sando1 Sebastian Henao

Las tierras lejanas de Tir Neb son ahora un campo de batalla en donde el reino de los hombres esta a punto de sucumbir por el gran poder de las sombras. Solo seis guerreros serán capaces de preservar la vida y crear un futuro próspero, pero ¿Qué pasaría si estos no tienen ningún interés de que sea así?


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BUCLE


El tiempo se detiene mientras mi cuerpo retiene un suspiro, parpados entre cerrados me impiden observar nuevos horizontes, la monotonía y la tranquilidad de las aguas, ahogan mi cordura trasladándola a un estado somnoliento. Los vientos golpean con fuerza mi navío, llevándolo a una isla desértica, inhabitada en su totalidad, hubiese preferido pasar por otra tormenta o divagar por aguas más prometedoras.

Sofocado hasta el cansancio por el canto de sirenas, hastiado del olor a agua salada y del color de los arrecifes, opto por dejar el mar a un lado y conocer el mundo limitado de los hombres, esa cualidad tan peculiar del ser humano que es la mortalidad y de la cual decidí negarme desde el día en que zarpe.

Dentro de mis viajes pude convivir con todo tipo de dioses y aprender de la sabiduría y su tan peculiar forma de existencia. En la infinidad de mares por los que tuve la oportunidad de navegar, fui seducido por ninfas y sirenas, por mucho tiempo fui uno de los esclavos y sirvientes de venus quien, con sus promesas de paz y seguridad, me convenció de seguirla y hacer a su nombre una infinitud de cruzadas., de todas estas salió victimizada mi alma quien al separarse de mi espíritu aún sigue en busca de esa falsa promesa de paz.

Cuando estuve en Grecia fui lacayo de afrodita por dos años, hacia su voluntad, pero a diferencia de venus, Afrodita si respetaba mi derecho de libertad. Luego de cumplir mi tiempo en ese lugar, partí a unas islas cerca de Grecia, donde pude ser ayudante de Arquímedes y si bien aprendí sobre astrología y algo de física, para sus demás alumnos yo solo era uno de tantos aduladores y lame suelas. Al sentirme solo y para la vista de algunos tal vez marginado, pude tener la suerte de conocer las partes más íntimas de la luna, pues cuando el insomnio llegaba a mi cuarto, solíamos hablar con está abriendo así mis ojos haciéndome sentir comprendido.

Para ser franco es difícil explicar el sentimiento, pasar tu vida a la sombra del mundo, siendo el trato hacia a ti con indiferencia y unos toques de condescendencia, el hallar una luz en medio de ese vacío, un escape de tu mundo a uno nuevo donde dices “acá estoy”, puedo decir que mi corazón no encuentras las palabras o los vocablos y soliloquios para darse a entender.

Cuando ya la rutina llena de esplendor y paz había pasado a segundo plano, las conversaciones se volvieron más monótonas, dejamos de hablar de cosas concretas y a veces solo me limitaba a hablarle sobre su belleza a través de poemas escritos a mano, tratando de llenar el vacío que esta sentía por dentro. A su vez ella llenaba el que existía en mi pecho a consecuencia de la repentina muerte de mi tan preciado amigo en ese entonces.

Al día de hoy, pasados ya muchos años, la luna y yo dejamos de hablar, volvimos a ser dos desconocidos y aunque crucemos palabras lo cual sería de extrañar, no sería diferente a Romeo y Julieta, por más que las dos partes quieran un mismo fin, los eventos de su ambiente irían en contra de estos. Creo que, a este punto, tengo seguro que prefiero las primeras impresiones, cuando nos quedamos con esa primera charla, ese primer beso, la imagen cambia cuando ya se conoce la parte oscura del ser, tal como lo fue con mi amada Luna.

Mientras los rayos del sol acarician mi cara, navego por los vertiginosos mares perdidos del mundo, ya sin rumbo y sin una esperanza fija, encalló en la primera isla donde Neptuno me dejo a su antojo.

Mi navío cuenta con el sustento suficiente para no morir al menos unos días, por ahora solo quiero descansar.

