andres_dm Andrés D.

Un viaje en carretera en medio de un bosque siniestro, dos mujeres jóvenes con una relación visceral y un secreto oculto en la cajuela del coche. |© Andrés Díaz Mata, 2020 TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS |Historia escrita para el reto #HalloweenEnElBosqueDelWendigo de La Guarida del Wendigo. |ADVERTENCIA: El propósito de esta obra no es justificar en modo alguno ninguna manifestación de violencia: en esta historia, la(s) violencia(s) representadas son causa y consecuencia del horror.


Übernatürliches Nur für über 18-Jährige.

#lgbt #mujer #adolescente #bruja #bosque #paranormal #cuento #fantasma #espectro
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I. La caverna


The closer I am I notice something wrong with you

PALMS - Future Warrior



Isabel Medina miró su rostro pálido en el espejo del baño, el vidrio estaba manchado, había moscas zumbando cerca de un bote de basura junto a la entrada y varias más tras las puertas de los retretes; la luz de la lámpara brillaba demasiado fuerte, apretó los ojos hasta ver manchas blancas; se agachó sobre el lavabo y abrió la llave para mojarse las manos; el líquido era frío, lo sintió pesado al escurrirse entre sus dedos y entonces se empapó el rostro pálido, demacrado.

El aire olía a mierda, nada extraño para un baño de gasolinera a orillas de la carretera. Lo raro, lo incómodo, lo siniestro era notar esa mancha en la pared que, por el rabillo del ojo, parecía crecer cada vez que volvía a inclinarse sobre el lavamanos; era como un brote de humedad, un cúmulo de hongos creciendo sobre los sucios azulejos, justo en un rincón: una decoración mohosa digna de cualquier película de terror. No quería mirarla, sabía que estaba ahí, moviéndose, vibrando como una colonia de arañas diminutas que se apretujan unas a las otras para pasar el frío de la tarde en una cueva.

Sí. El lugar era una cueva, una con aroma a caño.

Se inclinó de nuevo frente al cristal para limpiarse los resto del vómito de la boca y las mejillas, con los pómulos picudos marcados en esas mejillas sin carne por estar tan flaca. Se había salpicado también el cabello pintado de un rubio desteñido que volvía a ser castaño; por poco había vomitado en el retrete pero, gracias a una distribución anómala, no atinó a la dirección; ahora había un cesto de plástico cubierto con baba caliente, fluidos gástricos e insectos hambrientos. Jan la matarían cuando le contara: mientras hacía buches con esa agua de sabor a óxido, pensó cómo le enrojecería el rostro cuando se enterara, cuando se lo dijera en tono de broma, todavía ella con su cara mortecina y verdosa por las náuseas; «¡No te pases de estúpida!... ¿En serio vomitaste fuera de...? ¡Pero qué carajos te pasa, Isa! Pareces una niña pequeña… Vámonos antes de que alguien nos…», y entonces, en su fantasía, llegarían los empleados de la estación para reclamarles a ambas por el desastre dejado ahí atrás; las obligarían a volver y limpiarlo todo; o a lo mejor intentaban sacarles dinero, alguna foto íntima o favores sexuales que ninguna de las dos aceptaría. Y escaparían antes de que ellos se acercaran al auto..

«Ya no puedes seguir con esto», le diría Jan con su típica voz pretenciosa, «¡esa maldita ansiedad está solo en tu cabeza, es un invento! NO-ES-REAL». Imaginó su tono molesto al acentuar las últimas palabras, como si contara las sílabas y la creyera una auténtica idiota, como si todo fuera mero hecho de aprendizaje, un déficit cognitivo.

—Solo está en tu puta imaginación —murmuró desdeñosa, intentando imitar a su novia, mientras veía el collar de moretones verdes todavía marcado alrededor de su garganta, asomando fuera de la camisa oscura.

Sorbió más del agua ferrosa, se quitó la chamarra de mezclilla que también estaba cubierta de vómito, remojó las mangas sucias para limpiarlas y luego la dejó frente al espejo. Al instante en que la puso ahí pudo notar cómo la mancha en la pared ahora llegaba casi al techo: debía medir casi dos metros, parecía la sombra de un tipo negro y gigantesco, un monstruo hecho de moho verdoso y diminutas cucarachas reptantes. Se apresuró a escupir, cogió la prenda y fue directo hacia la puerta sin voltear a mirar.

Cuando salió del baño y dejó por fin el aroma a porquería humana, el aire fresco mezclado con el aroma de la gasolina la recibió de vuelta al mundo. Atrás quedaba esa caverna horrorosa pero la visión de los árboles verdes y la gravilla suelta bordeando la estación gasera no le dieron más ánimos en lo absoluto. Para ella, el mundo de afuera era solo una extensión de sus pesadillas internas y miedos más profundos; el brillo del sol, los colores de las plantas y el olor a tierra fresca eran más bien como una ilusión efímera en comparación con la oscura y sólida insistencia de sus pesadillas y de sus recuerdos amargos.

