posthumano Posthumano

Las vacaciones en una casa rural se convierten en una pesadilla.


Thriller Alles öffentlich.

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El pequeño largo cuento

El cuerpo de mi madre yacía sin vida en el suelo. Todos pensaron que la había matado, pero no fui yo. Al otro lado de la habitación, podía ver a la persona que lo hizo, pero denunciarla me condenaría por completo.

Estaba en la habitación de mamá y ella estaba tumbada en la cama, vestida con un pijama de ositos de dibujos animados que parecía más propio de una niña que de una mujer adulta. Su pecho estaba destrozado por tres puñadas, pero a pesar de que yo tenía el cuchillo en la mano, yo no la maté.

El arma del crimen cayó al suelo, tenía la cuchilla manchada de la sangre de mi madre. Murió, pero yo no podía sentir ningún tipo de pena… Me volví en dirección a la puerta, porque apenas hacía unos segundos habían entrado mis dos hermanas.

Uno era Iván, el mayor, fuerte y de cabeza cuadrada, un deportista de toda la vida… Él nunca me cayó bien… siempre lo desprecie porque tenía muchos amigos, éxito con las chicas, era inteligente… y yo solo era un desgraciado, un bicho raro…

A su lado se encontraba Rebeca, pálida y temblorosa: era nuestra hermana pequeña y mi única amiga. Porque aparte de ella no había nadie más que se llevase bien conmigo, todos me decían que era un raro, que merecía estar solo, todos me insultaban y me pegaban… pero ella no, ella siempre estuvo a mi lado. No me gustaba que se viera involucrada en esta historia macabra, pero mamá tenía que morir… fue inevitable.

Intenté hablar, decir algo, cualquier cosa… pero no pude decir nada… de todas formas, poco importaba: mamá había muerto y, aunque yo no lo había matado, era bien cierto que yo tenía parte de la culpa.

Iván se acercó a mí con una expresión de furia en el rostro y me propinó un puñetazo en la cara: yo no intenté defenderme, de todas formas sería inútil. Él era bastante más grande y fuerte que yo. Era mejor recibir y no hacer nada.

—¡¿Por qué lo has hecho?! ¡¿Por qué has matado a mamá?! —me gritaba con los ojos llenos de lágrimas, mientras continuaba dándome patada tras patada, pero entonces Rebeca se puse delante de él y le habló… no sé qué palabras utilizó… no podía entender nada…

Mi mente estaba centrada en la verdadera asesina, qué permanecía alejada de nosotros con una sonrisa en la boca, con los cabellos enmarañados, con los ojos chispeando de una alegría infernal. Ella… ella la mató y no yo… pero pude haberlo evitado… pude haberlo evitado…

—Tenemos que llamar a la policía… —le dijo Rebeca e Iván asintió con la cabeza. Ella también lloraba, pero se mantenía fuerte… quizás se imaginaba que alguna vez le terminaría haciendo daño a alguien...

—Pero no podemos dejarlo suelto… a ese… asesino… —dijo Iván y me miró con odio.

Él quería matarme, pero no tenía valor a hacerlo… quizás hubiera sido mejor que lo hiciera, que terminase con mi vida para siempre jamás, porque si yo continuaba vivo… Iván siempre me despreció porque yo era débil, asocial, sin amigos, sin novia… Porque era un bicho raro…

Me encerraron con llave en una habitación. Escuchaba el temporal fuera de la casa, golpeando con fuerza en mitad de la noche… ¿Llegaría la policía a tiempo? Estábamos bastante lejos de una comisario… bastante lejos creía yo…

Habíamos alquilado una casa rural en mitad de la naturaleza para pasar el fin de semana. Los cuatro juntos: Iván, Rebeca, mamá y yo. Lo que no me esperaba fue encontrarme con Lili… ella vivía en la casa, me dijo que vivía allí desde hace mucho tiempo… vivía sin que nadie supiera que estaba allí…

Yo estaba tumbado en la cama de la habitación en dónde me encerraron, pensando en cómo había muerto mamá…. Lili me dijo que mamá no era buena conmigo, que me miraba con repugnancia porque había salido malo… que en realidad desearía haberme abortado…

Eran cosas que yo ya sabía que ella no me quería, cuando me miraba no había nada del amor que sí que había con Iván y Rebeca. Pero siempre pensé que era normal, porque yo no era nada más que un bicho raro…

Podría decirles a mis hermanos que yo no era el verdadero asesino, pero… me sentía atraído hacia Lili. Ella me quería por lo que yo era, no quería que cambiase, simplemente quería que permaneciese igual para toda la eternidad…y quería estar junto a mí…

Si les contaba que fue ella me condenaría, porque eso significaría que nunca más la vería…

Y yo quería vivir con ella para siempre… pero mamá no lo permitiría… ella se pondría entre nosotros… rompería nuestra felicidad…

Por esto tuvo que morir…

Escuché alguien metiendo una llave en la puerta de la habitación y entró Rebeca, me miró con pena, pero no con miedo. Eso me pareció raro: para ella yo era un asesino y no uno cualquiera: había matado a nuestra madre, ¿por qué me miraba con pena? ¿Por qué lo hacía? ¿Acaso sospecha que yo no la había matado?

—¿Por qué lo hiciste? —me preguntó y comencé a llorar suavemente, eso me irritó… sentía pena por mí, ¡después de lo que hice!