Dormido, mientras camino a ciegas por los revoltosos caminos de la memoria, me doy cuenta y se me hace extraño, que ya no se me haga extraño el haber llegado a esta isla, no siento nostalgia, ni remordimiento, es como si el miedo y la incertidumbre se desvanecieran como mis quemaduras a causa de largos periodos en el mar.

Bajo por unas escaleras de marfil en forma de caracol, hasta esa condenada puerta que desde niño he cerrado con candados y un millón de cerraduras. Es tal mi situación actual que decido abrirla de extremo a extremo y veo como mi alma y espíritu se arrinconan con una expresión de dolor y de sorpresa en sus rostros.

No logro entender lo que le ocurre a mi alma, es como si estuviera molesta con algo, pero no da indicios, ni pistas ni palabra muda que me aclare y de a entender sus disparatantes acciones. Podría decir que, al igual a mi forma física, mi alma se encuentra en una isla tratando de retomar su curso hacia algún lado.


Por otra parte, mi espíritu está vacilando entre el mundo terrenal y el espiritual, pero entra en conflicto de un momento a otro, ya que al de los vivos no quiere volver, pero al suyo no sabe cómo llegar. Perdido, sin tener en mente lo que busca parte de la nada anhelando un todo, pero tosca es su ideología, pues aún sigue marcado por las mentiras de venus, este va cargando a cuestas la insatisfactoria agonía conocida como odio.


Dejando mi alma y espíritu a un lado, despierto, veo como el sol entra por mi ventana siendo alrededor de las nueve de la mañana, cabizbajo decido ir al baño y refrescarme, me veo al espejo y mis ojos aun no pierden su brillo, pero creo que puedo tener una o dos canas nuevas. Sin darle mucha importancia salgo del barco y empiezo a caminar por la arena hasta postrarme en una piedra cerca de la costa, veo las gaviotas que sobrevuelan el mar, dejando a mi mente divagar, recuerdo al hijo de Perséfone diosa de la fertilidad y el trigo. Esté anhelaba ser un pájaro y surcar los cielos, al igual que mi persona Joxah primogénito de Perséfone y Hades, era un joven que media poco más de un metro con setenta y cinco de estatura, ojos negros, pelo castaño, formaba parte de una élite imperial de los Lutorius, solía vestir siempre con su armadura de batalla.


Cuando entrenábamos juntos, hizo de consuelo para mí, pues no era sorpresa para nadie que yo estaba solo, y no me sentía cómodo en ningún círculo social, en el reino no me había adaptado todavía, y los pocos conocidos que tenía eran ya de rangos superiores haciendo pues imposible el contacto con ellos. La primera vez que hable con Joxah fue mientras practicábamos e la arena, este me explico los nombres de diferentes estilos de pelea y como implementarlos, al igual que sus gustos y las diferencias entre las artes que había en los pueblos de Tanit.

Joxah sedujo y fue seducido por una vasta variedad de ninfas, pero terminó formando lazos con una de las hijas de Atenea. Lara “poseedora de los sentimientos de los hombres”, este apodo se le fue dado luego de impedir varias guerras convenciendo a los diversos bandos de llegar a una solución diplomática, más aun, poco antes de que yo zarpara, o mejor dicho, cuando yo estaba hundido en la desesperación, Lara fue la única que logro calmarme, haciendo que me quebrara siendo ella uno de las contadas personas que me han visto derramar una lagrima. Cosa que evito hacer ante los demás pues a mis ojos es mostrarme vulnerable hacia los demás, es gracioso porque fue por esas fechas que ella y Joxah comenzaron a entablar una relación.

Recuerdo que solía ser una doncella destacada por su inteligencia y la capacidad de hablar diversas lenguas, sus ojos llenaban de vida a cualquiera que los viera de cerca, su cabello color cielo en ocasiones, le llegaba muy cerca de la cintura o algunas veces a los hombros.

Aparte de ser hija de Atenea, Lara también era hija de un hombre llamado Magnus, este fue un herrero en uno de los pueblos de Tanit que visite en antaño.

