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2.3k ABRUFE
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I

Jugaba a las cartas con un amigo. Era un día sábado a la tarde. Nublado. No había nadie más que nosotros dos riéndonos a carcajadas.
— ¡Te gané! ¡Ja!— gritaba en forma de victoria. Ya en un momento de tanto perder y tanto ganar nos aburrimos y optamos por ir a las hamacas a jugar quién era el que iba mas alto. Realmente estaba pasándola genial hasta que una voz retumba varias veces en mi cabeza: "Despertate, debemos irnos" "¡Vamos!" ¿A dónde? Me preguntaba. Abrí los ojos. El cielo estaba negro, no había pintitas blancas ni una luna que iluminase los rincones. Sólo un farol en la esquina. Tenía una luz tenue, naranja, apenas alumbraba. Estaba acostada en un rectángulo de cemento sobre el suelo de una plaza, otra plaza. Me levanto y frente a mi tenía a una mujer cerca de unos cuarenta años, a mi amigo, a su hermano y su hermanita <<¡Bueno vino toda la familia!>> me dije. Algo todavía me comía la cabeza:
— ¿Qué mierda hago acá?
— Ahora no te puedo responder, debemos irnos—me responde la mujer
— ¿A dónde?— pregunté mientras ella me agarraba brutalmente la muñeca y me tironeaba hacia una camioneta negra. Mi amigo y sus hermanos también se subieron, todos en los asientos de atrás. Me quedé callada todo el trayecto que no sabía donde iba a terminar. Llegamos a un lago, un gran lago. Negro como el cielo hace unos minutos. Ya el sol comenzaba a salir. La mujer, creo yo que era la madre de mi amigo y sus hermanos, tenía sentido. Ella abre las puertas de traseras de la camioneta y vuelve a tironearme pero ésta vez del brazo. Me pone de rodillas mirando el agua, me ata pies y manos y las preguntas inundan mi cabeza nuevamente "Qué hice para llegar a esto?" "No recuerdo nada, solo que estaba jugando con mi amigo felizmente en una plaza ¿Hice algo malo?"
— ¿Por qué me atás?— pregunto finalmente
— Debo arrojarte al lago— el miedo comenzaba a correr por mis venas, y la adrenalina a alterarme. De lejos se escuchaban las sirenas de los carros de policía ¿Venían por mi? Reí en voz alta, ahora siento que todo el mundo me odia. Mi compañero veía todo desde la camioneta y no se inmutaba para salvarme, no se atrevía a decir ni una palabra, los hermanos tampoco. Supongo que estaban traumados por la escena que estaban viendo en primera fila. Las sirenas cada vez se escuchaban mas fuertes, los colores rojo y azul ya se podían divizar entre las hojas de los enormes arbustos que rodeaban el lago, pero cuando llegaron ya era tarde, ya me había arrojado, ya no me quedaba oxígeno en los pulmones, solo agua. Luego de unos minutos, desperté en mi cama, abrigada por las mantas que me tapaban y por la puerta entraba mi mamá con el desayuno. Siempre estuve viva.

27. September 2020 20:56:16 0 Bericht Einbetten Follow einer Story
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