosa. –sonrió y, con un gesto impoluto, esperó en la puerta para que lo siguiéramos.

— Gracias Alberto, siempre estás en todo. —dijo Mateo, haciéndole un gesto cómplice de aprobación.


Mateo me rodeó los hombros con su brazo derecho en un ademán protector, acompañándome en el conocido recorrido como si tuviésemos que atravesar un peligroso desierto.

Aun recordaba el espacioso pasillo con sus esquinas redondeadas, decorado el techo con adornos florales y pequeños pájaros silvestres. Pintadas sus paredes en blanco impoluto y con un suelo marrón oscuro sobre el que imaginábamos sumergirnos en las profundidades de la tierra en nuestros juegos infantiles, era nuestra puerta imaginaria al mundo subterráneo. Seguía teniendo dibujado en una esquina un guerrero con aspecto temible custodiando la entrada con su espada.


Le señalé hacia Kurt, el formidable portero del averno.

Sonrió, y me dijo: — ¿Aun recuerdas como abríamos las puertas del infierno?. Alma desde que te fuiste no he podido hacerlo ni una sola vez. Kurt solo te obedece a ti, —Se encogió de hombros haciendo ver la frustración que sentía por no saber cómo hacerse obedecer por aquel genio.


La pared del pasillo tenía una puerta oculta que solo podía abrirse con la espada del genio, y daba al sótano de la casa. Allí, había una estancia escrupulosamente limpia, con una decoración extrañísima. Tenía el techo decorado con un cielo estrellado y el suelo pintado como un tablero de ajedrez, con las paredes llenas de símbolos desconocidos para nosotros, y en un lateral había pintada una puerta entreabierta con una espada flamígera custodiando la entrada (más adelante pondré una anotación para explicar que es …). Delante de esa puerta había una estatua dorada de un hombre que levantaba una antorcha en su mano derecha; más tarde nos explicaría nuestro padre que representaba a Prometeo, el titán que robó el fuego a los dioses para dárselo a los hombres.


Llegamos a la sala rosa. Tan florida y cálida como un jardín en primavera. Era tan confortable como recordaba. Espaciosa pero no demasiado, tenía unas cortinas rosas y verdes con el color desvaído y las butacas con su tapizado en rosa fuerte. La habitación estaba llena de flores, como si hubieran vaciado ese mismo día una floristería. Lo más llamativo de la sala era su techo, realizado en relieve con motivos naturales, nenúfares, rosas, margaritas, tulipanes, lotos, libélulas, ranas, abejas.

Era un deleite estar allí, toda agitación pasaba a segundo plano. Tenía tal fuerza la estancia que doblegaba cualquier energía descontrolada con la que entraras. Me reconfortaba estar allí otra vez, hice ademán de darle un abrazo a la estancia, pero solo pude abrazarme a mí misma. Mi hermano hizo lo mismo.


Era como abrazar a papá, era su sala favorita. Sabía que allí los problemas pasaban temporalmente a un segundo plano.


Nos sentamos ante una mesa perfectamente preparada con un mantel de lino bordado con ramilletes de violetas, con sus servilletas a juego dispuestas en forma de cisne. Alberto nos había preparado zumo de naranja, y café. Para Mateo descafeinado porque no toleraba la cafeína; y para mí, tenía una delicatesen, café solo con espuma de leche desnatada sobre la que espolvoreaba cacao sin azúcar y canela. Tostadas con huevos de codorniz fritos, mermelada de frambuesas y moras, croissants de mantequilla y fruta variada completaba tal espléndido desayuno.

— Gracias Alberto, nos has preparado un desayuno exquisito. Siempre sabes cómo complacerme —le dije con todo mi afecto.

— Solo preparas este desayuno cuando viene Alma, a mí no me tienes tan consentido —rió divertido Mateo, guiñándole un ojo a Alberto.

Con una inclinación leve de cabeza agradeció el cumplido y acto seguido se retiró.


— Alma, ¿qué has averiguado?, —me dijo con contenida impaciencia.