Por las noches mientras mi cuerpo descansa, veo entre sueños a los seres con los que compartí estos años, en algunas ocasiones se vuelven tan realistas que cuesta distinguir entre la realidad, y la ilusión que causa el deseo que siento al quererlos ver nuevamente. Han pasado varios días desde que encallé, mi rutina se limita a dar un par de pasos bordeando la selva y sentarme en la misma roca todos los días…

Me alimento de frutos secos y lo poco que consigo pescar, por alguna razón es escasa la población de peces por estos lares, estando solo puedo reflexionar sobre mis años de juventud. Cuando apenas empezaba a navegar y la incertidumbre florecía en lo profundo de mí ser.

Recuerdo, tan claro como el agua, claramente la vez que conviví con una tribu protestante, fue en Monsieur, el lugar de donde procedo, aprendí sobre sus costumbres y sus políticas tan arraigadas a un Dios que no han visto, pero que tiene la certeza de que luchara por ellos, los diferentes planos como el terrenal y el espiritual que son dos caras de una misma moneda. El equilibrio entre el bien y el mal, y la nobleza que conllevan las almas humanas, son cosas que pude aprender de estos.

Dure unos seis meses entre ellos, yo tenía catorce años y ya todo el pueblo sabio de la existencia de esta tribu, pero para mi familia y casi el 60% de Monsieur, estos no pasaban de ser fanáticos y religiosos, a pesar de eso, las palabras de reflexión y el darle un sentido a la vida de responsabilidad encaminado hacia el bien común, fueron cosas interesantes de escuchar.

De entre sus integrantes y el número limitado de personas con las que compartí, nunca olvidare a una de las hijas de Hera diosa del matrimonio, su piel morena, sus ojos cafés y su pelo castaño el cual acostumbraba llevarlo suelto, y que por un tiempo le llegaba un poco más arriba de la cintura.

Para algunos hombres era considerada una joya, se peleaban por su mano reyes, clericós y mendigos, aunque para otros tantos, era solo una ramera. En varias ocasiones tuve sueños y desgraciadamente premoniciones en los cuales Manoli se lastimaba por su propia mano, si no se rajaba el cuello, se arrojaba de un peñasco, o veía sus piernas y brazos con cortadas graves en varias direcciones.

Al ver su espíritu, note que este también se encontraba herido, pues el abandono de sus padres le había marcado de sobremanera, sentí por primera vez un sentimiento de responsabilidad, queriendo así cuidarla y evitar que se lastimara aún más. Pero todos mis intentos fueron mal interpretados y terminé cayendo en el mismo pozo que todos los hombres de Monsieur, fui perseguido por los pueblos de Septem y acosado por varios hombres de los pueblos de Decem.

Fuera de eso, por muchos que fueran mis intentos Manoli seguía prefiriendo a los reyes que acostumbraban jugar con ella, prometiéndole riquezas que nunca tendría.

Del último hombre que estuvo a su disposición o al menos que yo este enterado, fue un joven príncipe procedente de Europa, de un reino el cual no recuerdo su nombre, pero se hizo famoso en Tir Neb cuando se empezó a correr la noticia sobre la muerte de este, debido a circunstancias muy poco claras. La pobre Manoli quedo hecha pedazos, pues el hombre que tanto había amado estos cinco años estaba muerto.

Con múltiples hombres a su alrededor “consolándola”, tratando de calmar las lágrimas que brotaban de sus ojos y sus gritos de dolor, decidí no involucrarme más en su vida, así que al día siguiente partí de los pueblos de Decem en busca de tierras más prometedoras.


Llevo una semana en la isla y al ser escasa la comida, pasa muy poco tiempo antes de que mi estómago empiece a gruñir, solo me quedan un par de gusanos ya que los peces al parecer, han desaparecido. Desesperado, me introduzco en la selva con la esperanza de encontrar algo que sacie mi hambre, camino por horas y entre las hojas de los arboles puedo ver como el sol abandona el cielo y forma parte del mundo de los hombres, convirtiendo a las hijas de Eva en estrellas para su firmamento.