Solo vamos a enterrarlo, empezó a repetir mentalmente, solo vamos a enterrarlo, solos vamos a enterrarlo. Lo ofreceremos y eso nos protegerá de aquí en adelante...

Dentro del auto la esperaba Luca, un pitbull de pelaje blanco y orejas puntiagudas, asomando la cabeza en la ventana trasera, con gotas de baba blanca escurriendo sobre el piso manchado de aceite para motor. El animal ladró al verla e Isabel sintió que en ese ladrido había algo más que solo alegría. Esos eran chillidos de miedo. El perro también estaba viendo algo. Volteó discretamente sobre el hombro para revisar que eso no la siguiera pero... ahí estaba, justo frente a la entrada del baño, todo oscuro como un vagabundo vestido de harapos negros recubriendo una piel hecha de costras de moho y suciedad.

—¿Estás bien? —preguntó Janeth Ortiz, parada fuera del viejo Nissan Sentra azul de pintura opaca, junto a la ventana del conductor. El juego de playera negra y los jeans que llevaba puestos contrastaban totalmente con las blusas coloridas y las faldas elegantes para la oficina donde trabajaba, usadas casi con hipocresía. Se estaba fumando el tercer cigarro del día.

—Sí —contestó, tratando de contener una nueva oleada de náuseas.

Detrás de ella, un tipo montado en su camioneta Chevrolet Silverado le miraba las piernas a través del pantalón de mezclilla rota casi a la altura de las nalgas. Lanzó un silbido pero Isabel no miró atrás: no quería encontrarse con la sombra viviente del baño rondando entre los dispensadores de combustible con la etiqueta Shell. Disfruta el paisaje mientras puedas, pensó, ya pronto tú vas a ser del otro mundo. Solo espero no tener que volverte a ver cuando estés muerto.

Jan levantó la mano para mostrarle el dedo medio al tipo de la camioneta y este rio con cinismo, le devolvió el gesto, enseguida se puso en marcha y salió a toda prisa para presumirles cómo hacía derrapar sus neumáticos; al hacerlo, levantó una nube de polvo y tierra seca que las hizo toser a ambas.

—Excelente, Jan —dijo Isabel con sarcasmo cuando recuperó el aliento y vio perderse la camioneta por la distancia, justo en la misma dirección a donde ellas irían en apenas unos minutos—. Ahora tienes un nuevo amigo...

—Te recuerdo que es admirador tuyo —replicó la otra—. Le gustan los culos pequeños, por lo que parece.

—No me jodas. No estoy de humor, acabo de vomitar mi corazón ahí atrás.

—Como digas… Anda, sube ya, tenemos que llegar antes de que anochezca.

Isabel subió al auto y sintió de inmediato más retortijones. Hizo como si nada pasara. Ya podremos parar en el camino, o quizá le vomitaré el auto a Jan… No quiero volver ahí dentro, no con ese cabrón muerto mirándome.

Jan esperó un minuto más hasta casi acabarse el cigarro, tiró la colilla al suelo donde se encendió con una diminuta gota de gasolina. Un empleado del lugar le dedicó una mirada que a ella se le antojó de sermón. No dijo nada y entró también al coche, se acomodó detrás del volante y ajustó el espejo retrovisor: le pareció ver una sombra extraña y semitransparente parada junto a los baños. Sintió un escalofrío recorrerle la nuca pero no dijo nada. Arrancó el auto y se fueron de la gasolinera.



3. November 2020 23:30:01 5 Bericht Einbetten Follow einer Story
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Jancev Jancev
¡Ooooye! Toda una macarra jajaja
November 04, 2020, 01:02

  • Andrés D. Andrés D.
    Son solo personajes, Jan xD Toda la psicología de ambas es pura invención mía pero acepto críticas, quejas y reclamaciones November 04, 2020, 01:42
  • Jancev Jancev
    ¡Descuida! No tengo quejas, me encanta la idea de verme ejerciendo múltiples facetas. 💜 November 04, 2020, 04:26
Rowena Draugr Rowena Draugr
Ufff qué manera de narrar, me encanta tu estilo Andrés. Desde el momento uno la construcción de personajes avanza maravilloso, creo que la espera valdrá totalmente la pena ❤️❤️❤️
November 04, 2020, 00:00

  • Andrés D. Andrés D.
    Muchísimas gracias por el comentario, Rowena! Es todo un gusto leer estas palabras y ojalá que la historia te enganche hasta el final. Solo cuidado, se pone más feo conforme avanzas 😢 November 04, 2020, 04:32
~

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