— No mucho, aunque sé que el asesino pertenece a la Orden y puede ser cualquiera. No ha sido un loco que en un arrebato confundió a papá con otro, por más que quieran hacérnoslo creer. Estoy cerca de desenmascararlo pero tendré que acudir a diario a la Orden, hasta que pueda descubrirlo y reconocerlo. Mañana iré con la excusa de que traigo noticias de Bélgica, de Gante.

— Claro que lo descubrirás no hay nada que no encuentres por escondido que esté, ahora tienes que descansar. —respondió mi hermano, entendiendo que eran demasiadas emociones juntas para un cuerpo que apenas había dormido desde hacía casi un día.


Permanecimos en silencio, obligándonos a centrar nuestra atención en el copioso desayuno, para que ninguna otra interferencia perturbara la quietud y tranquilidad de ese momento.


— Señorita Alma, tiene lista su habitación, —dijo Alberto, apareciendo justo cuando habíamos terminado de desayunar.

— Gracias Alberto. Necesito dormir, estoy totalmente agotada.

— Un baño caliente con sus sales de menta y jazmín hará que descanse mejor. Además le he preparado una infusión de té verde con pasiflora para que el efecto relajante sea mayor.

— Así lo haré Alberto. Mateo, hablamos después, —dije, levantándome de la mesa.

— Hermanita, que tengas felices sueños. —se apresuró a darme un beso en la frente.


Ya en la familiar habitación tuve la pequeña revelación de que debía hacer un viaje astral. Durante años Joseph, el Gran Maestre, me había adiestrado en la técnica adecuada para poder hacer proyecciones astrales conscientes. Tenía que poder enlazar todas las líneas de historias y vidas de aquellos que se cruzaron en la vida de mi padre, tenía que recordar todo lo que papá me había contado. Así podría descubrir a su asesino y las circunstancias que condujeron a su muerte. Conocía los riesgos de un largo viaje astral, pero no volvería hasta descubrir la verdad.


El baño alivió mi dolorida musculatura. Dejé por un momento que el vapor, los aromas de las sales y la calidez del agua comenzaran a abrir mis canales, para mi inminente viaje.


Ya en mi cama, dejé que mi cálidos recuerdos infantiles me acunaran y reconfortada con sus suaves caricias, me dormí. En mis sueños lúcidos podría revivir el comienzo de esta historia.


¡Acompáñame!.

15. November 2020 18:43:56 12 Bericht Einbetten Follow einer Story
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Raimundo  Holgado Raimundo Holgado
Me gusta como empieza esta historia.
February 28, 2021, 21:59
Estrella  Borrego Gil Estrella Borrego Gil
La redacción es muy fluida, amable y elegante. Me gusta. Seguiré leyendo
January 01, 2021, 23:20

Sebastián Pazo Palomo Sebastián Pazo Palomo
Buen comienzo.
January 01, 2021, 22:41
Enrique  Gonzalez Navarro Enrique Gonzalez Navarro
Interesante inicio de la historia.
December 28, 2020, 23:59

Gimena Dorado Alvarez Gimena Dorado Alvarez
El comienzo es muy prometedor. Muy bien redactado y fresco en la forma de expresar todos los acontecimientos. Gracias
December 20, 2020, 11:36

  • María José R. Cons María José R. Cons
    Gracias Gimena por tu comentario. Me alegro que te guste el comienzo de la novela. Puedes seguir el resto de mis escritos aquí, en Instagram, en Facebook y próximamente en mi blog. December 21, 2020, 10:13
ASHLEYCOLT 777 ASHLEYCOLT 777
Estoy con un café, sin poder dormir y buscando algo que leer encontré tu historia, pues ¿qué me ha parecido? excelente, gracias por publicarlo.
December 13, 2020, 05:39

  • María José R. Cons María José R. Cons
    Gracias AshleyColt 777. Espero poder seguir llenado esos momentos en los que la mejor compañía es un libro. Será un placer llevarte a través de esta historia, deseo que te sorprenda, emocione,..., que te enamoren los personajes como me han enamorado a mí. Mis otras historias, más pequeñas, están a tu disposición para que las disfrutes, cuando quieras. Un saludo. Hasta pronto. December 13, 2020, 12:32
Carla Soriano Martinez Carla Soriano Martinez
Me gusta el comienzo de la historia
December 06, 2020, 12:08

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