Trato de volver a la playa, pero no sé qué tan seguro sea caminar por esta selva virgen en medio de la noche. Uso de refugio una de las grietas de los árboles, es incómodo, pero me protege del frio y de las posibles amenazas que pueda haber fuera.

Poco a poco me voy quedando dormido, mientras sueño, veo que estoy en la mesa de Zeus, Apolo, Artemisa y los demás dioses olímpicos, todos listos para empezar una guerra.


Poseidón se levanta y llama a su subalterno Kayrugha, uno de los muchos tritones a su mando, este en especial, procedente del linaje Karima, fue quien me acompaño en lo largo de mi viaje por los mares del este, cerca de las tierras de Monsieur y las islas Ciprinas, estas últimas actualmente gobernadas por una Quimera.


Un estruendo hace que me despierte de golpe, bañado en sudor siento que el corazón está a punto de salirse de mi pecho. Salgo unos segundos, pero es completa oscuridad la que me envuelve, nada a parte del sonido de las olas golpeando contra la costa es lo que se puede escuchar. Tomo aire, entro de nuevo al árbol y trato de calmar los latidos tan exorbitantes de mi corazón, han de ser cerca de las tres o cuatro de la madrugada.

Nace un nuevo día el cielo se torna de una mezcla de morados y naranja, el aire es fresco, limpio, las gaviotas surcan con total independencia el firmamento. Como si fuesen granes gotas de sudor, el agua cae de las hojas de los árboles, el suelo se siente suave, lodoso, una combinación entre barro y hojas.

Cuesta un poco caminar y por cada paso que doy siento que me hundo lentamente, un poco antes de llegar a la playa encuentro un árbol con una grieta aún más grande que la anterior o al menos, lo suficiente para poder pasar las noches sin sentirme tan apretado, tomo una piedra y marco la corteza con una letra “s” un tanto torcida. Faltando unos metros antes de salir de esta selva, el suelo parece que cada vez se vuelve más como la arena movediza, recuerdo que Santiago, uno de los hijos de Afrodita, le gustaba practicar en este tipo de terrenos, ese niño me recuerda a mí a su edad, todavía no entiendo porque, pero por ahora será mejor que deje de divagar.

Llego a la playa y veo si la marea pudo traer algo durante la noche, pero para mí desdicha solo encuentro arena, tomo un palo, un pedazo de cuerda y me propongo hacer una lanza. Me adentro en el mar en busca de alimento, para mi suerte en lo más profundo logro encontrar un pequeño pulpo al cual sin pensarlo, lo atravieso de arriba hacia abajo., de igual forma no muy lejos de ahí, logre conseguir unas cuantas ostras.

Salgo a la superficie, respiro y empiezo a nadar hasta la isla, si mal no recuerdo creo tener utensilios de cocina o al menos algo que me ayude a cocinar esto. También necesito afeitarme, darme un baño y un cambio de ropa. Tomo una navaja, jabón y lentamente empiezo a afeitarme, sin querer termino haciéndome una pequeña cortada en la esquina derecha debajo del mentón.

Un choque de espadas se viene a mi mente, suelto la navaja dejándola caer en el suelo, mi mano tiembla, mis ojos se ven agotados y mi cara se ve manchada por exponerme al sol durante tanto tiempo.

Luego de haber pasado la noche en un incómodo pedazo de madera, la suavidad de una cama me haría bien para recuperar las energías que he perdido hasta ahora. Pasa la noche y el sol, una vez más, entra por mi ventana, los rayos de este llegan a tocar el techo y apenas si rozan una de las paredes de la habitación, veo a la nada y cuando consigo despertar un poco, me siento para estirarme, vuelvo al baño, luego de darme una ducha y ponerme mejor ropa, tomo varios mapas que tenía guardados. Trato de encontrar la isla en la que di a parar, descarto los mares del este y occidente, pues cuando navegaba justo antes de encallar, venia de los mares del sur, por la dirección hacia la que el viento me trajo debo estar en alguna parte cerca de los mares del norte.