Preferiría que me odiara como Iván, ese era un sentimiento mucho mejor, pero pena… me hacía sentir como un niño pequeño y ya no lo era.

Lili me contó que vivía en el interior de las paredes de aquella casa rural y se alimentaba a base de cucarachas, ratas y a veces se comía las mascotas que traían los inquilinos… Le gustaba observarlos, pero nunca habló con nadie porque no les parecía interesantes… pero yo era otra cosa, yo le gusté… le gusté de verdad…

Me dijo que en mí vio algo diferente… algo especial… me preguntó si yo quería vivir con ella en el interior de las paredes… comiendo ratas y cucaracha… observando a las parejas ir y venir y reírnos de los normales que eran… Seríamos felices en nuestra soledad para toda la eternidad… felices siendo unos raros…

Por esto tuve que matar a mamá, porque ella nunca dejaría que yo fuera feliz… ella me odiaba… porque le recordaba a papá, que también fue un bicho raro… La maté porque no había otra manera de que pudiéramos estar juntos… estar felices… para siempre jamás... Y Lili ahora lo era todo para mí, estaba en una esquina de la habitación sonriendo desnuda, con los largos cabellos cayéndole hasta las rodillas… era preciosa…

—¡Contéstame! ¿Por qué lo hiciste? —me preguntó Rebeca, pero yo no sabía qué decirle… sería absurdo que una persona normal como ella me comprendiese. Se suponía que éramos amigos, que éramos hermano y hermana… pero no lograba comprender que significaba eso… En mi cabeza solo estaba Lili.

¿Ella también se interpondría entre nosotros dos? No… no lo podía permitir... lo siguiente que recuerdo es que Rebeca está tirada en el suelo con marcas rojas en las manos de dedos. Está muerta, Lili la mató a ella también…

Fue mi amiga, fue mi hermana… y ahora estaba muerta, me daba igual… Lili se acercó a mí, sonríe de oreja a oreja mostrando unos dientes afilados. Casi ni parecía humana, parecía un ángel caído del cielo… Arrastré el cuerpo de Rebeca debajo de la cama y me senté sobre ella.

Lili me dijo que faltaba poco para que estuviéramos juntos para siempre jamás, para toda la eternidad y yo me moría de impaciencia…

La quise tocar, pero ella dio unos pasos atrás alejándose de mí.

No me importaba… pronto podría estar junto a ella, para siempre jamás…

Fuera continuaba aquella tormenta, tan fuerte que parecía que se podría llevar la casa volando… llovía en una noche que parecía no tener fin... quizás fuera una noche eterna…

Yo estaba sentado en la cama, simplemente esperando el momento en que me uniría a ella para vivir juntos en aquella casa… para siempre jamás…

Pero quedaba un problema…

Iván entró en el cuarto, me miró con odio y me dijo:

—¿Por qué está la puerta abierta?

Yo no le contesté, lo miraba sonriente.

Él se acercó a mí y me dio un puñetazo en la cara, después me gritó:

—¡¿Dónde está Rebeca?! —me gritó y me volvió a pegar…

¿Cómo pensaba que sería capaz de responderle si no me dejaba de dar puñetazos? De todas formas, yo no quería hablar con él, no era más que otra persona normal que sería incapaz de entender el amor que sentía por Lili.

La miré: seguía igual de hermosa, con su piel blanca, sus ojos rojos, sus cabellos revueltos, sus costillas que se le marcaban duramente… era preciosa, quería llenar su cuerpo de beso, tras beso, tras beso…

—¡¿Se puede saber qué estás mirando?! —rugió Iván y giró la cabeza en dirección a Lili, parecía que no era capaz de verla…

Iván dejó su cuello expuesto, así que se lo mordí con todas las fuerzas que pude.

Apreté, apreté y apreté, se me llenó la boca de sangre.

Hinqué como si fuera un lobo, no una persona y después separé la cabeza con rapidez, llevándome conmigo un buen trozo de carne.

Iván dio unos pasos hacia atrás, con la mano sobre el cuello, la sangre manaba, manaba y no paraba de manar…

¡Era maravilloso, realmente maravilloso!

Se cayó al suelo, con la cara casi tan pálida como la de mi amor Lili. Para rematar el momento, decidí sacar de debajo de la cama a Rebeca: quería que sufriera un poquito más antes de irse al otro barrio.

Qué viera a nuestra hermana muerta, muerta por atreverse a interponerse entre Lili y yo…

Cuando toda mi familia estuvo muerta, sentí una alegría inmensa, porque eso significaba que Lili sería toda para mí, para toda la eternidad. Me acerqué a ella y llevé mi mano a su rostro, pero lo traspasó y Lili desapareció.

Me quedé con la boca abierta, sin saber lo que estaba pasando, ¿a dónde se había ido mi amor? Entonces me acordé de cómo era mi mano la que sujetaba el cuchillo que mató a mamá, de cómo apreté el cuello de Rebeca hasta dejar de respirar… y todavía tenía el sabor de la sangre de Iván en mi boca…

Los había matado, matado… ¿por qué? ¿Quién era esa Lili que me había invadido el cerebro? La culpa me comía por dentro, las lágrimas me quemaban los ojos, sentí una tristeza y una desesperación tan honda que no supe cómo enfrentarme a ella.

Así que decidí dejar de pensar, hasta el día en que muriese.

Y eso hice.

FIN


2. Oktober 2020 18:20:06 0 Bericht Einbetten Follow einer Story
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Das Ende

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