Pero estos mapas no muestran islas cercanas a la dirección en la que supuesta mente me encuentro, dudo estar en las afueras del valle de alov, o en alguna de las islas de los reinos de Kitea o Tanit, ya que esta isla es muy pequeña y no hay nada de valor que pueda llamar la atención de un mercader.

-Suspiro-

- “Moriré de hambre”-pienso-

Salgo de nuevo a la playa y me introduzco en la selva para buscar algo de comida, aparte de los árboles y la variedad de flores no veo nada que me sea útil. Camino, camino y camino, hasta el punto de creer que no estoy llegando a ningún lado, sin darme cuenta veo que el sol se está poniendo, así que intento volver al barco o tan siquiera a uno de los árboles que había marcado. Pero estoy muy lejos y la noche está a unos cuantos minutos de caer, intento seguir una línea recta, pero es imposible con esta oscuridad, el ruido que hace mi estómago por el hambre no ayuda en nada, y el cansancio de mis pies mucho menos.

Con la poca fuerza que me queda trepo a uno de los árboles, busco una rama que sea lo suficientemente fuerte para soportar mi peso. Desde aquí puedo ver el mar y la infinitud de estrellas que hay en el cielo, sin lugar a dudas es uno de los momentos más hermosos que he visto.

La temperatura empieza a descender y no tengo nada para protegerme del frio, una delgada capa de hielo empieza a cubrir las hojas y no pasa mucho tiempo antes de que un viento arrasador se lleve algunas ramas sueltas y algunos troncos viejos. Llega un punto en el que la lluvia hace difícil mantener mi equilibrio sobre la rama, el granizo que la acompaña es similar a pequeños cuchillos que lentamente van cortando mi piel.

Con un fuerte trueno que cae muy cerca de donde estoy, la rama se rompe y caigo llevándome pequeñas ramas y hojas por delante. Es interesante el vacío que siento por dentro mientras espero sentir el impacto contra el suelo.


Todo se torna negro…

- “Catriel”

- “Catriel despierta”


- “¿Quién me llama? –Pienso


- “¿Por qué siento este calor en mi pecho?”


- “¿Dónde estoy?”


- “Catriel despierta”

- “Neferet ha muerto”


Mis ojos se abren, solo veo barro y hojas que poco a poco se van metiendo en mis ojos y nariz, levanto mi mano y apenas logro sacar la punta de mis dedos por encima del montículo de tierra. Tomo fuerzas y consigo sacar la parte superior de mi cuerpo, respirando con dificultad, y comienzo a toser y a escupir barro, mi corazón late muy por encima de su ritmo normal, haciendo difícil que pueda calmar mi respiración.

Veo el árbol donde pase la noche y la rama en la que estaba reposado hecha pedazos, todo mi cuerpo o al menos mis piernas, están atrapadas bajo la tierra. Reviso mis brazos, pecho, cabeza y cuello en busca de alguna herida. Siento que mi hombro derecho esta dislocado y tengo varias cortadas en los brazos, sin mencionar mi ropa desgarrada en varias partes.

Poseidón, Atenea y Hades, aunque tenían prohibido intervenir en los asuntos de los hombres como la guerra de Tir Neb indirectamente pusieron de su parte. Hades salvo a Joxah de ser asesinado, Poseidón dejo que Kayrugha usara su tridente para pelear contra Joel y Atena le dio fortaleza a Lara para rescatar a los prisioneros y hacerles frente a las gárgolas.

Luego de varias horas liberando mis piernas, consigo ponerme de pie, pero caminar no será cosa sencilla, puesto que una de mis piernas podría jurar que está rota. Rasgo una tira de mi camiseta y la utilizo para amarrar una rama a mi pierna, entablillándola y así poder caminar tan siquiera un poco.

Deben ser cerca de las cinco o seis de la tarde, me encuentro a muy pocos pasos de la costa, desde aquí puedo ver el barco, pero un tirón en mi pierna izquierda hace que caiga apoyando una rodilla sobre el suelo. Tomo aire, y pegando un grito me pongo de pie, mientras que el sudor recorre mi rostro cada paso que doy es un martirio, pero mi esfuerzo da sus frutos cuando consigo llegar a la entrada del barco.

Voy al baño y busco un pequeño botiquín el cual pensé que nunca necesitaría usar, al menos conmigo. Cubro de vendajes las heridas, tomo un mortero, muelo un par de hojas con un poco de agua caliente, y las aplico con un vendaje sobre las heridas de mi cara y cuerpo.

Me recuesto en la cama y poco a poco me voy quedando dormido mientras que la noche llega y el sol se oculta bajo el mar.


- “Catriel”

- “Catriel despierta”


- “¿otra vez esa voz?”


- “¿Qué quieres de mí?”


- “Catriel despierta”

- “Neferet ya está muerto, no hay nada que se pueda hacer”


Abro los ojos y me encuentro en una habitación que nunca antes había visto, debo estar en las habitaciones de algún castillo, ya que las sabanas son de una tela muy fina y sus colores son muy llamativos. Las columnas de esta, son de madera con talladuras de animales, se parecen al tótem de una tribu maya. Delante de mi veo a Lara quien con los ojos llenos de lágrimas sigue repitiendo que Neferet está muerto.

Toco su mejilla y noto que está congelada, pasan unos segundos antes de darme cuenta que sus manos están cubiertas de sangre. Mis ojos se abren aún más por la impresión, me levanto de golpe y veo que mi torso lleva un vendaje cruzado, traigo un pantalón negro de tela y a un costado de la cama hay un par de botas de apariencia militar.

Lara se recarga en la cama mientras llora desesperadamente, grita consternadas:

- “No es verdad”

- “No puede ser verdad”

- “No es cierto”


- “¡¡¡Joxah!!!”-Dice entre lagrimas


La puerta de la habitación se abre y Joxah entra junto con tres guardias detrás suyo, Akio, Katso, y Tsaro, recuerdo que estos tres solían ser muy cercanos a Joxah, siendo Akio el bufón de su grupo, Tsaro tanto para ellos como para mí, un punto seguro, debido a su gran tamaño era difícil no sentirse protegido teniéndolo a las espaldas. Katso antes de que perdiera su vida a manos del imperio persa fue un referente para mí, para Afrodita y uno de los mejores guerreros en todo Tanit, aunque carecía de responsabilidad para las cosas más simples como barrer.

Akio camina hasta el fondo de la habitación y toma a Lara por la espalda, con sutileza la saca de la habitación dejándonos a Joxah y a mí a solas.

Veo que en una silla esta recargada lo que alguna vez fue mi armadura de guerra, pero la última vez que la utilice fue en una cruzada de venus, hace ya muchos años.


- “Siéntate”-Dice Joxah

- “No es fácil lo que tengo que decir”


Hago lo que me dice, tomo asiento y de un momento a otro el ambiente se torna tenso…


- “¿Qué ocurre?”-Pregunto


- “¿No recuerdas nada? -Dice Joxah


- “Estamos en guerra, una guerra a la que tú nos trajiste”

- “Hemos tenido una serie de bajas, las mujeres son esclavas, y por tu culpa ahora hay niños que ya no verán nunca más a sus padres”


- “Eso no es todo, esta mañana nos llegó un reporte de las bajas que tuvimos hace unos días, lamento decir que Neferet está muerto…Se supone que lo cuidarías”


Siento un frio que recorre mi espalda, intento decir algo, pero no sale palabra alguna de mi boca. Joxah me da la espalda y lentamente se va de la habitación cerrando la puerta de golpe, una lagrima sale de mi ojo derecho deslizándose por mi mejilla, mis labios hacen una mueca de frustración.

Aprieto con fuerza los puños, tomo aire y dejo escapar un grito que se escucha por todo el castillo, seguido de esto mis pupilas se tornan de un color rojo carmesí.

20. Mai 2020 23:25:52 0 Bericht Einbetten Follow einer Story
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